Jeremías 8–9
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
«En aquel tiempo», declara el Señor, «sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusaléna;
los esparcirán al sol, a la luna y a todo el ejército del cieloa, a quienes amaron y sirvieron, y a quienes siguieron, a quienes buscaron y adoraron. No serán recogidos ni enterradosb; serán como estiércol sobre la superficie de la tierrac.
»La muerte será escogida en lugar de la vidaa por todo el remanente que quede de este linaje malvado, los que queden en todos los lugares adonde los he arrojadob», declara el Señor de los ejércitos.
«Y les dirás: “Así dice el Señor:
‘Los que caen ¿no se levantana?
El que se desvía ¿no se arrepiente1?
‘¿Por qué entonces este pueblo, Jerusalén,
Se ha desviado en continua apostasíaa?
Se aferran al engañob,
Rehúsan volverc.
‘He escuchado y oído,
Han habladoa lo que no es recto;
Ninguno se arrepiente de su maldadb,
Diciendo: “¿Qué he hecho?”.
Cada cual vuelve a su carrera,
Como caballo que se lanza en la batallac.
‘Aun la cigüeña en el cielo
Conoce sus estacionesa,
Y la tórtolab, la golondrina y la grulla
Guardan la época de sus migraciones1;
Pero Mi pueblo no conoce
La ordenanza del Señorc.
‘¿Cómo pueden decir: “Somos sabiosa,
Y la ley del Señor está con nosotros”,
Cuando la ha cambiado en mentira
La pluma mentirosa de los escribas?
‘Los sabios son avergonzadosa,
Están abatidos y atrapados;
Ellos han desechado la palabra del Señorb,
¿Y qué clase de sabiduría tienen?
‘aPor tanto, daré sus mujeres a otros,
Y sus campos a nuevos dueños1b;
Porque desde el menor hasta el mayor
Todos ellos codician ganancias;
Desde el profeta hasta el sacerdote
Todos practican el engañoc.
‘Curan a la ligera el quebranto de la hija de Mi pueblo,
Diciendo: “Paz, paz”,
Pero no hay paza.
‘¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido?
Ciertamente no se han avergonzado,
Tampoco han sabido ruborizarsea.
Por tanto caeránb entre los que caigan,
En la hora de su castigo serán derribadosc’, dice el Señor.
‘Ciertamente los destruiré1a,’ declara el Señor;
‘No habrá uvas en la vidb,
Ni higos en la higuerac,
Y la hoja se marchitará;
Lo que les he dado, les será quitado’ ”».
¿Por qué estamos aún sentados?
Congréguensea, y entremos en las ciudades fortificadasb,
Y perezcamos1 allí,
Pues el Señor nuestro Dios nos hace perecer2
Y nos ha dado a beber agua envenenadac,
Porque hemos pecado contra el Señord.
Esperábamos1 paz, pero no vino ningún biena;
Tiempo de curación, pero sobrevino terror.
Desde Dana se oye el resoplido de sus caballos;
Al sonido de los relinchos de sus corceles1b,
Tiembla toda la tierra;
Vienen y devoran la tierra y cuanto hay en ella,
La ciudad y los que en ella habitanc.
«Porque Yo envío contra ustedesa serpientes,
áspides contra los cuales no hay encantamientob,
Y los morderán», declara el Señor.
Lamento sobre Sión
Mi tristeza no tiene remedio1a,
Mi corazón desfallece en míb.
La voz del clamor de la hija de mi pueblo desde una tierra lejanaa es esta:
«¿No está el Señor en Sión? ¿No está su rey en ella?».
«¿Por qué me han provocado con sus imágenes talladasb, con ídolosc extranjeros1?».
«Pasó la siega, terminó el verano,
Y nosotros no hemos sido salvados».
Por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo estoy quebrantadoa;
Ando enlutado, el espanto se ha apoderadob de mí.
¿No hay bálsamo en Galaada?
¿No hay médico allí?
¿Por qué, pues, no se ha restablecido1 la salud2 de la hija de mi pueblob?
1Quién me diera que mi cabeza se hiciera agua,
Y mis ojos fuente de lágrimas,
Para que yo llorara día y nochea
Por los muertos de la hija de mi pueblob.
1Quién me diera en el desierto
Un albergue de caminantes,
Para dejar a mi pueblo
Y alejarme de ellosa.
Porque todos ellos son adúlterosb,
Una asamblea de traidoresc.
«Tensan su lengua como su arco;
La mentira y no la verdad1a prevalece en la tierra;
Porque de mal en mal procedenb,
Y a Mí no me conocenc», declara el Señor.
«Guárdese cada uno de su prójimoa,
Y no confíe en ningún hermanob;
Porque todo hermano obra con engaño1c,
Y todo prójimo anda calumniandod.
»Cada uno engaña a su prójimo,
Y no habla la verdad,
Han enseñado sus lenguas a hablar mentirasa;
Se afananb por cometer iniquidad.
»Tu morada está en medio del engañoa;
Por causa del engaño rehúsan conocermeb», declara el Señor.
Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos:
«Los refinaré y los probaréa,
Porque ¿qué más puedo hacerb con la hija de Mi pueblo?
»Saeta mortífera es su lengua,
Engaño hablaa;
Con su boca habla cada uno de paz a su prójimob,
Pero dentro de sí le tiende emboscadac.
»Por estas cosas ¿no los castigaré?», declara el Señor.
«De una nación como esta
¿No se vengará Mi almaa?
Amenaza de ruina y destierro
»Alcen1 por los montes lloro y lamentacióna,
Y una elegía por los pastos del desiertob,
Porque han sido desolados; nadie pasa por ellosc,
Ni se oye el bramido del ganado;
Desde las aves del cielo hasta las bestias han huido, se han idod.
»Haré de Jerusalén un montón de ruinasa,
Una guarida de chacalesb,
Y de las ciudades de Judá una desolación, sin habitantec».
¿Quién es el hombre sabio que entienda estoa? ¿A quién ha hablado la boca del Señorb que pueda declararlo? ¿Por qué está arruinado el país, desolado como un desiertoc sin que nadie pase por él?
El Señor respondió: «Porque han abandonado Mi ley que puse delante de ellos, y no han obedecido Mi voz ni andado conforme a ellaa,
sino que han andado tras la terquedad de sus corazonesa y tras los Baalesb, tal como sus padres les enseñaronc».
Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «Yo daré de comera ajenjo a este pueblo y le daré a beber agua envenenadab.
»Los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres conocierona, y enviaré tras ellos la espada hasta aniquilarlosb».
Así dice el Señor de los ejércitos:
«Consideren, llamen a las plañideras, que vengana;
Envíen por las más hábiles, que venganb,
Que se apresuren y eleven una lamentación por nosotros,
Para que derramen lágrimas nuestros ojos
Y fluya agua de nuestros párpadosa.
»Porque voz de lamentacióna se oye desde Sión:
“¡Cómo hemos sido arrasadosb!
En gran manera estamos avergonzados,
Pues tenemos que abandonar la tierrac,
Porque han derribado nuestras moradas”».
Oigan, pues, mujeres, la palabra del Señor,
Y reciba el oído de ustedes la palabra de Su boca;
Enseñen la lamentación a sus hijasa
Y la endecha cada una a su vecina.
Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas,
Ha entrado en nuestros palacios,
Exterminando a los niñosa de las calles,
A los jóvenesb de las plazas.
Así declara el Señor:
«Los cadáveres de los hombres caerán
Como estiércol sobre la superficie del campo,
Y como gavillas tras el segador
Sin haber quien las recojaa».
Así dice el Señor:
«No se gloríe el sabio de su sabiduríaa,
Ni se gloríe el poderoso de su poderb,
Ni el rico se gloríe de su riquezac;
Pero si alguien se gloría, gloríese de esto:
De que me entiende y me conocea,
Pues Yo soy el Señor que hago misericordiab,
Derecho y justicia en la tierra,
Porque en estas cosas me complazcoc», declara el Señor.
«Ciertamente vienen días», declara el Señor, «en que castigaré a todo el que esté circuncidado solo en la carne1a:
a Egipto, Judá, Amón, Moab y a todos los que se rapan las sienesa, a los que habitan en el desierto. Porque todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazónb».
Footnotes
- 1 no vuelve.
- 1 su venida.
- 1 a los poseedores.
- 1 recogeré.
- 1 y seamos silenciados.
- 2 silenciar.
- 1 Se esperaba.
- 1 fuertes.
- 1Así dicen algunas versiones antiguas.
- 1 vanidades extranjeras.
- 1 subido.
- 2O curación.
- 1 fidelidad.
- 1 como Jacob (juego de palabras).
- 1Así en la versión (); en el , Alzaré.
- 1 en el prepucio.
