Salmo 68–70
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
SALMO 68
TÚ SALISTE DELANTE DE TU PUEBLO
Al maestro del coro. Con instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico.
Dios se pone en acción,
sus enemigos se dispersan,
sus adversarios huyen de su presencia.
Tú los disipas como se disipa el humo;
como cera que se derrite ante el fuego,
así se desvanecen los malvados ante Dios.
Pero los justos se alegran y regocijan,
se llenan de gozo ante Dios.
Canten a Dios, alaben su nombre,
glorifiquen al que cabalga sobre las nubes;
su nombre es el Señor, regocíjense ante él.
Padre de los huérfanos, defensor de las viudas
es Dios en su santa morada.
Dios acoge en su casa a los desamparados
y libra a los cautivos entre cantos de júbilo,
mientras los rebeldes habitan en árido yermo.
Oh Dios, cuando saliste delante de tu pueblo,
cuando marchaste a través del desierto, [Pausa[
tembló la tierra, se desbordaron los cielos
en presencia de Dios, el del Sinaí,
en presencia de Dios, el Dios de Israel.
Tú, oh Dios, derramaste una lluvia generosa,
tú reconfortaste a tu agotada heredad.
Tu grey se estableció en la tierra
que preparaste bondadoso para el pobre.
Mi Dios ha dado la orden,
un inmenso tropel difunde la noticia.
Los reyes de los ejércitos huyen,
la mujer de la casa reparte el botín;
mientras ustedes reposan entre fogones,
se cubren de plata las alas de la paloma
y de un pálido oro su plumaje.
Cuando el Todopoderoso dispersó a los reyes,
nevaba en el monte Salmón.
Un monte altísimo es el monte Basán,
un monte escarpado es el monte Basán.
¿Por qué, montes escarpados, envidian
la montaña que Dios quiso por morada?
El Señor vivirá por siempre en ella.
Miles y miles son los carros de Dios,
está mi Señor en medio de ellos,
viene desde el Sinaí al santuario.
Subiste a la altura, tomaste cautivos;
recibiste tributos de los seres humanos,
incluso de los mismos rebeldes,
hasta tener, Señor Dios, una morada.
Bendito sea mi Señor día tras día,
que Dios nuestro salvador nos sostenga. [Pausa[
Nuestro Dios es un Dios de salvación,
el Señor Dios puede librarnos de la muerte.
Sólo Dios rompe la cabeza de sus enemigos,
el cráneo del que camina entre sus crímenes.
Mi Señor ha dicho: “Los haré volver de Basán,
los haré volver de las profundidades del mar,
para que hundas tus pies en sangre enemiga
y sea lamida por la lengua de tus perros”.
Ahí están, oh Dios, tus comitivas,
las comitivas de mi Dios en el santuario:
van delante los cantores, los músicos detrás,
en medio las doncellas tocando panderos.
En las asambleas alaben a Dios,
al Señor desde el origen de Israel.
Allí va el joven Benjamín a la cabeza,
los príncipes de Judá con sus arqueros,
los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.
Tú, oh Dios, impón tu poder,
el poder con el que nos favoreces.
A tu Templo en Jerusalén
los reyes te llevan presentes.
Castiga a la bestia del cañaveral,
a la manada de toros,
a los novillos de los pueblos,
a quienes yacen entre lingotes de plata;
dispersa a los pueblos que fomentan la guerra.
Y vendrán los magnates desde Egipto,
extenderá Etiopía sus manos hacia Dios.
Reinos de la tierra, canten a Dios,
tañan instrumentos para el Señor [Pausa[
que cabalga sobre el alto y eterno cielo.
Él ha alzado su voz, su voz poderosa.
Reconozcan el poder de Dios:
su grandeza está sobre Israel,
en los cielos está su fuerza.
Magnífico es Dios desde su santuario,
él es el Dios de Israel
que da poder y fuerza al pueblo.
¡Bendito sea Dios!
SALMO 69
ESTOY CANSADO DE GRITAR
Al maestro del coro. Según “Los lirios”. De David.
