Estudio bíblico Logos

Santiago 3–5

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El poder de la lengua

Hermanos míosa, que no se hagan maestros muchos de ustedesb, sabiendo que recibiremos un juicio más severo.

Porque todos fallamos1 de muchas manerasa. Si alguien no falla en lo que dice2b, es un hombre perfectoc, capaz también de refrenar todo el cuerpod.

Ahora bien, si ponemos el freno en la boca de los caballosa para que nos obedezcan, dirigimos también todo su cuerpo.

Miren también las naves; aunque son tan grandes e impulsadas por fuertes vientos, son, sin embargo, dirigidas mediante un timón muy pequeño por donde la voluntad1 del piloto quiere.

Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosasa. ¡Pues qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuegob!

También la lengua es un fuegoa, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpob, es encendida por el infierno1c e inflama el curso2 de nuestra vida3.

Porque toda clase1 de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el ser1 humano,

pero ningún hombre puede domar la lengua. Es un mal turbulento y lleno de veneno mortala.

Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padrea, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Diosb.

De la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

¿Acaso una fuente echa agua dulce y amarga por la misma abertura?

¿Acaso, hermanos míos, puede una higuera producir aceitunasa, o una vid higos? Tampoco la fuente de agua salada puede producir agua dulce.

Sabiduría de lo alto

¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestrea por su buena conductab sus obras en sabia mansedumbre.

Pero si tienen celos amargos y ambición personal1a en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdadb.

Esta sabiduría no es la que viene de lo altoa, sino que es terrenalb, natural1c, diabólica2d.

Porque donde hay celosa y ambición personal1, allí hay confusión y toda cosa mala.

Pero la sabiduría de lo altoa es primeramente purab, después pacíficac, amabled, condescendiente1, llena de misericordiae y de buenos frutos, sin vacilaciónf, sin hipocresíag.

Y la semilla cuyo fruto es la justiciaa se siembra en paz por2 aquellos que hacen la paz.

Guerras y conflictos

¿De dónde vienen las guerras y los conflictos1 entre ustedesa? ¿No vienen de las pasiones2 que combaten en sus miembrosb?

Ustedes codician y no tienen, por eso cometen homicidioa. Son envidiosos y no pueden obtener, por eso combaten1 y hacen guerra. No tienen, porque no piden.

Piden y no recibena, porque piden con malos propósitos1, para gastarlo en sus placeres.

¡Oh almas adúlteras1a! ¿No saben ustedes que la amistad del mundob es enemistad hacia Diosc? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Diosd.

¿O piensan que la Escritura dice en vanoa: «Dios celosamente anhela1 el Espíritub que ha hecho morar en nosotros?».

Pero Él da mayor graciaa. Por eso dice: «Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildesb».

Por tanto, sométanse a Diosa. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedesb.

Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedesa. Limpien sus manosb, pecadores; y ustedes de doble ánimo1c, purifiquen sus corazonesd.

Aflíjanse, laméntense y llorena. Que su risa se convierta en lamento y su gozo en tristeza.

Humíllense en la presencia del Señora y Él los exaltará.

Hermanosa, no hablen mal los unos de los otrosb. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermanoc, habla mal de la leyd y juzga a la ley. Pero si tú juzgas a la ley, no eres cumplidor de la leye, sino juez de ella.

Solo hay un Legislador y Jueza, que es poderoso para salvar y para destruirb. Pero tú, ¿quién eres que juzgas a tu prójimoc?

La incertidumbre de la vida

Oigan1 ahoraa, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudadb y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia».

Sin embargo, ustedes no saben1 cómo será su vida mañana. Solo son un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanecea.

Más bien, debieran decir1: Si el Señor quierea, viviremos y haremos esto o aquello.

Pero ahora se jactan en su arrogancia1. Toda jactancia semejante es malaa.

A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno1 y no lo hacea, le es pecado.

Advertencias a los ricos

¡Oigan1 ahoraa, ricosb! Lloren y aúllen por las miserias que vienen sobre ustedesc.

Sus riquezas se han podridoa y sus ropas están comidas de polilla.

Su oro y su plata se han oxidado, su herrumbre será un testigo contra ustedes y consumirá su carne como fuego. Es en1 los últimos días que han acumulado tesorosa.

Miren, el jornal de los obreros que han segado sus camposa y que ha sido retenido por ustedes, clama contra ustedes. El clamor de los segadoresb ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos1c.

Han vivido lujosamente sobre la tierraa, y han llevado una vida de placer desenfrenado. Han engordado1 sus corazones en el día de la matanzab.

Han condenado y dado muerte1a al justob. Él no les hace resistencia.

Exhortación a la paciencia

Por tanto, hermanosa, sean pacientes hasta la venida del Señorb. Miren cómo el labrador espera el fruto precioso de la tierrac, siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardíad.

