Hechos de los Apóstoles 20:5–28:16
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Pero estos se habían adelantado y nosa esperaban en Troasb.
Nos embarcamosa en Filiposb después de los días de la Fiesta de los Panes sin Levadura1c, y en cinco días llegamos adonde ellos estaban en Troasd; y allí nos quedamos siete días.
Despedida de Pablo en Troas
El primer día de la semanaa, cuando estábamos reunidosb para partir el panc, Pablo les hablaba, pensando salir al día siguiente, y prolongó su discurso1 hasta la medianoche.
Había muchas lámparasa en el aposento altob donde estábamos reunidos.
Y estaba sentado en la ventana un joven llamado Eutico. Como Pablo continuaba hablando, Eutico fue cayendo en un profundo sueño hasta que, vencido por el sueño, se cayó desde el tercer piso y lo levantaron muerto.
Pero Pablo bajó y se tendió sobre éla, y después de abrazarlo, dijo: «No se alarmen1, porque está vivo2b».
Volviendo arriba, después de partir el pana y de comer1, conversó largamente con ellos hasta el amanecer, y entonces se marchó.
Al muchacho se lo llevaron vivo, y quedaron grandemente1 consolados.
Viaje de Troas a Mileto
Entonces nosotrosa, adelantándonos a tomar la nave, salimos para Asón, con el propósito de recoger allí a Pablo, pues así lo había decidido, deseando él ir por tierra1 hasta Asón.
Cuando nos encontró en Asón, lo recibimos a bordo y nos dirigimos a Mitilene.
Saliendo de allí, al día siguiente llegamos frente a Quío; y al otro día atracamos en Samos. Habiendo hecho escala en Trogilio1, al día siguiente llegamos a Miletoa.
Porque Pablo había decidido dejar a un lado a Éfesoa para no detenerse en Asiab, pues se apresuraba para estar, en Jerusalénc el día de Pentecostésd si le era posible.
Desde Mileto mandó mensaje a Éfesoa y llamó a los ancianosb de la iglesia.
Despedida en Mileto
Cuando vinieron a él, les dijo:
«Ustedes bien saben cómo he sido con ustedes todo el tiempo, desde el primer día que estuve1 en Asiaa.
»He servido al Señor con toda humildad, con lágrimas y con pruebas que vinieron sobre mí por causa de las intrigas de los judíosa.
»Bien saben cómo no rehuí declararles a ustedesa nada que fuera útil, y de enseñarles públicamente y de casa en casa1,
testificandoa solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimientob para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristoc.
»Ahora yo, atado en espíritu1, voy a Jerusaléna sin saber lo que allá me sucederá,
salvo que el Espíritu Santoa solemnemente me da testimoniob en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y afliccionesc.
»Pero en ninguna manera estimoa mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera1a y el ministeriob que recibí del Señor Jesúsc, para dar testimoniod solemnemente del evangelio de la gracia de Diose.
»Y ahora, yo sé que ninguno de ustedes, entre quienes anduve predicando el reinoa, volverá a ver mi rostro.
»Por tanto, les doy testimonio1 en este día de que soy inocente2a de la sangre de todos,
pues no rehuí declararlesa todo el propósito1 de Diosb.
»Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregacióna, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos1 para pastorear la iglesia de Diosb, la cual Él compró2 con Su propia sangrec.
»Sé que después de mi partida, vendrán lobos ferocesa entre ustedes que no perdonarán el rebañob.
»También de entre ustedes mismos se levantarán algunos1 hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulosa tras ellos.
»Por tanto, estén alerta, recordando que por tres añosa, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimasb.
»Ahora los encomiendo a Dios1a y a la palabra de Su graciab, que es poderosa para edificarlosc y darles la herencia entre todos los santificadosd.
»Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciadoa.
»Ustedes saben que estas manosa me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigob.
“En todo les mostré que así, trabajando, deben ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: ‘Más bienaventurado es dar que recibir.’ ”
Cuando Pablo terminó de hablar1, se arrodilló y oróa con todos ellos.
Comenzaron todos a llorar desconsoladamente1, y abrazando a2 Pablo, lo besabana.
Estaban afligidos1 especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostroa. Y lo acompañaronb hasta el barco.
Despedida en Tiro
Después de separarnosa de ellos, salimos y navegamos con rumbo directob a Cos, al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara.
Al encontrar un barco que iba para Feniciaa, subimos a bordo y nos hicimos a la vela.
