Jeremías 21–52
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Profecía sobre la destrucción de Jerusalén
Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor cuando el rey Sedequíasa le envió a él a Pasur, hijo de Malquías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, para decirle:b
«Consulta ahora de nuestra parte al Señora, porque Nabucodonosor, rey de Babiloniab, nos hace la guerra. Tal vez el Señor haga con nosotros conforme a todas Sus maravillas1, para que el enemigo se retire de nosotrosc».
Entonces Jeremías les dijo: «Así le dirán a Sedequías:
“Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Yo haré volver atrás las armas de guerra que ustedes tienen en sus manos, con las cuales pelean contra el rey de Babilonia y contra los caldeos que los sitian fuera de los muros, y las reuniré en medio de esta ciudada.
’Yo mismo pelearé contra ustedesa con mano extendida y brazo poderosob, aun con ira, furor y gran enojoc.
’Heriré a los habitantes de esta ciudad, y hombres y animales morirán por una gran pestilenciaa.
’Y después’, declara el Señor, ‘a Sedequías, rey de Judá, a sus siervos, al pueblo y a los que sobrevivan en esta ciudad de la pestilencia, de la espada y del hambre, los entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babiloniaa, en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan sus vidas; y él los herirá a filo de espada. No los perdonará ni les tendrá piedad ni compasiónb’ ”.
»También dirás a este pueblo: “Así dice el Señor: ‘Ahora pongo delante de ustedes el camino de la vida y el camino de la muertea.
’El que se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre y de pestilenciaa; pero el que salga y se entregue a los caldeos que los sitian, vivirá, y tendrá su propia vida como botínb.
’Porque he puesto Mi rostro contra esta ciudad para mal, y no para bien’, declara el Señora. “Será entregada en manos del rey de Babilonia, quien le prenderá fuegob’ ”.
»Entonces dile a la casa del rey de Judá:
“Oigan la palabra del Señora,
Casa de David, así dice el Señora:
‘Hagan justiciab cada1 mañana,
Y liberen al despojado de manosc de su opresor,
No sea que Mi furor salga como fuego,
Y arda y no haya quien lo apagued,
A causa de la maldad de las obras de ustedese.
’Yo estoy contra ti, moradora del valle,
Roca de la llanura’, declara el Señora,
‘Los que dicen: “¿Quién descenderá contra nosotrosb?
¿Quién entrará en nuestras moradasc?”.
-’Yo los castigaré conforme al fruto de sus obras’, declara el Señora,
‘Y prenderé fuego en su bosque
Que consumirá todos sus alrededoresb’ ”».
Profecías contra los reyes de Judá
Así dice el Señor: «Desciende a la casa del rey de Judá y habla allí esta palabra:
“Escucha la palabra del Señor, oh rey de Judá, que te sientas sobre el trono de David, tú, tus siervos y tu pueblo que entran por estas puertasa.
”Así dice el Señor: ‘Practiquen el derecho y la justicia, y liberen al despojado de manos de su opresora. Tampoco maltraten ni hagan violencia al extranjero, al huérfano o a la viudab, ni derramen sangre inocente en este lugarc.
’Porque si en verdad observan este mandato, entonces entrarán reyes por las puertas de esta casa, y se sentarán en el lugar de David1, en su trono. Entrarán montados en carros y caballos, el rey2, sus siervos y su puebloa.
’Pero si no obedecen estas palabrasa, juro por mí mismo’, declara el Señorb, ‘que esta casa vendrá a ser una desolación’ ”».
Porque así dice el Señor acerca de la casa del rey de Judá:
«Eres como Galaada para Mí,
Como la cumbre del Líbano;
Pero ciertamente te convertiré en un desierto,
Como ciudades deshabitadasb.
»Designaré contra ti destructoresa,
Cada uno con sus armas,
Y cortarán tus cedros más selectosb
Y los echarán al fuegoc.
»Pasarán muchas naciones junto a esta ciudad, y cada cual dirá a su prójimo: “¿Por qué ha hecho así el Señor a esta gran ciudada?”.
»Entonces responderán1: “Porque abandonaron el pacto del Señor su Dios, y se postraron ante otros dioses y les sirvierona”».
No lloren por el muerto ni hagan duelo por él,
Lloren amargamente por el que se va cautivoa,
Porque jamás volverá
Ni verá su tierra natalb.
Porque así dice el Señor acerca de Salum1, hijo de Josías, rey de Judá, que reinó en lugar de su padre Josías, y que salió de este lugar: «Nunca más volverá aquía;
sino que en el lugar adonde lo llevaron cautivo, allí moriráa, y no verá más esta tierra.
»Ay del que edifica su casa sin justiciaa
Y sus aposentos altos sin derecho,
Que a su prójimo hace trabajar de balde
Y no le da su salariob.
