Romanos 6–11
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Capitulo 6
Muertos al pecado
¿Qué diremos, entoncesa? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abundeb?
2¡De ningún modoa! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en élb?
3¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizadosa en Cristo Jesúsb, hemos sido bautizados en su muerte?
4Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertosa por la gloria del Padreb, así también nosotros andemos en novedad de vidac.
5Porque si hemos sido unidos1 a Él en la semejanza2 de su muertea, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección,
6sabiendo esto, que nuestro viejo hombrea fue crucificado con Élb, para que nuestro cuerpo de pecadoc fuera destruido1, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado;
7porque el que ha muerto, ha sido libertado1 del pecadoa.
8Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Éla,
9sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertosa, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre Élb.
10Porque por cuanto El murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto vive, vive para Dios.
11Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús1a.
Siervos, no del pecado, sino de la justicia
12Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortala para que no obedezcáis sus lujurias;
13ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo1a al pecado como instrumentos2 de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos2 de justiciab.
14Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotrosa, pues no estáis bajo la leyb sino bajo la graciac.
Libertados del pecado
15¿Entonces qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la graciaa? ¡De ningún modob!
16¿No sabéisa que cuando os presentáis a alguno como esclavos para obedecerle1, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecadob para muertec, o de la obediencia para justicia?
17Pero gracias a Diosa, que aunque erais esclavos del pecado, os hicisteis1 obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fuisteis entregadosb;
18y habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justiciaa.
19Hablo en términos humanosa, por causa de la debilidad de vuestra carne. Porque de la manera que presentasteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad, así ahora presentad vuestros miembros como esclavos a la justiciab, para santificación.
20Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justiciaa.
21¿Qué fruto teníais entonces en1 aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de esas cosas es muertea.
22Pero ahora, habiendo sido libertados del pecadoa y hechos siervos de Diosb, tenéis por vuestro frutoc la santificación, y como resultado la vida eternad.
23Porque la paga del pecado es muertea, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestrob.
Capitulo 7
Analogía tomada del matrimonio
¿Acaso ignoráis, hermanosa (pues hablo a los que conocen la ley), que la ley tiene jurisdicción sobre una persona mientras vive?
2Pues la mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive; pero si su marido muere, queda libre de la ley en cuanto al maridoa.
3Así que, mientras vive su marido, será llamada adúltera si ella se une a otro hombre; pero si su marido muere, está libre de la ley, de modo que no es adúltera aunque se una a otro hombre.
4Por tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a la leya por medio del cuerpo de Cristob, para que seáis unidos a otro, a aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.
5Porque mientras estábamos en la carnea, las pasiones pecaminosas despertadas por la leyb, actuaban en los miembros de nuestro cuerpo1 a fin de llevar fruto para muertec.
6Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos atabaa, de modo que sirvamos en la novedadb del Espíritu1 y no en el arcaísmo de la letrac.
7¿Qué diremosa entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modob! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la leyc; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia1, si la ley no hubiera dicho: No codiciarasd.
8Pero el pecado, aprovechándose del1 mandamientoa, produjo en mí toda clase de codicia2; porque aparte de la ley el pecado está muertob.
9Y en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí;
10y este mandamiento, que era para vidaa, a mí me resultó para muerte;
11porque el pecado, aprovechándose del1 mandamientoa, me engañób, y por medio de él me mató.
12Así que la ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y buenoa.
13¿Entonces lo que es bueno vino a ser causa de muerte para mí? ¡De ningún modoa! Al contrario, fue el pecado, a fin de mostrarse que es pecado al producir mi muerte por medio de lo que es bueno, para que por medio del mandamiento el pecado llegue a ser en extremo pecaminoso.
14Porque sabemos que la ley es espirituala, pero yo soy carnal1a, vendido a la esclavitud del pecado2b.
15Porque lo que hago, no lo entiendoa; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hagob.
16Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo con la ley, reconociendo que es buenaa.
17Así que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mía.
18Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carnea, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no.
19Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practicoa.
20Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mía.
21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal está presente en mía.
22Porque en el1 hombre interiora me deleito con la ley de Dios,
23pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo1 que hace guerraa contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de2 la ley del pecado que está en mis miembrosb.
24¡Miserable de mí1! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte2a?
25Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestroa. Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecadob.
Capitulo 8
No hay condenación para los que creen
Por consiguiente, no hay ahora condenacióna para los que están en Cristo Jesús1b, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.
2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesúsa te1 ha libertado2 de la ley del pecado y de la muerteb.
3Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carnea, Dios lo hizob: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carnec,
4para que el requisito de la leya se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritub.
5Porque los que viven1 conforme a la carnea, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritub.
6Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paza;
7ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Diosa, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo,
8y los que están en la carnea no pueden agradar a Dios.
Viviendo según el Espíritu
9Sin embargo, vosotros no estáis en la carnea sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotrosb. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Élc.
