Eclesiastés 1–12
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Vanidad de todo esfuerzo
Palabras del Predicadora, hijo de David, rey en Jerusalén.
«Vanidad de vanidades», dice el Predicador,
«Vanidad de vanidades, todo es vanidada».
¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo
Con que se afana bajo el sola?
Una generación va y otra generación viene,
Pero la tierra permanece para siemprea.
El sol sale y el sol se ponea,
A su lugar se apresura1. De allí vuelve a salir.
Soplando1 hacia el sur,
Y girando hacia el norte,
Girando y girando va el viento;
Y sobre sus giros el viento regresaa.
Todos los ríos van hacia el mar,
Pero el mar no se llena.
Al lugar donde los ríos fluyen,
Allí vuelven a fluir.
Todas las cosas son fatigosas,
El hombre no puede expresarlas.
No se saciaa el ojo de ver,
Ni se cansa1 el oído de oír.
Lo que fue, eso será,
Y lo que se hizo, eso se haráa;
No hay nada nuevo bajo el sol.
¿Hay algo de que se pueda decir:
«Mira, esto es nuevo»?
Ya existía en los siglos
Que nos precedieron.
No hay memoria de las cosas primeras
Ni tampoco de las postreras que sucederán;
No habrá memoria de ellas
Entre los que vendrán despuésa.
Vanidad del saber
Yo, el Predicadora, he sido rey sobre Israel en Jerusalén.
Y apliqué mi corazóna a buscar e investigar con sabiduría todo lo que se ha hecho bajo el cielob. Tareac dolorosa1 dada por Dios a los hijos de los hombres para ser afligidos con ella.
He visto todas las obras que se han hecho bajo el sol, y he observado que todo es vanidad y correr tras el vientoa.
Lo torcido no puede enderezarsea,
Y lo que falta no se puede contar.
Yo me dije1: «Yo he engrandecido y aumentado en sabiduría más que2 todos los que estuvieron antes de mí sobre Jerusaléna; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría y conocimiento»
Y apliqué mi corazóna a conocer la sabiduría y a conocer la locura y la insensatezb. Me di cuenta de que esto también es correr tras el vientoc.
Porque en la mucha sabiduría hay mucha angustia,
Y quien aumenta el conocimiento, aumenta el dolora.
Vanidad de las cosas terrenales
Entonces me dije1: «Ven ahora, te probaré con el placera; diviértete2». Y resultó que también esto era vanidad.
Dije de la risaa: «Es locura»; y del placer: «¿Qué logra esto?»
Consideré en mi corazón estimular mi cuerpo1 con el vinoa, mientras mi corazón me guiaba con sabiduría, y echar mano de la insensatezb, hasta que pudiera ver qué hay de bueno bajo el cielo que los hijos de los hombres hacen en los contados días de su vidac.
aEngrandecí mis obras, me edifiqué casas, me planté viñasb;
me hice jardinesa y huertosb, y planté en ellos toda clase de árboles frutales;
me hice estanques de aguasa para regar1 el bosque con árboles en pleno crecimiento.
Compré esclavos y esclavas, y tuve esclavos nacidos en casa1a. Tuve también ganados, vacas y ovejasb, más que todos los que me precedieron en Jerusalén.
Reuní también plata y oroa para mí y el tesoro de los reyes y de las provincias. Me proveí de cantores y cantorasb, y de los placeres de los hombres, de muchas concubinas1.
Me engrandecí y superé a todos los que me precedieron en Jerusaléna; también la sabiduría permaneció conmigo.
Y de todo cuanto mis ojos deseaban, nada les neguéa, ni privé a mi corazón de ningún placer, porque mi corazón gozaba de todo mi trabajo. Esta fue la recompensa de toda mi laborb.
Consideré luego todas las obras que mis manos habían hecho y el trabajo en que me había empeñado1, y resultó que todo era vanidad y correr tras el viento2a, y sin provechob bajo el sol.
Yo volví, pues, a considerar la sabiduría, la locura y la insensateza. Porque ¿qué hará el hombre que venga después del rey sino lo que ya ha sido hechob?
Y yo vi que la sabiduría sobrepasa a la insensateza, como la luz a las tinieblas.
El sabio tiene ojos en su cabeza,
Pero el necio anda en tinieblasa.
