Hebreos 1–8
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- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Capitulo 1
Dios habla por el Hijo su palabra final al hombre
Dios, habiendo habladoa hace mucho tiempo, en muchas ocasiones1 y de muchas manerasb a los padres por2 los profetasc,
2en estos últimos días1a nos ha habladob por2 su Hijoc, a quien constituyó heredero de todas las cosasd, por medio de quien hizoe también el universo3f.
3Él es1 el resplandor de su gloria y la expresión2 exacta de su naturalezaa, y sostiene3 todas las cosas por la palabra de su poderb. Después de llevar a cabo la purificación de los pecadosc, se sentó a la diestrad de la Majestad en las alturase,
4siendo mucho mejor que1 los ángeles, por cuanto ha heredado un nombre más excelentea que ellos.
El Hijo, superior a los ángeles
5Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Hijo mío eres tú,
yo te he engendrado hoya;
y otra vez:
Yo seré Padre para Él,
y Él será Hijo para míb?
6Y de nuevo, cuando trae1 al Primogénito al mundo2a, dice:
Y adórenle todos los ángeles de Diosb.
7Y de los ángeles dice:
El que hace a sus angeles, espiritus1,
y a sus ministros, llama de fuegoa.
8Pero del Hijo dice:
Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos,
y cetro de equidad es el cetro de tu1 reinoa.
9Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad;
por lo cual Dios, tu Dios, te ha ungidoa
con oleo de alegríab más que a tus compañerosc.
10Y:
Tú, Señor, en el principio pusiste los cimientos de la tierra,
y los cielos son obra1 de tus manosa;
11aEllos perecerán, pero tú permaneces;
y todos ellos como una vestidura se envejeceránb,
12y como un manto los enrollarás;
como una vestidura serán mudadosa.
Pero tú eres el mismo,
y tus años no tendrán finb.
13Pero, ¿a cuál de los ángeles ha dicho jamás:
Siéntate a mi diestraa
hasta que ponga a tus enemigos
por estrado de tus piesb?
14¿No son todos ellos espíritus ministradores1a, enviados para servir por causa de los que heredaránb la salvaciónc?
Capitulo 2
Peligro de la negligencia
Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído1, no sea que nos desviemosa.
2Porque si la palabra habladaa por medio de ángelesb resultó ser inmutable1, y toda transgresión y desobedienciac recibió una justa retribuciónd,
3¿cómo escaparemos nosotros si descuidamosa una salvaciónb tan grande? La cual, después que fue anunciada1c primeramente por medio del Señor, nos fue confirmadad por los que oyeron,
4testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales1a como por prodigiosa, y por diversos milagros2b y por dones3 del Espíritu Santoc según su propia voluntadd.
Cristo coronado de gloria y honor
5Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero1a, acerca del cual estamos hablando.
6Pero uno ha testificado en cierto lugara diciendo:
¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes,
o el hijo del hombre para que te intereses en élb?
7aLe has hecho un poco inferior a los ángeles;
le has coronado de gloria y honor,
y le has puesto sobre las obras de tus manos1;
8todo lo has sujetado bajo sus piesa.
Porque al sujetarlo todo a él, no dejó nada que no le sea sujeto. Pero ahora no vemos aún todas las cosas sujetas a élb.
9Pero vemos a aquel que fue hecho un poco inferior a los ángelesa, es decir, a Jesús, coronado de gloria y honorb a causa del padecimiento de la muertec, para que por la gracia de Diosd probara la muertee por todosf.
10Porque convenía que aquela para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosasb, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfectoc por medio de los padecimientos al autor1 de la salvación de ellosd.
11Porque tanto el que santificaa como los que son santificadosb, son todos de un Padrec; por lo cual Él no se avergüenza de llamarlos hermanosd,
12diciendo:
Anunciaré tu nombre a mis hermanos,
en medio de la congregación1 te cantaré himnosa.
13Y otra vez:
Y otra vez:
He aquí, yo y los hijos que Dios me ha dadob.
14Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre1a, Él igualmente participó también de lo mismob, para anular mediante la muerte el poderc de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablod,
15y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavituda durante toda la vida.
16Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a1 la descendencia2 de Abraham.
17Por tanto, tenía que ser1 hecho semejante a sus hermanosa en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fielb sumo sacerdotec en las cosas que a Dios atañend, para hacer propiciacióne por los pecados del pueblo.
18Pues por cuanto Él mismo fue tentadoa en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a1 los que son tentados.
