Logos Bible Study

Hebreos 10–11

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La ley no puede quitar los pecados

Pues ya que la ley solo tiene la sombraa de los bienes futurosb y no la forma1 misma de las cosas, nunca puede2, por los mismos sacrificios que ellos ofrecen continuamente año tras añoc, hacer perfectos a los que se acercand.

De otra manera, ¿no habrían cesado de ofrecerse, ya que los adoradores, una vez purificados1, no tendrían ya más conciencia de pecadoa?

Pero en esos sacrificios hay1 un recordatorio de pecados año tras añoa.

Porque es imposiblea que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecadosb.

Por lo cual, al entrar Cristo en el mundoa, dice:

«Sacrificio y ofrenda no has queridob,

Pero un cuerpo has preparado para Míc;

En holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacidoa.

»Entonces dije: “Aquí estoy, Yo he venido

(En el rollo del libro está escrito de Mía)

Para hacer, oh Dios, Tu voluntadb”».

Habiendo dicho anteriormente: «Sacrificios y ofrendasa y holocaustosb, y sacrificios por el pecado no has queridoc, ni en ellos Tu te has complacido» (los cuales se ofrecen según la ley),

entonces dijo: «He aqui, Yo he venido para hacer Tu voluntada». Él quita lo primero para establecer lo segundo.

Por esa voluntad1 hemos sido santificadosa mediante la ofrendab del cuerpo de Jesucristoc ofrecida una vez para siempred.

Cristo puede quitar los pecados

Ciertamente todo sacerdote está de pie, día tras día, ministrando y ofreciendo muchas vecesa los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecadosb.

Pero Cristo, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecadosa para siempreb, se sentó1 a la diestra de Diosc,

esperando de ahí en adelante hasta que Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus piesa.

Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectosa para siempre a los que son santificadosb.

También el Espíritu Santo nos da testimonioa. Porque después de haber dicho:

«Este es el pacto que haré1 con ellos

Después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré Mis leyes en su corazón,

Y en su mente las escribiréa», añade:

«Y nunca más Me acordaré de sus pecados e iniquidadesa».

Ahora bien, donde hay perdón de estas cosas, ya no hay ofrenda por el pecado.

Exhortación a la perseverancia

Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianzaa para entrar al Lugar Santísimob por la sangre de Jesús,

por un camino nuevo y vivoa que Él inauguró para nosotros por medio del velob, es decir, Su carne,

y puesto que tenemos un gran Sacerdotea sobre la casa de Diosb,

acerquémonos con corazón sinceroa, en plena certidumbre de feb, teniendo nuestro corazón purificado1 de mala concienciac y nuestro cuerpo lavado con agua purad.

Mantengamos firme la profesión1a de nuestra esperanzab sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometióc.

Consideremos cómo estimularnos unos a otrosa al amor y a las buenas obrasb,

no dejando de congregarnosa, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otrosb, y mucho más al ver que el día se acercac.

Advertencia a los que continúan pecando

Porque si continuamos pecando deliberadamentea después de haber recibido el conocimiento de la verdadb, ya no queda sacrificio alguno por los pecados,

sino cierta horrenda expectación de juicioa, y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversariosb.

Cualquiera que viola la ley de Moisés muere sin misericordia por el testimonio de dos o tres testigosa.

¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que mereceráa el que ha pisoteado bajo sus pies al Hijo de Diosb, y ha tenido por inmunda la sangre del pactoc por la cual fue santificadod, y ha ultrajado al Espíritu de graciae?

Pues conocemos a Aquel que dijo: «Mía es la venganza, Yo pagaréa». Y otra vez: «El Señor juzgará a Su pueblob».

¡Horrenda cosaa es caer en las manos del Dios vivob!

Necesidad de perseverar

Pero recuerden los días pasadosa, cuando1 después de haber sido iluminadosb, ustedes soportaron una gran lucha de padecimientosc.

Por una parte, siendo hechos un espectáculo públicoa en oprobios y aflicciones, y por otra, siendo compañerosb de los que eran tratados así.

Porque tuvieron compasióna de los prisioneros y aceptaron con gozob el despojo de sus bienes, sabiendo que tienen para ustedes mismos una mejor y más duradera posesiónc.

Por tanto, no desechen su confianzaa, la cual tiene gran recompensab.

Porque ustedes tienen necesidad de paciencia1a, para que cuando hayan hecho la voluntad de Dios, obtengan la promesab.

Porque dentro de muy poco tiempo, El que ha de venir vendráa y no tardaráb.

Mas Mi justo vivira por la fea;

Y si retrocede, Mi alma no se complacerá en él.

Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación1 del alma.

La fe y sus héroes

Ahora bien, la fe es la certezaa de lo que se esperab, la convicción de lo que no se vec.

Porque por ella recibieron aprobación1a los antiguos2b.

