Lucas 18–19
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Capitulo 18
Parábola de la viuda y el juez injusto
Y les refería Jesús una parábola para enseñarles que ellos debían orara en todo tiempo, y no desfallecerb,
2diciendo: Había en cierta ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre algunoa.
3Y había en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él constantemente, diciendo: «Hazme justicia de mi adversario».
4Por algún tiempo él no quiso, pero después dijo para sí: «Aunque ni temo a Dios, ni respeto a hombre algunoa,
5sin embargo, porque esta viuda me molestaa, le haré justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia1b».
6Y el Señora dijo: Escuchad lo que dijo* el juez injusto.
7¿Y no hará Dios justiciaa a sus escogidosb, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?1c
8Os digo que pronto les hará justicia. No obstante, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe1a en la tierra?
Parábola del fariseo y el publicano
9Refirió también esta parábola a unos que confiaban en sí mismosa como justos, y despreciaban a los demásb:
10Dos hombres subieron al templo a orara; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos1.
11El fariseo puesto en pie, orabaa para sí de esta manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos.
12»Yo ayunoa dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que ganob».
13Pero el recaudador de impuestos, de piea y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielob, sino que se golpeaba el pechoc, diciendo: «Dios, ten piedad de1 mí, pecador».
14Os digo que este descendió a su casa justificado pero aquel no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzadoa.
Jesús y los niños
15aY le traían aun a los niños muy pequeños para que los tocara, pero al ver esto los discípulos, los reprendían.
16Mas Jesús, llamándolos a su lado, dijo: Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como estos1 es el reino de Dios.
17En verdad os digo: el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en éla.
El joven rico
18aY cierto hombre prominente1 le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
19Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo uno, Dios.
20Tú sabes los mandamientos: «No cometas adulterio, No mates, No hurtes, No des falso testimonio, Honra a tu padre y a tu madrea».
21Y él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.
22Cuando Jesús oyó esto, le dijo: Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielosa; y ven, síguemeb.
23Pero al oír esto, se puso muy triste, pues era sumamente rico.
24Mirándolo Jesús, dijo: ¡Qué difícil es que entren en el reino de Dios los que tienen riquezasa!
25Porque es más fácil que un camello pase1 por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Diosa.
26Los que oyeron esto, dijeron: ¿Y quién podrá salvarse?
27Y Él respondió: Lo imposible para los hombres, es posible para Diosa.
28Y Pedro dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo1 y te hemos seguidoa.
29Entonces Él les dijo: En verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos por la causa del reino de Diosa,
30que no reciba muchas veces más en este tiempo, y en el siglo venideroa, la vida eterna.
Jesús anuncia su muerte por tercera vez
31aTomando aparte a los doce, Jesús les dijo: Mirad, subimos a Jerusalénb, y se cumplirán todas las cosas que están escritas por medio de los profetas acerca del Hijo del Hombrec.
32Pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burla, afrentado y escupidoa;
33y después de azotarle, le matarán, y al tercer día resucitará.
34Pero ellos no comprendieron nada de esto; este dicho les estaba encubiertoa, y no entendían lo que se les decía.
Curación de un ciego
35aY aconteció que al acercarse a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigandob.
36Al oír que pasaba una multitud, preguntaba qué era aquello.
37Y le informaron que pasaba Jesús de Nazaret.
38Entonces gritó, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mía!
39Y los que iban delante lo reprendían para que se callara; pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mía!
40Jesús se detuvo y1 ordenó que se lo trajeran; y cuando estuvo cerca, le preguntó:
41¿Qué deseas que haga por ti? Y él dijo: Señor, que recobre la vista.
42Jesús entonces le dijo: Recibe1 la vista, tu fe te ha sanado2a.
43Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Diosa; cuando toda la gente vio aquello, dieron gloria a Diosb.
Capitulo 19
Zaqueo
Habiendo entrado Jesús en Jericó, pasaba por la ciudada.
2Y1 un hombre llamado2 Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos3 y era rico,
3trataba de ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, ya que él era de pequeña estatura.
4Y corriendo delante, se subió a un sicómoro para verlea, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí.
5Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa.
6Entonces él se apresuró a descender y le recibió con gozo1.
7Y al ver esto, todos murmuraban, diciendo: Ha ido a hospedarse con1 un hombre pecador.
8Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señora: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudadob a alguno, se lo restituiré cuadruplicadoc.
9Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Abrahama;
10porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdidoa.
Parábola de las minas
11Estando ellos oyendo estas cosas, continuando Jesús, dijo una parábola, porque Él estaba cerca de Jerusaléna y ellos pensaban que el reino de Dios iba a aparecerb de un momento a otro.
