Jeremías 4:19–31
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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¡Ay mis entrañas, mis entrañas!
¡Cómo me tiembla el corazón!
Tengo el corazón palpitando,
no puedo seguir en silencio.
He oído el sonido de la trompeta,
el alarido que preludia la guerra;
se anuncia desastre tras desastre,
devastación a lo largo del país.
De pronto son arrasadas las tiendas,
en un momento el campamento.
¿Hasta cuándo veré el estandarte,
escucharé el sonido de la trompeta?
Mi pueblo es un necio,
ni siquiera me conoce;
son gente insensata,
que no recapacita;
expertos en el mal,
inexpertos para el bien.
DIMENSIONES CÓSMICAS DEL DESASTRE
Miré a la tierra: caos y vacío;
al cielo: ausencia de luz.
Miré a los montes: temblaban;
todas las colinas se estremecían.
Miré y no había ni un ser humano,
habían volado hasta los pájaros.
Miré y el vergel era estepa,
los pueblos estaban arrasados,
por la ira ardiente del Señor.
Pues así ha dicho el Señor:
Devastado quedará el país,
pero no provocaré su fin.
Por ello el país hará duelo,
arriba el cielo se oscurecerá.
Lo dije y no me arrepiento,
lo he pensado y no me desdigo.
DUELO POR SIÓN
Griterío de jinetes y arqueros
ponen en fuga a la ciudad:
penetran en la maleza,
suben por los desfiladeros.
La ciudad ha sido abandonada,
no han quedado habitantes en ella.
Y una vez devastada, ¿qué harás,
tú, que te vistes de púrpura,
te adornas con joyas de oro
y resaltas tus ojos con sombra?
De nada sirve embellecerte;
tus amantes te han rechazado,
y sólo buscan tu muerte.
Oigo quejidos de parturienta,
angustias como de primeriza:
son quejidos y suspiros de Sión,
que estira doliente sus brazos:
¡Ay de mí, que estoy agotada,
me están quitando la vida!
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