Salmo 115–116
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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CONFÍEN TODOS EN EL SEÑOR
No a nosotros, Señor, no a nosotros,
que sea a tu nombre al que des gloria,
por tu amor y tu bondad.
¿Por qué las naciones preguntan:
“Dónde se halla su Dios?”.
¡Nuestro Dios está en el cielo,
todo cuanto quiere hace!
Los ídolos paganos son plata y oro,
obra de manos humanas.
Tienen boca y no hablan,
ojos pero no ven,
oídos pero no oyen,
nariz y no pueden oler;
tienen manos y no palpan,
tienen pies y no caminan,
con su garganta no emiten sonidos.
Sean como ellos quienes los hacen,
todo el que en ellos confía.
Israel, confía en el Señor:
él es tu ayuda y tu escudo;
casa de Aarón, confía en el Señor:
él es tu ayuda y tu escudo;
los que veneran al Señor, confíen en él:
él es la ayuda y el escudo de ustedes.
El Señor nos recuerda y nos bendice,
bendecirá a la casa de Israel,
bendecirá a la casa de Aarón;
bendecirá a quienes lo veneran,
a los pequeños y grandes.
Que el Señor los multiplique,
a ustedes y a sus hijos,
que sean bendecidos por el Señor,
creador del cielo y de la tierra.
El cielo es del Señor,
la tierra se la dio a los humanos.
Los muertos no alaban al Señor,
ni tampoco quienes bajan al silencio,
pero nosotros bendecimos al Señor
desde ahora y para siempre.
¡Aleluya!
SALMO 116 (114–115)
EL SEÑOR HA SIDO BUENO CONMIGO
Amo al Señor porque escucha
mi voz suplicante.
Lo invocaré de por vida,
porque es todo oídos para mí.
Las cadenas de la muerte me cercaban,
me alcanzaba la tristeza del abismo,
era presa de la angustia y el dolor.
Pero invoqué el nombre del Señor:
“Te ruego, Señor, que me salves”.
El Señor es clemente y justo,
es compasivo nuestro Dios.
El Señor protege a los sencillos:
estaba yo abatido y me salvó.
¡A ver si recobro la calma,
pues el Señor ha sido bueno conmigo!
Me ha librado de la muerte,
ha preservado mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en la tierra de los vivos.
Tenía yo confianza aunque decía:
“¡Qué desgraciado soy!”.
En mi turbación exclamaba:
“Todos los humanos mienten”.
¿Cómo pagaré al Señor
todos los beneficios que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis promesas
delante de todo su pueblo.
Mucho le importa al Señor
la muerte de sus fieles.
Yo soy tu siervo, Señor;
soy tu siervo, el hijo de tu esclava;
tú desataste mis ataduras.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis promesas
delante de todo su pueblo,
en los atrios de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
¡Aleluya*!
Footnotes
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