Zacarías 9–14
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Juicio contra las naciones vecinas
Profecía de la palabra del Señor contra la tierra de Hadrac y Damasco, su lugar de reposo (porque hacia el Señor están puestos los ojos de los hombres y de todas las tribus de Israela),
Y también contra Hamata, que linda con ella,
Y contra Tiro y Sidón, aunque sean muy sabiasb.
Tiro se ha edificado una fortalezaa,
Y ha amontonado plata como polvob
Y oroc como barro de las calles.
Pero el Señor la despojará,
Arrojará al mar su riquezaa
Y ella será consumida por el fuegob.
Ascalón lo verá y temerá,
También Gaza, y se retorcerá con gran dolor,
Lo mismo Ecrón, pues su esperanza ha sido confundida.
Además, perecerá el rey de Gaza,
Y Ascalón no será habitada.
Un pueblo bastardo habitará en Asdod,
Y Yo destruiré el orgullo de los filisteosa.
Quitaré la sangre de su boca,
Y sus abominaciones de entre sus dientes.
Entonces él será también un remanente para nuestro Dios,
Será como una tribu en Judá,
Y Ecrón será como el jebuseo.
Pero Yo acamparé junto a Mi casa como un guardián
Para que nadie vaya ni vengaa,
Y no pasará más sobre ellos el opresorb,
Porque ahora vigilo con Mis ojos.
Restauración del pueblo
¡Regocíjate sobremanera, hija de Sión!
¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén!a
Tu Rey viene a tib,
Justoc y dotado de salvaciónd,
Humildee, montado en un asnof,
En un pollino, hijo de asna.
Destruiré el carro de Efraín
Y el caballoa de Jerusalén,
Y el arco de guerra será destruidob.
Él hablará paz a las nacionesc,
Y Su dominio será de mar a mar,
Y desde el Río1 hasta los confines de la tierrad.
En cuanto a ti, por la sangre de Mi pacto contigoa,
He librado a tus cautivos de la cisternab
En la que no hay agua.
Vuelvan a la fortalezaa,
Oh cautivos de la esperanzab;
Hoy mismo anuncio
Que te restituiré el doblec.
Porque entesaré a Judá como Mi arco,
Y cargaré el arco con Efraín.
Provocaré a tus hijosa, oh Sión,
Contra tus hijos, oh Grecia,
Y te haré como espadab de guerreroc.
Entonces el Señor aparecerá sobre ellosa,
Y Su flecha saldrá como un rayob;
El Señor Dios tocará la trompetac,
Y caminará en los torbellinosd del sur.
El Señor de los ejércitos los defenderáa;
Ellos devoraránb y pisotearán las piedras de la hondac,
Beberán y alborotarán como embriagados de vinod,
Se llenarán como tazón de sacrificio,
Empapados como las esquinas del altare.
Los salvará el Señor su Dios aquel día
Como rebaño de Su puebloa;
Porque como piedras de una corona
Brillanb sobre Su tierra.
Pues ¡cuánta es su gracia y cuánta su hermosuraa!
El trigo hará florecer a los jóvenesb y el vino nuevo a las vírgenes.
Promesas de bendición
Pidan lluvia al Señor
En el tiempo de la lluvia tardía1a,
Al Señor que hace los nubarrones;
Él les dará aguacerosb,
Y hierba en el campo a cada unoc.
Porque los terafines hablan iniquidad1a,
Y los adivinos ven visiones mentirosasb,
Y cuentan sueños falsosc;
En vano dan consuelo.
Por tanto, el pueblo vaga como ovejas,
Está afligido porque no hay pastord.
«Contra los pastores se enciende Mi iraa,
Y a los machos cabríos castigaré.
Porque el Señor de los ejércitos ha visitado Su rebañob, la casa de Judá,
Y hará de ellos como Su caballo de honor en la batalla.
»De Judá saldrá la piedra angulara,
De él la clavija,
De él el arco de guerrab,
De él todo gobernante; todos juntos.
»Ellos serán como valientes,
Que en la batalla pisotean al enemigo en el barro de las callesa.
Pelearán, porque el Señor estará con ellos,
Y serán avergonzados los que montan a caballob.
»Fortaleceréa la casa de Judá
Y la casa de José salvaréb,
Y los haré volverc
Porque me he compadecido de ellosd.