Aunque yo sé también que ambos corren la misma suerteb.
Entonces me dije1: «Como la suerte del necio, así también será la mía2a. ¿Para qué, pues, me aprovecha haber sido tan sabiob?». Y me dije3: «También esto es vanidad.
Porque no hay memoria duradera1 del sabio ni del2 necio, ya que todos serán olvidados en los días veniderosa. ¡Cómo mueren tanto el sabio como2 el neciob!».
Y aborrecí la vidaa, porque me era penosa1 la obra que se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y correr tras el viento.
Asimismo aborrecí todo el fruto de mi trabajo con que me había afanado bajo el sola, el cual tendré que dejar al hombre que vendrá después de míb.
¿Y quién sabe si será sabio o necio? Sin embargo, él tendrá dominio sobre todo el fruto de mi trabajo con que me afané obrando sabiamente bajo el sol. También esto es vanidad.
Por tanto me desesperé en gran manera1 por todo el fruto de mi trabajo con que me había afanado bajo el sol.
Cuando hay un hombre que ha trabajado con sabiduría, con conocimiento y con destrezaa, y da su hacienda1 al que no ha trabajado en ellab, esto también es vanidad y un mal muy grande.
Pues, ¿qué recibe el hombre de todo su trabajo y del esfuerzo de su corazón con que se afana bajo el sola?
Porque durante todos sus días su tarea es dolorosa y penosaa; ni aun de noche descansa su corazónb. También esto es vanidad.
No hay nada mejor para el hombre que comer y beber y decirse que su trabajo es bueno1a. Yo he visto que también esto es de la mano de Diosb.
Porque ¿quién comerá y quién se alegrará sin Él1?
Porque a la persona que le agrada1, Él le ha dado sabiduría, conocimientoa y gozo; pero al pecador le ha dado la tarea de recoger y amontonar para dárselo al que agrada a1 Diosb. Esto también es vanidad y correr tras el vientoc.
Todo tiene su tiempo
Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso1a bajo el cielo:
Tiempo de nacer1, y tiempo de morira;
Tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
Tiempo de matara, y tiempo de curar;
Tiempo de derribar, y tiempo de edificar;
Tiempo de llorara, y tiempo de reírb;
Tiempo de lamentarse, y tiempo de bailarc;
Tiempo de lanzar piedras, y tiempo de recoger piedras;
Tiempo de abrazar, y tiempo de rechazar el abrazo;
Tiempo de buscar, y tiempo de dar por perdido;
Tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
Tiempo de rasgar, y tiempo de coser;
Tiempo de callara, y tiempo de hablar;
Tiempo de amar, y tiempo de odiara;
Tiempo de guerra, y tiempo de paz.
¿Qué saca el trabajador de aquello en que se afanaa?
He visto la tarea que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que en ella se ocupena.
Él ha hecho todoa apropiado a1 su tiempo. También ha puesto la eternidad en sus corazones, sin embargo2 el hombre no descubre la obra que Dios ha hechob desde el principio hasta el fin.
Sé que no hay nada mejor para ellos que regocijarse y hacer el bien en su vidaa;
además, sé que todo hombre que coma y beba y vea lo bueno en todo su trabajo, que eso es don de Diosa.
Sé que todo lo que Dios hace será perpetuo;
No hay nada que añadirle
Y no hay nada que quitarle.
Dios ha obrado así
Para que delante de Él teman1 los hombresa.
Lo que es, ya ha sido,
Y lo que será, ya fuea,
Porque Dios busca1 lo que ha pasado.
Aun he visto más bajo el sol:
Que en el lugar del derecho está1 la impiedad,
Y en el lugar de la justicia está1 la iniquidada.
Yo me dije:
«Al justo como al impío juzgará Diosa»,
Porque2 hay un tiempo para cada cosa3 y para cada obrab.
Me dije también en cuanto a los hijos de los hombres: «Ciertamente Dios los ha probado para que vean que son como los animalesa»
Porque la suerte de los hijos de los hombres y la suerte de los animales es la misma1a: como muere el uno así muere el otro. Todos tienen un mismo aliento de vida; el hombre no tiene ventaja sobre los animales, porque todo es vanidad.
Todos van a un mismo lugar.
