Estudio bíblico Logos

Salmo 134–137

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones

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SALMO 134

BENDIGAN AL SEÑOR DESDE SIÓN

Cántico de peregrinación.

Bendigan al Señor los que al Señor sirven,

los que en la casa del Señor pasan las noches.

Alcen sus manos hacia el santuario

y bendigan al Señor.

Desde Sión te bendiga el Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

SALMO 135

EL SEÑOR ES GRANDE

¡Aleluya!

Alaben el nombre del Señor,

alábenlo los que al Señor sirven,

los que están en la casa del Señor,

en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alaben al Señor por su bondad,

festéjenlo por su amabilidad,

porque el Señor escogió a Jacob,

a Israel como heredad suya.

Yo sé bien que el Señor es grande,

nuestro Dios supera a todos los dioses.

El Señor hace cuanto desea,

en el cielo y la tierra, en mares y abismos.

Desde el confín de la tierra alza las nubes,

forja rayos para que llueva,

saca el viento de sus refugios.

Dio muerte a los primogénitos de Egipto,

desde las personas hasta el ganado.

En medio de ti, Egipto,

envió prodigios y signos

contra el faraón y sus siervos.

Él abatió a muchas naciones,

aniquiló a reyes poderosos:

a Sijón, rey de los amorreos,

a Og, rey de Basán,

a todos los reyes de Canaán;

y entregó sus territorios como heredad,

a su pueblo Israel los entregó.

Señor, tu nombre es eterno,

tu fama perdura por generaciones.

Porque el Señor hace justicia a su pueblo,

se compadece de sus siervos.

Los ídolos de las naciones son plata y oro,

obra de manos humanas.

Tienen boca y no hablan,

ojos pero no ven,

oídos pero no oyen,

no tiene aliento su boca.

Que sean como ellos quienes los hacen,

todo el que en ellos confía.

Casa de Israel, bendigan al Señor,

casa de Aarón, bendigan al Señor;

casa de Leví, bendigan al Señor,

los que veneran al Señor, bendíganlo.

¡Bendito sea el Señor en Sión,

el que habita en Jerusalén!

¡Aleluya!

SALMO 136

ALABEN AL SEÑOR POR SU BONDAD

Alaben al Señor por su bondad,

porque es eterno su amor.

Alaben al Dios de dioses,

porque es eterno su amor.

Alaben al Señor de señores,

porque es eterno su amor.

Al único que hace maravillas,

porque es eterno su amor.

Al que hizo los cielos con inteligencia,

porque es eterno su amor.

Al que afirmó la tierra sobre las aguas,

porque es eterno su amor.

Al que hizo los grandes astros,

porque es eterno su amor:

el sol que domina el día,

porque es eterno su amor;

la luna y las estrellas que dominan la noche,

porque es eterno su amor.

Al que mató a los primogénitos de Egipto,

porque es eterno su amor;

al que sacó a Israel de en medio de ellos,

porque es eterno su amor,

con mano fuerte y brazo extendido,

porque es eterno su amor.

Al que hendió el mar de las Cañas,

porque es eterno su amor,

e hizo que Israel lo atravesara,

porque es eterno su amor;

al faraón y su ejército hundió en él,

porque es eterno su amor.

Al que por el desierto condujo a su pueblo,

porque es eterno su amor.

Al que abatió a los grandes reyes,

porque es eterno su amor,

y mató a reyes poderosos,

porque es eterno su amor:

a Sijón, rey de los amorreos,

porque es eterno su amor;

a Og, el rey de Basán,

porque es eterno su amor,

y como heredad entregó sus territorios,

porque es eterno su amor,

a su siervo Israel,

porque es eterno su amor.

Estando abatidos se acordó de nosotros,

porque es eterno su amor;

nos libró de nuestros enemigos,

porque es eterno su amor.

El Señor da sustento a toda criatura,

porque es eterno su amor.

¡Alaben al Dios del cielo

porque es eterno su amor!

SALMO 137

SI ME OLVIDO DE TI, JERUSALÉN

Junto a los ríos de Babilonia

nos sentábamos entre lágrimas

al recordar a Sión.

En los álamos que allí había,

colgábamos nuestras cítaras.

Quienes nos deportaron

nos pedían canciones,

alegría quienes nos estaban oprimiendo:

“¡Cántennos un canto de Sión!”.

¿Cómo cantaremos un canto al Señor

si estamos en tierra extraña?

Que pierda mi diestra su destreza

si me olvido de ti, Jerusalén;

que mi lengua se pegue al paladar

si no me acuerdo de ti,

si no hago de Jerusalén

la cima de mi alegría.

Recuerda Señor a los hijos de Edom,

que el día de Jerusalén decían:

“¡Arrasen, arrásenla hasta los cimientos!”.

Tú, Babilonia, serás devastada.

¡Feliz quien te haga

lo que tú nos hiciste!

¡Feliz quien tome a tus niños

y los lance contra la roca!

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