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Isaías 46–51

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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LOS DIOSES PAGANOS SE DESPLOMAN. SÓLO EL SEÑOR SALVA

Bel se ha caído, Nebo se desploma;

son sus estatuas carga para animales,

llevadas a cuestas por bestias cansadas.

Se desploman y caen a la vez,

no pueden salvar a quien los carga,

ellos mismos van al destierro.

Escúchenme, casa de Jacob,

resto de la casa de Israel,

que los llevé desde el seno materno,

que los transporté desde el vientre:

hasta que sean viejos seré el mismo,

hasta que sean ancianos los sostendré;

los he llevado y los llevaré,

los sostendré y los salvaré.

¿A quién me compararán e igualarán,

me asemejarán y asimilarán?

Los que sacan oro de la bolsa

y pesan plata en la balanza

contratan un orfebre que les haga un dios,

se postran ante él y hasta lo adoran.

Lo levantan y lo llevan a hombros;

si lo dejan en el suelo, allí queda

incapaz de moverse de su sitio;

le piden ayuda y no responde,

a nadie libera de su angustia.

Recuerden esto y avergüéncense,

ténganlo en cuenta, rebeldes;

recuerden el pasado lejano.

Yo soy Dios, no hay otro;

yo soy Dios, nadie como yo.

Anuncio el futuro desde el principio,

de antemano lo que no ha sucedido;

hago que se mantengan mis decisiones,

llevo a cabo todo lo que quiero.

Llamo al ave de presa desde oriente,

desde lejos al hombre que he elegido.

Lo dije y lo llevaré a cabo,

lo decidí y lo realizaré.

Escúchenme, pusilánimes

los que se creen lejos de la salvación:

muy pronto los salvaré,

mi victoria ya no tardará;

concederé la victoria a Sión,

mi gloria al pueblo de Israel.

CONTRA LA SABIDURÍA Y EL PODER DE BABILONIA

Siéntate humillada en el polvo,

capital de Babilonia;

siéntate en tierra, destronada,

capital de los caldeos,

que no volverán a llamarte

“la fina y delicada”.

Toma la muela y muele la harina,

quítate el velo y regázate el vestido,

muestra tus muslos y cruza los ríos;

enseña tu desnudez,

que vean tus vergüenzas.

Me vengaré de forma despiadada,

dice nuestro redentor,

el que se llama Señor del universo,

el Santo de Israel.

Siéntate en silencio, entre tinieblas,

capital de los caldeos,

que no volverán a llamarte

“señora de los reinos”.

Me irrité contra mi pueblo

y profané mi heredad:

en tus manos la entregué,

la trataste sin piedad;

sometiste al anciano

cruelmente a tu yugo.

Creías que ibas a ser

señora para siempre;

pero no pensaste en esto,

no sospechaste el final.

Pues ahora escucha, lasciva,

tú que vives confiada,

que dices en tu interior:

“Yo sola y ninguno más;

ni viuda voy a vivir

ni me quedaré sin hijos”.

Pero ambas cosas vendrán,

de repente, en un solo día:

acabarás sin hijos y viuda;

todo eso te sobrevendrá,

por mucho que multipliques tus hechizos,

a pesar de tus poderosas brujerías.

Confiabas en tu maldad y decías:

“No hay nadie que me vea”;

pero tu destreza y tu saber

han acabado por extraviarte.

Decías en tu interior:

“Yo sola y nadie más”;

mas te llega una desgracia

que no sabrás conjurar;

te caerá encima un desastre

que no podrás evitar;

te vendrá de forma inesperada

una catástrofe imprevista.

Persiste en tus brujerías,

en tus muchos sortilegios,

que te han ocupado desde joven;

quizá saques provecho,

quizá inspires terror.

Estás harta de tantos consejeros;

que vengan ahora y te salven

los que hacen mapas astrales,

los que observan las estrellas,

y cada luna predicen

lo que te va a suceder.

Se han convertido en paja

y el fuego los ha quemado;

y no han librado su vida

del alcance de las llamas:

no eran brasas para calentarse

ni hogar donde buscar reparo.

