Hebreos 12–13
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La carrera del cristiano
Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecadoa que tan fácilmente nos envuelve, y corramosb con paciencia1c la carrera que tenemos por delante,
puestos los ojos en1 Jesús, el autor y consumador2 de la fea, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruzb, despreciando la vergüenzac, y se ha sentado a la diestra del trono de Diosd.
Consideren, pues, a Aquel que soportó tal hostilidad de1 los pecadores contra Él mismoa, para que no se cansen ni se desanimen en su corazón2b.
Porque todavía, en su lucha contra el pecado, ustedes no han resistidoa hasta el punto de derramar sangre1b.
Además, han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige:
«Hijo Mío, no tengas en poco la disciplina del Señor,
Ni te desanimesa al ser reprendido por Élb.
»Porque el Señor al que ama, disciplinaa,
Y azota a todo el que recibe por hijob».
Es para su corrección1 que sufren. Dios los trata como a hijosa; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?
Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderosa.
Además, tuvimos padres terrenales1 para disciplinarnos, y los respetábamosa, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros2 espíritusb, y viviremosc?
Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de Su santidada.
Al presente ninguna1 disciplina parece ser2 causa de gozo, sino de tristeza3a. Sin embargo, a los que han sido ejercitados4 por medio de5 ella, después les da fruto apacible de justiciab.
Por tanto, fortalezcan1 las manos débiles2 y las rodillas que flaqueana,
y hagan sendas derechas para sus piesa, para que la pierna coja no se descoyunte, sino que se saneb.
Exhortación a la fidelidad
Busquen la paz con todosa, y la santidadb, sin la cual nadie verá al Señorc.
Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Diosa; de que ninguna raíz de amargurab, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminadosc.
Que no haya ninguna persona inmorala ni profanab como Esaú, que vendió su primogenitura por una comidac.
Porque saben que aun después, cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado, pues no halló ocasión para el arrepentimiento, aunque la buscó con lágrimasa.
Contraste entre el monte Sinaí y el monte Sión
Porque ustedes no se han acercadoa a un monte que se puede tocar, ni a fuego ardiente, ni a tinieblas, ni a oscuridad, ni a torbellinob,
ni a sonido de trompetaa, ni a ruido de palabrasb tal, que los que oyeron rogaron que no se les hablara másc.
Porque ellos no podían soportar el mandato: «Si aun una bestia toca el monte, será apedreadaa».
Tan terrible era el espectáculo, que Moisés dijo: «Estoy aterrado y temblandoa».
Ustedes, en cambio, se han acercado al monte Sióna y a la ciudadb del Dios vivoc, la Jerusalén celestiald, y a miríadas de ángelese,
a la asamblea general1 e iglesia de los primogénitosa que están inscritos en los cielosb, y a Dios, el Juez de todosc, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectosd,
y a Jesús, el mediador del nuevo pactoa, y a la sangre rociadab que habla mejor que la sangre de Abelc.
Tengan cuidado de no rechazara a Aquel que hablab. Porque si aquellos no escaparon1c cuando rechazarond al que les amonestó2 sobre la tierrae, mucho menos3 escaparemos nosotros si nos apartamos de Aquel que nos amonesta4 desde el cieloe.
Su voz hizo temblar entonces la tierraa, pero ahora Él ha prometido, diciendo: «Aún una vez más, yo haré temblar no solo la tierra, sino también el cielob».
Y esta expresión: Aún, una vez más, indica la remoción de las cosas moviblesa, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles.
Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmoviblea, demostremos1 gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptableb con temor y reverencia;
porque nuestro Dios es fuego consumidora.
Deberes cristianos
Permanezca1 el amor fraternala.
No se olviden de mostrar hospitalidad1a, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángelesb.
Acuérdensea de los presosb, como si estuvieran presos con ellos, y de los maltratados, puesto que también ustedes están en el cuerpo.
Sea el matrimonio honroso en todosa, y el lecho matrimonial sin deshonra, porque a los inmorales1 y a los adúlterosb los juzgará Dios.
Sea el carácter de ustedes sin avariciaa, contentos con lo que tienenb, porque Él mismo ha dicho: «Nunca te dejaré ni te desampararéc»,
de manera que decimos confiadamente:
«El Señor es el que me ayuda; no temeré.
¿Que podrá hacerme el hombrea?».
