Juan 1:29–42
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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JESÚS, CORDERO DE DIOS
Al día siguiente, Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo:
— Ahí tienen ustedes al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. A él me refería yo cuando dije: “Después de mí viene uno que es superior a mí, porque él ya existía antes que yo”. Ni yo mismo sabía quién era, pero Dios me encomendó bautizar con agua precisamente para que él tenga ocasión de darse a conocer a Israel.
Y Juan prosiguió su testimonio diciendo:
— He visto que el Espíritu bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él. Ni yo mismo sabía quién era, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ese es quien ha de bautizar con Espíritu Santo”. Y, puesto que yo lo he visto, testifico que este es el Hijo de Dios*.
LOS PRIMEROS DISCÍPULOS
Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos y, al ver a Jesús que pasaba por allí, dijo:
— Ahí tienen al Cordero de Dios.
Los dos discípulos, que se lo oyeron decir, fueron en pos de Jesús, quien al ver que lo seguían, les preguntó:
— ¿Qué buscan?
Ellos contestaron:
— Rabí (que significa “Maestro”), ¿dónde vives?
Él les respondió:
— Vengan a verlo.
Se fueron, pues, con él, vieron dónde vivía y pasaron con él el resto de aquel día. Eran como las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que habían escuchado a Juan y habían seguido a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Lo primero que hizo Andrés fue ir en busca de su hermano Simón para decirle:
— Hemos hallado al Mesías (palabra que quiere decir “Cristo”).
Y se lo presentó a Jesús, quien, fijando en él la mirada, le dijo:
— Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas (es decir, Pedro).
Footnotes
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