Logos Bible Study

Cantares 1–8

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

Spanish

Arabic

Czech

English

French

German

Hebrew

Hungarian

Italian

Korean

Latin

Portuguese

Russian

Simplified Chinese

Traditional Chinese

TÍTULO Y PRÓLOGO

El cantar sublime, de Salomón.

¡Que me bese con besos de su boca!

Son mejores que el vino tus amores,

el olor de tu perfume es exquisito,

tu nombre es esencia penetrante,

¡por eso te aman las muchachas!

Condúceme detrás de ti y corramos:

¡llévame, rey, a tu alcoba!

Disfrutemos y gocemos los dos juntos,

saboreando más que el vino tus amores.

¡Con razón ellas te aman!

PRIMER CANTAR

Soy morena, pero hermosa,

muchachas de Jerusalén,

como tiendas de Quedar,

como lonas de Salmá.*

No miren que estoy morena:

es que me ha quemado el sol.

Los hijos de mi madre,

enfadados conmigo,

me encargaron de las viñas

¡y no pude cuidar mi propia viña!

Dime tú, amor de mi vida,

dónde pastoreas,

dónde sesteas al mediodía,

para que no ande yo sin rumbo

tras los rebaños de tus compañeros.

Si no lo sabes tú,

hermosa entre las mujeres,

sigue las huellas del rebaño

y lleva a pastar tus cabritillas

por las cabañas de los pastores.

Amor mío, eres como la yegua

de la carroza del faraón.

¡Qué hermosas tus mejillas

resaltando entre pendientes,

y tu cuello con collares!

Te haremos pendientes de oro

engastados en plata.

AMADA

Mientras el rey se sentaba a la mesa,

mi nardo esparcía su aroma.

Mi amado es una bolsa de mirra

que descansa entre mis pechos.

Mi amado es un manojo de alheña

de las viñas de Engadí.

¡Qué hermosa eres, amor mío!

¡Qué hermosa eres!

¡Tus ojos son palomas!

¡Qué hermoso eres, amor mío!

¡Todo es delicia en ti!

Nuestro lecho es de hierba,

nuestras vigas son cedros

y cipreses nuestro techo.

Soy narciso de Sarón y azucena de los valles.

Una azucena entre zarzas

es mi amada entre las mozas.

Un manzano entre árboles silvestres

es mi amado entre los mozos.

Me gusta sentarme a su sombra,

paladear su dulce fruta.

Me introdujo en la bodega

bajo la bandera de su amor.

Reconfórtenme con pasas,

reanímenme con manzanas,

que estoy enferma de amor.

En su izquierda reposa mi cabeza,

con su derecha me abraza.

Júrenme, muchachas de Jerusalén,

por las gacelas y ciervas del campo,

que no despertarán ni turbarán

al amor hasta que él quiera.

SEGUNDO CANTAR

¡Es la voz de mi amor!

Mírenlo cómo viene,

brincando por los montes,

saltando por los cerros.

Mi amor es como un corzo,

es como un cervatillo.

Miren, se ha parado tras la tapia,

mirando por las ventanas,

espiando entre las rejas.

Mi amor habla y me dice:

— “Levántate, mi amada,

hermosa mía, y ven.

Que el invierno ha pasado,

han cesado y se han ido las lluvias.

Brotan flores en la tierra,

llega el tiempo de los cantos

y el arrullo de la tórtola

ya se oye en nuestros campos.

Las higueras echan higos

y hay aroma de uva en flor.

Levántate, mi amada,

hermosa mía, y ven.

Paloma mía, escondida

en las grietas de las rocas,

en los huecos más recónditos,

déjame ver tu figura,

déjame escuchar tu voz,

¡es tan dulce tu voz

y tan bella tu figura!”.

Cácennos las raposas,

las raposas pequeñas

que destrozan las viñas,

nuestras viñas en flor.

Mi amado es mío y yo de mi amado,

que pasta entre azucenas.

Mientras despunta el día

y se esfuman las sombras,

amor mío, vuélvete

como corzo o cervatillo

por las montañas de Béter.

En mi cama, por la noche,

busqué al amor de mi vida,

lo busqué y no lo encontré.

Entonces me levanté

y recorrí la ciudad;

por las calles y las plazas

busqué al amor de mi vida,

lo busqué y no lo encontré.

Me descubrieron los guardias

que hacían ronda en la ciudad:

“¿Han visto ustedes

al amor de mi vida?”.