Acuérdense de sus guíasa que les hablaron la palabra de Diosb, y considerando el resultado de su conducta1, imiten su fec.
Jesucristo es el mismoa ayer y hoy y por los siglos.
No se dejen llevar por doctrinas1 diversas y extrañasa. Porque es buena cosa para el corazón el ser fortalecido por la graciab, no por alimentosc, de los que no recibieron beneficio los que de ellos se ocupaban2d.
Nosotros tenemos un altar del cuala no tienen derecho a comer los que sirven en el tabernáculo1b.
Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es llevada al santuario por el sumo sacerdote como ofrenda por el pecado, son quemados fuera del campamentoa.
Por lo cual también Jesús, para santificar al puebloa mediante Su propia sangreb, padeció fuera de la puertac.
Así pues, salgamos a Su encuentro fuera del campamento, llevando Su oprobioa.
Porque no tenemos aquí una ciudad permanentea, sino que buscamos la que está por venirb.
Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Éla, sacrificio de alabanza a Diosb, es decir, el fruto de labios que confiesan1 Su nombrec.
Y no se olviden ustedes de hacer el bien y de la ayuda mutua1a, porque de tales sacrificios se agrada Diosb.
Obedezcan a sus pastoresa y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almasb, como quienes han de dar cuenta. Permítanles que lo hagan1 con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para ustedes.
Bendición y saludos finales
Oren por nosotrosa, pues confiamos en que tenemos una buena concienciab, deseando conducirnos honradamente en todo.
Es más, les exhorto a hacer esto, a fin de que yo les sea restituidoa muy pronto.
Y el Dios de paza, que resucitó de entre los muertosb a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejasc mediante1 la sangred del pacto eternoe,
los haga aptos en toda obra buenaa para hacer Su voluntad, obrando Él en nosotrosb lo que es agradablec delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglosd. Amén.
Les ruegoa, hermanosb, que soporten1 la palabra de exhortación, pues les he escrito brevementec.
Sepan que nuestro hermano Timoteoa ha sido puesto en libertad, con el cual, si viene pronto, he de verlos.
Saluden a todos sus pastoresa y a todos los santosb. Los de Italiac los saludan.
Footnotes
- 1O perseverancia.
- 1 mirando a.
- 2O perfeccionador.
- 1O por parte de.
- 2 sus almas.
- 1 hasta la sangre.
- 1O disciplina.
- 1 de nuestra carne.
- 2O los.
- 1 toda.
- 2 parece no ser.
- 3O pesar.
- 4O adiestrados.
- 5O en.
- 1 enderecen.
- 2O caídas.
- 1O y a miríadas de ángeles en festiva asamblea.
- 1 no escapaban.
- 2O advirtió.
- 3 más.
- 4O advierte.
- 1 tengamos.
- 1O Continúe.
- 1U hospitalidad a extraños.
- 1O fornicarios.
- 1O fin de su vida.
- 1O enseñanzas.
- 2O en ellos andaban.
- 1O a la tienda sagrada.
- 1O alaban.
- 1O de compartir.
- 1 Para que puedan hacer esto.
- 1O en.
- 1I.e. oigan.
- 1Algunos antiguos no incluyen: Amén.