12Por eso dijo: aCierto hombre de familia noble fue a un país lejano a recibir un reino para sí y después volver.
13Y llamando a diez de sus siervos, les dio diez minas1 y les dijo: «Negociad con esto hasta que regrese2».
14Pero sus ciudadanos lo odiaban, y enviaron una delegación tras él, diciendo: «No queremos que este reine sobre nosotros».
15Y sucedió que al regresar él, después de haber recibido el reino, mandó llamar a su presencia a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que habían ganado negociando1.
16Y se presentó el primero, diciendo: «Señor, tu mina ha producido diez minas más».
17Y él le dijo: «Bien hecho, buen siervo, puesto que has sido fiel en lo muy pocoa, ten autoridad sobre diez ciudades».
18Entonces vino el segundo, diciendo: «Tu mina, señor, ha producido cinco minas».
19Y dijo también a este: «Y tú vas a estar1 sobre cinco ciudades».
20Y vino otro, diciendo: «Señor, aquí está tu mina, que he tenido guardada en un pañuelo;
21pues te tenía miedo, porque eres un hombre exigente, que recoges lo que no depositaste y siegas lo que no sembraste».
22Él le contestó*: «Siervo inútil1, por tus propias palabras2 te voy a juzgar. ¿Sabías que yo soy un hombre exigente, que recojo lo que no deposité y siego lo que no sembré?
23»Entonces, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco, y al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?».
24Y dijo a los que estaban presentes: «Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas».
25Y ellos le dijeron: «Señor, él ya tiene diez minas».
26Os digo, que a cualquiera que tiene, más le será dado, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitaráa.
27Pero a estos mis enemigos, que no querían que reinara sobre ellosa, traedlos acá y matadlos delante de míb.
La entrada triunfal
28Habiendo dicho esto, iba delante, subiendo hacia Jerusaléna.
29Y aconteció que acuando se acercó a Betfagé y a Betaniab, cerca del monte que se llama de los Olivos1c, envió a dos de los discípulos,
30diciendo: Id a la aldea que está enfrente, en la cual, al entrar, encontraréis un pollino atado sobre el cual nunca se ha montado nadie1; desatadlo y traedlo.
31Y si alguien os pregunta: «¿Por qué lo desatáis?», de esta manera hablaréis: «Porque el Señor lo necesita».
32Entonces los enviados fueron y lo encontraron como Él les había dicho.
33Mientras desataban el pollino, sus dueños1 les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
34Y ellos respondieron: Porque el Señor lo necesita.
35Y lo trajeron a Jesús, ay echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús sobre él.
36Y mientras Él iba avanzando, tendían sus mantos por el camino.
37Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivosa, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Diosb a gran voz por todas las maravillas1 que habían visto,
38diciendo:
¡Benditoa el Rey que viene en el nombre del Señorb!
¡Paz en el cielo y gloria en las alturasc!
39Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijerona: Maestro, reprende a tus discípulos.
40Respondiendo Él, dijo: Os digo que si estos callan, las piedras clamarána.
Jesús llora sobre Jerusalén
41Cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ellaa,
42diciendo: ¡Si tú también hubieras sabido en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
43Porque sobre ti vendrán días, cuando1 tus enemigos echarán terraplén delante de tia, te sitiarán y te acosarán por todas partesb.
44Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedraa, porque no conociste el tiempo de tu visitaciónb.
Jesús echa a los mercaderes del templo
45aY entrando en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían,
46diciéndoles: Escrito está: «Y mi casa será casa de oracióna», pero vosotros la habéis hecho cueva de ladronesb.
Jesús enseña en el templo
47Y enseñaba diariamente en el temploa, pero los principales sacerdotes, los escribas y los más prominentes del pueblo procuraban matarleb;
48y no encontraban la manera de hacerlo1, porque todo el pueblo estaba pendiente…
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Notas al pie
- 1, me abofetee
- 1O, noche, y no obstante es muy paciente en cuanto a ellos?
- 1, la fe
- 1O, publicano; i.e., uno que explotaba la recaudación de los impuestos romanos, y así en los vers. 11 y 13
- 1O, sé propicio a
- 1O, de los tales
- 1O, principal
- 1, entre
- 1, lo nuestro
- 1, puesto en pie
- 1O, Recobra
- 2, salvado
- 1, Y he aquí
- 2, de nombre llamado
- 3O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos
- 1, regocijándose
- 1O, a ser huésped de
- 1Una mina equivalía al salario de unos cien días, y así en el resto del cap.