Y a poco de pasarlos

hallé al amor de mi vida;

lo agarré y no lo solté

hasta meterlo en casa de mi madre,

en la alcoba de la que me engendró.

Júrenme, muchachas de Jerusalén,

por las gacelas y ciervas del campo,

que no despertarán ni turbarán

al amor hasta que él quiera.

TERCER CANTAR

¿Qué es eso que sube del desierto

como columna de humo

con olor a incienso y mirra

y a mil aromas exóticos?

Esa es la litera de Salomón,

escoltada por sesenta valientes,

de lo más escogido de Israel:

todos van armados con espadas,

como expertos guerreros;

cada uno con su espada al flanco

ante amenazas nocturnas.

El rey Salomón se hizo un palanquín

con maderas del Líbano:

sus columnas son de plata,

su respaldo de oro,

sus asientos de púrpura

y su interior está decorado con amor

por las muchachas de Jerusalén.

Salgan a admirar,

muchachas de Sión,

al rey Salomón

con la corona que le ciñó su madre

el día de su boda,

un día feliz para él.

¡Qué hermosa eres, amor mío!

¡Qué hermosa eres!

Tus ojos son palomas entre el velo,

y tu pelo, un rebaño de cabras

que baja las laderas de Galaad.

Tus dientes, un rebaño esquilado

recién salido del baño;

cada oveja con mellizos,

no hay ni una estéril.

Una cinta carmesí son tus labios,

deliciosos cuando hablas;

dos mitades de granada

tus mejillas tras tu velo.

Tu cuello es la torre de David

destinada a museo de armas:

mil escudos penden de ella,

las adargas de los héroes.

Tus dos pechos,

dos crías mellizas de gacela

paciendo entre azucenas.

Mientras despunta el día

y se esfuman las sombras,

iré al monte de la mirra,

al otero del incienso.

¡Tú eres toda hermosa, amor mío!

¡No hay en ti ningún defecto!

Ven, novia, desde el Líbano,

vente del Líbano, vuelve;

baja de la cumbre de Amaná,

de las cimas del Senir y del Hermón

de las guaridas y montes

de leones y leopardos.

Me robaste el corazón,

hermana y novia mía,

me robaste el corazón

con una sola mirada,

con una sola perla del collar.

¡Qué suaves son tus amores,

hermana y novia mía!

¡Son más dulces que el vino tus amores!

¡Es mejor que todo aroma

el olor de tus perfumes!

Miel silvestre hay en tus labios,

novia mía; miel y leche

debajo de tu lengua;

y el olor de tus vestidos

es como aroma del Líbano.

Eres jardín cerrado,

hermana y novia mía,

eres jardín cerrado,

fuente secreta.

De ti brota un jardín de granados

con frutos exquisitos,

de alheña y de nardo;

nardo y azafrán,

canela y cinamomo;

con toda clase de árboles

de incienso, mirra y áloe,

con las más selectas especias.

¡Fuente de los jardines,

manantial de agua viva

que fluye desde el Líbano!

¡Despierta, cierzo!

¡Ven aquí, ábrego!

Oreen mi jardín,

que esparza sus aromas.

Que venga mi amor a su jardín

y coma de sus frutos exquisitos.

Ya llego a mi jardín,

hermana y novia mía,

a recoger mi mirra y mis especias,

a comer de mi miel y mi panal,

a beber de mi vino y de mi leche.

¡Coman, amigos, beban

y embriáguense de amores!

CUARTO CANTAR

Yo dormía con el corazón en vela

y escuché la voz de mi amor:

—Ábreme, hermana y compañera mía,

mi paloma sin defecto,

que traigo la cabeza cubierta de rocío

y los rizos mojados del relente nocturno.

—Ya me quité la túnica,

¿cómo voy a ponérmela?

Ya me lavé los pies,

¿cómo voy a mancharlos?

Mi amor metió su mano en la rendija

y se me estremecieron las entrañas.

Me levanté para abrirle a mi amor:

mis manos goteaban mirra

y mis dedos mirra líquida

sobre el cerrojo de la puerta.

Yo misma abrí a mi amor

y mi amor se había marchado.

¡El alma se me fue con sus palabras!

Lo busqué y no lo hallé,

lo llamé y no respondió.

Me descubrieron los guardias

que hacían ronda en la ciudad:

me golpearon, me hirieron

y me quitaron el manto

los guardias de las murallas.

