Marcos 12:1–27
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Los labradores malvados
(Mt. 21.33–46; Lc. 20.9–19)
12
1Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña,a la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 2Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. 3Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 4Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. 5Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. 6Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 7Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. 8Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. 9¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. 10¿Ni aun esta escritura habéis leído:
La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser cabeza del ángulo;
11El Señor ha hecho esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojosb?
12Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron.
La cuestión del tributo
(Mt. 22.15–22; Lc. 20.20–26)
13Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. 14Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? 15Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. 16Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. 17Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.
La pregunta sobre la resurrección
(Mt. 22.23–33; Lc. 20.27–40)
18Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección,c y le preguntaron, diciendo: 19Maestro, Moisés nos escribiód que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 20Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera. 22Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer. 23En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?
24Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? 25Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. 26Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobe? 27Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis.
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