Apocalipsis 9–17
Nueva Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- TNIV Today’s New International Version
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Greek
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
La quinta trompeta
El quinto ángel tocó la trompetaa, y vi una estrella que había caído del cielob a la tierra, y se le dio la llavec del pozo del abismod.
Cuando abrió el pozo del abismo, subió humoa del pozo como el humo de un gran horno, y el sol y el aireb se oscurecieron por el humo del pozo.
Del humo salieron langostas sobre1 la tierraa, y se les dio poder como tienen poder2 los escorpiones de la tierrab.
Se les dijo que no dañarana la hierba de la tierrab, ni ninguna cosa verde, ni ningún árbol, sino solo a los hombres que no tienen el sello de Dios en la frentec.
No se les permitió matar a nadie1, sino atormentarlos por cinco mesesa. Su tormento era como el tormento de un escorpión cuando pica2 al hombreb.
En aquellos días los hombres buscarán la muerte y no la hallarána; y ansiarán morir, y la muerte huirá1 de ellos.
El aspecto1 de las langostas era semejante al de caballos dispuestos para la batallaa, y sobre sus cabezas tenían como coronas que parecían de oro, y sus caras eran como rostros humanos.
Tenían cabellos como cabellos de mujer, y sus dientes eran como de leonesa.
También tenían corazas como corazas de hierro. El ruido de sus alas era como el estruendo de carros, de muchos caballos que se lanzan a la batallaa.
Tienen colas parecidas a escorpionesa, y aguijones. En sus colas está su poder para hacer daño a los hombresb por cinco mesesc.
Tienen sobre ellos por rey al ángel del abismoa, cuyo nombre en hebreob es Abadón1c, y en griego se llama Apolión2.
El primer ¡aya! ha pasado; pero aún vienen dos ayes después de estas cosas.
La sexta trompeta
El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz que salía de los cuatro1 cuernosa del altar de orob que está delante de Dios,
y decía al sexto ángel que tenía la trompeta: «Suelta a los cuatro ángelesa que están atados junto al gran río Éufratesb».
Y fueron desatados los cuatro ángeles que habían sido preparados para la hora, el día, el mes, y el añoa, para matar a la tercera parte de la humanidad1b.
El número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millonesa; yo escuché su númerob.
Así es como vi1 en la visióna los caballos y a los que los montaban: los jinetes tenían corazas color de fuego, de jacinto2 y de azufreb. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuegoc, humo, y azufreb.
La tercera partea de la humanidad1 fue muerta por estas tres plagas: por el fuegob, el humo, y el azufre que salían de sus bocas.
Porque el poder de los caballos está en su boca y en sus colas; pues sus colas son semejantes a serpientes, tienen cabezas y con ellas hacen daño.
El resto de la humanidad1, los que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintierona de las obras de sus manosb ni dejaron de2 adorar a los demoniosc y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra, y de madera, que no pueden ver ni oír ni andard.
Tampoco se arrepintieron de sus homicidiosa ni de sus hechiceríasb ni de su inmoralidad1c ni de sus robos.
El ángel y el librito
Vi a otro ángel poderoso1a que descendía del cielob, envuelto en una nube. El arco iris estaba sobre su cabezac, su rostro era como eld sol y sus pies como columnas de fuegoe.
Tenía en su mano un libritoa abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierrab,
y gritó a gran voz, como ruge un leóna. Y cuando gritó, los siete truenos emitieron1 sus vocesb.
Después que los siete truenos hablaron, iba yo a escribira, cuando1 oí una voz del cielob que decía: «Sella las cosas que los siete truenos han dicho y no las escribasc»
Entonces el ángel que yo había visto de pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano derecha al cieloa,
y juró por Aquel que vive por los siglos de los siglosa, quien creo el cielo y las cosas que en el hay, y la tierra y las cosas que en ella hay, y el mar y las cosas que en el hayb, que ya no habrá más demora1c.