Capitulo 3
Jesús, superior a Moisés
Por tanto, hermanos santosa, participantes del llamamiento celestialb, considerad a Jesús, el Apóstolc y Sumo Sacerdoted de nuestra fe1e.
2El cual fue fiel1 al que le designó2, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios3a.
3Porque Él ha sido considerado digno de más gloria que Moisésa, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa.
4Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios.
5Y Moisés fue fiel en toda la casa de Dios1a como siervob, para testimonioc de lo que se iba a decir más tarded;
6pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios1a, cuya casa somos nosotrosb, si retenemos firmec hasta el fin nuestra confianzad y la gloria2 de nuestra esperanzae.
7Por lo cual, como dice el Espíritu Santoa:
Si oís hoy su vozb,
8no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación,
como en el día de la prueba en el desiertoa,
9adonde vuestros padres me tentaron al ponerme a prueba,
y vieron mis obras por cuarenta añosb.
10Por lo cual me disgusté con aquella generación,
y dije: «siempre se desvían en su corazón,
y no han conocido mis caminosa»;
11como juré en mi ira:
«No entrarán en mi reposoa».
12Tened cuidadoa, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse1 del Dios vivob.
13Antes exhortaos los unos a los otros cada díaa, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecadob.
14Porque somos hechos1 partícipes de Cristo, si es que retenemosa el principio de nuestra seguridadb firme hasta el fin,
15en cuanto se dice:
Si oís hoy su voz,
no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocacióna.
16Porque ¿quiénes, habiendo oído, le provocarona? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egiptob guiados por Moisés?
17¿Y con quiénes se disgustó por cuarenta años? ¿No fue con aquellos que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desiertoa?
18¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposoa, sino a los que fueron desobedientesb?
19Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidada.
Capitulo 4
Reposo de Dios y del creyente
Por tanto, temamos, no sea que permaneciendo aún la1 promesa de entrar en su reposo2, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzadoa.
2Porque en verdad, a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva, como también a ellos; pero la palabra que ellos oyeron1 no les aprovechó por no ir acompañada por la fe en2 los que oyerona.
3Porque1 los que hemos creído entramos en ese reposo, tal como Él ha dicho:
Como juré en mi ira:
«no entrarán en mi reposoa»,
aunque las obras de Él estaban acabadas desde la fundación del mundob.
4Porque así ha dicho en cierto lugara acerca del séptimo día: Y Dios reposó en el séptimo día de todas sus obrasb;
5y otra vez en este pasaje: no entrarán en mi reposoa.
6Por tanto, puesto que todavía falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes antes se les anunció la buena nueva no entraron por causa de su desobediencia1a,
7Dios otra vez fija un día: Hoy. Diciendo por medio de1 David después de mucho tiempo, como se ha dicho antes:
Si ois hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazonesa.
8Porque si Josué1 les hubiera dado reposoa, Dios no habría hablado de otro día después de ese.
9Queda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios.
10Pues el que ha entrado a su reposo1, él mismo ha reposado de sus obrasa, como Dios reposó de las suyasb.
11Por tanto, esforcémonos por entrar en ese reposo, no sea que alguno caiga siguiendo el mismo ejemploa de desobedienciab.
Poder de la palabra de Dios
12Porque la palabra de Diosa es vivab y eficazc, y más cortante que cualquier espada de dos filosd; penetra hasta la división del alma y del espíritue, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir1 los pensamientos y las intenciones del corazónf.
13Y no hay cosa creada oculta a su vista1a, sino que todas las cosas están al descubierto2 y desnudasb ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
Jesús, el gran sumo sacerdote
14Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdotea que trascendió1b los cielos, Jesús, el Hijo de Diosc, retengamos nuestra fe2d.
15Porque no tenemos un sumo sacerdotea que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotrosb, pero sin pecadoc.
16Por tanto, acerquémonosa con confianzab al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.
Capitulo 5
Jesús como sumo sacerdote
Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombresa es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refierenb, para presentar ofrendas y sacrificiosc por los pecadosd;
2y puede1 obrar con benignidad2a para con los ignorantesb y extraviadosc, puesto que él mismo está sujeto a flaquezasd;
3y por esa causa está obligado a ofrecer sacrificios por los pecadosa, por sí mismo tanto como por el pueblob.
4Y nadie toma este honor para sí mismoa, sino que lo recibe cuando es llamado por Dios, así como lo fue Aarónb.
