Estudio bíblico Logos

Ezequiel 3–4

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Comisión del profeta

Entonces Él me dijo: «Hijo de hombre, come lo que tienes delante; cómete este rolloa, y ve, habla a la casa de Israel».

Abrí, pues, mi bocaa, y Él me dio a comer el rollo.

Entonces me dijo: «Hijo de hombre, alimenta tu estómago y llena tu cuerpo1a de este rollo que te doy». Y lo comíb, y fue en mi boca dulce como la mielc.

Me dijo además: «Hijo de hombre, ve a la casa de Israel y háblales con Mis palabras.

»Porque no eres enviado a un puebloa de habla incomprensible y lengua difícil1b, sino a la casa de Israel.

»Tampoco te envío a pueblos numerosos de habla incomprensible y lengua difícil cuyas palabras no puedas entender. Aunque si1 te enviara a ellos, ellos te escucharían.

»Pero la casa de Israel no querrá escucharte, ya que no quieren escucharme a Mía. Ciertamente toda la casa de Israel es terca y de duro corazón.

»Por eso he hecho tu rostro tan duro como sus rostros, y tu frente tan dura como sus frentes.

»Como esmeril, más duro que el pedernal, he hecho tu frente. No les temas ni te atemorices ante ellos, porque son casa rebelde».

Además me dijo: «Hijo de hombre, recibe en tu corazón todas Mis palabras que Yo te habloa, y escúchalas atentamente.

»Y ve a los desterrados, a los hijos de tu pueblo; háblales y diles, escuchen o dejen de escuchar: “Así dice el Señor Dios”».

Entonces el Espíritu me levantóa, y oí detrás de mí un gran ruido atronadorb: «Bendita sea la gloria del Señor desde Su lugar».

Oí el ruido de las alas de los seres vivientes que se tocaban una a la otra, y el ruido de las ruedas junto a ellosa, un gran ruido atronador.

El Espíritu me levantó y me tomó; yo iba con amargura en la indignación de mi espíritu, y la mano del Señor era fuerte sobre mía.

Entonces vine a los desterrados de Tel Abib que habitaban junto al río Quebar, y allí donde ellos vivían, estuve sentado siete díasa, atónito, en medio de ellos.

aDespués de los siete días vino a mí la palabra del Señorb:

«Hijo de hombre, te he puesto por centinelaa de la casa de Israel. Cuando oigas la palabra de Mi boca, adviérteles de Mi parteb.

»Cuando Yo diga al impío: “Ciertamente morirás”, si no le adviertes, si no hablas para advertir al impío de su mal camino a fin de que viva, ese impío morirá por su iniquidad, pero Yo demandaré su sangre de tu manoa.

»Pero si tú has advertido al impío, y este no se aparta de su impiedad ni de su camino impío, él morirá por su iniquidad, pero tú habrás salvado tu vidaa.

»Y cuando un justo se desvíe de su justicia y cometa iniquidad, Yo pondré un obstáculo delante de él, y morirá; porque tú no le advertiste, él morirá por su pecado, y las obras de justicia que había hecho no serán recordadasa, pero Yo demandaré su sangre de tu manob.

»Sin embargo, si tú has advertido al justo de que el justo no debe pecar, y él no peca, ciertamente vivirá porque aceptó la advertenciaa, y tú habrás salvado tu vida»

La mano del Señor vino allí sobre mí, y Él me dijo: «Levántate, ve a la llanura, y allí te hablaréa».

Así que me levanté y salí a la llanura; y la gloria del Señor estaba parada allí, como la gloria que yo había vistoa junto al río Quebarb, y caí rostro en tierra.

Entonces el Espíritu entró en mí, me hizo ponerme en pie y habló conmigoa, y me dijo: «Ve, enciérrate en tu casa.

»Y tú, hijo de hombre, mira, te echarán cuerdas y con ellas te atarána para que no salgas en medio de ellos.

»Haré que tu lengua se te pegue al paladar y enmudecerása, y no serás para ellos el hombre que reprenda, porque son una casa rebelde.

»Pero cuando Yo te hable, te abriré la bocaa, y les dirás: “Así dice el Señor Dios”. El que oye, que oiga; el que rehúse oír, que rehúse; porque son una casa rebeldeb.

Símbolos del sitio de Jerusalén

»Y tú, hijo de hombre, toma una tableta de barroa, ponla delante de ti y graba en ella una ciudad, Jerusalén.

»Entonces pon sitio contra ella: edifica un muro de asedio contra ella, echa un terraplén contra ella, pon campamentos delante de ella, y coloca contra ella arietesa alrededor.

»Después toma una sartén de hierro y colócala como un muro de hierro entre ti y la ciudad, dirige tu rostro hacia ella y quedará bajo sitio: tú la sitiarása. Esta es una señal para la casa de Israelb.

»Y tú acuéstate sobre el lado izquierdo, y pon sobre él la iniquidad de la casa de Israel; por el número de días que estés acostado sobre él, llevarás su iniquidada.

