Salmo 1–2
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LIBRO PRIMERO
Salmo 1
Contraste entre el justo y los impíos
¡Cuán bienaventurado es el hombre que no andaa en el consejo de los impíosb,
Ni se detiene en el camino de los pecadoresc,
Ni se sienta en la silla de los escarnecedoresd,
Sino que en la ley del Señor está su deleitea,
Y en Su ley medita de díab y de nochec!
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguaa,
Que da su fruto a su tiempo
Y su hoja no se marchita;
En todo lo que hace, prosperab.
No así los impíos,
Que son como paja que se lleva el vientoa.
Por tanto, no se sostendrán los impíosa en el juiciob,
Ni los pecadores en la congregación de los justosc.
Porque el Señor conoce el camino de los justosa,
Pero el camino de los impíos pereceráb.
Salmo 2
El reino del Ungido del Señor
¿Por qué se sublevan las naciones1a,
Y los pueblos traman cosas vanasb?
Se levantan los reyes de la tierraa,
Y los gobernantes traman unidos
Contra el Señorb y contra Su Ungido1c, diciendo:
«¡Rompamos Sus cadenasa
Y echemos de nosotros Sus cuerdas!».
El que se sienta como Rey en los cielos se ríea,
El Señor se burla de ellosb.
Luego les hablará en Su iraa,
Y en Su furor los aterrará, diciendo:b
«Pero Yo mismo he consagrado a Mi Reya
Sobre Sión, Mi santo monteb».
«Ciertamente anunciaré el decreto del Señor
Que me dijo: “Mi Hijo eres Tú,
Yo te he engendrado hoya.
-”Pídeme, y te daréa las naciones como herencia Tuyab,
Y como posesión Tuya los confines de la tierrac.
-”Tú los quebrantarás con vara1 de hierroa;
Los desmenuzarás como vaso de alfarerob”».
Ahora pues, oh reyes, muestren discernimientoa;
Reciban amonestación, oh jueces de la tierra.
Adoren1 al Señor con reverenciaa,
Y alégrense con temblorb.
Honren al Hijoa para que no se enoje y perezcan en el camino,
Pues puede inflamarse de repente Su ira.
¡Cuán bienaventurados son todos los que en Él se refugianb!
Footnotes
Cross references
- aPrv. 4:14
- bSal. 5:9, 10; 10:2–11; 36:1–4
- cSal. 17:4; 119:104
- dSal. 26:4, 5; Jer. 15:17
- aSal. 119:14, 16, 35
- bJos. 1:8; Sal. 25:5
- cSal. 63:5, 6
- aSal. 92:12–14; Jer. 17:8; Ezq. 19:10
- bGn. 39:2, 3, 23; Sal. 128:2
- aJob 21:18; Sal. 35:5; Isa. 17:13
- aSal. 5:5
- bSal. 9:7, 8, 16
- cSal. 89:5, 7
- aSal. 37:18; Nah. 1:7; Juan 10:14; 2 Tim. 2:19
- bSal. 9:5, 6; 11:6
- aSal. 46:6; 83:2–5; Hech. 4:25, 26
- bSal. 21:11
- aSal. 48:4–6
- bSal. 74:18, 23
- cJuan 1:41
- aJer. 5:5
- aSal. 37:13
- bSal. 59:8
- aSal. 21:8, 9; 76:7
- bSal. 78:49, 50
- aSal. 45:6
- bSal. 48:1, 2
- aHech. 13:33; Heb. 1:5; 5:5
- aSal. 21:1, 2
- bSal. 22:27
- cSal. 67:7
- aSal. 89:23; 110:5, 6; Apoc. 12:5; 19:15
- bSal. 28:5; 52:5; 72:4; Apoc. 2:27
- aPrv. 8:15; 27:11
- aSal. 5:7
- bSal. 119:119, 120
- aSal. 2:7
- bSal. 5:11; 34:22; Apoc. 6:16, 17
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