10Y si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo1 a causa de la justiciaa.
11Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotrosa, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de1 su Espíritu que habita en vosotrosb.
12Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne,
13porque si vivís conforme a la carne, habréis de1 morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne2a, viviréisb.
14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Diosa, los tales son hijos de Diosb.
15Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor1a, sino que habéis recibido un espíritu2 de adopciónb como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padrec!
16El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritua de que somos hijos de Diosb,
17y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristoa, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Élb.
La gloria futura
18Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser reveladaa.
19Porque el anhelo profundoa de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Diosb.
20Porque la creación fue sometida a vanidada, no de su propia voluntad, sino por causa de aquelb que la sometió, en la esperanza
21de que la creación1 misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Diosa.
22Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufrea dolores de parto hasta ahora.
23Y no solo ellaa, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritub, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamentec la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpod.
24Porque en esperanza hemos sido salvosa, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues, ¿por qué esperar lo que uno ve?1b
25Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia1 lo aguardamosa.
Victoriosos en Cristo
26Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como…
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Footnotes
- 1O, injertados
- 2O, unidos con la semejanza
- 1O, reducido a la impotencia
- 1O, exonerado
- 1Algunos agregan: nuestro Señor
- 1, vuestros miembros
- 2O, armas
- 1, para obediencia
- 1, pero os hicisteis
- 1O, de
- 1, en nuestros miembros
- 1O, espíritu
- 1O, lujuria
- 1O, tomando ocasión mediante el
- 2O, lujuria
- 1O, tomando ocasión mediante el
- 1O, de la carne
- 2, vendido bajo pecado
- 1O, conforme al
- 1, en mis miembros
- 2, en
- 1, Hombre miserable yo soy
- 2O, del cuerpo de esta muerte
- 1Muchos antiguos no incluyen el resto del vers.
- 1Algunos antiguos dicen: me
- 2O, te ha libertado en Cristo Jesús
- 1, son
- 1, es vida
- 1Algunos antiguos dicen: por causa de
- 1O, estáis a punto de
- 2, del cuerpo
- 1, otra vez para temor
- 2O, el Espíritu
- 1Algunos antiguos dicen: en esperanza; porque la creación
- 1Algunos antiguos dicen: ¿quién espera lo que ve?
- 1O, perseverancia
Cross references
- aRom. 3:5
- bRom. 3:8; 6:15
- aLuc. 20:16; Rom. 6:15
- bRom. 6:11; 7:4, 6; Gál. 2:19; Col. 2:20; 3:3; 1 Ped. 2:24
- aMat. 28:19
- bHech. 2:38; 8:16; 19:5; Gál. 3:27
- aHech. 2:24; Rom. 6:9; Col. 2:12
- bJuan 11:40; 2 Cor. 13:4
- cRom. 7:6; 2 Cor. 5:17; Gál. 6:15; Ef. 4:23, 24; Col. 3:10
- a2 Cor. 4:10; Fil. 3:10, 11; Col. 2:12; 3:1
- aEf. 4:22; Col. 3:9
- bGál. 2:20; 5:24; 6:14
- cRom. 7:24