Porque en los días de la voz del séptimo ángela, cuando esté para tocar la trompeta, entonces el misterio de Dios será1 consumadob, como Él lo anunció2 a Sus siervos los profetas.
La voz que yo había oído del cieloa, la oí de nuevo hablando conmigo: «Ve, toma el libro que está abierto en la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierrab».
Entonces fui al ángel y le dije que me diera el librito. Y él me dijo*: «Tómalo y devóraloa. Te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel»
Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y en mi boca fue dulce como la miel; pero cuando lo comí, me amargó las entrañas.
Y me dijeron*1a: «Debes profetizar otra vezb acerca de muchos pueblos, naciones, lenguasc y reyesd».
Los dos testigos
Me fue dada una caña de medir (unos 3 metros) semejante a una varaa, y alguien dijob: «Levántate y mide el templo1 de Dios y el altar, y a los que en él adoran.
»Pero excluye1 el patio2a que está fuera del templo3, no lo midas, porque ha sido entregado a las nacionesb, y estas pisotearánb la ciudad santac por cuarenta y dos mesesd.
»Otorgaré autoridad a mis dos testigosa, y ellos profetizarán por 1,260 díasb, vestidos de cilicio1c».
Estos son los dos olivosa y los dos candelabros que están delante del Señor de la tierra.
Si alguien quiere hacerles daño, de su boca sale fuegoa y devora a sus enemigos. Así debe morirb cualquiera que quisiera hacerles daño.
Ellos tienen poder para cerrar el cieloa a fin de que no llueva durante los días en que ellos profeticen1b; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangrec, y para herir la tierra con toda suerte de plagas todas las veces que quierand.
Cuando hayan terminado de dar su testimonio, la bestiaa que subeb del abismoc hará guerra contra ellosd, los vencerá y los matará.
Sus cadáveres estarán1 en la calle de la gran ciudada, que simbólicamente2 se llama Sodomab y Egiptoc, donde también su Señor fue crucificado.
Gente de todos los pueblos, tribus, lenguas, y nacionesa, contemplarán1 sus cadáveres2 por tres días y medio, y no permitirán3 que sus cadáveres sean sepultadosb.
Los que moran en la tierraa se regocijarán1 por2 ellos y se alegrarán3, y se enviarán regalos unos a otrosb, porque estos dos profetas habían atormentado a los que moran en la tierraa.
Pero después de los tres días y medio, el aliento de vida de parte de Dios vino a ellosa y se pusieron en pie, y gran temor cayó sobre quienes los contemplaban.
Entonces ellos oyeron una gran voz del cielo que les decía: «Suban acáa». Y subieron al cielo en la nubeb, y sus enemigos los vieron.
En aquella misma hora hubo un gran terremotoa y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y siete mil personas1 murieron en el terremoto, y los demás, aterrorizados, dieron gloriab al Dios del cieloc.
El segundo ¡ay! ha pasadoa; pero el tercer ¡ay! viene pronto.
La séptima trompeta
El séptimo ángel tocó la trompetaa, y hubo1 grandes voces en el cielob, que decían:
«El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señorc y de Su Cristo2d. Él reinará por los siglos de los siglose».
Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronosa, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Diosb,
diciendo:
«Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderosoa, el que eres y el que eras1, porque has tomado Tu gran poder y has comenzado a reinar2b.
»Las nacionesa se enfurecieron, y vino Tu ira y llegó el tiempo de juzgar a los muertosb y de dar la recompensa a Tus siervos los profetasc, a los santos y a los que temen Tu nombre, a los pequeños y a los grandesd, y de destruir a los que destruyen la tierra»
El templo1 de Diosa que está en el cielo fue abierto; y el arca de Su pactob se veía2 en Su templo1, y hubo relámpagosc, voces3 y truenos, y un terremoto y una fuerte granizada4d.