Así acabó la gente con la que traficabas,

los mercaderes que tratabas desde joven:

uno tras otro se desvanecen,

no tienes a nadie que te salve.

ANUNCIO DE NOVEDADES

Escuchen esto, casa de Jacob,

los que llevan el nombre de Israel,

los que salen de las entrañas de Judá,

los que juran en nombre del Señor

e invocan al Dios de Israel,

pero sin verdad ni sinceridad,

aunque apelan a la ciudad santa

y se apoyan en el Dios de Israel,

que se llama Señor del universo.

Hace tiempo que predije lo pasado,

de mi boca salió y lo anuncié,

de improviso lo hice y sucedió.

Ya sé que eres obstinado,

que tienes cerviz de hierro,

que tu frente es como el bronce;

por eso lo predigo de antemano,

antes de que suceda lo anuncio,

para que no digas: “Lo han hecho mis ídolos;

lo han mandado mis dioses de leño y metal”.

Mira ahora todo lo que oíste,

¿acaso no piensas contarlo?

Desde ahora te anuncio cosas nuevas,

escondidas, que aún no conoces;

ahora son creadas, no son viejas;

hasta hoy no oíste nada de ellas.

Así no dirás: “Ya lo sabía”.

Ni lo oíste mencionar ni lo sabías,

pues no estaba aún abierto tu oído

bien sé yo lo pérfido que eres,

rebelde te llaman desde el seno materno.

Por amor de mi nombre retraso mi cólera,

por mi honor me contengo para no aniquilarte.

Te he purificado, aunque no como plata,

te he probado en el crisol de la desgracia.

Por mí, por mí mismo lo hago,

pues no quiero que deshonren mi nombre

ni cedo mi gloria a los demás.

DE NUEVO LA MISIÓN DE CIRO

Escúchame, Jacob,

Israel, a quien llamé:

Yo soy, yo soy el primero

y también soy el último.

Sí, mi mano fundó la tierra,

y mi diestra extendió el cielo;

si les doy una orden

se presentan juntos.

Reúnanse todos y escuchen:

¿Quién de ustedes predijo estas cosas?

El Señor lo ama y él [Ciro[ hará su voluntad

en Babilonia, entre los hijos de los caldeos.

Yo mismo he hablado y lo he llamado,

lo he traído y triunfará su misión.

Acérquense a mí, escuchen esto:

Nunca he hablado a escondidas,

desde que algo sucede estoy presente.

Y ahora el Señor Dios me ha enviado

y su espíritu…

EXHORTACIÓN A LA OBEDIENCIA

Así dice el Señor, tu redentor,

el Santo de Israel:

Yo soy el Señor, tu Dios,

te educo para tu provecho,

te guío por el camino que has de seguir.

Si hubieras escuchado mis mandatos,

tu plenitud discurriría como un río,

tu prosperidad como las olas del mar;

tu descendencia sería como la arena,

los retoños de tu vientre como sus granos.

No permitiré que sea aniquilado

ni destruido tu nombre ante mí.

SALIDA DE BABILONIA

Salgan de Babilonia,

huyan de los caldeos.

Cuéntenlo con alborozo,

proclamen todo esto,

difundan la noticia

hasta el confín de la tierra.

Digan: “El Señor ha rescatado

a su siervo Jacob”.

No tuvieron sed

cuando iban por el desierto;

agua de la roca les dio para beber;

hendió la roca y brotó agua.

No hay paz para el malvado,

—dice el Señor—.

SEGUNDO CANTO DEL SIERVO

Escúchenme, costas remotas,

atiendan, pueblos lejanos.

Ya en el vientre me llamó el Señor,

en el seno materno pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca espada afilada,

me ocultó al amparo de su mano;

hizo de mí una flecha puntiaguda,

me puso dentro de su aljaba.

Me dijo: Tú eres mi siervo, Israel,

en ti va a resplandecer mi gloria.

Pero yo pensaba: “En vano he trabajado,

en viento y por nada

he malgastado mis fuerzas”;

sin embargo, mi causa la llevaba el Señor,

mi recompensa dependía de mi Dios.