- a1 Ped. 4:1
- aRom. 6:4; 2 Cor. 4:10; 2 Tim. 2:11
- aHech. 2:24; Rom. 6:4
- bApoc. 1:18
- aRom. 6:2; 7:4, 6; Gál. 2:19; Col. 2:20; 3:3; 1 Ped. 2:24
- aRom. 6:14
- aRom. 6:16, 19; 7:5; Col. 3:5
- bRom. 12:1; 2 Cor. 5:14, 15; 1 Ped. 2:24
- aRom. 6:12; 8:2, 12
- bRom. 5:18; 7:4, 6; Gál. 4:21
- cRom. 5:17, 21
- aRom. 6:1
- bLuc. 20:16; Rom. 6:2
- aRom. 11:2; 1 Cor. 3:16; 5:6; 6:2, 3, 9, 15, 16, 19; 9:13, 24
- bJuan 8:34; 2 Ped. 2:19
- cRom. 6:21, 23
- aRom. 1:8; 2 Cor. 2:14
- b2 Tim. 1:13
- aJuan 8:32; Rom. 6:22; 8:2
- aRom. 3:5
- bRom. 6:13
- aMat. 6:24; Rom. 6:16
- aJer. 12:13; Ezeq. 16:63; Rom. 1:32; 5:12; 6:16, 23; 7:5; 8:6, 13; Gál. 6:8
- aJuan 8:32; Rom. 6:18; 8:2
- b1 Cor. 7:22; 1 Ped. 2:16
- cRom. 7:4
- d1 Ped. 1:9
- aRom. 1:32; 5:12; 6:16, 21; 8:6, 13; Gál. 6:8
- bMat. 25:46; Rom. 5:21; 8:38, 39
- aRom. 1:13
- a1 Cor. 7:39
- aRom. 6:2; 7:6; 8:2; Gál. 2:19; 5:18
- bCol. 1:22
- aRom. 8:8, 9; 2 Cor. 10:3
- bRom. 7:7, 8
- cRom. 6:13, 21, 23
- aRom. 6:2; 7:2
- bRom. 6:4
- cRom. 2:29
- aRom. 3:5
- bLuc. 20:16
- cRom. 3:20; 4:15; 5:20
- dEx. 20:17; Deut. 5:21
- aRom. 3:20; 7:11
- b1 Cor. 15:56
- aLev. 18:5; Luc. 10:28; Rom. 10:5; Gál. 3:12
- aRom. 3:20; 7:8
- bGén. 3:13
- aRom. 7:16; 1 Tim. 1:8
- aLuc. 20:16
- a1 Cor. 3:1
- b1 Rey. 21:20, 25; 2 Rey. 17:17; Rom. 3:9; 6:6; Gál. 4:3
- aJuan 15:15
- bRom. 7:19; Gál. 5:17
- aRom. 7:12; 1 Tim. 1:8
- aRom. 7:20
- aJuan 3:6; Rom. 7:25; 8:3
- aRom. 7:15
- aRom. 7:17
- aRom. 7:23, 25; 8:2
- a2 Cor. 4:16; Ef. 3:16; 1 Ped. 3:4
- aSant. 4:1
- bRom. 6:19; 7:21, 25; 8:2; Gál. 5:17; 1 Ped. 2:11
- aRom. 6:6; 8:2; Col. 2:11
- a1 Cor. 15:57
- bRom. 7:21, 23; 8:2
- aRom. 5:16
- bRom. 8:2, 9–11, 34, 39; 16:3
- aRom. 8:1, 11, 39; 16:3; 1 Cor. 15:45
- bJuan 8:32, 36; Rom. 6:14, 18; 7:4
- aRom. 7:18, 19; Heb. 7:18
- bHech. 13:39; Heb. 10:1 y sig.
- cFil. 2:7; Heb. 2:14, 17; 4:15
- aLuc. 1:6; Rom. 2:26
- bGál. 5:16, 25
- aGál. 5:19–21
- bGál. 5:22–25
- aRom. 6:21; 8:13; Gál. 6:8
- aSant. 4:4
- aRom. 7:5
- aRom. 7:5
- bJuan 14:23; Rom. 8:11; 1 Cor. 3:16; 6:19; 2 Cor. 6:16; 2 Tim. 1:14
- cJuan 14:17; Gál. 4:6; Fil. 1:19; 1 Jn. 4:13
- aJuan 17:23; Gál. 2:20; Ef. 3:17; Col. 1:27
- aHech. 2:24; Rom. 6:4
- bJuan 5:21; Rom. 8:1, 2, 39; 16:3
- aCol. 3:5
- bRom. 8:6
- aGál. 5:18
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:16, 19; 9:8, 26; 2 Cor. 6:18; Gál. 3:26; 1 Jn. 3:1; Apoc. 21:7
- a2 Tim. 1:7; Heb. 2:15
- bRom. 8:23; Gál. 4:5, 6
- cMar. 14:36; Gál. 4:6
- aHech. 5:32
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:14, 19; 9:8, 26; 2 Cor. 6:18; Gál. 3:26; 1 Jn. 3:1; Apoc. 21:7
- aHech. 20:32; Gál. 3:29; 4:7; Ef. 3:6; Tito 3:7; Heb. 1:14; Apoc. 21:7
- b2 Cor. 1:5, 7; Fil. 3:10; Col. 1:24; 2 Tim. 2:12; 1 Ped. 4:13
- a2 Cor. 4:17; Col. 3:4; Tito 2:13; 1 Ped. 1:5; 4:13; 5:1
- aFil. 1:20
- bOs. 1:10; Mat. 5:9; Juan 1:12; Rom. 8:14, 16, 18; 9:8, 26; 1 Cor. 1:7, 8; 2 Cor. 6:18; Gál. 3:26; Col. 3:4; 1 Ped. 1:7, 13; 1 Jn. 3:1, 2; Apoc. 21:7
- aGén. 3:17–19
- bSal. 39:5, 6; Ecl. 1:2
- aHech. 3:21; 2 Ped. 3:13; Apoc. 21:1
- aJer. 12:4, 11
- aRom. 5:3
- bRom. 8:16; 2 Cor. 1:22
- cRom. 8:15, 19, 25; Gál. 5:5
- dRom. 7:24; 2 Cor. 5:2, 4
- aRom. 4:18; 8:20; 1 Tes. 5:8; Tito 3:7
- b2 Cor. 5:7; Heb. 11:1
- a1 Tes. 1:3
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