Cross references
- aEzq. 6:5
- a2 Rey. 23:5; Jer. 19:13; Sof. 1:5; Hech. 7:42
- bJer. 22:19; 36:30
- c2 Rey. 9:37; Sal. 83:10; Jer. 9:22
- aJob 3:21, 22; 7:15, 16; Jon. 4:3; Apoc. 9:6
- bDt. 30:1, 4; Jer. 23:3, 8; 29:14
- aPrv. 24:16; Amós 5:2; Miq. 7:8
- aJer. 5:6; 7:24
- bJer. 5:27; 9:6
- cJer. 5:3
- aSal. 14:2; Mal. 3:16
- bEzq. 22:30; Miq. 7:2; Apoc. 9:20
- cJob 39:21–25
- aPrv. 6:6–8; Isa. 1:3
- bCant. 2:12
- cJer. 5:4
- aJob 5:12, 13; Jer. 4:22; Rom. 1:22
- aIsa. 19:11; Jer. 6:15; 1 Cor. 1:27
- bJer. 6:19
- aJer. 8:10–12: Jer. 6:12–15
- bDt. 28:30; Jer. 6:12, 13; 38:22, 23
- cIsa. 56:11; 57:17; Jer. 6:13
- aJer. 6:14; 14:13, 14; Lam. 2:14; Ezq. 13:10
- aSal. 52:1, 7; Isa. 3:9; Jer. 3:3; 6:15; Sof. 3:5
- bIsa. 9:14; Jer. 6:21; Os. 4:5
- cDt. 32:35; Jer. 10:15
- aJer. 14:12; Ezq. 22:20, 21
- bJer. 5:17; 7:20; Joel 1:7
- cMat. 21:19; Luc. 13:6
- aJer. 4:5
- b2 Sam. 20:6; Jer. 35:11
- cDt. 29:18; Sal. 69:21; Jer. 9:15; 23:15; Lam. 3:19; Mat. 27:34
- dJer. 3:25; 14:20
- aJer. 8:11; 14:19
- aJue. 18:29; Jer. 4:15
- bJue. 5:22
- cJer. 3:24; 10:25
- aNúm. 21:6; Dt. 32:24
- bSal. 58:4, 5
- aIsa. 22:4; Lam. 1:16, 17
- bJer. 23:9; Lam. 5:17
- aIsa. 13:5; 39:3; Jer. 4:16; 9:16
- bDt. 32:21; Jer. 7:19
- cSal. 31:6
- aJer. 4:19; 9:1; 14:17
- bJer. 14:2; Joel 2:6; Nah. 2:10
- aGn. 37:25; Jer. 46:11
- bJer. 14:19; 30:13
- 1En el texto 8:23.
- aIsa. 22:4; Jer. 8:18; 13:17; Lam. 2:18
- bJer. 6:26; 8:21, 22
- 1En el texto 9:1.
- aSal. 55:6, 7; 120:5, 6
- bJer. 5:7, 8; 23:10; Os. 4:2
- cJer. 5:11; 12:1, 6
- aSal. 64:3; Isa. 59:4; Jer. 9:8
- bJer. 4:22
- cJue. 2:10; 1 Sam. 2:12; Jer. 4:22; 5:4, 5; Os. 4:1; 1 Cor. 15:34
- aSal. 12:2; Prv. 26:24, 25; Jer. 9:8; Miq. 7:5, 6
- bJer. 12:6
- cGn. 27:35
- dSal. 15:3; Prv. 10:18; Jer. 6:28
- aMiq. 6:12
- bJer. 12:13; 51:58, 64
- aSal. 120:5, 6; Jer. 5:27; 8:5
- bJob 21:14, 15; Prv. 1:24; Jer. 11:10; 13:10; Juan 3:19, 20
- aIsa. 1:25; Jer. 6:27; Mal. 3:3
- bOs. 11:8
- aJer. 9:3
- bSal. 28:3
- cJer. 5:26
- aIsa. 1:24; Jer. 5:9, 29
- aJer. 4:24; 7:29
- bJer. 4:26; Os. 4:3
- cJer. 12:4, 10; Ezq. 14:15; 29:11; 33:28
- dJer. 4:25; 12:4; Os. 4:3
- aIsa. 25:2; Jer. 51:37
- bIsa. 13:22; 34:13
- cJer. 4:27; 26:9
- aSal. 107:43; Isa. 42:23; Os. 14:9
- bJer. 9:20; 23:16
- cSal. 107:34; Jer. 23:10
- a2 Crón. 7:19; Sal. 89:30; Jer. 5:19; 22:9
- aJer. 7:24; 11:8; Rom. 1:21–24
- bJer. 2:8, 23; 23:27
- cGál. 1:14; 1 Ped. 1:18
- aSal. 80:5
- bDt. 29:18; Jer. 8:14; 23:15; Lam. 3:15
- aLev. 26:33; Dt. 28:64; Jer. 13:24
- bJer. 44:27; Ezq. 5:2, 12
- a2 Crón. 35:25; Ecl. 12:5
- bAmós 5:16
- aIsa. 22:4; Jer. 9:1; 14:17
- aJer. 7:29; Ezq. 7:16–18
- bDt. 28:29; Jer. 4:13
- cJer. 7:15; 15:1
- aIsa. 32:9
- a2 Crón. 36:17; Jer. 15:7; 18:21; Ezq. 9:5, 6; Amós 6:9, 10
- bJer. 6:11
- aSal. 83:10; Isa. 5:25; Jer. 8:2; 16:4; 25:33
- aEcl. 9:11; Isa. 47:10; Ezq. 28:3–7
- b1 Rey. 20:10, 11; Isa. 10:8–12
- cJob 31:24, 25; Sal. 49:6–9
- aSal. 20:7; 44:8; Isa. 41:16; Jer. 4:2; 1 Cor. 1:31; 2 Cor. 10:17; Gál. 6:14
- bEx. 34:6, 7; Sal. 36:5, 7; 51:1
- cIsa. 61:8; Miq. 7:18
- aJer. 4:4; Rom. 2:28, 29
- aJer. 25:23
- bLev. 26:41; Jer. 4:4; 6:10; Ezq. 44:7; Rom. 2:28
Copyright 2005 por The Lockman Foundation