Cross references
- aRom. 13:12; Ef. 4:22
- b1Cor. 9:24; Gál. 2:2
- cHeb. 10:36
- aHeb. 2:10
- bFil. 2:8, 9; Heb. 2:9
- c1Cor. 1:18, 23; Heb. 13:13
- dHeb. 1:3
- aApoc. 2:3
- bGál. 6:9; Heb. 12:5
- aHeb. 10:32 y ; 13:13
- bFil. 2:8
- aHeb. 12:3
- bJob 5:17; Prv. 3:11
- aApoc. 3:19
- bSal. 119:75; Prv. 3:12
- aDt. 8:5; 2Sam. 7:14; Prv. 13:24; 19:18; 23:13, 14
- a1Ped. 5:9
- aLuc. 18:2
- bNúm. 16:22; 27:16; Apoc. 22:6
- cIsa. 38:16
- a2Ped. 1:4
- a1Ped. 1:6
- bIsa. 32:17; 2Tim. 4:8; Sant. 3:17, 18
- aIsa. 35:3
- aPrv. 4:26; Gál. 2:14
- bGál. 6:1; Sant. 5:16
- aRom. 14:19
- bRom. 6:22; Heb. 12:10
- cMat. 5:8; Heb. 9:28
- a2Cor. 6:1; Gál. 5:4; Heb. 4:1
- bDt. 29:18
- cTito 1:15
- aHeb. 13:4
- b1Tim. 1:9
- cGn. 25:33, 34
- aGn. 27:30–40
- a2Cor. 3:7–13; Heb. 12:18 y
- bEx. 19:12, 16 y ; 20:18; Dt. 4:11; 5:22
- aEx. 19:16, 19; 20:18; Mat. 24:31
- bEx. 19:19; Dt. 4:12
- cEx. 20:19; Dt. 5:25; 18:16
- aEx. 19:12, 13
- aDt. 9:19
- aApoc. 14:1
- bEf. 2:19; Fil. 3:20; Heb. 11:10; Apoc. 21:2
- cHeb. 3:12
- dGál. 4:26; Heb. 11:16
- eApoc. 5:11
- aEx. 4:22; Heb. 2:12
- bLuc. 10:20
- cGn. 18:25; Sal. 50:6; 94:2
- dHeb. 11:40; Apoc. 6:9, 11
- a1Tim. 2:5; Heb. 8:6; 9:15
- bHeb. 9:19; 10:22; 1Ped. 1:2
- cGn. 4:10; Heb. 11:4
- aHeb. 3:12
- bHeb. 1:1
- cHeb. 2:2, 3; 10:28, 29
- dHeb. 12:19
- eEx. 20:22; Heb. 8:5; 11:7
- aEx. 19:18; Jue. 5:4, 5
- bHag. 2:6
- aIsa. 34:4; 54:10; 65:17; Rom. 8:19, 21; 1Cor. 7:31; Heb. 1:10 y
- aDan. 2:44
- bHeb. 13:15, 21
- aDt. 4:24; 9:3; Isa. 33:14; 2Tes. 1:7; Heb. 10:27, 31
- aRom. 12:10; 1Tes. 4:9; 1Ped. 1:22
- aMat. 25:35; Rom. 12:13; 1Ped. 4:9
- bGn. 18:1 y ; 19:1, 2
- aCol. 4:18
- bMat. 25:36; Heb. 10:34
- a1Cor. 7:38; 1Tim. 4:3
- b1Cor. 6:9; Gál. 5:19, 21; 1Tes. 4:6
- aEf. 5:3; Col. 3:5; 1Tim. 3:3
- bFil. 4:11
- cDt. 31:6, 8; Jos. 1:5
- aSal. 118:6
- aHeb. 13:17, 24
- bLuc. 5:1
- cHeb. 6:12
- a2Cor. 1:19; Heb. 1:12
- aEf. 4:14; 5:6; Jud. 12
- b2Cor. 1:21; Col. 2:7
- cCol. 2:16
- dHeb. 9:10
- a1Cor. 10:18
- bHeb. 8:5
- aEx. 29:14; Lev. 4:12, 21; 9:11; 16:27; Núm. 19:3, 7
- aEf. 5:26; Heb. 2:11
- bHeb. 9:12
- cJuan 19:17
- aLuc. 9:23; Heb. 11:26; 12:2
- aHeb. 10:34; 12:27
- bEf. 2:19; Heb. 2:5; 11:10, 16; 12:22
- a1Ped. 2:5
- bLev. 7:12
- cIsa. 57:19; Os. 14:2
- aRom. 12:13
- bFil. 4:18
- a1Cor. 16:16; Heb. 13:7, 24
- bIsa. 62:6; Ezq. 3:17; Hech. 20:28
- a1Tes. 5:25
- bHech. 24:16; 1Tim. 1:5
- aFilem. 22
- aRom. 15:33
- bHech. 2:24
- cIsa. 63:11; 1Ped. 2:25
- dZac. 9:11; Heb. 10:29
- eJer. 32:40
- a1Ped. 5:10
- bFil. 2:13
- cHeb. 12:28; 1Jn. 3:22
- dRom. 11:36
- aHech. 13:15; Heb. 3:13; 10:25; 12:5; 13:19
- bHeb. 3:1
- c1Ped. 5:12
- aCol. 1:1; Hech. 16:1
- a1Cor. 16:16; Heb. 13:7, 17
- bHech. 9:13
- cHech. 18:2
- aCol. 4:18
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