Serán como si no los hubiera rechazadoe,
Porque Yo soy el Señor su Dios, y les responderéf.
»Efraín será como un valiente,
Y se alegrará su corazón como por el vino;
Sus hijos lo verán y se alegrarán,
Y se regocijará su corazón en el Señora.
»Y les silbaré para reunirlosa,
Porque los he redimidob;
Y serán tan numerosos como eranc.
»Cuando Yo los esparza entre los pueblos,
Aun en lejanas tierras se acordarán de Mí,
Y vivirán con sus hijos, y volverána.
»Los haré volver de la tierra de Egipto,
Y de Asiria los recogeréa;
Los traeré a la tierra de Galaadb y del Líbano,
Hasta que no haya sitio para ellosc.
»Pasarán por el mar de la angustia,
Y Él herirá las olas en el mara
Y se secarán todas las profundidades del Nilob;
Y será abatido el orgullo de Asiriac
Y apartado el cetro de Egiptod.
»Yo los fortaleceré en el Señora,
Y en Su nombre andarán», declara el Señorb.
Abre tus puertas, Líbanoa,
Y consuma el fuego tus cedrosb.
Gime, ciprés, porque ha caído el cedro,
Porque los árboles majestuosos han sido derribados.
Giman, encinas de Basán,
Porque ha caído el bosque impenetrable.
Voz de gemido de pastores,
Porque su esplendor está arruinadoa;
Voz del rugido de leoncillos,
Porque derribada está la gloria del Jordánb.
El buen pastor y el falso
Así dice el Señor mi Dios: «Apacienta las ovejas destinadas para la matanzaa.
»Los que las compran las matan y salen sin ser castigados, y el que las vende dicea: “¡Bendito sea el Señor, porque me he enriquecidob!”; y ni sus propios pastores se compadecen de ellasc.
»Pues Yo no me compadeceré más de los habitantes de esta tierra», declara el Señor, «sino que haré que los hombres caigan cada uno en manos de otroa y en manos de su rey; y ellos herirán la tierrab y Yo no los libraré de sus manosc».
Apacenté, pues, las ovejas destinadas para la matanzaa, esto es, los afligidos del rebañob. Y tomé para mí dos cayadosc: a uno lo llamé Graciad y al otro lo llamé Unión; y apacenté las ovejase.
Destruí a los tres pastores en un mesa, pues mi alma se impacientó con ellos y su alma también se cansó de mí.
Entonces dije: «No los apacentaré más. La que ha de morir, que muera; y la que ha de ser destruida, que sea destruida; y las que queden, cómanse la carne unas a otrasa»
Tomé mi cayado Graciaa y lo quebré para romper el pacto que yo había hecho con todos los pueblosb.
En aquel mismo día fue roto el pacto; así los afligidos del rebaño que me observaban, conocieron que era la palabra del Señora.
Y les dije: «Si les parece bien, denme mi paga; y si no, déjenla». Y pesaron como mi salarioa treinta monedas de platab.
Entonces el Señor me dijo: «Arrójalo al alfarero (ese magnífico precio con que me valoraron)». Tomé pues, las treinta monedas de plata y las arrojé al alfarero en la casa del Señora.
Y quebré mi segundo cayado, Unióna, para romper la hermandad entre Judá e Israelb.
Y el Señor me dijo: «Toma otra vez los aperos de un pastor insensatoa.
»Porque Yo voy a levantar en la tierra un pastor que no se preocupará de la que perecea, ni buscará a la descarriada, ni curará a la herida, ni sustentará a la fuerte, sino que comerá la carne de la engordadab y arrancará sus pezuñas.
¡Ay del pastor inútil
Que abandona el rebañoa!
¡Caiga la espadab sobre su brazoc
Y sobre su ojo derecho!
Su brazo se secará por completo,
Y su ojo derecho totalmente se oscurecerá».
Liberación de Jerusalén
Profecía, palabra del Señor acerca de Israel.
El Señor, que extiende los cielosa, pone los cimientos de la tierrab y forma el espíritu del hombre dentro de élc, declara:
«Yo haré de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos de alrededora, y cuando haya asedio contra Jerusalén, también lo habrá contra Judáb.
