Estudio bíblico Logos

2 Corintios 5–6

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Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada1a, es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manosb, eterna en los cielos.

Pues, en verdad1, en esta morada gemimos, anhelando ser vestidosa con nuestra habitación celestial;

y una vez vestidos, no seremos hallados desnudos.

Porque asimismo, los que estamos en esta tienda, gemimos agobiados, pues no queremos ser desvestidos, sino vestidosa, para que lo mortal sea absorbido por la vidab.

Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía1a.

Por tanto, animados siempre y sabiendo que mientras habitamos1 en el cuerpoa, estamos ausentes del Señor.

(Porque por fe andamos, no por vista1a).

Pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar1 con el Señora.

Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos agradar al Señora.

Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo1a, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.

La nueva criatura

Por tanto, conociendo el temor del Señora, persuadimos a los hombres, pero a Dios somos manifiestos, y espero que también seamos manifiestos en las conciencias de ustedesb.

No nos recomendamos otra vez a ustedesa, sino que les damos oportunidad de estar orgullosos de nosotrosb, para que tengan respuesta para los que se jactan en las apariencias y no en el corazón.

Porque si estamos locos1, es para Dios; y si estamos cuerdos, es para ustedesa.

Pues el amor de Cristo nos apremia1a, habiendo llegado a esta conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos murieronb.

Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellosa.

De manera que nosotros de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carnea. Aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no lo conocemos así.

De modo que si alguno está en Cristoa, nueva criatura1 esb; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevasc.

El ministerio de la reconciliación

Y todo esto procede de Diosa, quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristob, y nos dio el ministerioc de la reconciliación;

es decir, que Dios estaba en Cristoa reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres1 sus transgresionesb, y nos ha encomendado a2 nosotros la palabra de la reconciliación.

Por tanto, somos embajadoresa de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamosb: ¡Reconcíliense con Diosc!

Al que no conoció pecadoa, lo hizo pecado por nosotrosb, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Élc.

Características del ministerio cristiano

Y como colaboradores con Éla, también les exhortamosb a no recibir en vano la gracia de Diosc;

pues Él dice:

«En el tiempo propicio te escuché,

Y en el día de salvación te socorría.”

Pero ahora es «el tiempo propicio»; ahora es «el dia de salvación».

No dando nosotros en nada motivo de tropiezo, para que el ministerio no sea desacreditadoa.

Pues en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros1 de Diosa, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustiasb,

en azotes, en cárcelesa, en tumultos, en trabajosb, en desvelos, en ayunosc,

en pureza, en conocimientoa, con paciencia, con bondadb, en el Espíritu Santoc, con amor sincero1d,

en la palabra de verdada, en el poder de Diosb; por armas de justiciac para la derecha y para la izquierda;

en honra y en deshonraa, en mala fama y en buena famab; como impostores1c, pero veracesd.

Somos tratados como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero vivimosa; como castigados1, pero no condenados a muerteb;

como entristecidos, pero siempre gozososa; como pobres, pero enriqueciendo a muchosb; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todoc.

Nuestra boca, oh corintios, les ha hablado con toda franqueza1a. Nuestro corazón se ha abierto de par en parb.

Ustedes no están limitados1 por nosotros, sino que están limitados1 en sus sentimientos2a.

Ahora bien, en igual reciprocidad1a (les hablo como a niñosb) ustedes también abran de par en par su corazón.

Exhortaciones al creyente

No estén unidos en yugo desigual con los incrédulosa, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblasb?

¿O qué armonía tiene Cristo con Belial1a? ¿O qué tiene en común2 un creyenteb con un incréduloc?

¿O qué acuerdo tiene el templo1 de Dios con los ídolosa? Porque nosotros somos el templob del Dios vivoc, como Dios dijo:

«Habitaré en ellos, y andaré entre ellosd;

Y seré su Dios, y ellos serán Mi puebloe.

»Por tanto, salgan de en medio de ellosa y apártense,” dice el Señor;

«Y no toquen lo inmundob,

Y Yo los recibiré.

»Yo seré un padre para ustedes,

Y ustedes serán para Mí hijos e hijasa»,

Dice el Señor Todopoderoso.

Leer en Logos

Notas al pie

  1. 1 nuestra morada terrenal de la tienda.
  2. 1 también.
  3. 1O arras.
  4. 1 estamos presentes.
  5. 1O apariencias.
  6. 1 estar presentes.
  7. 1 por las cosas por medio del cuerpo.
  8. 1 estuviéramos fuera de nosotros.
  9. 1O controla.
  10. 1O creación.
  11. 1 a ellos.
  12. 2 habiendo puesto en.
  13. 1O servidores.
  14. 1 no hipócrita.
  15. 1O engañadores.
  16. 1O disciplinados.
  17. 1 está abierta a ustedes.
  18. 1O restringidos.
  19. 2 sus entrañas.
  20. 1O compensación.
  21. 1I.e. Satanás.
  22. 2 qué parte tiene.
  23. 1O santuario.

