Estudio bíblico Logos

Santiago 2–3

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El pecado de la parcialidad

Hermanos míosa, no tengan su feb en nuestro glorioso Señor Jesucristoc con una actitud de favoritismod.

Porque si en su congregación1 entra un hombre con anillo de oro y vestido de ropa lujosa2a, y también entra un pobre con ropa sucia3b,

y dan atención especial al que lleva la ropa lujosaa, y dicen: «Siéntese aquí, en un buen lugar»; y al pobre dicen: «Tú estate allí de pie, o siéntate junto a mi estrado»;

¿acaso no han hecho distinciones entre ustedes mismos, y han venido a ser jueces con malos pensamientos1a?

Hermanos míos amadosa, escuchen: ¿No escogió Dios a los pobresb de este1 mundo para ser ricos en fec y herederos del reinod que Él prometióe a los que lo aman?

Pero ustedes han despreciado1 al pobre. ¿No son los ricos los que los oprimen y personalmente2 los arrastran a los tribunalesa?

¿No blasfeman ellosa el buen nombre por el cual ustedes han sido llamados1?

Si en verdad ustedes cumplen la ley reala conforme a la Escritura: «Amarás a tu prójimo como a ti mismob», bien hacen.

Pero si muestran favoritismoa, cometen pecado y son hallados culpables por la ley como transgresores.

Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero fallaa en un punto, se ha hecho culpable de todosb.

Pues el que dijo: «No cometas1 adulterioa», también dijo: «No mates2b». Ahora bien, si tú no cometes adulterio, pero matas, te has convertido en transgresor de la ley.

Así hablen ustedes y así procedan, como los que han de ser juzgados por la ley de la libertada.

Porque el juicio será sin misericordiaa para el que no ha mostrado misericordia. La misericordia triunfa sobre1 el juicio.

La fe y las obras

¿De qué sirve1a, hermanos míosb, si alguien dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa2 fe salvarlo?

Si un hermano o una hermana no tienen ropa1a y carecen del sustento diario,

y uno de ustedes les dice: «Vayan en paza, caliéntense y sáciense», pero no les dan lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve1?

Así también la fea por sí misma, si no tiene obras, está muerta.

Pero alguien dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obrasa. Muéstrame tu fe sin las obrasb, y yo te mostraré mi fec por mis obrasd».

Tú crees que Dios es uno1a. Haces bienb; también los demonios creenc, y tiemblan.

Pero, ¿estás dispuesto a admitir1, oh hombre vano2a, que la fe sin obras es estéril3b?

¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padrea cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?

Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obrasa, y como resultado de las obras1b, la fe fue perfeccionada;

y se cumplió la Escritura que dice: «Y Abraham creyó a Dios y le fue contado por1 justiciaa», y fue llamado amigo de Diosb.

Ustedes ven que el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe.

Y de la misma manera, ¿no fue la ramera Rahaba también justificada por las obras cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro caminob?

Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muertaa.

El poder de la lengua

Hermanos míosa, que no se hagan maestros muchos de ustedesb, sabiendo que recibiremos un juicio más severo.

Porque todos fallamos1 de muchas manerasa. Si alguien no falla en lo que dice2b, es un hombre perfectoc, capaz también de refrenar todo el cuerpod.

Ahora bien, si ponemos el freno en la boca de los caballosa para que nos obedezcan, dirigimos también todo su cuerpo.

Miren también las naves; aunque son tan grandes e impulsadas por fuertes vientos, son, sin embargo, dirigidas mediante un timón muy pequeño por donde la voluntad1 del piloto quiere.

Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosasa. ¡Pues qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuegob!

También la lengua es un fuegoa, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpob, es encendida por el infierno1c e inflama el curso2 de nuestra vida3.

Porque toda clase1 de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el ser1 humano,

pero ningún hombre puede domar la lengua. Es un mal turbulento y lleno de veneno mortala.

Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padrea, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Diosb.

De la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

¿Acaso una fuente echa agua dulce y amarga por la misma abertura?

¿Acaso, hermanos míos, puede una higuera producir aceitunasa, o una vid higos? Tampoco la fuente de agua salada puede producir agua dulce.

Sabiduría de lo alto

¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestrea por su buena conductab sus obras en sabia mansedumbre.

Pero si tienen celos amargos y ambición personal1a en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdadb.

Esta sabiduría no es la que viene de lo altoa, sino que es terrenalb, natural1c, diabólica2d.

Porque donde hay celosa y ambición personal1, allí hay confusión y toda cosa mala.

Pero la sabiduría de lo altoa es primeramente purab, después pacíficac, amabled, condescendiente1, llena de misericordiae y de buenos frutos, sin vacilaciónf, sin hipocresíag.

Y la semilla cuyo fruto es la justiciaa se siembra en paz por2 aquellos que hacen la paz.

