Salmo 106:6–27
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones
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Como nuestros antepasados,
también nosotros hemos pecado;
cometimos faltas, hicimos el mal.
En Egipto nuestros padres
no comprendieron tus maravillas,
no recordaron tu inmenso amor,
se rebelaron contra ti en el mar de las Cañas.
Pero él los salvó honrando su nombre,
y mostrando así su poder.
Gritó al mar de las Cañas y quedó seco,
los guió por los abismos como por el desierto.
Los salvó de la mano de su enemigo,
los libró de la garra de su rival.
El agua anegó a sus adversarios,
ni uno de ellos sobrevivió.
Creyeron entonces en sus palabras,
cantaron sus alabanzas.
Pero pronto se olvidaron de sus obras,
no confiaron en sus designios.
En el desierto la avidez los consumía,
en el yermo retaron a Dios.
Él les dio lo que pedían,
pero también les envió un mal devastador.
Envidiaron a Moisés en el campamento,
también a Aarón, el consagrado del Señor.
La tierra se abrió y engulló a Datán,
enterró a la banda de Abirán:
el fuego abrasó a sus secuaces,
una llama devoró a los malvados.
En Horeb hicieron un becerro,
adoraron una imagen de metal,
cambiaron a quien era su gloria
por la estatua de un toro que come hierba.
Olvidaron a Dios salvador suyo,
el que hizo cosas grandes en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam,
prodigios en el mar de las Cañas.
Pensaba el Señor exterminarlos,
pero Moisés, su elegido,
intercedió delante de él
para calmar su furia destructora.
Despreciaron una tierra deliciosa,
no confiaron en su palabra.
Se quejaban en sus tiendas,
no escuchaban la voz del Señor.
Por eso el Señor les juró solemnemente
que los haría morir en el desierto,
que a su estirpe arrojaría entre paganos,
que los dispersaría entre los países.
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