Oh Dios, sálvame, que estoy
con el agua al cuello,
que me hundo en un profundo cenagal
y no tengo dónde apoyar el pie;
me encuentro en el seno de las aguas
y me arrastra la corriente.
Estoy cansado de gritar,
tengo seca la garganta
y se consumen mis ojos
mientras espero a mi Dios.
Más numerosos que mis cabellos
son los que me odian sin motivo;
son fuertes quienes quieren destruirme,
quienes me detestan sin razón alguna.
¿Tendré que devolver lo que no robé?
Oh Dios, tú conoces mi necedad,
no se te ocultan mis pecados.
Que no se avergüencen por mi culpa
quienes ponen en ti su esperanza,
Dios mío, Señor del universo;
que no se sonrojen por mi culpa
quienes te buscan, Dios de Israel,
pues por ti soporto la humillación
y la vergüenza cubre mi rostro.
Soy un desconocido para mis hermanos,
un extraño para los hijos de mi madre.
Me consume la pasión por tu Templo,
me abate el desprecio de quienes te desprecian.
Yo me mortifico con el ayuno
y soy por esto motivo de burla;
me visto con tela de saco
y soy para ellos motivo de risa.
Me critican los que se sientan en la plaza
y también los bebedores en sus cantos.
Pero yo, Señor, te dirijo mi oración
en el momento propicio.
Oh Dios, por tu inmenso amor, respóndeme;
por tu fidelidad, sálvame.
Sácame del barro, que no me hunda;
líbrame de mis enemigos y del seno de las aguas.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el abismo,
que no se cierre sobre mí el brocal del pozo.
Respóndeme, Señor, por la bondad de tu amor;
por tu gran misericordia vuélvete hacia mí.
No apartes tu rostro de tu siervo;
estoy angustiado, respóndeme pronto.
Acércate a mí y redímeme,
rescátame porque tengo enemigos.
Tú conoces mi humillación,
mi vergüenza y mi deshonra;
todos mis rivales te son conocidos.
El insulto ha roto mi corazón
y no tiene cura alguna;
esperé consuelo pero no lo tuve,
no encontré quien me confortara.
Pusieron veneno en mi comida
y apagaron mi sed con vinagre.
Que su mesa se convierta en su red,
en una trampa para sus amigos;
que se queden ciegos y no vean,
que sin cesar tiemble su espalda.
Derrama sobre ellos tu furor,
que los alcance tu cólera ardiente;
que su campamento sea arrasado,
que no quede nadie en sus tiendas.
Porque persiguen al que tú hieres,
pregonan el sufrimiento de tus víctimas.
Impútales todas sus culpas
y que no les alcance tu perdón;
que sean borrados del libro de los vivos,
que no sean inscritos con los justos.
Pero a mí, humilde y sufriente,
que tu poder salvador, oh Dios, me proteja.
Alabaré con canciones el nombre de Dios,
con himnos de gratitud lo ensalzaré.
Y esto complacerá a Dios más que un toro,
más que un novillo astado con pezuñas.
Que se alegren los humildes cuando lo vean,
que se reanime el corazón de los que a Dios buscan.
Porque el Señor escucha a los oprimidos,
no desprecia a los cautivos.
Que lo alaben los cielos y la tierra,
los mares y cuanto se mueve en ellos,
pues Dios salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
habitarán allí y la heredarán;
la poseerá la estirpe de sus siervos,
los que aman su nombre vivirán en ella.
SALMO 70
SEÑOR, NO TARDES
Al maestro del coro. De David. En conmemoración.
Oh Dios, ven a librarme,
Señor, date prisa en ayudarme.
Queden defraudados y humillados
los que desean mi muerte,
que retrocedan y se avergüencen
los que pretenden dañarme;
queden desolados por su infamia
los que se burlan de mí.
Que en ti se alegren y se gocen
todos cuantos te buscan;
que los que anhelan tu salvación
digan en todo momento:
“¡Sea alabado el Señor!”.
Soy humilde y desvalido,
oh Dios, acude a mí;
tú eres mi ayuda y mi salvación,
Señor, no tardes.
Footnotes
- [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España