Por la fe entendemos que el universo1 fue preparadoa porb la palabra de Diosc, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas visiblesd.

Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caína, por1 lo cual alcanzó el testimonio de que era justob, dando Dios testimonio de sus ofrendas2c; y por1 la fe3, estando muerto, todavía hablad.

Por la fe Enoc fue trasladado al cielo para que no viera muertea; y no fue hallado porque Dios lo trasladó; porque antes de ser trasladado recibió testimonio de haber agradado a Diosb.

Y sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Diosa crea que Él existe, y que recompensa a los que lo buscan.

Por la fe Noéa, siendo advertidob por Dios acerca de cosas que aún no se veíanc, con temor reverented preparó un arca para la salvación de su casae, por la cual1 condenó al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que es según la fef.

Por la fe Abraham, al ser llamado, obedecióa, saliendo para un lugar que había de recibir como herenciab; y salió sin saber adónde iba.

Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesaa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como1 Isaac y Jacobb, coherederos de la misma promesac,

porque esperaba la ciudada que tiene cimientosb, cuyo arquitecto y constructor es Diosc.

También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir1a, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel a Aquel que lo había prometidob.

Por lo cual también nació de uno, y este casi muertoa con respecto a esto, una descendencia como las estrellas del cielo en número, e innumerable como la arena que esta a la orilla del marb.

Todos estos murieron en fea, sin haber recibido las promesasb, pero habiéndolas visto desde lejosc y aceptado con gusto,1 confesando que eran extranjeros y peregrinos2 sobre la tierrad.

Porque los que dicen tales cosas, claramente dan a entender que buscan una patria propia.

Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volvera.

Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, la celestiala. Por lo cual, Dios no se avergüenzab de ser1 llamado Dios de ellosc, pues les ha preparado una ciudadd.

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaaca; y el que había recibido las promesasb ofrecía a su único1 hijo.

Fue a él a quien se le dijo: «En Isaac te será llamada descendencia1a».

Él consideró1 que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertosa, de donde también, en sentido figurado2b, lo volvió a recibir.

Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaúa, aun respecto a cosas futuras.

Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de Joséa, y adoró, apoyándose sobre el extremo de su bastónb.

Por la fe José, al morir, mencionó el éxodo de los israelitas, y dio instrucciones acerca de sus huesosa.

Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño hermosoa y no temieron el edicto del reyb.

Por la fe Moisés, cuando ya era grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraóna,

escogiendo más bien ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecadoa.

Consideró como mayores riquezas el oprobio de Cristo1 que los tesoros de Egiptoa, porque tenía la mirada puesta en la recompensab.

Por la fe Moisés salió de Egiptoa sin temer la ira del reyb, porque se mantuvo firme como viendo al Invisiblec.

Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangrea, para que el exterminador de los primogénitos no los tocara a ellosb.

Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca, y cuando los egipcios intentaron hacer lo mismo, se ahogaron1a.

Por la fe cayeron los muros de Jericóa, después de ser rodeados por siete díasb.

Por la fe la ramera Rahab no pereció con los desobedientes, por haber recibido a los espías en1 paza.

¿Y qué más diré? Pues el tiempo me faltaría para contar de Gedeóna, Baracb, Sansónc, Jeftéd, Davide, Samuel y los profetasf;

quienes por la fe conquistaron reinosa, hicieron justiciab, obtuvieron promesasc, cerraron bocas de leonesd,

apagaron la violencia del fuegoa, escaparon del filo de la espadab. Siendo débiles1, fueron hechos fuertes, se hicieron poderosos en la guerrac, pusieron en fuga a ejércitos extranjerosc.

Las mujeres recibieron a sus muertos mediante la resurreccióna. Otros fueron torturados, no aceptando su liberación1 a fin de obtener una mejor resurrección.

Otros experimentaron1 insultos y azotes, y hasta cadenas y prisionesa.

Fueron apedreadosa, aserradosb, tentados1, muertos a espadac. Anduvieron de aquí para allá cubiertos con pieles de ovejas y de cabrasd; destituidos, afligidos, maltratadose

(de los cuales el mundo no era digno), errantes por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas de la tierraa.

Y todos estos, habiendo obtenido aprobación1 por su fea, no recibieron la promesab,

porque Dios había provisto1 algo mejor para nosotrosa, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotrosb.