Júrenme, muchachas de Jerusalén,

que si encuentran a mi amor,

esto le habrán de decir:

¡que estoy enferma de amor!

¿Qué distingue a tu amor de cualquier otro,

hermosa entre las mujeres?

¿Qué distingue a tu amor de cualquier otro,

para que así nos supliques?

Mi amor es moreno claro,

descollante entre diez mil.

Su cabeza es oro puro

con los cabellos rizados

y más negros que los cuervos.

Sus ojos son dos palomas

sobre pilones de agua,

que se bañan en leche

y se posan en la alberca.

Sus mejillas, balsameras

y macizos de perfumes;

y sus labios como lirios

que destilan mirra líquida.

Sus manos, argollas de oro,

enjoyadas de topacio;

su vientre, marfil labrado,

recubierto de zafiros.

Dos columnas de mármol, sus piernas,

firmes sobre basas de oro.

Su apariencia es como el Líbano,

distinguido como el cedro.

Su paladar es dulcísimo,

¡todo él es un encanto!

Así es mi amor y mi amigo,

muchachas de Jerusalén.

¿Adónde se ha ido tu amor,

hermosa entre las mujeres?

¿Adónde ha vuelto tu amor,

para buscarlo contigo?

Mi amor ha bajado a su jardín,

a los macizos de bálsamos,

a apacentar en los huertos,

a recoger azucenas.

Yo soy de mi amado

y mi amado es mío,

que pasta entre azucenas.

QUINTO CANTAR

Eres bella, amiga mía, como Tirsá,

atractiva como Jerusalén,

imponente como nube de banderas.

¡Aparta de mí tus ojos,

que me torturan!

Tu pelo es rebaño de cabras

que se descuelga del monte Galaad;

tus dientes, un rebaño de ovejas

recién salido del baño;

cada oveja con mellizos,

no hay ni una estéril;

dos mitades de granada

tus mejillas tras tu velo.

Aunque hay sesenta reinas,

ochenta concubinas

e incontables doncellas,

única es mi paloma sin defecto,

única para su madre,

favorita de la que la parió.

Al verla, muchachas la felicitan,

reinas y concubinas la ensalzan.

¿Quién es esa que surge como el alba,

bella como la luna,

radiante como el sol,

e imponente como ejército

con las banderas desplegadas?

A mi nogueral bajé

a ver los brotes del valle,

a ver las vides en cierne

y los granados en flor.

Y sin que me diera cuenta

me sentí transportada

al carruaje de mi príncipe.

Vuelve, vuelve, Sulamita;

vuelve, vuelve, que te veamos.

¿Qué ven en la Sulamita

cuando danza entre dos coros?

¡Qué hermosos tus pies

en las sandalias, princesa!

Las curvas de tus caderas

son alhajas fabricadas

por manos de artesanos.

Tu ombligo es copa redonda

donde no falta el licor.

Tu vientre, montón de trigo

rodeado de azucenas.

Tus dos pechos son dos crías

mellizas de gacela.

Torre de marfil, tu cuello;

pozos de Jesbón, tus ojos,

junto a la puerta mayor;

tu nariz, torre del Líbano,

centinela de Damasco.

Tu cabeza se levanta

igual que el monte Carmelo,

tu cabello es como púrpura

que a un rey enreda en sus trenzas.

¡Qué hermosa y que dulce eres,

amor mío, qué delicia!

Tu talle es una palmera

y tus pechos, los racimos.

Dije: “Subiré a la palmera

y recogeré sus dátiles”.

Tus pechos serán racimos de uvas

y tu aliento, aroma de manzanas.

Tu paladar es como vino bueno

que me baja suavemente,

remojando los labios y los dientes.

Yo pertenezco a mi amor

que siente pasión por mí.

Ven, amor mío, vayamos al campo

y pasemos la noche en las aldeas.

De madrugada iremos a las viñas

a ver si están en cierne las vides,

si despuntan los retoños,

si florecen los granados.

¡Y allí te daré mi amor!

Las mandrágoras esparcen sus aromas

y a la puerta están…

Read in Logos

This passage has been shortened. Keep reading Cantares 1–8 in Logos

Footnotes

  1. .Salmá: Conjetura a partir de un ligero cambio vocálico del hebreo selomó (Salomón), y exigida por el paralelo previo. Quedar y Salmá eran dos tribus nómadas árabes que acampaban en tiendas negras hechas con pelo de cabra.
  2. *Signo indicativo de nota