»Y sucederá en aquel día que haré de Jerusalén una piedra pesada para todos los pueblosa. Todos los que la levanten serán severamente desgarradosb, y contra ella se congregarán todas las naciones de la tierrac.
»En aquel día», declara el Señor, «heriré de espanto a todo caballo, y a su jinete, de locura. Pero sobre la casa de Judá abriré Mis ojos, mientras hiero de ceguera a todo caballo de los pueblos.
»Entonces los jefes de familias de Judá dirán en su corazón: “Gran apoyo para nosotros son los habitantes de Jerusalén por el Señor de los ejércitos, su Dios”.
»En aquel día haré de los jefes de familias de Judá como brasero de fuego entre leños, y como antorcha ardiendo entre gavillas, y consumirán a diestra y a siniestra a todos los pueblos de alrededora, mientras que Jerusalén será habitada de nuevo en su lugar, en Jerusalénb.
»El Señor salvará primero las tiendas de Judáa, para que la gloria de la casa de Davidb y la gloria de los habitantes de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá.
»En aquel día el Señor defenderá a los habitantes de Jerusaléna, y el débil entre ellos aquel día será como Davidb, y la casa de David será como Diosc, como el ángel del Señor delante de ellosd.
»Y sucederá en aquel día que me dispondré a destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusaléna.
Lamento por el traspasado
»Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, el Espíritu de gracia y de súplicaa, y me mirarán a Mí, a quien han traspasadob. Y se lamentarán por Él, como quien se lamenta por un hijo únicoc, y llorarán por Él, como se llora por un primogénito.
»En aquel día habrá gran lamentacióna en Jerusalén, como la lamentación de Hadad Rimón en la llanura de Meguido.
»Y se lamentará la tierra, cada familia por su lado: la familia de la casa de David por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de la casa de Natán por su lado, y sus mujeres por su lado;
la familia de la casa de Leví por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de los simeítas por su lado, y sus mujeres por su lado;
todas las demás familias, cada familia por su lado, y sus mujeres por su lado.
Purificación de Israel
»En aquel día habrá una fuente abiertaa para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecadob y la impurezac.
»Y sucederá en aquel día», declara el Señor de los ejércitos, «que eliminaré de la tierra los nombres de los ídolosa, y nunca más serán recordadosb; también Yo quitaré de la tierra a los profetas y al espíritu inmundoc.
»Y sucederá que si alguien profetiza todavíaa, su padre y su madre que lo engendraron le dirán: “No vivirás porque has hablado falsamenteb en el nombre del Señorc”; y su padre y su madre que lo engendraron lo traspasarán mientras profetizad.
»También sucederá aquel día que…
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Footnotes
Cross references
- aIsa. 17:1; Jer. 49:23–27; Amós 1:3–5
- aJer. 49:23