Sean también ustedes pacientesa. Fortalezcan sus corazonesb, porque la venida del Señorc está cercad.

Hermanosa, no se quejen unos contra otrosb, para que no sean juzgados. Ya el Juezc está a1 las puertasd.

Hermanosa, tomen como ejemplo de paciencia y aflicción a los profetasb que hablaron en el nombre del Señor.

Miren que tenemos por bienaventuradosa a los que sufrieron1. Han oído de la paciencia2b de Job, y han visto el resultado del proceder3 del Señorc, que el Señor es muy compasivo y misericordiosod.

Exhortaciones varias

Y sobre todo, hermanos míosa, no juren, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento. Antes bien, sea el sí de ustedes1, sí, y su no2, nob, para que no caigan bajo juicio.

¿Sufre alguien entre ustedesa? Que haga oraciónb. ¿Está alguien alegre? Que cante alabanzasc.

¿Está alguien entre ustedes enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesiaa y que ellos oren por él, ungiéndolo1 con aceite en el nombre del Señorb.

La oración de fea restaurará1 al enfermob, y el Señor lo levantarác. Si ha cometido pecados le serán perdonados2.

Por tanto, confiésense sus pecados unos a otrosa, y oren unos por otros para que sean sanadosb. La oración1 eficazc del justo puede lograr mucho.

Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras1a, y oró fervientemente2 para que no llovierab, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis mesesc.

Oró de nuevoa, y el cielo dio lluviab y la tierra produjo su fruto.

Hermanos míos, si alguien de entre ustedesa se extravía de la verdadb y alguien le hace volver,

sepa1 que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muertea, y cubrirá multitud de pecadosb.

Leer en Logos

Notas al pie

  1. 1U ofendemos.
  2. 2 palabra.
  3. 1 el impulso.
  4. 1 guéenna.
  5. 2 la rueda.
  6. 3O existencia, u origen.
  7. 1 naturaleza.
  8. 1O rivalidad.
  9. 1O no espiritual.
  10. 2O endemoniada.
  11. 1O rivalidad.
  12. 1O razonable.
  13. 2O para.
  14. 1 ¿De dónde guerras, y de dónde conflictos.
  15. 2 ¿No de aquí, de sus placeres.
  16. 1O tienen pleitos.
  17. 1 malvadamente.
  18. 1O infieles.
  19. 1 anhela hasta los celos.
  20. 1O que dudan.
  21. 1 Vamos.
  22. 1 Los que no saben.
  23. 1 en lugar de decir.
  24. 1O sus pretensiones.
  25. 1O lo correcto.
  26. 1 Vamos.
  27. 1O para.
  28. 1 Sabaot.
  29. 1 nutrido.
  30. 1O asesinado.
  31. 1 de pie, delante de.
  32. 1O perseveraron.
  33. 2O firmeza.
  34. 3 fin.
  35. 1 el sí.
  36. 2 el no.
  37. 1 habiéndole ungido.
  38. 1O sanará.
  39. 2 le será perdonado.
  40. 1 súplica.
  41. 1O con una naturaleza como la nuestra.
  42. 2 con oración.
  43. 1Algunos dicen: sepan.