5De la misma manera, Cristo no se glorificó a sí mismoa para hacerse Sumo Sacerdoteb, sino que lo glorificó el que le dijoc:
Hijo mío eres tú,
Yo te he engendrado hoyd;
6como también dice en otro pasaje:
Tú eres sacerdote para siempre
según el orden de Melquisedeca.
7Cristo1, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicasa con gran clamor…
Este pasaje se ha acortado. Seguir leyendo Hebreos 1–8 en Logos
Notas al pie
- 1, porciones; i.e., de cuando en cuando
- 2O, en
- 1O, al fin de estos días
- 2, en
- 3, los siglos
- 1, Quien siendo
- 2O, representación
- 3, sosteniendo
- 1O, llegando a ser superior a
- 1O, Y cuando trae otra vez
- 2, a la tierra habitada
- 1O, vientos
- 1Varios más antiguos dicen: su
- 1, obras
- 1O, que sirven
- 1, a las cosas que se han oído
- 1O, firme
- 1, hablada
- 1O, milagros
- 2O, diversas obras de poder
- 3, distribuciones
- 1, la tierra habitada venidera
- 1Algunos antiguos no incluyen: y … manos
- 1O, líder
- 1O, iglesia
- 1, pondré mi confianza en Él
- 1, sangre y carne
- 1, no toma a los ángeles, sino que toma a
- 2, simiente
- 1, estaba obligado a ser
- 1O, para acudir al socorro de
- 1O, confesión, o, profesión
- 1, Siendo fiel
- 2O, constituyó
- 3, El
- 1, El
- 1, El
- 2O, el gloriarnos
- 1O, apostatar
- 1, hemos llegado a ser
- 1, una
- 2I.e., de Dios
- 1, pero la palabra oída
- 2Muchos dicen: por no estar ellos unidos por la fe con
- 1Algunos antiguos dicen: Por tanto
- 1O, incredulidad
- 1O, en
- 1Gr., Jesús
- 1I.e., de Dios
- 1O, juzgar
- 1I.e., de Dios
- 2O, abiertas
- 1, pasó a través de
- 2O, confesión, o, profesión
- 1, pudiendo
- 2O, compasión
- 1, El cual
Referencias cruzadas
- aJuan 9:29; 16:13; Heb. 2:2, 3; 3:5; 4:8; 5:5; 11:18; 12:25
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- f1 Cor. 2:7; Heb. 11:3
- a2 Cor. 4:4
- bCol. 1:17
- cTito 2:14; Heb. 9:14
- dMar. 16:19; Heb. 8:1; 10:12; 12:2
- e2 Ped. 1:17
- aEf. 1:21; Fil. 2:9
- aSal. 2:7; Hech. 13:33; Heb. 5:5
- b2 Sam. 7:14
- aMat. 24:14; Heb. 10:5
- bSal. 97:7
- aSal. 104:4
- aSal. 45:6
- aJuan 10:17; Fil. 2:9; Heb. 2:9
- bIsa. 61:1, 3
- cSal 45:7
- aSal. 102:25
- aSal. 102:26
- bIsa. 51:6; Heb. 8:13
- aSal. 102:26, 27
- bHeb. 13:8
- aHeb. 1:3
- bJos. 10:24; Sal. 110:1; Mat. 22:44; Heb. 10:13
- aSal. 103:20, 21; Dan. 7:10
- bMat. 25:34; Mar. 10:17; Tito 3:7; Heb. 6:12
- cRom. 11:14; 1 Cor. 1:21; Heb. 2:3; 5:9
- aProv. 3:21
- aHeb. 1:1
- bHech. 7:53
- cHeb. 10:28
- dHeb. 10:35; 11:26
- aHeb. 10:29; 12:25
- bRom. 11:14; 1 Cor. 1:21; Heb. 1:14; 5:9; 9:28
- cHeb. 1:1
- dMar. 16:20; Luc. 1:2; 1 Jn. 1:1
- aJuan 4:48
- bMar. 6:14
- c1 Cor. 12:4, 11; Ef. 4:7
- dEf. 1:5
- aMat. 24:14; Heb. 6:5
- aHeb. 4:4
- bSal. 8:4
- aSal. 8:5, 6