»El que dice: “Me edificaré una casa espaciosa
Con amplios aposentos altosa”;
Y le abre1 ventanas,
La recubre de cedrob y la pinta de rojo2.
»¿Acaso te harás rey porque compites en cedro?
¿No comió y bebió tu padre
Y practicó el derecho y la justiciaa?
Por eso le fue bienb.
»Defendió la causa del pobre y del necesitadoa;
Entonces le fue bien.
¿No es esto conocerme?»,
declara el Señorb.
«Pero tus ojos y tu corazón
Solo están para tu propia gananciaa,
Para derramar sangre inocenteb,
Y para practicar la opresión y la violencia1».
Por tanto, así dice el Señor acerca de Joacima, hijo de Josías, rey de Judá:
«No llorarán por élb:
“¡Ay, hermano míoc!” o “¡Ay, hermana!’
No llorarán por él:
“¡Ay, señor!” o “¡Ay, su gloria!”
»Será enterrado con entierro de asnoa:
Será arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén.
»Sube al Líbano y clama,
Y da voces1 en Basán;
Clama también desde Abarima,
Porque han sido destruidos todos tus amantesb.
»Te hablé en tu prosperidad,
Pero dijiste: “No escucharéa.”
Esta ha sido tu costumbre desde tu juventud,
Que nunca has escuchado mi voz.
»A todos tus pastoresa arrasará1 el viento,
Y tus amantes irán al cautiveriob;
Entonces ciertamente serás avergonzada y humilladac
A causa de toda tu maldad.
»Tú que moras en el Líbano,
Anidada en los cedros,
¡Cómo gemirás cuando te vengan los dolores,
Dolores como de mujer de parto!a
»Vivo Yo», declara el Señor, «aunque Conías1, hijo de Joacim, rey de Judáa fuera un anillo2 en Mi manob derecha, aun de allí lo3 arrancaría.
»Te entregaré en manos de los que buscan tu vida, sí, en manos de los que temes: en manos de Nabucodonosor, rey de Babiloniaa, y en manos de los caldeos.
»Te arrojaréa a ti y a la madreb que te dio a luz a otro país donde no nacieron, y allí morirán.
»Pero a la tierra a la cual con toda el alma anhelan volver, a ella no volverán.
»¿Es acaso este hombre Conías una vasija despreciada y rota?
¿Es un objeto indeseablea?
¿Por qué han sido arrojados él y sus descendientesb
Y echados a una tierra que no conocíanc?
»¡Oh tierra, tierra, tierra!,
Oye la palabra del Señora.
Así dice el Señor:
“Inscriban a este hombre como sin hijosa,
Hombre que no prosperará en sus días;
Porque ninguno de sus descendientes logrará1b
Sentarse sobre el trono de Davidc
Ni gobernar de nuevo en Judá”».
Los malos pastores y regreso del remanente
«¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de Mis pradosa!», declara el Señor.b
Por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a Mi pueblo: «Ustedes han dispersado Mis ovejas y las han ahuyentado, y no se han ocupado de ellas. Por eso Yo me encargaré de ustedes por la maldad de sus obrasa», declara el Señor.
«Yo mismo reuniré el remanente de Mis ovejas de todas las tierras adonde las he echado, y las haré volver a sus pastos; y crecerán y se multiplicarána.
»Pondré sobre ellas pastores que las apacentarána, y nunca más tendrán temor, ni se aterraránb, ni faltará ninguna de ellasc», declara el Señor.
«Vienen días», declara el Señora,
«en que levantaré a David un Renuevo justo;
Y Él reinará como reyb, actuará sabiamente1,
Y practicará el derecho y la justiciac en la tierrad.
»En sus días Judá será salvada,
E Israel morará seguroa;
Y este es Su nombre por el cual será llamadob:
“El Señor, justicia nuestrac”.
»Por tanto, vienen días», declara el Señor, «cuando no dirán más: ‘Vive el Señor, que hizo subir a los Israelitas de la tierra de Egiptoa”,
sino: “Vive el Señor que hizo subir y trajo a los descendientes1 de la casa de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde los había echado.’ Entonces habitarán en su propio sueloa».
En cuanto a los profetas:
Quebrantado está mi corazón dentro de mí,
Tiemblan todos mis huesosa;
Estoy como un ebrio,
Como un hombre a quien domina el vino,
Por causa del Señor
Y por causa de Sus santas palabras.
Porque la tierra está llena de adúlteros;
Porque a causa de la maldición se ha enlutado la tierraa,
Se han secado los pastos del desiertob.
Pues es mala la carrera de ellos
Y su poderío no es recto.
«Porque tanto el profeta como el sacerdote están corrompidosa;
Aun en Mi casa he hallado su maldad», declara el Señor.
