Estudio bíblico Logos

Habacuc 1–2

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Castigo de Judá por medio de los caldeos

Oráculoa1 que tuvo en visión el profeta Habacuc.

¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda,

Y no escucharása?

Clamo a Ti: «¡Violencia!».

Sin embargo, Tú no salvasb.

¿Por qué me haces ver la iniquidada,

Y me haces mirar la opresión?

La destrucción y la violencia están delante de míb,

Hay rencilla y surge la discordiac.

Por eso no se cumple la leya

Y nunca prevalece la justicia1.

Porque el impío asedia al justob;

Por eso sale pervertida la justicia.c

«¡Miren entre las naciones! ¡Observena!

¡Asómbrense, quédense atónitosb!

Porque haré una obra en sus días

Que ustedes no la creerían si alguien se la contarac.

»Porque voy a levantar a los caldeos1,

Pueblo feroz e impetuosoa,

Que marcha por la anchura de la tierra

Para apoderarse de moradas ajenasb.

»Imponente y temible esa;

De él mismo proceden su justicia y su grandezab.

»Sus caballosa son más veloces que leopardos

Y más astutos que lobos al anochecerb.

Al galope vienen sus jinetes,

Sus jinetes vienen de lejos,

Vuelan como águilac que se precipita a devorar.

»Vienen todos ellos para hacer violencia,

Su horda de rostros avanzaa,

Recoge cautivos como arena.

»Se burla de los reyesa,

Y los gobernantes le son motivo de risa;

Se ríe de toda fortalezab,

Amontona escombros para tomarlac.

»Entonces pasará como el vientoa y seguirá,

Y se le tendrá por culpableb,

Porque hace de su poderc su dios».

¿No eres Tú desde la eternidad,

Oh Señor, Dios mío, Santo míoa?

No moriremos.

Oh Señor, para juicio lo has puestob;

Tú, oh Rocac, lo has establecido para corrección.

Muy limpios son Tus ojos para mirar el mala,

Y no puedes contemplar la opresión.

¿Por qué miras con agradob

A los que proceden pérfidamentec,

Y guardas silenciod cuando el impío devorae

Al que es más justo que él?

¿Por qué has hecho a los hombres como los peces del mar,

Como reptiles que no tienen jefe?

A todos los saca con anzueloa el pueblo invasor,

Los arrastra con su red

Y los junta en su mallab.

Por eso se alegra y se regocija,

Por eso ofrece sacrificio a su red

Y quema incienso a su malla,

Pues gracias a ellas su pesca es abundantea,

Y suculenta su comida.

¿Vaciará, pues, su reda

Y seguirá matando sin piedad a las nacionesb?

Estaré en mi puesto de guardiaa,

Y sobre la fortaleza me pondré;

Velaréb para ver lo que Él me dicec,

Y qué he de responder cuando sea reprendido.

Respuesta de Dios

Entonces el Señor me respondió:

«Escribe la visión y grábala en tablasa,

Para que corra el que la lea.

»Porque es aún visión para el tiempo señaladoa;

Se apresura hacia el fin y no defraudará.

Aunque tarde, espéralab;

Porque ciertamente vendrá, no tardarác.

»Así es el orgullosoa:

En él, su alma no es recta,

Mas el justo por su fe viviráb.

»Además, el vinoa traiciona al hombre arroganteb,

De modo que no se queda en casac.

Porque ensancha su garganta como el Seol1d,

Y es como la muerte, que nunca se sacia;

Reúne para sí todas las naciones,

Y recoge para sí todos los pueblos.

»¿No pronunciarán todos estos contra él una sátiraa,

Y burlas e intrigas contra él?

Y dirán: “¡Ay del que aumenta lo que no es suyob

¿hasta cuándo?

Y se hace rico con préstamos!”.

»¿No se levantarán de repente tus acreedoresa,

Y se despertarán tus cobradores?

Ciertamente serás despojo para ellos.

»Porque tú has despojado a muchas naciones,

Todos los demás pueblos te despojarán a tia,

Por la sangre humana y la violencia hecha a la tierra,

Al pueblo y a todos sus habitantes.

»¡Ay del que obtiene ganancias ilícitas para su casaa,

Para poner en alto su nidob,

Para librarse de la mano de la calamidad!

»Has tramado cosa vergonzosa para tu casaa,

Destruyendo a muchos pueblos,

Pecando contra ti mismob.

»Ciertamente la piedra clamará desde el muroa,

Y la viga le contestará desde el armazón.

»¡Ay del que edifica una ciudad con sangre

Y funda un pueblo con violenciaa!

»¿No viene del Señor de los ejércitos

Que los pueblos trabajen para el fuegoa

Y las naciones se fatiguen en vano?

»Pues la tierra se llenará

Del conocimiento de la gloria del Señor

Como las aguas cubren el mara.

»¡Ay del que da de beber a su prójimo!