- bEzq. 28:2–5, 12, 21
- aJos. 19:29; 2 Sam. 24:7
- bJob 27:16; Ezq. 27:33; 28:4, 5
- c1 Rey. 10:21, 27
- aEzq. 26:3–5
- bEzq. 28:18
- aAmós 1:8; Sof. 2:4
- aIsa. 52:1
- bIsa. 54:14; 60:18
- aSof. 3:14, 15; Zac. 2:10
- bSal. 110:1; Isa. 9:6, 7; Jer. 23:5, 6; Mat. 21:5; Juan 12:15
- cSof. 3:5
- dIsa. 43:3, 11
- eIsa. 57:15
- fJue. 10:4; Isa. 30:6
- aMiq. 5:10
- bOs. 1:7; 2:18
- cIsa. 57:19; Miq. 4:2–4
- dSal. 72:8; Isa. 60:12
- aEx. 24:8; Heb. 10:2
- bIsa. 24:22; 51:14
- aJer. 16:19; Joel 3:16
- bJer. 14:8; 17:13; Heb. 6:18, 19
- cIsa. 61:7
- aJoel 3:6
- bSal. 45:3
- cJer. 51:20
- aIsa. 31:5; Zac. 2:5
- bSal. 18:14; Hab. 3:11
- cIsa. 27:13
- dIsa. 21:1; 66:15
- aIsa. 37:35; Zac. 12:8
- bZac. 12:6
- cJob 41:28
- dSal. 78:65
- eEx. 27:2
- aJer. 31:10, 11
- bIsa. 62:3
- aJer. 31:12, 14
- bSal. 27:4; Isa. 33:17
- aJoel 2:23
- bJer. 10:13
- cIsa. 30:23
- aEzq. 21:21; Os. 3:4
- bJer. 27:9
- cJer. 23:32
- dEzq. 34:5, 8; Mat. 9:36; Mar. 6:34
- aJer. 25:34–36
- bEzq. 34:12
- aLuc. 20:17; Ef. 2:20; 1 Ped. 2:6
- bJer. 51:20; Zac. 9:10
- a2 Sam. 22:43
- bAmós 2:15; Hag. 2:22
- aZac. 10:12
- bZac. 8:7; 9:16
- cZac. 8:8
- dIsa. 54:8; Zac. 1:16
- eIsa. 54:4
- fZac. 13:9
- aIsa. 54:13; Ezq. 37:25
- aIsa. 5:26; 7:18, 19
- bJer. 33:22; Apoc. 7:9
- cJer. 30:20; Ezq. 36:11
- a1 Rey. 8:47, 48; Ezq. 6:9
- aIsa. 11:11
- bJer. 50:19
- cIsa. 49:19, 20
- aIsa. 51:9, 10
- bIsa. 19:5–7
- cSof. 2:13
- dEzq. 30:13
- aZac. 10:6
- bMiq. 4:5
- aJer. 22:6, 7
- bEzq. 31:3
- aJer. 25:34–36
- bJer. 2:15; 50:44
- aSal. 44:22; Zac. 11:7
- aJer. 50:7
- bOs. 12:8; 1 Tim. 6:9
- cEzq. 34:2, 3
- aJer. 13:14
- bIsa. 9:19–21; Miq. 7:2–6; Zac. 14:13
- cSal. 50:22; Miq. 5:8
- aZac. 11:4
- bJer. 39:10; Sof. 3:12
- cEzq. 37:16
- dSal. 27:4; 90:17; Zac. 11:10
- eSal. 133:1; Ezq. 37:16–23; Zac. 11:14
- aOs. 5:7
- aJer. 15:2
- aZac. 11:7
- bSal. 89:39; Jer. 14:21
- aSof. 3:12
- a1 Rey. 5:6; Mal. 3:5
- bGn. 37:28; Ex. 21:32; Mat. 26:15; 27:9, 10
- aMat. 27:3–10; Hech. 1:18, 19
- aZac. 11:7
- bIsa. 9:21; Zac. 11:6
- aIsa. 6:10–12; Zac. 11:17
- aJer. 23:2
- bEzq. 34:2–6
- aJer. 23:1; Zac. 10:2; 11:15
- bJer. 50:35–37
- cEzq. 30:21, 22
- aIsa. 42:5; 44:24; Jer. 51:15
- bJob 26:7; Sal. 102:25, 26; Heb. 1:10–12
- cIsa. 57:16; Heb. 12:9
- aSal. 75:8; Isa. 51:22, 23
- bZac. 14:14
- aDan. 2:34, 35, 44, 45
- bMat. 21:44
- cZac. 14:2
- aIsa. 10:17, 18; Abd. 18; Zac. 11:1
- bZac. 2:4; 8:3–5
- aJer. 30:18
- bAmós 9:11
- aJoel 3:16; Zac. 9:14, 15
- bLev. 26:8; Jos. 23:10; Miq. 7:8
- cSal. 8:5; 82:6
- dEx. 14:19; 33:2
- aZac. 14:2, 3
- aIsa. 44:3; Ezq. 39:29; Joel 2:28, 29
- bJuan 19:37; Apoc. 1:7
- cJer. 6:26; Amós 8:10
- aMat. 24:30; Apoc. 1:7
- aJer. 2:13; 17:13
- bSal. 51:2, 7; Isa. 1:16–18; Juan 1:29
- cNúm. 19:17; Isa. 4:4; Ezq. 36:25
- aEx. 23:13; Os. 2:17
- bJer. 23:14, 15
- c1 Rey. 22:22; Ezq. 36:25, 29
- aJer. 23:34
- bDt. 18:20; Ezq. 14:9
- cJer. 23:25
- dDt. 13:6–11; Mat. 10:37
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