Eclesiastés 10–12
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Las moscas muertas hacen que el ungüento del perfumistaa dé mal olor;
Un poco de insensatez pesa más que la sabiduría y el honor.
El corazón del sabio lo guía hacia la derecha,
Y el corazón del necio, hacia la izquierdaa.
Aun cuando el necio ande por el camino,
Le falta entendimiento1
Y demuestra2 a todos que es un necioa.
Si la ira1 del gobernante se levanta contra ti,
No abandones tu puestoa,
Porque la serenidad suaviza grandes ofensasb.
Hay un mal que he visto bajo el sol,
Como error que procede del gobernante:
La necedad colocada en muchos lugares elevadosa,
Mientras los ricos se sientan en lugares humildes.
Y príncipes caminando como siervos sobre la tierra.
El que cava un hoyo cae en éla,
Y al que abre brecha en un muro, lo muerde la serpienteb.
El que saca piedras, puede lastimarse con ellas,
Y el que corta leña, puede lesionarse con ella.
Si el hierro está embotado y él no ha amolado su filo,
Entonces tiene que ejercer más fuerza;
La sabiduría tiene la ventaja de impartir éxito.
Si la serpiente muerde antes de ser encantada1a,
No hay ganancia para el encantador.
Llenas de gracia son las palabrasa de la boca del sabio,
Mientras que los labios del necio a él lo consumenb,
El comienzo de las palabras de su boca es insensatez,
Y el final de su habla1 perversa es locuraa.
El necio multiplica las palabrasa,
Pero nadie sabe lo que sucederá,
¿Y quién le hará saber lo que ha de suceder después de élb?
El trabajo del necio lo1 cansa tanto
Que no sabe ir a la ciudad.
¡Ay de ti, tierra, cuyo rey es un muchachoa,
Y cuyos príncipes banquetean1 de mañana!
Bienaventurada tú, tierra, cuyo rey es de noble cuna
Y cuyos príncipes comen a su debida hora,
Para fortalecerse y no para embriagarsea.
Por negligencia se hunde el techo,
Y por pereza tiene goteras la casaa.
Para el placer se prepara la comida,
Y el vino alegra la vidaa,
Y el dinero es la respuesta para1 todob.
Ni aun en tu recámara1 maldigas al reya,
Ni en tus alcobas maldigas al rico,
Porque un ave de los cielos llevará el rumor,
Y un ser alado hará conocer el asuntob.
Echa tu pan sobre las aguas,
Que después de1 muchos días lo hallarása.
Reparte tu porción con siete, o aun con ochoa,
Porque no sabes qué mal puede venir sobre la tierrab.
Si las nubes están llenas,
Derraman lluvia sobre la tierra;
Y caiga el árbol al sur o al norte,
Donde cae el árbol allí se queda.
El que observa el viento no siembra,
Y el que mira las nubes no siega.
Como no sabes cuál es el camino del vientoa,
O cómo1 se forman2 los huesos en el vientre de la mujer encinta3b,
Tampoco conoces la obra de Diosc que hace todas las cosas.
De mañana siembra tu semilla
Y a la tarde no des reposo a tu mano,
Porque no sabes si esto o aquello prosperará,
O si ambas cosas serán igualmente buenasa.
Consejos a la juventud
Agradable es la luz,
Y bueno para los ojos ver el sola.
Ciertamente, si un hombre vive muchos años,
Que en todos ellos se regocijea,
Pero recuerde que los días de tinieblasb serán muchos.
Todo lo por venir es vanidad.
Alégrate, joven, en tu juventud,
Y tome placer tu corazón en los días de tu juventud.
Sigue los impulsos1 de tu corazón y el gusto de2 tus ojosa;
Pero debes saber que por todas estas cosas, Dios te traerá a juiciob.
Por tanto, aparta de tu corazón la congoja
Y aleja el sufrimiento1 de tu cuerpo2a,
Porque la juventud y la primavera de la vida son vanidad.
Acuérdate, pues, de tu Creadora en los días de tu juventud,
Antes que vengan los días malosb,
Y se acerquen los años en que digas:
«No tengo en ellos placer».
Antes que se oscurezcan el sol y la luz,
La luna y las estrellasa,
Y las nubes vuelvan tras la lluvia;
El día cuando tiemblen los guardas de la casa
Y los fuertes se encorvena,
Las que muelen estén ociosas porque son pocas,
Y se nublenb los que miran por las ventanas1.
Cuando además se cierren las puertas de la calle
Por ser bajo el sonido del molinoa,
Y se levante uno al canto del ave,
Y todas las hijas del canto sean abatidasb;
Se temerá a la altura y a los terrores en el camino.
Cuando florezca el almendro, se arrastre la langosta y la alcaparra pierda su efecto1;
Porque el hombre va a su morada eternaa
Mientras los del duelob andan por la calle.