Cuando vimos la isla de Chiprea, dejándola a la izquierda, navegamos hacia Siriab, y desembarcamos en Tiroc porque la naved debía dejar allí su cargamento.
Después de hallar a los discípulosa, nos quedamos allí siete días, y ellos le decían a Pablo, por el Espíritu1b, que no fuera a Jerusalén2.
Pasados aquellos días1 partimos y emprendimos nuestro viaje mientras que todos ellos, con sus mujeres e hijos, nos acompañarona hasta las afueras de la ciudad. Después de arrodillarnos y orarb en la playa, nos despedimos unos de otros.
Entonces subimos al barco y ellos regresaron a sus hogaresa.
Pablo en Cesarea
Terminado el viaje desde Tiroa, llegamos a Tolemaida, y después de saludar a los hermanosb, nos quedamos con ellos un día.
Al día siguiente partimos y llegamos a Cesareaa, y entrando en la casa de Felipe, el evangelistab, que era uno de los sietec, nos quedamos con él.
Este tenía cuatro hijas vírgenes que profetizabana.
Y deteniéndonos allí varios días, descendió de Judea cierto profeta llamado Agaboa,
quien vino1 a vernos, y tomando el cinto de Pabloa, se ató las manos y los pies, y dijo: «Así dice el Espíritu Santob: “Así ataránc los judíos en Jerusalén al dueño de este cinto, y lo entregarán en manos de los gentilesd”».
Al escuchar esto, tanto nosotros como los que vivían allí1 le rogábamos que no subiera a Jerusaléna.
Entonces Pablo respondió: «¿Qué hacen, llorando y quebrantándome el corazón? Porque listo estoy no solo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesúsa».
Como no se dejaba persuadir, dejamos de insistir, diciéndonos: «Que se haga la voluntad del Señora»
Después de estos días nos preparamos y comenzamos a subir hacia Jerusaléna.
Nos acompañaron también algunos de los discípulosa de Cesareab, quienes nos condujeron a Mnasón, de Chiprec, un antiguod discípulo con quien deberíamos hospedarnos.
Pablo en Jerusalén
Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanosa nos recibieron con regocijo.
Al día siguiente Pablo fue1 con nosotros a ver a Jacobo2a, y todos los ancianosb estaban presentes.
Después de saludarlos, comenzó a referirles una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentilesa mediante su ministeriob.
Ellos, cuando lo oyeron, glorificaban a Diosa y le dijeron: «Hermano, ya ves cuántos miles1 hay entre los judíos que han creído, y todos son celosos de la leyb.
»Se les ha contado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisésa, diciéndoles que no circuncidenb a sus hijos ni observen1 las tradicionesc.
»Entonces, ¿qué es lo que se debe hacer? Porque sin duda la multitud se reunirá1 pues oirán que has venido.
»Por tanto, haz esto que te decimos. Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto1a;
tómalos y purifícate junto con ellosa, y paga sus gastos1 para que se rasuren la cabezab. Así todos sabrán que no hay nada cierto en lo que se les ha dicho acerca de ti, sino que tú también vives ordenadamente, guardando la ley.
»Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito, habiendo decidido que deben abstenerse de todo lo que ha sido sacrificado a los ídolos, de sangre y de comer carne de animales estrangulados y de fornicacióna»
Entonces Pablo tomó consigo a los hombres, y al día siguiente, purificándose1 junto con ellosa, fue al templo, notificando de la terminación de los días de purificaciónb, hasta que el sacrificio se ofreciera por cada uno de ellos.
El tumulto en el templo
Cuando estaban para cumplirse los siete díasa, los judíosb de Asia1c, al verlo en el templo alborotaron a todo el pueblo y le echaron mano,
gritando: «¡Hombres de Israel1, ayúdennos! Este es el hombre que enseña2 a todos, por todas partes, contra nuestro pueblo, la ley y este lugara. Además, incluso ha traído griegos al templo, y ha profanado este lugar santob»
Pues anteriormente habían visto a Trófimoa el Efesiob con él en la ciudad, y pensaban que Pablo lo había traído al templo.
Se alborotó toda la ciudad, y llegó el pueblo corriendo de todas partes1. Apoderándose de Pablo lo arrastraron fuera del temploa, y al instante cerraron las puertas.
Mientras procuraban matarlo, llegó aviso al comandante1 de la compañía2 romanaa que toda Jerusalén estaba en confusión.
Inmediatamente tomó consigo algunos soldados y centuriones, y corrió hacia ellos; cuando el pueblo vio al comandante y a los soldados, dejaron de golpear a Pabloa.