La mujer, el dragón y el niño
Una gran señala apareció en el cielob: una mujerc vestida del sold, con1 la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
Estaba encinta, y gritaba*a por los dolores del parto y el sufrimiento de dar a luz.
Entonces apareció otra señal en el cieloa: Un gran dragón rojob que tenía siete cabezasc y diez cuernosd, y sobre sus cabezas había siete diademase.
Su cola arrastró* la tercera parte de las estrellas del cieloa y las arrojó sobre la tierrab. Y el dragónc se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijod cuando ella diera a luz.
Y ella dio a luz un Hijo varón, que ha de regir1 a todas las naciones2 con vara de hierroa. Su Hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta Su tronob.
La mujer huyó al desierto, donde tenía* un lugar preparado por Dios, para ser sustentada1 allí por 1,260 díasa.
Entonces hubo guerra en el cielo: Miguela y sus ángeles combatieron contra el dragónb. Y el dragón y sus ángeles lucharonc,
pero no pudieron vencer1, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.
Y fue arrojado el gran dragóna, la serpiente antiguab que se llama Diablo y Satanásc, el cual engaña al mundo enterod. Fue arrojado a la tierrae y sus ángeles fueron arrojados con él.
Entonces oí una gran voz en el cieloa, que decía:
«Ahora ha venido la salvaciónb, el poder y el reino de nuestro Diosa y la autoridad de Su Cristo1, porque el acusadorc de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado.
»Ellos lo vencierona por medio de la sangre del Corderob y por la palabra del testimonio de ellosc, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerted.
»Por lo cual regocíjense, cielosa y los que moran en ellosb. ¡Ay de la tierra y del marc!, porque el diablo ha descendido a ustedesd con1 gran furor, sabiendo que tiene poco tiempoe»
Cuando el dragóna vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al Hijo varónb.
Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águilaa a fin de que volara de la presencia1 de la serpiente al desiertob, a su lugar, donde fue* sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempoc.
La serpientea arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que ella fuera arrastrada por la corriente1.
Pero la tierra ayudó a la mujer, y…
This passage has been shortened. Keep reading Apocalipsis 9–17 in Logos
Footnotes
- 1 hacia.
- 2O como el poder que tienen.
- 1 Y se les concedió no matarlos.
- 2 hiere.
- 1 huye.
- 1 las apariencias.
- 1I.e. Destrucción.
- 2I.e. Destructor.
- 1Algunos antiguos no incluyen: cuatro.
- 1 los hombres.
- 1 así vi.
- 2O zafiro.
- 1 los hombres.
- 1 los hombres.
- 2 para no.
- 1O fornicación.
- 1O fuerte.
- 1O hablaron.
- 1 y.
- 1 el tiempo no será más.
- 1 es.
- 2 anunció el evangelio.
- 1 dicen.
- 1O santuario.
- 1 echa fuera.
- 2O el atrio.
- 3O santuario.
- 1I.e. vestidura áspera usada para penitencia.
- 1 los días de su profecía.
- 1Algunos antiguos dicen: Y su cadáver yacerá.
- 2 espiritualmente.
- 1 contemplan.
- 2 su cadáver.
- 3 no permiten.
- 1 regocijan.
- 2 sobre.
- 3 se alegran.
- 1 nombres de hombres, siete mil.
- 1 y sucedieron.
- 2I.e. el Mesías.
- 1Algunos posteriores agregan: y el que has de venir.
- 2 reinaste.
- 1O santuario.
- 2O apareció.
- 3O ruidos.
- 4 gran granizo.
- 1 y.
- 1O pastorear.
- 2O todos los gentiles.
- 1 para que la sustentaran.
- 1O no fueron lo suficientemente fuertes.
- 1I.e. el Mesías.
- 1 teniendo.
- 1 del rostro.
- 1 el río.
