Proverbios 27–29
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- DARBY 1890 Darby Bible
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- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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No te gloríes del día de mañanaa,
Porque no sabes qué traerá el díab.
Que te alabe el extraño, y no tu boca;
El extranjero, y no tus labiosa.
Pesada es la piedra y pesada la arena,
Pero la provocación del necio es más pesada que ambas.
Cruel es el furor e inundación la ira;
Pero ¿quién se mantendrá ante los celosa?
Mejor es la reprensión francaa
Que el amor encubierto.
Fieles son las heridas del amigoa,
Pero engañosos1 los besos del enemigo2b.
El hombre1 saciado aborrece2 la miel,
Pero para el hombre1 hambriento todo lo amargo le es dulce.
Como pájaro que vaga lejos de su nidoa,
Así es el hombre que vaga lejos de su hogar1b.
El ungüentoa y el perfume alegran el corazón,
Y dulce para su amigo es el consejo del hombre1.
No abandones a tu amigoa ni al amigo de tu padreb,
Ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio.
Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos.
Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazóna,
Para que yo responda al que me afrentab.
El hombre prudente ve el mal y se esconde,
Los simples siguen adelante y pagan las consecuencias.
Tómale la ropa al que1 sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por la mujer desconocida2a.
Al que muy de mañana bendice a su amigo en alta voz,
Le será contado como una maldicióna.
Gotera constante en día de lluvia
Y mujer rencillosa, son semejantesa;
El que trata de contenerla1, es como refrenar2 al viento
Y recoger3 aceite con su mano derecha.
El hierro con hierro se afila,
Y un hombre aguza a otro1.
El que cuida la higuera comerá su frutoa,
Y el que atiende a su señor será honradob.
Como el agua refleja el rostro1,
Así el corazón del hombre refleja al hombre.
El Seol1 y el Abadón2a nunca se sacianb;
Tampoco se sacian los ojos del hombrec.
El crisol es para la plata y el horno para el oroa,
Y al hombre se le prueba por la alabanza que recibeb.
Aunque machaques con el mazo al necio en un mortero entre el grano molido,
No se apartará de él su necedada.
Conoce bien la condición1 de tus rebaños,
Y presta atención2 a tu ganadoa;
Porque las riquezas no son eternas,
Ni perdurará la corona por todas las generacionesa.
Cuando la hierba desaparece se ve el retoño,
Y se recogen las hierbas de los montesa;
Los corderos darán para tu vestido,
Y las cabras para el precio de un campo,
Y habrá suficiente leche de cabra para tu alimento,
Para el alimento de tu casa,
Y sustento para tus doncellas.
Proverbios antitéticos
El impío huye sin que nadie lo persigaa,
Pero los justos están confiados como un león.
Por la transgresión de la tierra, muchos son sus príncipesa;
Pero por el hombre entendido y de conocimiento permanece estable1b.
El pobre que oprime a los humildesa
Es como lluvia torrencial que no deja1 pan.
Los que abandonan la ley alaban a los impíosa,
Pero los que guardan la ley luchan contra ellosb.
Los hombres malvados no entienden de justicia1a,
Pero los que buscan al Señor lo entienden todob.
Mejor es el pobre que anda en su integridada
Que el que es perverso1, aunque sea rico.
El que guarda la ley es hijo entendido,
Pero el que es compañero de glotonesa avergüenza a su padre.
El que aumenta su riqueza por interés y usuraa,
La recoge para el que se apiada de los pobresb.
Al que aparta su oído para no oír la ley,
Su oración también es abominacióna.
El que extravía a los rectos por el mal camino
En su propia fosa caeráa,
Pero los íntegros1 heredarán el bienb.
El rico es sabio ante sus propios ojosa,
Pero el pobre que es entendido, lo sondea1.
Cuando los justos triunfan, grande es la gloriaa,
Pero cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden1b.
El que encubre sus pecados no prosperaráa,
Pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordiab.
Cuán bienaventurado es el hombre que siempre temea,
Pero el que endurece su corazón caerá en el infortuniob.
Cual león rugientea y oso agresivo
Es el gobernante perverso sobre el pueblo pobreb.
Al príncipe que es gran opresor le falta entendimientoa,
Pero el que odia las ganancias injustas prolongará sus días.
El hombre cargado con culpa de sangre humana,
Fugitivo será hasta la muerte1a; que nadie lo apoye.
El que anda en integridad1 será salvo,
Pero el que es de camino torcido2 caerá de repentea.
El que labra su tierra se saciará de pana,
Pero el que sigue propósitos vanos se llenará de pobreza.
El hombre fiel abundará en bendicionesa,
Pero el que se apresura a enriquecerse no quedará sin castigob.
Hacer acepción de personas1 no es buenoa,
Pues por un bocado de pan el hombre pecaráb.
El hombre avaro1a corre tras la riquezab
Y no sabe que la miseria vendrá sobre él.
El que reprende al hombrea hallará después más favor
Que el que lo lisonjea con la lenguab.
