Romanos 8:11–23
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11Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotrosa, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de1 su Espíritu que habita en vosotrosb.
12Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne,
13porque si vivís conforme a la carne, habréis de1 morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne2a, viviréisb.
14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Diosa, los tales son hijos de Diosb.
15Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor1a, sino que habéis recibido un espíritu2 de adopciónb como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padrec!
16El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritua de que somos hijos de Diosb,
17y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristoa, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Élb.
La gloria futura
18Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser reveladaa.
19Porque el anhelo profundoa de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Diosb.
20Porque la creación fue sometida a vanidada, no de su propia voluntad, sino por causa de aquelb que la sometió, en la esperanza
21de que la creación1 misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Diosa.
22Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufrea dolores de parto hasta ahora.
23Y no solo ellaa, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritub, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamentec la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpod.
Footnotes
Cross references
- aHech. 2:24; Rom. 6:4
- bJuan 5:21; Rom. 8:1, 2, 39; 16:3
- aCol. 3:5
- bRom. 8:6
- aGál. 5:18
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:16, 19; 9:8, 26; 2 Cor. 6:18; Gál. 3:26; 1 Jn. 3:1; Apoc. 21:7
- a2 Tim. 1:7; Heb. 2:15
- bRom. 8:23; Gál. 4:5, 6
- cMar. 14:36; Gál. 4:6
- aHech. 5:32
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:14, 19; 9:8, 26; 2 Cor. 6:18; Gál. 3:26; 1 Jn. 3:1; Apoc. 21:7
- aHech. 20:32; Gál. 3:29; 4:7; Ef. 3:6; Tito 3:7; Heb. 1:14; Apoc. 21:7
- b2 Cor. 1:5, 7; Fil. 3:10; Col. 1:24; 2 Tim. 2:12; 1 Ped. 4:13
- a2 Cor. 4:17; Col. 3:4; Tito 2:13; 1 Ped. 1:5; 4:13; 5:1
- aFil. 1:20
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:14, 16, 18; 9:8, 26; 1 Cor. 1:7, 8; 2 Cor. 6:18; Gál. 3:26; Col. 3:4; 1 Ped. 1:7, 13; 1 Jn. 3:1, 2; Apoc. 21:7
- aGén. 3:17–19
- bSal. 39:5, 6; Ecl. 1:2
- aHech. 3:21; 2 Ped. 3:13; Apoc. 21:1
- aJer. 12:4, 11
- aRom. 5:3
- bRom. 8:16; 2 Cor. 1:22
- cRom. 8:15, 19, 25; Gál. 5:5
- dRom. 7:24; 2 Cor. 5:2, 4
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