Y ahora así dice el Señor,

que me hizo su siervo ya en el vientre,

para que le trajese a Jacob,

para que le reuniese a Israel

(fui valioso a los ojos del Señor,

mi Dios fue mi fuerza):

Es muy poco que seas mi siervo

para restaurar a las tribus de Jacob

y reconducir al resto de Israel.

Voy a hacerte luz de las naciones

para que llegue mi salvación

hasta el confín de la tierra.

MARAVILLOSA VUELTA DE LOS DEPORTADOS

Así dice el Señor,

redentor y Santo de Israel,

al que ha sido despreciado

y aborrecido de las naciones,

al esclavo de los opresores:

Los reyes lo verán y se pondrán de pie,

los príncipes se postrarán humillados,

a causa del Señor, que es fiel,

del Santo de Israel, que te ha elegido.

Así dice el Señor:

Te he respondido en el momento adecuado,

te he auxiliado el día de la victoria;

te formo, te convierto

en alianza del pueblo,

para que restaures el país

y repartas heredades devastadas;

para que digas a los prisioneros: “Salgan”,

y a los que están en tinieblas: “Aparezcan”.

Pastarán por todos los caminos,

tendrán pasto en todas las dunas.

No pasarán hambre ni sed,

no los herirá el calor del sol;

pues los guía el compasivo,

los conduce junto a manantiales.

Convertiré los montes en camino,

elevaré el nivel de los senderos.

Miren, ya llegan de lejos:

unos del norte y del oeste,

otros del país de Siene.

HIMNO DE ALABANZA

Festéjalo, cielo; alégrate, tierra.

Estallen, montes, en aclamaciones,

que el Señor consuela a su pueblo,

tiene compasión de sus pobres.

EL SEÑOR, MADRE Y DEFENSA DE SIÓN

Decía Sión: “Me ha dejado el Señor,

mi Dios se ha olvidado de mí”.

¿Se olvida una madre de su criatura,

deja de amar al hijo de sus entrañas?

Pues aunque una madre se olvidara,

yo jamás me olvidaré.

Aquí estás, tatuada en mis palmas,

tengo siempre a la vista tus murallas;

quienes te reconstruyen se dan más prisa

que aquellos que te destruyeron;

los que te asolaban se alejan de ti.

Alza en torno tus ojos y mira,

todos se reúnen y vienen a ti.

Juro por mi vida —oráculo del Señor—

que todos serán adorno de tus vestidos,

te ceñirás con ellos como una esposa.

Cuando se alejen de ti los que te devoraban,

tus ruinas, tus escombros y tu tierra devastada

resultarán estrechos para sus moradores.

Oirás decir de nuevo

a los hijos que dabas por perdidos:

“Este sitio es estrecho para mí,

dame más espacio para vivir”.

Y dirás para tus adentros:

“¿Quién me ha engendrado a estos?

Yo era estéril y sin hijos,

exiliada y expulsada;

¿quién me ha criado a estos?

Si había quedado sola,

¿de dónde han salido estos?”.

Así dice el Señor Dios:

Haré señas con mi mano a las naciones,

levantaré mi estandarte a los pueblos,

y traerán en brazos a tus hijos,

a tus hijas subidas al hombro;

sus reyes serán tus tutores,

sus princesas serán tus nodrizas;

se echarán rostro en tierra ante ti,

lamerán el polvo de tus pies;

y sabrás que yo soy el Señor,

que no defraudo a los que esperan en mí.

¿Se le puede quitar al guerrero su presa?

¿Puede un prisionero huir del poderoso?

Pues así dice el Señor:

Pueden quitarle el prisionero al guerrero

o la presa puede huir del poderoso,

pero seré yo quien defienda tu causa,

yo seré quien salve a tus hijos.

Haré comer su propia carne a tus opresores,

se embriagarán de su sangre como de licor,

y todo ser vivo deberá reconocer

que soy el Señor, tu salvador,

tu redentor, el Fuerte de Jacob.

PLEITO DEL SEÑOR CON ISRAEL

Así dice el Señor:

¿Dónde está el acta de divorcio

según la cual repudié a su madre?

¿A cuál de mis acreedores

los he vendido como esclavos?

Por sus culpas fueron vendidos,

sólo por sus…

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Footnotes

  1. [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.