- 2, en lo que vengo
- 1, lo que habían negociado; algunos dicen: qué había negociado cada uno
- 1, sé
- 1, malo
- 2, de tu boca
- 1O, huerto de los Olivos
- 1, hombre
- 1, señores
- 1U, obras de poder
- 1, y
- 1, lo que harían
Referencias cruzadas
- aLuc. 11:5–10
- b2 Cor. 4:1
- aLuc. 18:4; 20:13; Heb. 12:9
- aLuc. 18:2; 20:13; Heb. 12:9
- aLuc. 11:8
- b1 Cor. 9:27
- aLuc. 7:13
- aApoc. 6:10
- bMat. 24:22; Rom. 8:33; Col. 3:12; 2 Tim. 2:10; Tito 1:1
- c2 Ped. 3:9
- aLuc. 17:26 y sig.
- aLuc. 16:15
- bRom. 14:3, 10
- a1 Rey. 10:5; 2 Rey. 20:5, 8; Hech. 3:1
- aMat. 6:5; Mar. 11:25; Luc. 22:41
- aMat. 9:14
- bLuc. 11:42
- aMat. 6:5; Mar. 11:25; Luc. 22:41
- bEsd. 9:6
- cLuc. 23:48
- aMat. 23:12; Luc. 14:11
- aLuc. 18:15–17; Mat. 19:13–15; Mar. 10:13–16
- aMat. 18:3; 19:14; Mar. 10:15; 1 Cor. 14:20; 1 Ped. 2:2
- aLuc. 18:18–30; Mat. 19:16–29; Mar. 10:17–30; Luc. 10:25–28
- aEx. 20:12–16; Deut. 5:16–20
- aMat. 6:20
- bMat. 19:21; Luc. 12:33
- aMat. 19:23; Mar. 10:23, 24
- aMat. 19:24; Mar. 10:25
- aMat. 19:26
- aLuc. 5:11
- aMat. 6:33; 19:29; Mar. 10:29, 30
- aMat. 12:32
- aLuc. 18:31–33; Mat. 20:17–19; Mar. 10:32–34
- bLuc. 9:51
- cSal. cap. 22; Isa. cap. 53
- aMat. 16:21
- aMar. 9:32; Luc. 9:45
- aLuc. 18:35–43; Mat. 20:29–34; Mar. 10:46–52
- bMat. 20:29; Mar. 10:46; Luc. 19:1
- aMat. 9:27; Luc. 18:39
- aLuc. 18:38
- aMat. 9:22
- aMat. 9:8
- bLuc. 9:43; 13:17; 19:37
- aLuc. 18:35
- a1 Rey. 10:27; 1 Crón. 27:28; 2 Crón. 1:15; 9:27; Sal. 78:47; Isa. 9:10; Luc. 17:6
- aLuc. 7:13
- bLuc. 3:14
- cEx. 22:1; Lev. 6:5; Núm. 5:7; 2 Sam. 12:6
- aLuc. 3:8; 13:16; Rom. 4:16; Gál. 3:7
- aMat. 18:11
- aLuc. 9:51
- bLuc. 17:20
- aMat. 25:14–30; Luc. 19:12–27
- aLuc. 16:10
- aMat. 13:12; Mar. 4:25; Luc. 8:18
- aLuc. 19:14
- bMat. 22:7; Luc. 20:16
- aMar. 10:32; Luc. 9:51
- aLuc. 19:29–38; Mat. 21:1–9; Mar. 11:1–10
- bMat. 21:17
- cLuc. 21:37; Hech. 1:12
- aLuc. 19:35–38; Mat. 21:4–9; Mar. 11:7–10; Juan 12:12–15
- aMat. 21:1; Luc. 19:29
- bLuc. 18:43
- aSal. 118:26
- bMat. 2:2; 25:34
- cMat. 21:9; Luc. 2:14
- aMat. 21:15, 16
- aHab. 2:11
- aLuc. 13:34, 35
- aIsa. 37:33; Jer. 6:6; Ezeq. 4:2; 26:8
- bEcl. 9:14; Isa. 29:3; Luc. 21:20
- aMat. 24:2; Mar. 13:2; Luc. 21:6
- b1 Ped. 2:12
- aLuc. 19:45, 46; Mat. 21:12, 13; Mar. 11:15–18; Juan 2:13–16
- aIsa. 56:7
- bJer. 7:11; Mat. 21:13; Mar. 11:17
- aMat. 26:55; Luc. 21:37
- bLuc. 20:19
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