«Por tanto, su camino será para ellos como sendas resbaladizas;
Serán empujados a las tinieblasa y en ellas caeránb;
Porque traeré sobre ellos calamidad
En el año de su castigoc», declara el Señor.
«Además, entre los profetasa de Samaria he visto algo ofensivo:
Profetizaban en nombre de Baal y extraviaban a Mi pueblob Israel.
»También entre los profetas de Jerusalén he visto algo horriblea:
Cometían1 adulterio y andaban2 en mentirasb;
Fortalecían las manos de los malhechores,
Sin convertirse ninguno de su maldadc.
Todos ellos son para Mí como Sodoma,
Y sus habitantes como Gomorrad.
»Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos acerca de los profetas:
“Voy a darles de comer ajenjo
Y hacerles que beban agua envenenadaa,
Porque de los profetas de Jerusalén
Ha salido la corrupción a todo el país”».
Así dice el Señor de los ejércitos:
«No escuchen las palabras de los profetas que les profetizana.
Ellos los conducen hacia lo vanob;
Les cuentan1 las visiones de su propia fantasía2c,
No de la boca del Señord.
»Dicen de continuo a los que me despreciana:
“El Señor ha dicho: ‘Tendrán pazb’ ”;
Y a todo el que anda en la terquedad de su corazónc
Dicen: “No vendrá calamidad sobre ustedesd”.
»Pero ¿quién ha estado en el consejo del Señor,
Y vio y oyó Su palabraa?
¿Quién ha prestado atención a Su1 palabra y la ha escuchadob?
»La tempestad del Señor ha salido con furor,
Un torbellino impetuoso
Descargará sobre la cabeza de los impíoas.
»No…
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Footnotes
Cross references
- a2 Rey. 24:17, 18; Jer. 32:1–3; 37:1; 52:1–3
- b2 Rey. 25:18; 1 Crón. 9:12; Jer. 29:25, 29; 37:3; 38:1; 52:24
- aEx. 9:28; Jer. 37:3, 17; Ezq. 14:7; 20:1–3
- bGn. 10:10; 2 Rey. 17:24; 25:1
- cSal. 44:1–3; Jer. 32:17
- aIsa. 5:5; 13:4; Jer. 32:5; 33:5; 37:8–10; 38:2, 3, 17, 18; 39:3; Lam. 2:5, 7; Zac. 14:2
- aIsa. 63:10
- bEx. 6:6; Dt. 4:34; Jer. 6:12
- cIsa. 5:25; Jer. 32:37
- aJer. 14:12; 32:24
- a2 Rey. 25:5–7, 18–21; Jer. 37:17; 39:5–9
- b2 Crón. 36:17; Jer. 13:14; Ezq. 7:9; Hab. 1:6–10
- aDt. 30:15, 19; Isa. 1:19, 20
- aJer. 14:12; 24:10
- bJer. 38:2, 17–23; 39:18; 45:5
- aLev. 17:10; Jer. 44:11, 27; Amós 9:4
- b2 Crón. 36:19; Jer. 32:28, 29; 34:2; 37:10; 38:3, 18; 39:8; 52:13
- aJer. 17:20
- aIsa. 7:2, 13
- bSal. 72:1; Isa. 1:17; Jer. 7:5; 22:3; Zac. 7:9, 10
- cSal. 101:8; Sof. 3:5
- dIsa. 1:31; Jer. 7:20
- eJer. 4:4; 17:4; Ezq. 20:47, 48; Nah. 1:6
- aJer. 23:30–32; Ezq. 13:8
- bSal. 125:2; Isa. 22:1
- c2 Sam. 5:6, 7; Jer. 49:4; Lam. 4:12; Abd. 3, 4
- aIsa. 3:10, 11; Jer. 17:10; 32:19
- b2 Crón. 36:19; Isa. 10:16, 18; Jer. 11:16; 17:27; 52:13; Ezq. 20:47, 48
- aIsa. 9:7; Jer. 17:25; 22:4, 30; Luc. 1:32
- aSal. 72:4; Isa. 58:6, 7; Jer. 7:5, 23; 21:12; Miq. 6:8; Zac. 7:9; 8:16; Mat. 23:23
