Estudio bíblico Logos

Job 33–34

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

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ORGULLO DE JOB

Escucha, Job, mis palabras;

presta oído a lo que digo:

Ya comienzo a abrir la boca;

mi lengua y mi paladar

empiezan a formar palabras.

Hablaré con corazón sincero,

mis labios dirán la pura verdad.

El soplo de Dios me formó,

el Todopoderoso me hizo vivir.

Contéstame, si eres capaz;

permanece firme frente a mí.

Para Dios, yo soy como tú;

modelado también con arcilla.

No te voy a llenar de terror,

ni pienso ensañarme contigo.

Tú declaraste ante mí

(yo mismo oí tus palabras):

“Soy puro, sin un delito;

soy inocente, sin culpa.

Es Dios quien busca excusas,

quien me tiene por enemigo

y pone cepos a mis pies

controlando todos mis pasos”.

Pues te digo que no tienes razón:

si es más grande Dios que el ser humano,

¿por qué te atreves a acusarlo

de no responder a tus razones?

Dios habla de muchas formas,

aunque no sepamos verlo:

en sueños o visiones nocturnas,

cuando cae el sopor sobre nosotros

y el sueño nos invade en la cama.

Abre entonces el oído a las personas

e inculca en ellas sus advertencias:

para impedir que cometan maldad

y protegerlas del orgullo humano;

para impedirles que caigan en la fosa,

que su vida atraviese el Canal.

Prueba al ser humano en el dolor

con la agonía incesante de sus miembros,

hasta que acaba detestando la comida

y le repugna su manjar favorito.

Puedes ver cómo su cuerpo se consume,

sus huesos, antes ocultos, aparecen;

su existencia se acerca a la tumba,

su vida al lugar de los muertos.

Pero si tiene un ángel junto a él,

un mediador entre mil,

que pueda defender su honradez,

suplicará piedad en su favor:

“Líbralo de bajar a la fosa,

he encontrado quien rescate su vida”.

Entonces su cuerpo retoñará,

volverá a sus años lozanos.

Dios escuchará sus plegarias,

podrá ver su rostro con alegría,

pues le ha devuelto su integridad.

Luego proclamará delante de todos:

“Me equivoqué y pervertí el derecho,

pero no me ha pagado como merecía.

Me ha librado de bajar a la fosa,

mi existencia está abierta a la luz”.

Dios suele hacer todo esto

una y mil veces al ser humano,

para librar su vida de la fosa

e inundarlo de la luz de la vida.

Escucha, Job, presta atención;

calla mientras estoy hablando.

Si tienes argumentos, contéstame;

habla, que deseo darte la razón.

Pero, si no los tienes, atiende;

calla y te enseñaré sabiduría.

FRACASO DE LOS TRES SABIOS AMIGOS

Elihú continuó con su discurso:

Escuchen, sabios, mis palabras;

préstenme atención los doctos,

pues el oído distingue las palabras

lo mismo que la boca los sabores.

Pongámonos de acuerdo en lo que es justo;

aclaremos entre nosotros lo que es bueno.

Job ha dicho: “Soy inocente,

pero Dios anula mi derecho.

¿Voy a mentir sobre mi caso?

Me hieren de muerte sin culpa”.

¿Hay por ventura alguien como Job,

que beba sarcasmos como agua?

Anda acompañado de malhechores,

busca la sociedad de los malvados,

y dice: “Nada se consigue

buscando el favor de Dios”.

Escúchenme, quienes sean sensatos:

¡Lejos de Dios la maldad,

lejos del Todopoderoso la injusticia!

Paga a cada uno según sus acciones,

trata a los humanos según su conducta.

Está claro que Dios no actúa con maldad,

que el Todopoderoso no pervierte el derecho.

¿Quién le encargó del cuidado de la tierra

y le confió la custodia del universo?

Si decidiera por propia voluntad

retirar su espíritu y su aliento,

perecerían todos los vivientes,

volverían los humanos al polvo.

Si tienes conocimiento, escucha;

presta atención a mis palabras.

¿Podría gobernar quien odia la justicia?

¿Vas a condenar al que es justo y poderoso,

al que puede llamar a un rey “canalla”

o tratar de “bandidos” a los nobles?

¿Al que no tiene preferencia por los príncipes,

ni favorece al grande contra el débil,

porque todos han sido creados por él?

Todos mueren de pronto, a medianoche;

se alborota la gente y desaparecen;

el tirano es derribado sin esfuerzo.

Dios vigila la conducta humana,

controla cualquier comportamiento;

no hay sombra ni densa tiniebla

que pueda ocultar al malvado.

No es el ser humano quien decide

cuándo ha de comparecer ante el Dios

que destruye a los poderosos sin indagar

y establece a otros en su lugar.

Como Dios conoce bien sus acciones,

de noche los trastorna y destruye;

les paga su maldad azotándolos

en un lugar donde la gente los vea,

por haberle sido desleales,

por haber ignorado sus designios,

provocando ante él el grito del pobre,

haciéndole oír el gemido del necesitado.

Si Dios guarda silencio,

¿quién condenará al malvado?

Si oculta su rostro, ¿quién podrá verlo?

Pero él vigila a personas y países,

para evitar que prevalezca un impío

y someta al pueblo a su capricho.

Si alguien reconoce ante Dios:

“Me he enorgullecido, no lo haré más;

enséñame tú lo que yo no puedo ver;

si algo malo he hecho, no reincidiré”,

¿debería [Dios[ castigar, en tu opinión,

cuando tú rechazas su criterio?

Eres tú quien debe decidir, no yo;

demuestra todo lo que sabes.

Si la gente sensata me escuchara,

si los sabios me oyesen, dirían:

“Job no argumenta con sensatez;

sus palabras carecen de sentido.

Debería ser examinado hasta el extremo,

pues responde igual que los malvados;

se empeña en seguir pecando,

se burla de nosotros,

multiplica sus palabras contra Dios”.

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Notas al pie

  1. [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.