El que roba a su padre o a su madrea
Y dice: «No es transgresión»,
Es compañero del hombre destructorb.
El hombre arrogante1 provoca rencillasa,
Pero el que confía en el Señor prosperará2b.
El que confía en su propio corazóna es un necio,
Pero el que anda con sabiduría será librado.
El que da al pobre no pasará necesidada,
Pero el que cierra1 sus ojos tendrá muchas maldiciones.
Cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden;
Pero cuando perecen, los justos se multiplican.
El hombre que después de mucha reprensión se pone terco1,
De repente será quebrantado sin remedio2a.
Cuando los justos aumentan1, el pueblo se alegraa;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
El que ama la sabiduría alegra a su padrea,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortunab.
El rey con la justicia1 afianza la tierraa,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
El hombre que adulaa a su prójimo
Tiende una red ante1 sus pasos.
El hombre malo es atrapadoa en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocijab.
El justo se preocupa por1 la causa de los pobresa,
Pero el impío no entiende tal preocupación2.
Los provocadores agitan la ciudada,
Pero los sabios alejan la irab.
Cuando un sabio tiene controversia con un necio,
Este se enoja o se ríe, y no hay descanso.
Los hombres sanguinarios odian al intachable1a,
Pero los rectos se preocupan por2 su alma.
El necio da rienda suelta a su ira1a,
Pero el sabio la reprimeb.
Si un gobernante presta atención a palabras mentirosasa,
Todos sus servidores se vuelven impíos.
El pobre y el opresor tienen esto en común1a:
El Señor alumbra a los ojosb de ambos.
El rey que juzga con verdad a los pobresa
Afianzará su trono para siempreb.
La vara y la reprensióna dan sabiduría,
Pero el niño consentido1 avergüenza a su madreb.
Cuando aumentan1 los impíos, aumenta la transgresión,
Pero los justos verán su caídaa.
Disciplina a tu hijoa y te dará descanso,
Donde no hay visión1a, el pueblo se desenfrenab,
Pero bienaventurado es el que guarda la leyc.
Un siervo no aprende solo con palabras;
Aunque entienda, no responderá1.
¿Ves a un hombre precipitado en sus palabrasa?
Más esperanza hay para el necio que para élb.
El que mima a su siervo desde la niñez,
Al final lo tendrá por hijo1.
El hombre lleno de ira provoca rencillasa,
Y el hombre violento abunda en transgresiones.
El orgullo del hombre lo humillaráa,
Pero el de espíritu humilde obtendrá honoresb.
El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida1;
Oye el juramento2, pero no dice nadaa.
El temor al hombre es1 un lazoa,
Pero el que confía en el Señor estará seguro2b.
Muchos buscan el favor1 del gobernantea,
Pero del Señor viene la justicia2 para el hombreb.
Abominación para los justos es el malvadoa,
Y abominación para el impío es el recto en su caminob.
Notas al pie
- 1O excesivos.
- 2 del que te odia.
- 1 alma.
- 2 pisotea.
- 1 lugar.
- 1 alma.
- 1 cuando.
- 2O extranjera.
- 1 esconderla.
- 2 esconde.
- 3 se enfrenta al.
- 1 el rostro de su amigo.
- 1 rostro al rostro.
- 1 región de los muertos.
- 2 lugar de destrucción.
- 1 el semblante.
- 2 pon tu corazón.
- 1 así.
- 1 y no hay.
- 1O juicio.
- 1 perverso de dos caminos.
- 1O perfectos.
- 1 lo examina.
- 1 serán buscados.
- 1 huirá hasta la fosa.
- 1O perfección.
- 2 perverso de dos caminos.
- 1 Fijarse en los rostros.
- 1 de ojo maligno.
- 1 de alma ensanchada.
- 2 engordará.
- 1 esconde.
- 1 endurece la cerviz.
- 2 y no hay remedio.
- 1O se engrandecen.
- 1O el juicio.
- 1 sobre.
- 1 sabe.
- 2 conocimiento.
- 1 perfecto.
- 2 buscan.
- 1 da salida a todo su espíritu.
- 1 se juntan.
- 1 suelto.
- 1O se engrandecen.
- 1 deleites.
- 1O revelación.
- 1 pero no habrá respuesta.
- 1O lamentará.
- 1 alma.
- 2O la imprecación.
- 1 da.
- 2O será ensalzado.
- 1 rostro.
- 2O el juicio.