Referencias cruzadas

  1. aSant. 1:16; 3:10
  2. bMat. 23:8; Rom. 2:20, 21; 1Tim. 1:7
  3. aSant. 2:10
  4. bMat. 12:34–37; Sant. 3:2–12
  5. cSant. 1:4
  6. dSant. 1:26
  7. aSal. 32:9
  8. aSal. 12:2, 3; 73:8, 9
  9. bPrv. 26:20, 21
  10. aSal. 120:2, 3; Prv. 16:27
  11. bMat. 12:36, 37; 15:11, 18, 19
  12. cMat. 5:22
  13. aSal. 140:3; Ecl. 10:11; Rom. 3:13
  14. aSant. 1:27
  15. bGn. 1:26; 1Cor. 11:7
  16. aMat. 7:16
  17. aSant. 2:18
  18. b1Ped. 2:12
  19. aRom. 2:8; 2Cor. 12:20; Sant. 3:16
  20. b1Tim. 2:4; Sant. 1:18; 5:19
  21. aSant. 1:17
  22. b1Cor. 2:6; 3:19
  23. c2Cor. 1:12; Jud. 19
  24. d2Tes. 2:9, 10; 1Tim. 4:1; Apoc. 2:24
  25. aRom. 2:8; 2Cor. 12:20; Sant. 3:14
  26. aSant. 1:17
  27. b2Cor. 7:11; Sant. 4:8
  28. cMat. 5:9; Heb. 12:11
  29. dTito 3:2
  30. eLuc. 6:36; Sant. 2:13
  31. fSant. 2:4
  32. gRom. 12:9; 2Cor. 6:6
  33. aPrv. 11:18; Isa. 32:17; Os. 10:12; Amós 6:12; Gál. 6:8; Fil. 1:11
  34. aTito 3:9
  35. bRom. 7:23
  36. aSant. 5:6; 1Jn. 3:15
  37. a1Jn. 3:22; 5:14
  38. aJer. 2:2; Ezq. 16:32
  39. bSant. 1:27
  40. cRom. 8:7; 1Jn. 2:15
  41. dMat. 6:24; Juan 15:19
  42. aNúm. 23:19
  43. b1Cor. 6:19; 2Cor. 6:16
  44. aIsa. 54:7, 8; Mat. 13:12
  45. bSal. 138:6; Prv. 3:34; Mat. 23:12; 1Ped. 5:5
  46. a1Ped. 5:6
  47. bEf. 4:27; 6:11, 12; 1Ped. 5:8, 9
  48. a2Crón. 15:2; Zac. 1:3; Mal. 3:7; Heb. 7:19
  49. bJob 17:9; Isa. 1:16; 1Tim. 2:8
  50. cJer. 4:14; Sant. 3:17; 1Ped. 1:22; 1Jn. 3:3
  51. dSant. 1:8
  52. aNeh. 8:9; Prv. 14:13; Luc. 6:25
  53. aJob 5:11; Ezq. 21:26; Luc. 1:52; Sant. 4:6
  54. aSant. 1:16; 5:7, 9, 10
  55. b2Cor. 12:20; Sant. 5:9; 1Ped. 2:1
  56. cMat. 7:1; Rom. 14:4
  57. dSant. 2:8
  58. eSant. 1:22
  59. aIsa. 33:22; Sant. 5:9
  60. bMat. 10:28
  61. cRom. 14:4
  62. aSant. 5:1
  63. bPrv. 27:1; Luc. 12:18–20
  64. aJob 7:7; Sal. 39:5; 102:3; 144:4
  65. aHech. 18:21
  66. a1Cor. 5:6
  67. aLuc. 12:47; Juan 9:41; 2Ped. 2:21
  68. aSant. 4:13
  69. bLuc. 6:24; 1Tim. 6:9
  70. cIsa. 13:6; 15:3; Ezq. 30:2
  71. aJob 13:28; Isa. 50:9; Mat. 6:19, 20
  72. aSant. 5:7, 8
  73. aLev. 19:13; Job 24:10, 11; Jer. 22:13; Mal. 3:5
  74. bEx. 2:23; Dt. 24:15; Job 31:38, 39
  75. cRom. 9:29
  76. aEzq. 16:49; Luc. 16:19; 1Tim. 5:6; 2Ped. 2:13
  77. bJer. 12:3; 25:34
  78. aSant. 4:2
  79. bHeb. 10:38; 1Ped. 4:18
  80. aSant. 4:11; 5:9, 10
  81. bJuan 21:22; 1Tes. 2:19
  82. cGál. 6:9
  83. dDt. 11:14; Jer. 5:24; Joel 2:23
  84. aLuc. 21:19
  85. b1Tes. 3:13
  86. cJuan 21:22; 1Tes. 2:19
  87. dRom. 13:11, 12; 1Ped. 4:7
  88. aSant. 5:7, 10
  89. bSant. 4:11
  90. c1Cor. 4:5; Sant. 4:12; 1Ped. 4:5
  91. dMat. 24:33; Mar. 13:29
  92. aSant. 4:11; 5:7, 9
  93. bMat. 5:12
  94. aMat. 5:10; 1Ped. 3:14
  95. bJob 1:21, 22; 2:10
  96. cJob 42:10, 12
  97. dEx. 34:6; Sal. 103:8
  98. aSant. 1:16
  99. bMat. 5:34–37
  100. aSant. 5:10
  101. bSal. 50:15
  102. c1Cor. 14:15; Col. 3:16
  103. aHech. 11:30
  104. bMar. 6:13; 16:18
  105. aSant. 1:6
  106. b1Cor. 1:21; Sant. 5:20
  107. cJuan 6:39; 2Cor. 4:14
  108. aMat. 3:6; Mar. 1:5; Hech. 19:18
  109. bHeb. 12:13; 1Ped. 2:24
  110. cGn. 18:23–32; Juan 9:31
  111. aHech. 14:15
  112. b1Rey. 17:1; 18:1
  113. cLuc. 4:25
  114. a1Rey. 18:42
  115. b1Rey. 18:45
  116. aMat. 18:15; Gál. 6:1
  117. bSant. 3:14
  118. aRom. 11:14; 1Cor. 1:21; Sant. 1:21
  119. bPrv. 10:12; 1Ped. 4:8