Acuérdate de Él antes que se rompa1 el hilo de plata,
Se quiebre el cuenco de oroa,
Se rompa el cántaro junto a la fuente,
Y se haga pedazos la rueda junto al pozo;
Entonces el polvo volverá a la tierra como lo que eraa,
Y el espíritu volverá a Diosb que lo dioc.
«Vanidad de vanidades», dice el Predicador, «todo es vanidada»
Conclusión
El Predicador, además de ser sabio, enseñó también sabiduría al pueblo; y reflexionó, investigó y compuso muchos proverbiosa.
El Predicador trató de encontrar palabras agradablesa, y de escribir correctamente palabras de verdadb.
Las palabras de los sabiosa son como aguijonesb, y como clavosc bien clavados las de los maestros de estas colecciones, dadas por un Pastor.
Pero además de esto, hijo mío, estate prevenido: el hacer muchos libros no tiene fina, y demasiada dedicación a ellos es fatiga del cuerpo1b.
La conclusión, cuando todo se ha oído, es esta:
Teme a Diosa y guarda Sus mandamientosb,
Porque esto concierne a toda personac.
Porque Dios traerá toda obra a juicio,
Junto con todo lo oculto,
Sea bueno o sea maloa.
Footnotes
- 1 corazón.
- 2 dice.
- 1 el espíritu.
- 1 sin encantamiento.
- 1 su boca.
- 1 de los necios los.
- 1 comen.
- 1 responde a.
- 1 pensamiento.
- 1 en o dentro de.
- 1Muchos dicen: en.
- 2Otra posible lectura es: Como no sabes por dónde entra el espíritu a.
- 3 llena.
- 1 caminos.
- 2 lo que ven.
- 1 mal.
- 2 carne.
- 1O aberturas.
- 1O y se pierda el apetito.
- 1Así en la versión (); en sea quitado.
- 1 de la carne.
Cross references
- aEx. 30:25
- aMat. 6:33; Col. 3:1
- aPrv. 13:16; 18:2
- aEcl. 8:3
- b1 Sam. 25:24–33; Prv. 25:15
- aEst. 3:1, 5, 6; Prv. 28:12; 29:2
- aPrv. 19:10
- bEst. 6:8–10
- aSal. 7:15; Prv. 26:27
- bAmós 5:19
- aSal. 58:4, 5; Jer. 8:17
- aPrv. 10:32; 22:11; Luc. 4:22
- bPrv. 10:14; 18:7; Ecl. 4:5
- aEcl. 7:25
- aPrv. 15:2; Ecl. 5:3
- bEcl. 3:22; 6:12; 7:14; 8:7
- aIsa. 3:4, 12
- aPrv. 31:4; Isa. 5:11
- aPrv. 24:30–34
- aJue. 9:13; Sal. 104:15; Ecl. 2:3
- bEcl. 7:12
- aEx. 22:28; Hech. 23:5
- b2 Rey. 6:12; Luc. 12:3
- aDt. 15:10; Prv. 19:17; Mat. 10:42; Gál. 6:9; Heb. 6:10
- aSal. 112:9; Mat. 5:42; Luc. 6:30; 1 Tim. 6:18, 19
- bEcl. 11:8; 12:1
- aJuan 3:8
- bSal. 139:13–16
- cEcl. 1:13; 3:10, 11; 8:17
- aEcl. 9:10
- aEcl. 6:5; 7:11
- aEcl. 9:7
- bEcl. 12:1
- aNúm. 15:39; Job 31:7; Ecl. 2:10
- bEcl. 3:17; 12:14; Rom. 14:10
- a2 Cor. 7:1; 2 Tim. 2:22
- aDt. 8:18; Neh. 4:14; Sal. 63:6; 119:55
- bEcl. 11:8
- aIsa. 5:30; 13:10; Ezq. 32:7, 9; Joel 3:15; Mat. 24:29
- aSal. 35:14; 38:6
- bGn. 27:1; 48:10; 1 Sam. 3:2
- aJer. 25:10; Apoc. 18:22
- b2 Sam. 19:35
- aJob 17:13; 30:23
- bGn. 50:10; Jer. 9:17
- aZac. 4:2, 3
- aGn. 3:19; Job 34:15; Sal. 104:29; Ecl. 3:20
- bJob 34:14; Ecl. 3:21; Luc. 23:46; Hech. 7:59
- cNúm. 16:22; 27:16; Isa. 57:16; Zac. 12:1
- aEcl. 1:2
- a1 Rey. 4:32
- aPrv. 10:32
- bPrv. 22:20, 21
- aPrv. 1:6; 22:17; Ecl. 7:5; 10:12
- bHech. 2:37
- cEsd. 9:8; Isa. 22:23
- a1 Rey. 4:32
- bEcl. 1:18
- aEcl. 3:14; 5:7; 7:18; 8:12
- bDt. 4:2; Ecl. 8:5
- cDt. 10:12; Miq. 6:8
- aEcl. 3:17; 11:9; Mat. 10:26; Rom. 2:16; 1 Cor. 4:5
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