¡Ay de ti que mezclas tu veneno hasta embriagarlo,

Para contemplar su desnudez!

»Serás saciado de deshonra más que de gloria.

Bebe tú también y muestra tu desnudeza.

Se volverá sobre ti la copa de la diestra del Señorb,

Y la ignominiac sobre tu gloria.

»Porque la violencia contra el Líbano te cubriráa,

Y el exterminio de las fieras te aterrará,

A causa del derramamiento de sangre humana y la violencia hecha a la tierra,

A la ciudad y a todos los que habitan en ellab.

»¿De qué sirve el ídolo que su artífice ha esculpidoa,

O la imagen fundida, maestra de mentirasb,

Para que su hacedor confíe en su obra

Cuando hace ídolos mudosc?

»¡Ay del que dice al maderoa: “Despiertab”,

O a la piedra muda: “Levántate!”.

¿Será esto tu maestro?

Mira que está cubierto de oro y plata,

Y no hay aliento alguno en su interiorc.

»Pero el Señor está en Su santo temploa:

Calle delante de Él toda la tierrab».

Leer en Logos

Notas al pie

  1. 1O Profecía.
  2. 1O el derecho.
  3. 1O babilonios.
  4. 1 región de los muertos.

Referencias cruzadas

  1. aIsa. 13:1; Nah. 1:1
  2. aSal. 13:1, 2; 22:1, 2
  3. bJer. 14:9
  4. aSal. 55:9–11; Jer. 20:18
  5. bJer. 20:8
  6. cJer. 15:10
  7. aSal. 58:1, 2; 119:126; Isa. 59:12–14
  8. bSal. 22:12; Isa. 1:21–23
  9. cIsa. 5:20; Ezq. 9:9
  10. aHech. 13:41
  11. bIsa. 29:9
  12. cIsa. 29:14; Ezq. 12:22–28
  13. a2 Rey. 24:2; Jer. 4:11–13
  14. bJer. 8:10
  15. aIsa. 18:2, 7
  16. bJer. 39:5–9
  17. aJer. 4:13
  18. bSof. 3:3
  19. cEzq. 17:3; Os. 8:1
  20. a2 Rey. 12:17; Dan. 11:17
  21. a2 Crón. 36:6, 10; Isa. 37:13
  22. bIsa. 10:9; 14:16
  23. cJer. 32:24; Ezq. 26:8
  24. aJer. 4:11, 12
  25. bJer. 2:3
  26. cDan. 4:30; Hab. 1:16
  27. aDt. 33:27; Sal. 90:2; Mal. 3:6
  28. bIsa. 10:5, 6; Mal. 3:5
  29. cDt. 32:4
  30. aSal. 11:4–6; 34:15, 16
  31. bJer. 12:1, 2
  32. cIsa. 24:16
  33. dSal. 50:21
  34. eSal. 35:25
  35. aJer. 16:16; Amós 4:2
  36. bSal. 10:9
  37. aJer. 44:17
  38. aIsa. 19:8
  39. bIsa. 14:5, 6
  40. aIsa. 21:8
  41. bSal. 5:3
  42. cSal. 85:8
  43. aDt. 27:8; Rom. 15:4; Apoc. 1:19
  44. aDan. 8:17, 19; 10:14
  45. bSal. 27:14
  46. cEzq. 12:25; Heb. 10:37
  47. aSal. 49:18; Isa. 13:11
  48. bRom. 1:17; Gál. 3:11; Heb. 10:38
  49. aPrv. 20:1
  50. bPrv. 21:24
  51. c2 Rey. 14:10
  52. dPrv. 27:20; 30:16; Isa. 5:11–15
  53. aIsa. 14:4–10; Jer. 50:13
  54. bJob 20:15–29; Hab. 2:12
  55. aPrv. 29:1
  56. aIsa. 33:1; Jer. 27:7; Zac. 2:8
  57. aJer. 22:13; Ezq. 22:27
  58. bJer. 49:16
  59. a2 Rey. 9:26; Nah. 1:14; Hab. 2:16
  60. bJer. 26:19
  61. aJos. 24:27; Luc. 19:40
  62. aMiq. 3:10; Nah. 3:1
  63. aIsa. 50:11; Jer. 51:58
  64. aSal. 22:27; Isa. 11:9; Zac. 14:9
  65. aLam. 4:21
  66. bJer. 25:15, 17
  67. cNah. 3:6
  68. aJoel 3:19; Zac. 11:1
  69. bSal. 55:23; Jer. 51:35; Hab. 2:8
  70. aIsa. 42:17; 44:9; Jer. 2:27, 28
  71. bJer. 18:8, 14; Zac. 10:2
  72. cSal. 115:4, 8
  73. aJer. 2:27, 28; 10:3
  74. b1 Rey. 18:26–29
  75. cSal. 135:15–18; Jer. 10:4, 9, 14
  76. aMiq. 1:2
  77. bSof. 1:7; Zac. 2:13