Referencias cruzadas
- aSant. 4:13–16
- bLuc. 12:19, 20; Sant. 4:14
- aPrv. 25:27; 2 Cor. 10:12, 18; 12:11
- aPrv. 6:34; 1 Jn. 3:12
- aPrv. 28:23; Gál. 2:14
- aSal. 141:5; Prv. 20:30
- bMat. 26:49
- aPrv. 26:2; Isa. 16:2
- bGn. 21:14
- aSal. 23:5; 141:5
- aPrv. 18:24
- b1 Rey. 12:6–8; 2 Crón. 10:6–8
- aPrv. 10:1; 23:15; 29:3
- bSal. 119:42
- aPrv. 20:16
- aSal. 12:2
- aPrv. 19:13
- a2 Rey. 18:31; Cant. 8:12; Isa. 36:16; 1 Cor. 3:8; 9:7; 2 Tim. 2:6
- bLuc. 12:42–44; 19:17
- aJob 26:6; Prv. 15:11
- bPrv. 30:15, 16; Hab. 2:5
- cEcl. 1:8; 4:8
- aPrv. 17:3
- bLuc. 6:26
- aPrv. 23:35; 26:11; Jer. 5:3
- aJer. 31:10; Ezq. 34:12; Juan 10:3
- aJob 19:9; Sal. 89:39; Jer. 13:18; Lam. 5:16; Ezq. 21:26
- aIsa. 17:5; Jer. 40:10, 12
- aLev. 26:17, 36; Sal. 53:5
- a1 Rey. 16:8–28; 2 Rey. 15:8–15
- bPrv. 11:11
- aMat. 18:28
- aSal. 49:18; Rom. 1:32
- b1 Rey. 18:18; Neh. 13:11, 15; Mat. 3:7; 14:4; Ef. 5:11
- aSal. 92:6; Isa. 6:9; 44:18
- bSal. 119:100; Prv. 2:9; Juan 7:17; 1 Cor. 2:15; 1 Jn. 2:20, 27
- aPrv. 19:1
- aPrv. 23:20
- aEx. 22:25; Lev. 25:36
- bJob 27:17; Prv. 13:22; 14:31
- aSal. 66:18; 109:7; Prv. 15:8; 21:27
- aSal. 7:15; Prv. 26:27
- bMat. 6:33; Heb. 6:12; 1 Ped. 3:9
- aPrv. 3:7; 26:5, 12
- aPrv. 11:10; 29:2
- bPrv. 28:28; Ecl. 10:5, 6
- aJob 31:33; Sal. 32:3
- bSal. 32:5; 1 Jn. 1:9
- aPrv. 23:17
- bSal. 95:8; Rom. 2:5
- aPrv. 19:12; 1 Ped. 5:8
- bEx. 1:14; Prv. 29:2; Mat. 2:16
- aEcl. 10:16; Isa. 3:12
- aGn. 9:6; Ex. 21:14
- aPrv. 10:27
- aPrv. 12:11; 20:13
- aPrv. 10:6; Mat. 24:45; 25:21
- bPrv. 20:21; 28:22; 1 Tim. 6:9
- aPrv. 24:23
- bEzq. 13:19
- aPrv. 23:6
- bPrv. 21:5
- aPrv. 27:5, 6
- bPrv. 29:5
- aPrv. 19:26
- bPrv. 18:9
- aPrv. 15:18
- bPrv. 11:25; 29:25; 1 Tim. 6:6
- aPrv. 3:5
- aPrv. 11:24; 19:17
- a1 Sam. 2:25; 2 Crón. 36:16; Prv. 1:24–31; 6:15
- aEst. 8:15; Prv. 11:10; 28:12
- aPrv. 10:1; 15:20; 27:11; 28:7
- bPrv. 5:10; 6:26; Luc. 15:30
- a2 Crón. 9:8; Prv. 8:15; 29:14
- aSal. 5:9
- aPrv. 22:5; Ecl. 9:12
- bEx. 15:1
- aJob 29:16; Sal. 41:1; Prv. 31:8, 9
- aPrv. 11:11
- bPrv. 16:14
- aGn. 4:5–8; 1 Jn. 3:12
- aPrv. 12:16; 14:33
- bPrv. 19:11
- a1 Rey. 12:14
- aPrv. 22:2
- bEsd. 9:8; Sal. 13:3
- aSal. 72:4; Isa. 11:4
- bPrv. 16:12; 25:5
- aPrv. 13:24; 22:15
- bPrv. 10:1; 17:25
- aSal. 37:34, 36; 58:10; 91:8; 92:11; Prv. 21:12
- aPrv. 13:24; 29:15
- bPrv. 10:1
- a1 Sam. 3:1; Sal. 74:9; Amós 8:11, 12
- bEx. 32:25
- cSal. 1:1, 2; 106:3; 119:2; Prv. 8:32; Juan 13:17
- aSant. 1:19
- bPrv. 26:12
- aPrv. 15:18; 26:21
- aPrv. 16:18; Dan. 4:30, 31
- bPrv. 11:2; 15:33; 18:12; 22:4; Isa. 66:2; Mat. 23:12; Luc. 14:11; 18:14; Sant. 4:6, 10
- aLev. 5:1
- aGn. 12:12; 20:2; Luc. 12:4; Juan 12:42, 43
- bSal. 91:1–16; Prv. 18:10; 28:25
- aPrv. 19:6
- bIsa. 49:4; 1 Cor. 4:4
- aSal. 6:8; 139:21, 22; Prv. 12:8
- bSal. 69:4; Prv. 29:10; Mat. 10:22; 24:9; Juan 15:18; 17:14; 1 Jn. 3:13
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