Leer en Logos

Notas al pie

  1. 1O sinagoga.
  2. 2O brillante.
  3. 3O andrajosa.
  4. 1O móviles.
  5. 1 al.
  6. 1O afrentado.
  7. 2 ellos.
  8. 1 que ha sido invocado sobre ustedes.
  9. 1O No cometerás.
  10. 2O No asesinarás.
  11. 1 se gloría contra.
  12. 1O aprovecha.
  13. 2 la.
  14. 1 están desnudos.
  15. 1O aprovecha.
  16. 1O que hay un solo Dios.
  17. 1 ¿quieres saber.
  18. 2O necio.
  19. 3Algunos antiguos dicen: muerta.
  20. 1O por las obras.
  21. 1O como.
  22. 1U ofendemos.
  23. 2 palabra.
  24. 1 el impulso.
  25. 1 guéenna.
  26. 2 la rueda.
  27. 3O existencia, u origen.
  28. 1 naturaleza.
  29. 1O rivalidad.
  30. 1O no espiritual.
  31. 2O endemoniada.
  32. 1O rivalidad.
  33. 1O razonable.
  34. 2O para.

Referencias cruzadas

  1. aSant. 1:16
  2. bHeb. 12:2
  3. cHech. 7:2; 1Cor. 2:8
  4. dHech. 10:34; Sant. 2:9
  5. aLuc. 23:11; Sant. 2:3
  6. bZac. 3:3, 4
  7. aLuc. 23:11
  8. aLuc. 18:6; Juan 7:24
  9. aSant. 1:16
  10. bJob 34:19; 1Cor. 1:27, 28
  11. cLuc. 12:21; Apoc. 2:9
  12. dMat. 5:3; 25:34
  13. eSant. 1:12
  14. aHech. 8:3; 16:19
  15. aHech. 11:26; 1Ped. 4:16
  16. aMat. 7:12
  17. bLev. 19:18
  18. aHech. 10:34; Sant. 2:1
  19. aSant. 3:2; 2Ped. 1:10; Jud. 24
  20. bMat. 5:19; Gál. 5:3
  21. aEx. 20:14; Dt. 5:18
  22. bEx. 20:13; Dt. 5:17
  23. aSant. 1:25
  24. aPrv. 21:13; Mat. 5:7; 18:32–35; Luc. 6:37, 38
  25. aSant. 1:22 y
  26. bSant. 1:16
  27. aMat. 25:35, 36; Luc. 3:11
  28. aJuan 3:17, 18
  29. aGál. 5:6; Sant. 2:20, 26
  30. aRom. 9:19
  31. bRom. 3:28; 4:6; Heb. 11:33
  32. cSant. 3:13
  33. dMat. 7:16, 17; Gál. 5:6
  34. aDt. 6:4; Mar. 12:29
  35. bSant. 2:8
  36. cMat. 8:29; Mar. 1:24; 5:7; Luc. 4:34; Hech. 19:15
  37. aRom. 9:20; 1Cor. 15:36
  38. bGál. 5:6; Sant. 2:17, 26
  39. aGn. 22:9, 10, 12, 16–18
  40. aJuan 6:29; Heb. 11:17
  41. b1Tes. 1:3
  42. aGn. 15:6; Rom. 4:3
  43. b2Crón. 20:7; Isa. 41:8
  44. aHeb. 11:31
  45. bJos. 2:4, 6, 15
  46. aGál. 5:6; Sant. 2:17, 20
  47. aSant. 1:16; 3:10
  48. bMat. 23:8; Rom. 2:20, 21; 1Tim. 1:7
  49. aSant. 2:10
  50. bMat. 12:34–37; Sant. 3:2–12
  51. cSant. 1:4
  52. dSant. 1:26
  53. aSal. 32:9
  54. aSal. 12:2, 3; 73:8, 9
  55. bPrv. 26:20, 21
  56. aSal. 120:2, 3; Prv. 16:27
  57. bMat. 12:36, 37; 15:11, 18, 19
  58. cMat. 5:22
  59. aSal. 140:3; Ecl. 10:11; Rom. 3:13
  60. aSant. 1:27
  61. bGn. 1:26; 1Cor. 11:7
  62. aMat. 7:16
  63. aSant. 2:18
  64. b1Ped. 2:12
  65. aRom. 2:8; 2Cor. 12:20; Sant. 3:16
  66. b1Tim. 2:4; Sant. 1:18; 5:19
  67. aSant. 1:17
  68. b1Cor. 2:6; 3:19
  69. c2Cor. 1:12; Jud. 19
  70. d2Tes. 2:9, 10; 1Tim. 4:1; Apoc. 2:24
  71. aRom. 2:8; 2Cor. 12:20; Sant. 3:14
  72. aSant. 1:17
  73. b2Cor. 7:11; Sant. 4:8
  74. cMat. 5:9; Heb. 12:11
  75. dTito 3:2
  76. eLuc. 6:36; Sant. 2:13
  77. fSant. 2:4
  78. gRom. 12:9; 2Cor. 6:6
  79. aPrv. 11:18; Isa. 32:17; Os. 10:12; Amós 6:12; Gál. 6:8; Fil. 1:11