- bEx. 22:21–24
- cJer. 7:6; 19:4; 22:17
- aJer. 17:25
- aJer. 17:27; 26:4
- bGn. 22:16; Amós 6:8; Heb. 6:13
- aGn. 37:25; Núm. 32:1; Cant. 4:1
- bSal. 107:34; Isa. 6:11; Jer. 7:34; Miq. 3:12
- aIsa. 10:3–6; Jer. 4:6, 7
- bIsa. 10:33, 34; 37:24
- cJer. 21:14
- aDt. 29:24–26; 1 Rey. 9:8, 9; 2 Crón. 7:20–22; Jer. 16:10
- a2 Rey. 22:17; 2 Crón. 34:25; Jer. 11:3
- aEcl. 4:2; Isa. 57:1; Jer. 16:7; 22:18
- bJer. 25:27; 44:14
- a2 Rey. 23:30–34; 1 Crón. 3:15; 2 Crón. 36:1–4
- a2 Rey. 23:34; Jer. 22:18
- aJer. 17:11; Miq. 3:10; Hab. 2:9
- bLev. 19:13; Sant. 5:4
- aIsa. 5:8
- b2 Sam. 7:2; Hag. 1:4
- a2 Rey. 23:25; Jer. 7:5; 21:12
- bSal. 128:2; Isa. 3:10; Jer. 42:6
- aSal. 72:1–4, 12, 13
- b1 Crón. 28:9; Jer. 9:24
- aJer. 6:13; 8:10; Luc. 12:15–20
- b2 Rey. 24:4; Jer. 22:3
- a2 Rey. 23:36–24:6; 2 Crón. 36:5
- bJer. 22:10; 34:5
- c1 Rey. 13:30
- a1 Rey. 21:23, 24; Jer. 36:30
- aNúm. 27:12; Dt. 32:49
- bJer. 2:25; 3:1
- aJer. 3:24, 25; 13:10; 19:15; 32:30
- aJer. 23:1
- bJer. 30:14
- cIsa. 65:13; Jer. 20:11
- aJer. 4:31; 6:24
- a2 Rey. 24:6; 1 Crón. 3:16; 2 Crón. 36:9; Jer. 37:1
- bCant. 8:6; Isa. 49:16; Hag. 2:23
- a2 Rey. 24:15, 16; Jer. 21:7; 34:20, 21
- a2 Rey. 24:15; Jer. 10:18; 16:13
- b2 Rey. 24:8
- aSal. 31:12; Jer. 48:38; Os. 8:8
- bJer. 15:1
- cJer. 17:4
- aDt. 4:26; Jer. 6:19; Miq. 1:2
- a1 Crón. 3:17; Mat. 1:12
- bJer. 2:37; 10:21
- cSal. 94:20; Jer. 36:30
- aIsa. 56:9–12; Jer. 10:21; 50:6; Ezq. 13:3; 34:2; Zac. 11:17
- bEzq. 34:31
- aEx. 32:34; Jer. 21:12; 44:22
- aIsa. 11:11, 12, 16; Jer. 31:7, 8; 32:37
- aJer. 3:15; 31:10; Ezq. 34:23
- bJer. 30:10; 46:27, 28
- cJuan 6:39; 10:28; 1 Ped. 1:5
- aJer. 33:14–16
- bIsa. 9:7; 52:13; Luc. 1:32, 33
- cSal. 72:2; Isa. 9:7; 32:1; Dan. 9:24
- dIsa. 4:2; 11:1–5; 53:2; Jer. 30:9; 33:15, 16; Zac. 3:8; 6:12, 13
- aDt. 33:28; Jer. 30:10; Zac. 14:11
- bIsa. 7:14; 9:6; Mat. 1:21–23
- cIsa. 45:24; Jer. 33:16; Dan. 9:24; Rom. 3:22; 1 Cor. 1:30
- aIsa. 43:18, 19; Jer. 16:14, 15
- aIsa. 43:5, 6; Jer. 16:15; Ezq. 34:13; Amós 9:14, 15
- aJer. 8:18; Hab. 3:16
- aJer. 9:2; Os. 4:2, 3; Mal. 3:5
- bSal. 107:34; Jer. 9:10; 12:4
- aJer. 6:13; Sof. 3:4
- aSal. 35:6; Prv. 4:19; Jer. 13:16
- bIsa. 8:22; Juan 12:35
- cJer. 11:23
- aOs. 9:7, 8
- b1 Rey. 18:18–21; Isa. 9:16; Jer. 2:8; 23:32
- aJer. 5:30
- bJer. 29:23
- cJer. 23:22; Ezq. 13:22, 23
- dGn. 18:20; Dt. 32:32; Isa. 1:9, 10; Jer. 20:16; 49:18; Mat. 11:24
- aDt. 29:18; Jer. 8:14; 9:15
- aJer. 27:9, 10, 14–17; 1 Jn. 4:1
- bMat. 7:15; 2 Cor. 11:13–15; Gál. 1:8, 9
- cJer. 14:14; Ezq. 13:3, 6
- dJer. 9:12, 20
- aMiq. 2:11
- bJer. 8:11; Ezq. 13:10
- cJer. 13:10; 18:12
- dJer. 5:12; Amós 9:10; Miq. 3:11
- aJob 15:8, 9; Jer. 23:22; 1 Cor. 2:16
- bJob 33:31
- aJer. 25:32; 30:23; Amós 1:14
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