Cross references
- aApoc. 8:2
- bApoc. 8:10
- cApoc. 1:18
- dLuc. 8:31; Apoc. 9:2, 11
- aGn. 19:28; Ex. 19:18
- bJoel 2:2, 10
- aEx. 10:12–15; Apoc. 9:7
- b2Crón. 10:11, 14; Ezq. 2:6; Apoc. 9:5, 10
- aApoc. 6:6
- bApoc. 8:7
- cEzq. 9:4; Apoc. 7:2, 3
- aApoc. 9:10
- b2Crón. 10:11, 14; Ezq. 2:6; Apoc. 9:3, 10
- aJob 3:21; 7:15; Jer. 8:3; Apoc. 6:16
- aJoel 2:4
- aJoel 1:6
- aJer. 47:3; Joel 2:5
- a2Crón. 10:11, 14; Ezq. 2:6; Apoc. 9:3, 5
- bApoc. 9:19
- cApoc. 9:5
- aLuc. 8:31; Apoc. 9:1, 2
- bJuan 5:2; Apoc. 16:16
- cJob 26:6; 28:22; 31:12; Sal. 88:11; Prv. 15:11
- aApoc. 8:13; 11:14
- aEx. 30:2, 3, 10
- bApoc. 8:3
- aApoc. 7:1
- bGn. 15:18; Dt. 1:7; Jos. 1:4; Apoc. 16:12
- aApoc. 20:7
- bApoc. 8:7; 9:18
- aApoc. 5:11
- bApoc. 7:4
- aDan. 8:2; 9:21
- bApoc. 9:18; 14:10; 19:20; 20:10; 21:8
- cApoc. 11:5
- aApoc. 8:7; 9:15
- bApoc. 9:17
- aApoc. 2:21
- bDt. 4:28; Jer. 1:16; Miq. 5:13; Hech. 7:41
- c1Cor. 10:20
- dSal. 115:4–7; 135:15–17; Dan. 5:23
- aApoc. 9:20
- bIsa. 47:9, 12; Apoc. 18:23
- cApoc. 17:2, 4, 5
- aApoc. 5:2
- bApoc. 18:1; 20:1
- cApoc. 4:3
- dMat. 17:2; Apoc. 1:16
- eApoc. 1:15
- aApoc. 5:1; 10:8–10
- bApoc. 10:5, 8
- aIsa. 31:4; Os. 11:10
- bSal. 29:3–9; Apoc. 4:5
- aApoc. 1:11, 19
- bApoc. 10:8
- cDan. 8:26; 12:4, 9; Apoc. 22:10
- aDan. 12:7
- aApoc. 4:9
- bApoc. 4:11
- cApoc. 6:11; 12:12; 16:17; 21:6
- aApoc. 11:15
- bAmós 3:7; Rom. 16:25
- aApoc. 10:4
- bApoc. 10:2
- aJer. 15:16; Ezq. 2:8; 3:1–3
- aApoc. 11:1
- bEzq. 37:4, 9
- cApoc. 5:9
- dApoc. 17:10, 12
- aEzq. 40:3–42:20; Zac. 2:1; Apoc. 21:15, 16
- bApoc. 10:11
- aEzq. 40:17, 20
- bLuc. 21:24
- cIsa. 52:1; Mat. 4:5; 27:53; Apoc. 21:2, 10; 22:19
- dDan. 7:25; 12:7; Apoc. 12:6; 13:5
- aApoc. 1:5; 2:13
- bDan. 7:25; 12:7; Apoc. 12:6; 13:5
- cGn. 37:34; 2Sam. 3:31; 1Rey. 21:27; 2Rey. 19:1, 2; Neh. 9:1; Est. 4:1; Sal. 69:11; Joel 1:13; Jon. 3:5, 6, 8
- aSal. 52:8; Jer. 11:16; Zac. 4:3, 11, 14
- a2Rey. 1:10–12; Jer. 5:14; Apoc. 9:17, 18
- bNúm. 16:29, 35
- aLuc. 4:25
- b1Rey. 17:1; Apoc. 11:3
