Jueces 5:20–30
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Desde los cielos combatieron las estrellas,
desde sus órbitas combatieron contra Sísara.
El torrente Quisón los barrió,
el viejo torrente, el torrente Quisón.
¡Avanza, alma mía, con denuedo!
Cascos de caballos sacuden el suelo:
¡galopan, galopan los corceles!
Maldigan a Meroz, maldíganla,
dice el ángel del Señor,
maldigan a sus moradores:
porque no vinieron en ayuda del Señor,
en ayuda del Señor, entre los héroes.
Bendita entre las mujeres Jael,
mujer de Jéber, el quenita;
bendita sea entre las mujeres
que habitan en tiendas.
Pedía agua, le dio leche,
en copa de príncipes nata le ofreció.
Tendió la izquierda a la clavija,
la diestra al martillo carpintero.
Hirió a Sísara, le partió la cabeza,
lo golpeó y le atravesó la sien;
a sus pies se desplomó, se acostó y cayó;
a sus pies se desplomó y cayó;
allí se desplomó, y allí cayó destrozado.
A la ventana se asoma y atisba
la madre de Sísara, tras la celosía:
“¿Por qué tarda en llegar su carro?
¿Por qué se retrasa el galopar de su carroza?”.
La más discreta de sus damas le responde;
ella se lo repite a sí misma:
“Se habrán apoderado del botín y lo reparten:
una doncella, dos doncellas para cada guerrero;
botín de paños de colores para Sísara,
botín de paños de colores;
un manto, dos mantos bordados para mi cuello”.
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