»Porque Yo te he asignado un número de días igual a los años de su iniquidad, 390 días. Tú cargarás, pues, con la iniquidada de la casa de Israel.

»Cuando los hayas cumplido, te acostarás por segunda vez, pero sobre el lado derecho, y llevarás la iniquidad de la casa de Judá. Te la he asignado por cuarenta días, un día por cada añoa.

»Entonces dirigirás tu rostro y tu brazo desnudo hacia el sitio de Jerusalén, y profetizarás contra ellaa.

»Te ataré con cuerdas para que no puedas volverte de un lado a otroa, hasta que hayas cumplido los días de tu sitio.

»En cuanto a ti, toma trigo, cebadaa, habas, lentejas, millo y centeno; ponlos en una vasija y hazte pan con ellos; conforme al número de días que estés acostado sobre tu lado, 390 días, lo comerás.

»El alimento que comas será de 20 siclos (228 gramos)a de peso por día; lo comerás de tiempo en tiempo.

»Beberás el agua por medida: la sexta parte de un hin (medio litro); la beberás de tiempo en tiempo.

»Comerás torta de cebada, habiéndola cocido sobre excrementos humanos a la vista de ellosa»

Entonces el Señor dijo: «Así comerán los israelitas su pan inmundoa entre las naciones donde los arrojaré».

Pero yo dije: «¡Ah, Señor Diosa! Nunca me he contaminado; porque desde mi juventud hasta ahora nunca he comido animal muertob o despedazadoc, ni jamás ha entrado en mi boca carne inmundad».

Entonces Él me dijo: «Mira, te concedo que prepares tu pan sobre estiércol de vaca en lugar de sobre excremento humano»

Me dijo además: «Hijo de hombre, voy a romper la provisión de pan en Jerusalén, y comerán el pan por pesoa y con angustia, y beberán el agua por medida y con terrorb,

para que al escasear el pan y el agua, se aterren unos a otros y se consuman en su iniquidada.

Leer en Logos

Notas al pie

  1. 1 tus entrañas.
  2. 1 profundidad de labio y pesadez de lengua.
  3. 1 Sí no.

Referencias cruzadas

  1. aEzq. 2:9
  2. aJer. 25:17
  3. aJer. 6:11; 20:9
  4. bJer. 15:16
  5. cSal. 19:10; 119:103; Apoc. 10:9, 10
  6. aJon. 1:2; Hech. 14:11; 26:17
  7. bIsa. 28:11; 33:19
  8. a1 Sam. 8:7
  9. aJob 22:22; Ezq. 2:8; 3:1–3
  10. aEzq. 3:14; 8:3; Hech. 8:39
  11. bHech. 2:2
  12. aEzq. 1:15; 10:16, 17
  13. a2 Rey. 3:15
  14. aJob 2:13
  15. aEzq. 3:16–21: Ezq. 33:1–9
  16. bJer. 42:7
  17. aIsa. 52:8; 56:10; 62:6; Jer. 6:17; Ezq. 33:7–9
  18. b2 Crón. 19:10; Isa. 58:1; Hab. 2:1
  19. aEzq. 3:20; 33:6, 8
  20. a2 Rey. 17:13, 14; Ezq. 14:14, 20; 33:3, 9; Hech. 18:6; 1 Tim. 4:16
  21. aSal. 125:5; Ezq. 18:24; 33:18; Sof. 1:6
  22. bIsa. 8:14; Jer. 6:21; Ezq. 14:3, 7–9
  23. aHech. 20:31
  24. aHech. 9:6
  25. aEzq. 1:28; Hech. 7:55
  26. bEzq. 1:1
  27. aEzq. 2:2
  28. aEzq. 4:8
  29. aLuc. 1:20, 22
  30. aEzq. 24:27; 33:22
  31. bEzq. 12:2, 3
  32. aIsa. 20:2; Jer. 13:1; 18:2; 19:1
  33. aJer. 6:6; Ezq. 21:22
  34. aJer. 39:1, 2; Ezq. 5:2
  35. bIsa. 8:18; 20:3; Ezq. 12:6, 11; 24:24–27
  36. aLev. 10:17; 16:22; Núm. 18:1
  37. aNúm. 14:34
  38. aNúm. 14:34; Dan. 9:24–26; 12:11, 12; Apoc. 11:2, 3
  39. aEzq. 21:2
  40. aEzq. 3:25
  41. aEx. 9:32; Isa. 28:25
  42. aEzq. 45:12
  43. aIsa. 36:12
  44. aDan. 1:8; Os. 9:3
  45. aJer. 1:6; Ezq. 9:8; 20:49
  46. bHech. 10:14
  47. cLev. 17:15; 22:8; Ezq. 44:31
  48. dDt. 14:3; Isa. 65:4; 66:17
  49. aLev. 26:26; Isa. 3:1; Ezq. 5:16; 14:13
  50. bLam. 5:4; Ezq. 4:10, 11; 12:18, 19
  51. aLev. 26:39; Ezq. 24:23; 33:10