Entonces el comandante llegó y lo arrestó, y ordenó que lo atarana con dos cadenasb, y preguntaba quién era y qué había hecho.
Pero entre la muchedumbre unos gritaban una cosa y otros otraa, y como él no pudo averiguar con certeza los hechos, debido al tumulto, ordenó que llevaran a Pablo al cuartelb.
Cuando Pablo llegó a las gradasa, los soldados tuvieron que cargarlo por causa de la violencia de la turba1;
porque la multitud del pueblo lo seguía, gritando: «¡Mueraa!»
Defensa de Pablo en Jerusalén
Cuando estaban para meterlo en el cuartela, Pablo dijo al comandante: «¿Puedo decirte algo?». Y él dijo*: «¿Sabes griego?
»¿Entonces tú no eres el egipcio que hace tiempo1 levantó una revuelta y sacó los 4,000 hombresa de los asesinos2 al desiertob?»
Pablo respondió: «Yo soy judío de Tarsoa de Ciliciab, ciudadano de una ciudad no sin importancia. Te suplico que me permitas hablar al pueblo»
Cuando el comandante le concedió el permiso, Pablo, de pie sobre las gradasa, hizo señal al pueblo con su manob, y cuando hubo1 gran silencio, les habló en el idioma hebreo2c:
«Hermanos y padres, escuchena mi defensa que ahora presento…
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Footnotes
- 1O de los Ázimos.
- 1 la palabra.
- 1O Dejen de estar atribulados.
- 2 su vida está en él.
- 1 probar.
- 1 no poco.
- 1 a pie.
- 1Los más antiguos no incluyen: habiendo hecho… Trogilio.
- 1 puse el pie.
- 1O en los varios hogares privados.
- 1O en el Espíritu.
- 1Algunos agregan: con gozo.
- 1O los llamo como testigos.
- 2 limpio.
- 1O consejo, o, designio.
- 1O supervisores.
- 2 adquirió.
- 1 hombres.
- 1Un antiguo dice: al Señor.
- 1 Y diciendo esto.
- 1 hubo un considerable llanto de todos.
- 2 y echándose al cuello de.
- 1 sufriendo dolor.
- 1I.e. por causa de impresiones dadas por el Espíritu.
- 2 que no pusiera el pie en Jerusalén.
- 1 cuando habíamos completado los días.
- 1 y viniendo.
- 1 los del lugar.
- 1 entró.
- 2O Santiago, hermano de Jesús.
- 1 diez miles.
- 1 ni anden conforme a.
- 1Algunos antiguos no incluyen: la multitud se reunirá.
- 1 tienen un voto sobre sí.
- 1 gasta en ellos.
- 1O tomó a los hombres el día siguiente y purificándose.
- 1I.e. provincia occidental de Asia Menor.
- 1 Hombres de Israel.
- 2O predica.
- 1 ocurrió un correr junto de todo el pueblo.
- 1 quiliarca; oficial militar romano al mando de mil soldados, y así en el resto del
- 2I.e. tropa.
- 1O multitud.
- 1 días.
- 2O sicarios.
- 1 ocurrió.
- 2I.e. arameo judaico.
