Romanos 8:11–23
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Pero si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedesa, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de1 Su Espíritu que habita en ustedesb.
Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne.
Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de1 morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne2a, viviránb.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Diosa, los tales son hijos de Diosb.
Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor1a, sino que han recibido un espíritu2 de adopciónb como hijos, por el cual clamamos: «¡Abba, Padrec!»
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritua de que somos hijos de Diosb.
Y si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristoa, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Élb.
La gloria futura
Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser reveladaa.
Porque el anhelo profundoa de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Diosb.
Porque la creación fue sometida a vanidada, no de su propia voluntad, sino por causa de Aquelb que la sometió, en la esperanza
de que la creación1 misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Diosa.
Pues sabemos que la creación entera gime y sufrea hasta ahora dolores de parto.
Y no solo ellaa, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritub, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamentec la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpod.
Footnotes
Cross references
- aHech. 2:24; Rom. 6:4
- bJuan 5:21; Rom. 8:1, 2, 39; 16:3
- aCol. 3:5
- bRom. 8:6
- aGál. 5:18
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:16, 19; 9:8, 26; 2Cor. 6:18; Gál. 3:26; 1Jn. 3:1; Apoc. 21:7
- a2Tim. 1:7; Heb. 2:15
- bRom. 8:23; Gál. 4:5, 6
- cMar. 14:36; Gál. 4:6
- aHech. 5:32
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:14, 19; 9:8, 26; 2Cor. 6:18; Gál. 3:26; 1Jn. 3:1; Apoc. 21:7
- aHech. 20:32; Gál. 3:29; 4:7; Ef. 3:6; Tito 3:7; Heb. 1:14; Apoc. 21:7
- b2Cor. 1:5, 7; Fil. 3:10; Col. 1:24; 2Tim. 2:12; 1Ped. 4:13
- a2Cor. 4:17; Col. 3:4; Tito 2:13; 1Ped. 1:5; 4:13; 5:1
- aFil. 1:20
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:14, 16, 18; 9:8, 26; 1Cor. 1:7, 8; 2Cor. 6:18; Gál. 3:26; Col. 3:4; 1Ped. 1:7, 13; 1Jn. 3:1, 2; Apoc. 21:7
- aGn. 3:17–19
- bSal. 39:5, 6; Ecl. 1:2
- aHech. 3:21; 2Ped. 3:13; Apoc. 21:1
- aJer. 12:4, 11
- aRom. 5:3
- bRom. 8:16; 2Cor. 1:22
- cRom. 8:15, 19, 25; Gál. 5:5
- dRom. 7:24; 2Cor. 5:2, 4
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