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Footnotes

  1. 1O imagen.
  2. 2Algunos antiguos dicen: pueden.
  3. 1O limpios.
  4. 1 en ellos hay.
  5. 1 Por la cual.
  6. 1O pecados, para siempre se sentó.
  7. 1 pactaré.
  8. 1 rociado (para purificación).
  9. 1O fe, o confesión.
  10. 1 en los cuales.
  11. 1O perseverancia.
  12. 1O posesión.
  13. 1 testimonio.
  14. 2O antepasados.
  15. 1 los siglos.
  16. 1O por medio de.
  17. 2I.e. al recibir las ofrendas de Abel.
  18. 3 ella.
  19. 1I.e. la fe.
  20. 1 con.
  21. 1 para depositar la simiente.
  22. 1 saludado.
  23. 2O expatriados.
  24. 1 no se avergüenza de ellos, de ser.
  25. 1O unigénito.
  26. 1 simiente.
  27. 1 Considerando.
  28. 2 en una parábola.
  29. 1I.e. el Mesías.
  30. 1 fueron tragados.
  31. 1 con.
  32. 1 de la debilidad.
  33. 1 redención.
  34. 1 recibieron la prueba de.
  35. 1Algunos no incluyen: tentados.
  36. 1 testimonio.
  37. 1O previsto.

