Mateo 8:23–34
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Greek
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
Jesús calma la tempestad
aCuando entró Jesús1 en la barca, Sus discípulos lo siguieron.
Y de pronto se desató una gran tormenta1 en el mar de Galilea, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido.
Llegándose a Él, lo despertaron, diciendo: «¡Señor, sálvanosa, que perecemos!»
Y Él les contestó*: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fea?». Entonces Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se maravillaron, y decían: «¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar lo obedecen?»
Los endemoniados gadarenos
aAl llegar Jesús al otro lado, a la tierra de los gadarenos, fueron a Su encuentro dos endemoniadosb que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino.
Y gritaron: «¿Qué hay entre Tú y nosotros, Hijo de Diosa? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo1?»
A cierta distancia de ellos estaba paciendo una manada de muchos cerdos;
y los demonios le rogaban: «Si vas a echarnos fuera, mándanos a la manada de cerdos»
«¡Vayan!», les dijo Jesús. Y ellos salieron y entraron en los cerdos; y la manada entera se precipitó por un despeñadero al mar, y perecieron en las aguas.
Los que cuidaban la manada huyeron; y fueron a la ciudad y lo contaron todo, incluso1 lo de los endemoniadosa.
Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando lo vieron, le rogaron que se fuera de su regióna.
Footnotes
Cross references
Copyright 2005 por The Lockman Foundation