- cEx. 7:17 y ; Apoc. 8:8
- d1Sam. 4:8
- aApoc. 13:1 y ; 17:8
- bApoc. 13:1
- cApoc. 9:1
- dDan. 7:21; Apoc. 13:7
- aApoc. 14:8; 16:19; 17:18; 18:2, 10, 16, 18, 19, 21
- bIsa. 1:9, 10; 3:9; Jer. 23:14; Ezq. 16:46, 49
- cEzq. 23:3, 8, 19, 27
- aApoc. 5:9; 10:11
- b1Rey. 13:22; Sal. 79:2, 3
- aApoc. 3:10
- bNeh. 8:10, 12; Est. 9:19, 22
- aEzq. 37:5, 9, 10, 14
- aApoc. 4:1
- b2Rey. 2:11; Hech. 1:9
- aApoc. 6:12; 8:5; 11:19; 16:18
- bJuan 9:24; Apoc. 14:7; 16:9; 19:7
- cApoc. 16:11
- aApoc. 8:13; 9:12
- aApoc. 8:2; 10:7
- bApoc. 16:17; 19:1
- cApoc. 12:10
- dSal. 2:2; Hech. 4:26
- eEx. 15:18; Dan. 2:44; 7:14, 27; Luc. 1:33
- aMat. 19:28; Apoc. 4:4
- bApoc. 4:10
- aApoc. 1:8
- bApoc. 19:6
- aSal. 2:1
- bSal. 2:5; 110:5; Dan. 7:10; Apoc. 20:12
- cApoc. 10:7; 16:6
- dSal. 115:13; Apoc. 13:16; 19:5
- aApoc. 4:1; 15:5
- bHeb. 9:4
- cApoc. 4:5; 8:5; 16:18
- dApoc. 16:21
- aMat. 24:30; Apoc. 12:3
- bApoc. 11:19
- cGál. 4:26
- dSal. 104:2; Cant. 6:10
- aIsa. 26:17; 66:6–9; Miq. 4:9, 10
- aApoc. 12:1; 15:1
- bIsa. 27:1; Apoc. 12:4, 7, 9, 13, 16, 17; 13:2, 4, 11; 16:13; 20:2
- cApoc. 13:1; 17:3, 7, 9 y
- dDan. 7:7, 20, 24; Apoc. 13:1; 17:12, 16
- eApoc. 13:1; 19:12
- aApoc. 8:7
- bDan. 8:10
- cIsa. 27:1; Apoc. 12:3, 7, 9, 13, 16, 17; 13:2, 4, 11; 16:13; 20:2
- dMat. 2:16
- aSal. 2:9; Isa. 66:7; Apoc. 2:27
- b2Cor. 12:2 y
- aApoc. 11:3; 13:5
- aDan. 10:13, 21; 12:1; Jud. 9
- bApoc. 12:3
- cMat. 25:41
- aApoc. 12:3
- bGn. 3:1; 2Cor. 11:3; Apoc. 12:15; 20:2
- cMat. 4:10; 25:41
- dApoc. 13:14; 20:3, 8, 10
- eLuc. 10:18; Juan 12:31
- aApoc. 11:15
- bApoc. 7:10
- cJob 1:11; 2:5; Zac. 3:1; Luc. 22:31; 1Ped. 5:8
- aJuan 16:33; 1Jn. 2:13; Apoc. 15:2
- bApoc. 7:14
- cApoc. 6:9
- dLuc. 14:26; Apoc. 2:10
- aSal. 96:11; Isa. 44:23; Apoc. 18:20
- bApoc. 13:6
- cApoc. 8:13
- dApoc. 12:9
- eApoc. 10:6
- aApoc. 12:3
- bApoc. 12:5
- aEx. 19:4; Dt. 32:11; Isa. 40:31
- bApoc. 12:6
- cDan. 7:25; 12:7
- aGn. 3:1; 2Cor. 11:3; Apoc. 12:9; 20:2
Copyright 2005 por The Lockman Foundation