Referencias cruzadas

  1. aJob 4:19; 1Cor. 15:47; 2Cor. 4:7; 2Ped. 1:13, 14
  2. bMar. 14:58; Hech. 7:48; Heb. 9:11, 24
  3. aRom. 8:23; 1Cor. 15:53, 54; 2Cor. 5:4
  4. a1Cor. 15:53, 54; 2Cor. 5:2
  5. b1Cor. 15:54
  6. aRom. 8:23; 2Cor. 1:22
  7. aHeb. 11:13, 14
  8. a1Cor. 13:12; 2Cor. 4:18
  9. aJuan 12:26; Fil. 1:23
  10. aRom. 14:18; Col. 1:10; 1Tes. 4:1
  11. aMat. 16:27; Hech. 10:42; Rom. 2:16; 14:10, 12; Ef. 6:8
  12. aHeb. 10:31; 12:29; Jud. 23
  13. b2Cor. 4:2
  14. a2Cor. 3:1
  15. b2Cor. 1:14; Fil. 1:26
  16. aMar. 3:21; 2Cor. 11:1, 16 y ; 12:11
  17. aHech. 18:5
  18. bRom. 5:15; 6:6, 7; Gál. 2:20; Col. 3:3
  19. aRom. 14:7–9
  20. aJuan 8:15; 2Cor. 11:18; Fil. 3:4
  21. aRom. 16:7
  22. bJuan 3:3; Rom. 6:4; Gál. 6:15
  23. cIsa. 43:18, 19; 65:17; Ef. 4:24; Apoc. 21:4, 5
  24. a1Cor. 11:12
  25. bRom. 5:10; Col. 1:20
  26. c1Cor. 3:5
  27. aCol. 2:9
  28. bRom. 4:8; 1Cor. 13:5
  29. aMal. 2:7; Ef. 6:20
  30. b2Cor. 6:1
  31. cRom. 5:10; Col. 1:20
  32. aHech. 3:14; Heb. 4:15; 7:26; 1Ped. 2:22; 1Jn. 3:5
  33. bRom. 3:25; 4:25; 8:3; Gál. 3:13
  34. cRom. 1:17; 3:21, 22; 1Cor. 1:30
  35. a1Cor. 3:9
  36. b2Cor. 5:20
  37. cHech. 11:23
  38. aIsa. 49:8
  39. a1Cor. 8:9, 13; 9:12
  40. a1Cor. 3:5; 2Tim. 2:24, 25
  41. bHech. 9:16; 2Cor. 4:8–11; 6:4 y ; 11:23–27; 12:10
  42. aHech. 16:23
  43. bHech. 19:23 y
  44. c1Cor. 4:11
  45. a1Cor. 12:8; 2Cor. 11:6
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  50. b1Cor. 2:5
  51. cRom. 13:12; 2Cor. 10:4; Ef. 6:11 y
  52. a1Cor. 4:10
  53. bRom. 3:8; 1Cor. 4:13; 2Cor. 12:16
  54. cMat. 27:63
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  56. a2Cor. 1:8, 10; 4:11
  57. bRom. 8:36
  58. aJuan 16:22; 2Cor. 7:4; Fil. 2:17; 4:4; Col. 1:24; 1Tes. 1:6
  59. b1Cor. 1:5; 2Cor. 8:9
  60. cHech. 3:6; Rom. 8:32; 1Cor. 3:21
  61. aEzq. 33:22; Ef. 6:19
  62. bIsa. 60:5; 2Cor. 7:3
  63. a2Cor. 7:2
  64. aGál. 4:12
  65. b1Cor. 4:14
  66. aDt. 22:10; 1Cor. 5:9, 10; 6:6
  67. bEf. 5:7, 11; 1Jn. 1:6
  68. a1Cor. 10:21
  69. bHech. 5:14; 1Ped. 1:21
  70. c1Cor. 6:6
  71. a1Cor. 10:21
  72. bMat. 16:16; 1Cor. 3:16; 6:19
  73. cEx. 25:8; Juan 14:23
  74. dApoc. 2:1
  75. eEx. 29:45; Lev. 26:12; Jer. 31:1; Ezq. 37:27
  76. aApoc. 18:4
  77. bIsa. 52:11
  78. a2Sam. 7:14; 1Crón. 17:13; Isa. 43:6; Os. 1:10; Rom. 8:14