Jeremías 4:13–22
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Mírenlo avanzar como las nubes,
sus carros igual que el torbellino,
sus caballos más ligeros que las águilas.
¡Ay de nosotros, seremos devastados!
Limpia tu corazón de maldad,
Jerusalén, si quieres salvarte.
¿Hasta cuándo ocuparán tu pecho
tantos proyectos criminales?
La voz de un mensajero llega desde Dan,
noticias de muerte de la montaña de Efraín.
Comuniquen esto a las naciones,
háganlo saber en Jerusalén:
Llegan dando gritos de tierras lejanas,
lanzan sus voces contra los pueblos de Judá;
te asedian en torno como guardias de campo,
por haberte rebelado contra mí
—oráculo del Señor—.
Tu propia conducta y tus acciones
te han acarreado estas cosas;
tu maldad ha acabado en amargura,
te ha penetrado hasta el corazón.
EL PROFETA SE QUEJA DE LA FALTA DE PERSPICACIA
¡Ay mis entrañas, mis entrañas!
¡Cómo me tiembla el corazón!
Tengo el corazón palpitando,
no puedo seguir en silencio.
He oído el sonido de la trompeta,
el alarido que preludia la guerra;
se anuncia desastre tras desastre,
devastación a lo largo del país.
De pronto son arrasadas las tiendas,
en un momento el campamento.
¿Hasta cuándo veré el estandarte,
escucharé el sonido de la trompeta?
Mi pueblo es un necio,
ni siquiera me conoce;
son gente insensata,
que no recapacita;
expertos en el mal,
inexpertos para el bien.
DIMENSIONES CÓSMICAS DEL DESASTRE
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