Números 23–24
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Primera profecía de Balaam
Entonces Balaam dijo a Balac: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y siete carneros»
Y Balac hizo tal como Balaam le había dicho, y Balac y Balaam ofrecieron un novillo y un carnero en cada altar.
Luego Balaam dijo a Balac: «Ponte junto a tu holocausto, y yo iré; quizá el Señor venga a mi encuentro, y lo que me manifieste te lo haré saber». Y se fue a un cerro sin vegetación.
Dios salió al encuentro de Balaam, y este le dijo: «He preparado los siete altares y he ofrecido un novillo y un carnero sobre cada altar».
Y el Señor puso palabra en la boca de Balaama, y le dijo: «Vuelve a Balac y así hablarás».
Él entonces volvió a Balac, y él estaba junto a su holocausto con todos los jefes de Moab.
Y comenzó su discurso1, y dijo:
«Desde Aram me ha traído Balaca,
Rey de Moab, desde los montes del oriente:
“Ven, y maldíceme a Jacob;
Ven, y condena a Israelb”.
»¿Cómo maldeciré a quien Dios no ha maldecido?
¿Cómo condenaré a quien el Señor no ha condenadoa?
»Porque desde la cumbre de las peñas lo veo,
Y desde los montes lo observo.
Este es un pueblo que mora apartea,
Y que no será contado entre las naciones.
»¿Quién puede contar el polvo de Jacob,
O numerar la cuarta parte de Israela?
Muera yo la muerte de los rectosb,
Y sea mi fin como el suyoc».
Segunda profecía
Entonces Balac dijo a Balaam: «¿Qué me has hecho? Te he traído para maldecir a mis enemigos, pero mira, ¡los has llenado de bendicionesa!».
Y él le respondió: «¿No debo tener cuidado de hablar lo que el Señor pone en mi bocaa?».
Entonces Balac le dijo: «Te ruego que vengas conmigo a otro sitio desde donde podrás verlos, aunque solo verás el extremo de ellos, y no los verás a todos; y desde allí maldícemelos».
Lo llevó al campo de Zofim, sobre la cumbre del Pisga, y edificó siete altares y ofreció un novillo y un carnero en cada altar.
Y Balaam le dijo a Balac: «Ponte aquí junto a tu holocausto, mientras voy allá a encontrarme con el Señor.».
El Señor salió al encuentro de Balaam y puso palabra en su bocaa y le dijo: «Vuelve a Balac y así hablarás».
Y él volvió a Balac, quien estaba de pie junto a su holocausto, y los jefes de Moab con él. Y Balac le preguntó: «¿Qué ha dicho el Señor?».
Y comenzó su discurso1, y dijo:
«Levántate, Balac, y escucha;
Dame oídos, hijo de Zipor.
»Dios no es hombre, para que mientaa,
Ni hijo de hombre, para que se arrepienta.
¿Lo ha dicho Él, y no lo haráb?
¿Ha hablado, y no lo cumplirá?
»Mira, he recibido orden de bendecira;
Si Él ha bendecido, yo no lo puedo anularb.
ȃl no ha observado iniquidad en Jacoba,
Ni ha visto malicia en Israelb;
En él está el Señor su Diosc,
Y el júbilo de un rey está en éld.
»Dios lo saca de Egiptoa;
Es para él como los cuernos del búfalob.
»Porque no hay agüero contra Jacob,
Ni hay adivinación contra Israela.
A su tiempo se le dirá a Jacob
Y a Israel: “¡Vean lo que ha hecho Dios!”
»Son un pueblo que se levanta como leona,
Y se yergue como leóna;
No se echará hasta que devore la presa
Y beba la sangre de los que ha matado».
Entonces Balac dijo a Balaam: «¡De ninguna manera los maldigas ni los bendigas!».
Pero Balaam respondió a Balac: «¿No te dije que todo lo que el Señor hable, eso debo hacera?».
Y Balac dijo a Balaam: «Ven, te ruego, te llevaré a otro lugar; quizá le plazca a Dios que me los maldigas desde allí».
Entonces Balac llevó a Balaam a la cumbre del monte Peor, que da hacia el desierto.
Y Balaam dijo a Balac: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y siete carneros».
Balac hizo tal como Balaam le había dicho y ofreció un novillo y un carnero en cada altar.
Tercera profecía de Balaam
Cuando Balaam vio que agradaba al Señor bendecir a Israel, no fue como otras veces a buscar presagiosa, sino que puso su rostro hacia el desiertob.
Y levantó Balaam sus ojos y vio a Israel acampado por tribus; y vino sobre él el Espíritu de Diosa.
Y comenzando su discurso1, dijoa:
«Oráculo de Balaam, hijo de Beor,
Y oráculo del hombre de ojos abiertos;
Oráculo del que escucha las palabras de Diosa,
Del que ve la visión del Todopoderoso1b;
Caído, pero con los ojos descubiertos.
»¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob;
Tus moradas, oh Israel!
»Como valles que se extienden,
Como jardines junto al río,
Como áloesa plantados por el Señor,
Como cedros junto a las aguasb.