Cross references
- aHech. 16:10–17; 20:5–15; 21:1–18; 27:1–28:16
- bHech. 16:8
- aHech. 16:10; 20:5–15
- bHech. 16:12
- cHech. 12:3
- dHech. 16:8
- a1Cor. 16:2; Apoc. 1:10
- bHech. 16:10; 20:5–15
- cHech. 2:42; 20:11
- aMat. 25:1
- bHech. 1:13
- a1Rey. 17:21; 2Rey. 4:34
- bMat. 9:23, 24; Mar. 5:39
- aHech. 2:42; 20:7
- aHech. 16:10; 20:5–15
- aHech. 20:17; 2Tim. 4:20
- aHech. 18:19
- bHech. 16:6; 20:4, 18
- cHech. 19:21; 20:6, 22; 1Cor. 16:8
- dHech. 2:1
- aHech. 18:19
- bHech. 11:30
- aHech. 18:19; 19:1, 10; 20:4, 16
- aHech. 20:3
- aHech. 20:27
- aLuc. 16:28; Hech. 18:5; 20:23, 24
- bHech. 2:38; 11:18; 26:20
- cHech. 24:24; 26:18; Ef. 1:15; Col. 2:5; Filem. 5
- aHech. 17:16; 20:16
- aHech. 8:29
- bLuc. 16:28; Hech. 18:5; 20:21, 24
- cHech. 9:16; 21:33
- aHech. 13:25; 2Tim. 4:7
- bHech. 1:17
- cHech. 21:13
- dLuc. 16:28; Hech. 18:5; 20:21
- eHech. 11:23; 20:32
- aMat. 4:23; Hech. 28:31
- aHech. 18:6
- aHech. 20:20
- bHech. 13:36
- aLuc. 12:32; Juan 21:15–17; Hech. 20:29; 1Ped. 5:2, 3
- bMat. 16:18; Rom. 16:16; 1Cor. 10:32
- cEf. 1:7, 14; Tito 2:14; 1Ped. 1:19; 2:9; Apoc. 5:9
- aEzq. 22:27; Mat. 7:15
- bLuc. 12:32; Juan 21:15–17; Hech. 20:28; 1Ped. 5:2, 3
- aHech. 11:26
- aHech. 19:8, 10; 24:17
- bHech. 20:19
- aHech. 14:23
- bHech. 14:3; 20:24
- cHech. 9:31
- dHech. 26:18; Ef. 1:14; 5:5; Col. 1:12; 3:24; Heb. 9:15; 1Ped. 1:4
- a1Cor. 9:4–18; 2Cor. 11:7–12; 12:14–18; 1Tes. 2:5, 6
- aHech. 18:3
- bHech. 19:22
- aLuc. 22:41; Hech. 9:40; 21:5
- aLuc. 15:20
- aHech. 20:25
- bHech. 15:3
- a(nosotros) Hech. 16:10–17; 20:5–15; 21:1–18; 27:1–28:16
- bHech. 16:11
- aHech. 11:19; 21:3
- aHech. 4:36; 21:16
- bMat. 4:24
- cHech. 12:20; 21:7
- dHech. 21:2
- aHech. 11:26; 21:16
- bHech. 20:23; 21:11
- aHech. 15:3
- bLuc. 22:41; Hech. 9:40; 20:36
- aJuan 19:27
- aHech. 12:20; 21:3
- bHech. 1:15; 21:17
- aHech. 8:40; 21:16
- bHech. 6:5; 8:5
- cEf. 4:11; 2Tim. 4:5
- aLuc. 2:36; Hech. 13:1; 1Cor. 11:5
- aHech. 11:28
- a1Rey. 22:11; Isa. 20:2; Jer. 13:1–11; 19:1, 11; Juan 18
- bHech. 8:29
- cHech. 9:16; 21:33
- dMat. 20:19
- aHech. 21:15
- aHech. 5:41; 9:16; 20:24
- aLuc. 22:42
- aHech. 21:12
- aHech. 21:4
- bHech. 8:40
- cHech. 4:36; 21:3
- dHech. 15:7
- aHech. 1:15; 21:7
- aHech. 12:17
- bHech. 11:30
- aHech. 14:27
- bHech. 1:17
- aMat. 9:8
- bHech. 15:1; 22:3; Rom. 10:2; Gál. 1:14
- aHech. 21:28
- b1Cor. 7:18, 19
- cHech. 6:14; 15:19 y
- aNúm. 6:13–21; Hech. 18:18
- aJuan 11:55; Hech. 21:26; 24:18
- bHech. 18:18
- aHech. 15:19, 20, 29
- aJuan 11:55; Hech. 21:24; 24:18
- bNúm. 6:13; Hech. 24:18
- aNúm. 6:9, 13–20
- bHech. 20:19
- cHech. 16:6; 24:18
- aHech. 6:13
- bMat. 24:15; Hech. 6:13, 14; 24:6
- aHech. 20:4
- bHech. 18:19
- a2Rey. 11:15; Hech. 16:19; 26:21
- aHech. 10:1
- aHech. 23:27
- aHech. 20:23; 21:11; 22:29; 26:29; 28:20; Ef. 6:20; 2Tim. 1:16; 2:9
- bHech. 12:6
- aHech. 19:32
- bHech. 21:37; 22:24; 23:10, 16, 32
- aHech. 21:40
- aLuc. 23:18; Juan 19:15; Hech. 22:22
- aHech. 21:34; 22:24; 23:10, 16, 32
- aHech. 5:36
- bMat. 24:26
- aHech. 9:11
- bHech. 6:9; 22:3
- aHech. 21:35
- bHech. 12:17
- cJuan 5:2; Hech. 1:19; 22:2; 26:14
- aHech. 7:2
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