Cross references

  1. aHeb. 8:5
  2. bHeb. 9:11
  3. cRom. 8:3; Heb. 9:9; 10:4, 11
  4. dHeb. 7:19
  5. a1Ped. 2:19
  6. aHeb. 9:7
  7. aHeb. 10:1, 11
  8. bHeb. 9:12, 13
  9. aHeb. 1:6
  10. bSal. 40:6
  11. cHeb. 2:14; 5:7; 1Ped. 2:24
  12. aSal. 40:6
  13. aEsd. 6:2; Jer. 36:2; Ezq. 2:9; 3:1, 2
  14. bSal. 40:7, 8
  15. aSal. 40:6; Heb. 10:5, 6
  16. bMar. 12:33
  17. cRom. 8:3
  18. aSal. 40:7, 8; Heb. 10:7
  19. aJuan 17:19; Ef. 5:26; Heb. 2:11; 10:14, 29; 13:12
  20. bJuan 6:51; Ef. 5:2; Heb. 7:27; 9:14, 28; 10:12
  21. cHeb. 2:14; 5:7; 1Ped. 2:24
  22. dHeb. 7:27
  23. aHeb. 5:1
  24. bMiq. 6:6–8; Heb. 10:1, 4
  25. aHeb. 5:1
  26. bHeb. 10:14
  27. cHeb. 1:3
  28. aSal. 110:1; Heb. 1:13
  29. aHeb. 10:1
  30. bHeb. 10:12
  31. aHeb. 3:7
  32. aJer. 31:33; Heb. 8:10
  33. aJer. 31:34; Heb. 8:12
  34. aHeb. 3:6; 10:35
  35. bHeb. 9:25
  36. aHeb. 9:8
  37. bHeb. 6:19; 9:3
  38. aHeb. 2:17
  39. b1Tim. 3:15; Heb. 3:6
  40. aHeb. 7:19; 10:1
  41. bHeb. 6:11
  42. cEzq. 36:25; Heb. 9:19; 12:24; 1Ped. 1:2
  43. dHech. 22:16; 1Cor. 6:11; Ef. 5:26; Tito 3:5; 1Ped. 3:21
  44. aHeb. 3:1
  45. bHeb. 3:6
  46. c1Cor. 1:9; 10:13; Heb. 11:11
  47. aHeb. 13:1
  48. bTito 3:8
  49. aHech. 2:42
  50. bHeb. 3:13
  51. c1Cor. 3:13
  52. aNúm. 15:30; Heb. 6:4–8; 2Ped. 2:20, 21
  53. b1Tim. 2:4
  54. aJuan 5:29; Heb. 9:27
  55. bIsa. 26:11; 2Tes. 1:7
  56. aDt. 17:2–6; 19:15; Mat. 18:16; Heb. 2:2
  57. aHeb. 2:3
  58. bHeb. 6:6
  59. cEx. 24:8; Mat. 26:28; Heb. 13:20
  60. dEf. 5:26; Heb. 9:13, 14; Apoc. 1:5
  61. e1Cor. 6:11; Ef. 4:30; Heb. 6:4
  62. aDt. 32:35; Rom. 12:19
  63. bDt. 32:36
  64. a2Cor. 5:11
  65. bMat. 16:16; Heb. 3:12
  66. aHeb. 5:12
  67. bHeb. 6:4
  68. cFil. 1:30
  69. a1Cor. 4:9; Heb. 12:4
  70. bFil. 4:14; 1Tes. 2:14
  71. aHeb. 13:3
  72. bMat. 5:12
  73. cHeb. 9:15; 11:16; 13:14; 1Ped. 1:4, 5
  74. aHeb. 10:19
  75. bHeb. 2:2
  76. aLuc. 21:19; Heb. 12:1
  77. bHeb. 9:15
  78. aHab. 2:3
  79. bMat. 11:3; Heb. 10:25; Apoc. 22:20
  80. aHab. 2:4; Rom. 1:17; Gál. 3:11
  81. aHeb. 3:14
  82. bHeb. 3:6
  83. cRom. 8:24; 2Cor. 4:18; 5:7; Heb. 11:7, 27
  84. aHeb. 11:4, 39
  85. bHeb. 1:1
  86. aJuan 1:3; Heb. 1:2
  87. bGn. 1; Sal. 33:6–9; Heb. 1:2
  88. cHeb. 6:5; 2Ped. 3:5
  89. dRom. 4:17
  90. aGn. 4:4; Mat. 23:35; 1Jn. 3:12
  91. bHeb. 11:2
  92. cHeb. 5:1
  93. dGn. 4:8–10; Heb. 12:24
  94. aLuc. 2:26; Juan 8:51; Heb. 2:9
  95. bGn. 5:21–24
  96. aHeb. 7:19
  97. aGn. 6:13–22
  98. bHeb. 8:5
  99. cHeb. 11:1
  100. dHeb. 5:7
  101. e1Ped. 3:20
  102. fGn. 6:9; Ezq. 14:14, 20; Rom. 4:13; 9:30
  103. aGn. 12:1–4; Hech. 7:2–4
  104. bGn. 12:7
  105. aHech. 7:5
  106. bGn. 12:8; 13:3, 18; 18:1, 9
  107. cHeb. 6:17
  108. aHeb. 12:22; 13:14
  109. bApoc. 21:14 y
  110. cHeb. 11:16
  111. aGn. 17:19; 18:11–14; 21:2
  112. bHeb. 10:23
  113. aRom. 4:19
  114. bGn. 15:5; 22:17; 32:12
  115. aMat. 13:17
  116. bHeb. 11:39
  117. cJuan 8:56; Heb. 11:27
  118. dGn. 23:4; 47:9; 1Crón. 29:15; Sal. 39:12; Ef. 2:19; 1Ped. 1:1; 2:11
  119. aGn. 24:6–8
  120. a2Tim. 4:18
  121. bMar. 8:38; Heb. 2:11
  122. cGn. 26:24; 28:13; Ex. 3:6, 15; 4:5
  123. dHeb. 11:10; Apoc. 21:2
  124. aGn. 22:1–10; Sant. 2:21
  125. bHeb. 11:13
  126. aGn. 21:12; Rom. 9:7
  127. aRom. 4:21
  128. bHeb. 9:9
  129. aGn. 27:27–29, 39, 40
  130. aGn. 48:1, 5, 16, 20
  131. bGn. 47:31; 1Rey. 1:47
  132. aGn. 50:24, 25; Ex. 13:19
  133. aEx. 2:2
  134. bEx. 1:16, 22
  135. aEx. 2:10, 11 y
  136. aHeb. 11:37
  137. aLuc. 14:33; Fil. 3:7, 8
  138. bHeb. 2:2
  139. aEx. 2:15; 12:50, 51; 13:17, 18
  140. bEx. 2:14; 10:28, 29
  141. cCol. 1:15; Heb. 11:1, 13
  142. aEx. 12:21 y
  143. bEx. 12:23, 29, 30; 1Cor. 10:10
  144. aEx. 14:22–29
  145. aJos. 6:20
  146. bJos. 6:15, 16
  147. aJos. 2:9 y ; 6:23; Sant. 2:25
  148. aJue. 6–8
  149. bJue. 4; 5
  150. cJue. 13–16
  151. dJue. 11; 12
  152. e1Sam. 16:1, 13
  153. f1Sam. 1:20
  154. aJue. 4; 7; 11; 14; 2Sam. 5:17–20; 8:1, 2; 10:12
  155. b1Sam. 12:4; 2Sam. 8:15
  156. c2Sam. 7:11, 12
  157. dJue. 14:6; 1Sam. 17:34 y ; Dan. 6:22
  158. aDan. 3:23 y
  159. bEx. 18:4; 1Sam. 18:11; 19:10; 1Rey. 19; 2Rey. 6; Sal. 144:10
  160. cJue. 7:21; 15:8, 15, 16; 1Sam. 17:51, 52; 2Sam. 8:1–6; 10:15 y
  161. a1Rey. 17:23; 2Rey. 4:36, 37
  162. aGn. 39:20; 1Rey. 22:27; 2Crón. 18:26; Jer. 20:2; 37:15
  163. a1Rey. 21:13; 2Crón. 24:21
  164. b2Sam. 12:31; 1Crón. 20:3
  165. c1Rey. 19:10; Jer. 26:23
  166. d1Rey. 19:13, 19; 2Rey. 2:8, 13, 14; Zac. 13:4
  167. eHeb. 11:25; 13:3
  168. a1Rey. 18:4, 13; 19:9
  169. aHeb. 11:2
  170. bHeb. 10:36; 11:13
  171. aHeb. 11:16
  172. bApoc. 6:11