»Agua correrá de sus baldes,
Y su simiente estará junto a muchas aguas;
Más grande que Agaga será su rey,
Y su reino será exaltadob.
»Dios lo saca de Egiptoa;
Es para Israel como los cuernos del búfalo.
Devorará a las naciones que son sus adversariosb,
Y desmenuzará sus huesos,
Y los traspasará con sus flechasc.
»Se agazapa, se echa como león,
O como leona ¿quién se atreverá a despertarloa?
Benditos los que te bendigan,
Y malditos los que te maldiganb».
Cuarta profecía
Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y palmoteando, dijo Balac a Balaam: «Te llamé para maldecir a mis enemigos, pero los has llenado de bendiciones estas tres veces.
»Ahora pues, huye a tu lugar. Yo dije que te colmaría de honores, pero mira, el Señor te ha privado de honores».
Y Balaam dijo a Balac: «¿No les hablé yo también a los mensajeros que me enviastea y les dije:
“Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, no podría yo traspasar el mandamiento del Señor para hacer lo bueno o lo malo de mi propia iniciativaa. Lo que hable el Señor, eso hablaréb”?
»Ahora, mira, me voy a mi pueblo; pero ven, y te advertiré lo que este pueblo haráa a tu pueblo en los días venideros».
Y comenzando su discurso1, dijo:
«aOráculo de Balaam, hijo de Beor,
Y oráculo del hombre de ojos abiertos.
»Oráculo del que escucha las palabras de Dios,
Y conoce la sabiduría del Altísimo1;
Del que ve la visión del Todopoderoso,
Caído, pero con los ojos descubiertos.
»Lo veo, pero no ahora;
Lo contemplo, pero no cerca;
Una estrella saldrá de Jacob,
Y un cetro se levantará de Israela
Que aplastará la frente de Moab
Y derrumbará a todos los hijos de Setb.
»Edom será una posesióna,
También será una posesión Seirb, su enemigo;
Mientras que Israel se conducirá con valor.
»De Jacob saldrá el que tendrá dominio,
Y destruirá al remanente de la ciudada».
Al ver a Amalec, continuó su discurso1, y dijo:
«Amalec fue la primera de las naciones,
Pero su fin será destruccióna».
Después vio al quenitaa, y continuó su discurso1, y dijo:
«Perdurable es tu morada,
Y en la peña está puesto tu nido.
»No obstante, el quenita será consumido;
¿Hasta cuándo te tendrá cautivo Asiriaa?».
Y continuando su discurso1, dijo:
«¡Ay! ¿Quién puede vivir, si Dios no lo ha ordenado?
»Pero las naves vendrán de la costa de Quitima,
Y afligirán a Asiria y afligirán a Heberb;
Pero él también perecerá para siemprec».
Entonces se levantó Balaam y se marchó, y volvió a su lugara; también Balac se fue por su camino.
Footnotes
Cross references
- aNúm. 22:20; Dt. 18:18; Jer. 1:9
- aNúm. 22:5; Dt. 23:4
- bNúm. 22:6
- aNúm. 22:12
- aDt. 32:8; 33:28
- aGn. 13:16; 28:14
- bIsa. 57:1
- cSal. 37:37
- aNeh. 13:2
- aNúm. 22:20
- aNúm. 22:20
- a1 Sam. 15:29
- bIsa. 40:8; 55:11
- aGn. 12:2; 22:17; Núm. 22:12
- bIsa. 43:13
- aNúm. 14:18, 19, 34; Sal. 32:2, 5
- bDt. 9:24; 32:5; Jer. 50:20
- cEx. 3:12; Dt. 31:23
- dDt. 33:5; Sal. 89:15–18
- aNúm. 24:8
- bDt. 33:17
- aNúm. 22:7; 24:1; Jos. 13:22
- aGn. 49:9; Nah. 2:11, 12
- aNúm. 22:18
- aNúm. 22:7; 23:23
- bNúm. 23:28
- aNúm. 11:26; 1 Sam. 19:20; Apoc. 1:10
- aNúm. 24:15, 16
- aNúm. 22:20
- bGn. 15:1; Núm. 12:6
- aSal. 45:8
- bSal. 1:3
- aNúm. 24:20; 1 Sam. 15:8
- bSal. 145:11–13
- aNúm. 23:22
- bNúm. 23:24; Sal. 2:9
- cSal. 45:5
- aGn. 49:9; Núm. 23:24
- bGn. 12:3; 27:29
- aNúm. 22:18
- aNúm. 16:28
- bNúm. 22:20
- aNúm. 31:8, 16; Jos. 13:22
- aNúm. 24:3, 4
- aGn. 49:10
- bNúm. 21:29; Isa. 15:1–16:14
- aGn. 27:29
- bGn. 32:3
- aAmós 9:11, 12
- aNúm. 24:24
- aGn. 15:19
- aGn. 10:21, 22
- aGn. 10:4; Ezq. 27:6
- bGn. 10:21
- cNúm. 24:20
- aNúm. 24:14
Copyright 2005 por The Lockman Foundation