- aSal. 8:6; 1 Cor. 15:27
- b1 Cor. 15:25
- aHeb. 2:7
- bHech. 2:33; 3:13; 1 Ped. 1:21
- cFil. 2:9; Heb. 1:9
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- eMat. 16:28; Juan 8:52
- fHeb. 7:25
- aLuc. 24:26
- bRom. 11:36
- cHeb. 5:9; 7:28
- dHech. 3:15; 5:31
- aHeb. 13:12
- bHeb. 10:10
- cHech. 17:28
- dMat. 25:40; Mar. 3:34, 35; Juan 20:17
- aSal. 22:22
- aIsa. 8:17
- bIsa. 8:18
- aMat. 16:17
- bJuan 1:14
- c1 Cor. 15:54–57; 2 Tim. 1:10
- dJuan 12:31; 1 Jn. 3:8
- aRom. 8:15
- aFil. 2:7; Heb. 2:14
- bHeb. 4:15, 16; 5:2
- cHeb. 3:1; 4:14, 15; 5:5, 10; 6:20; 7:26, 28; 8:1, 3; 9:11; 10:21
- dRom. 15:17; Heb. 5:1
- eDan. 9:24; 1 Jn. 2:2; 4:10
- aHeb. 4:15
- aHech. 1:15; Heb. 2:11; 3:12; 10:19; 13:22
- bFil. 3:14
- cJuan 17:3
- dHeb. 2:17; 4:14, 15; 5:5, 10; 6:20; 7:26, 28; 8:1, 3; 9:11; 10:21
- e2 Cor. 9:13; Heb. 4:14; 10:23
- aEx. 40:16; Núm. 12:7; Heb. 3:5
- a2 Cor. 3:7–11
- aEx. 40:16; Núm. 12:7; Heb. 3:2
- bEx. 14:31; Núm. 12:7
- cDeut. 18:18, 19
- dHeb. 1:1
- aHeb. 1:2
- b1 Cor. 3:16; 1 Tim. 3:15
- cRom. 11:22; Heb. 3:14; 4:14
- dEf. 3:12; Heb. 4:16; 10:19, 35
- eHeb. 6:11; 7:19; 10:23; 11:1; 1 Ped. 1:3
- aHech. 28:25; Heb. 9:8; 10:15
- bSal. 95:7
- aSal. 95:8; Heb. 3:15; 4:7
- aSal. 95:9–11
- bHech. 7:36
- aSal. 95:10
- aSal. 95:11; Heb. 4:3, 5
- aCol. 2:8; Heb. 12:25
- bMat. 16:16; Heb. 9:14; 10:31; 12:22
- aHeb. 10:24, 25
- bEf. 4:22
- aHeb. 3:6
- bHeb. 11:1
- aSal. 95:7, 8; Heb. 3:7; 4:7
- aJer. 32:29; 44:3, 8
- bNúm. 14:2, 11, 30; Deut. 1:35, 36, 38
- aNúm. 14:29; 1 Cor. 10:5
- aNúm. 14:23; Deut. 1:34, 35; Heb. 4:2
- bRom. 11:30–32; Heb. 4:6, 11
- aJuan 3:18, 36; Rom. 11:23; Heb. 3:12
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- aRom. 10:17; Gál. 3:2; 1 Tes. 2:13
- aSal. 95:11; Heb. 3:11
- bMat. 25:34
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- aHeb. 3:18; 4:11
- aSal. 95:7, 8; Heb. 3:7, 8
- aJos. 22:4
- aApoc. 14:13
- bGén. 2:2; Heb. 4:4
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- bHeb. 3:18; 4:6
- aJer. 23:29; Ef. 5:26; Heb. 6:5; 1 Ped. 1:23
- bHech. 7:38
- c1 Tes. 2:13
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- aHeb. 7:19
- bHeb. 3:6
- aEx. 28:1
- bHeb. 2:17
- cHeb. 7:27; 8:3, 4; 9:9; 10:11
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- bEf. 4:18; Heb. 9:7
- cSant. 5:19; 1 Ped. 2:25
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- a1 Cor. 15:3; Heb. 7:27; 10:12
- bLev. 9:7; 16:6; Heb. 7:27; 9:7
- aNúm. 16:40; 18:7; 2 Crón. 26:18
- bEx. 28:1; 1 Crón. 23:13
- aJuan 8:54
- bHeb. 2:17; 5:10
- cHeb. 1:1, 5
- dSal. 2:7
- aSal. 110:4; Heb. 5:10; 6:20; 7:11, 17
- aMat. 26:39, 42, 44; Mar. 14:36, 39; Luc. 22:41, 44
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