Todos han salido del polvo
Y todos vuelven al polvoa.
¿Quién sabe si el aliento de vida del hombre asciende hacia arribaa y el aliento de vida del animal desciende hacia abajo, a la tierra?
He visto que no hay nada mejor para el hombre que gozarse en sus obrasa, porque esa es su suerte. Porque ¿quién le hará ver lo que ha de suceder después de élb?
Injusticias de la vida
Entonces yo me volví y observé todas las opresionesa que se cometen bajo el sol:
Y vi las lágrimas de los oprimidos,
Y no tenían quien los consolarab;
En mano de sus opresores estaba el poder,
Y no tenían quien los consolara.
Así que felicité a los muertos, los que ya murieron,
Más que a los vivos, los que aún vivena.
Pero mejor que ambos está el que nunca ha existidoa,
Que nunca ha visto las malas obras que se cometen bajo el sol.
He visto que todo trabajo y toda obra hábila que se hace es el resultado de la rivalidad entre el hombre y su prójimo. También esto es vanidad y correr tras el vientob.
El necio se cruza de manosa
Y devora su propia carneb.
Más vale una mano1 llena de descanso
Que dos puños llenos de trabajoa y correr tras el viento.
Entonces yo me volví y observé la vanidad bajo el sol:
Había un hombre solo, sin sucesor1,
Que no tenía hijo ni hermano,
Sin embargo, no había fin a todo su trabajo.
En verdad, sus ojos no se saciaban de las riquezasa,
Y nunca se preguntó: «¿Para quién trabajo yob
Y privo a mi vida del placer?».
También esto es vanidad y tarea penosac.
Más valen dos que uno solo,
Pues tienen mejor pago por su trabajo.
Porque si uno de ellos cae1, el otro2 levantará a su compañero;
Pero ¡ay del que cae cuando no hay otro3 que lo levante!
Además, si dos se acuestan juntos se mantienen calientes1,
Pero uno solo ¿cómo se calentaráa?
Y si alguien1 puede prevalecer contra el que está solo,
Dos lo resistirán.
Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente.
Mejor es un joven pobre y sabioa
Que un rey viejo y necio,
Que ya no sabe recibir consejos.
Porque ha salido de la cárcel para reinara,
Aunque nació pobre en su reino.
He visto a todos los vivientes bajo el sol apresurarse a ir junto al joven sucesor1 que lo reemplaza2.
No tenía fin la multitud1 de todos los que lo2 seguían, y ni aun los que vendrán después estarán contentos con él; pues también esto es vanidad y correr tras el vientoa.
Vanidad de las palabras
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Footnotes
- 1 jadeando.
- 1 Yendo.
- 1 llena.
- 1 malvada.
- 1 Yo hablé en mi corazón, diciendo.
- 2 sobre.
- 1 Yo dije en mi corazón.
- 2 considera lo bueno.
- 1 carne.
- 1 regar de ellos.
- 1 tuve hijos de la casa.
- 1Otra posible lectura es: de toda clase de instrumentos musicales; en la versión (), coperos y coperas.
- 1 trabajado para hacer.
- 2O aflicción de espíritu, y así en el resto del
- 1 Yo dije en mi corazón.
- 2 también caerá sobre mí.
- 3 hablé en mi corazón.
- 1 para siempre.
- 2 con.
- 1 mala.
- 1 Y volví a desesperar mi corazón.
- 1 porción.
- 1 hacer que su alma vea bueno su trabajo.
- 1Así en la versión (); en mí.
- 1 que es buena ante Él.
- 1 deleite.
- 1 dar a luz.
- 1 hermoso en.
- 2O sin lo cual.
- 1O reverencien.
- 1O restaura.
- 1 allí está.
- 2 porque allí.
- 3 todo deleite.
- 1 y la suerte de ellas es una.
- 1 palma.
- 1 sin un segundo.
- 1 si ellos caen.
- 2 uno.
- 3 un segundo.
- 1 tienen calor.
- 1 él.
- 1 el segundo joven.
- 2 se coloca en su lugar.
- 1 todo el pueblo.
- 2Así en algunas versiones antiguas; en los.
Cross references
- aEcl. 1:12; 7:27; 12:8–10
- aSal. 39:5, 6; 62:9; 144:4; Ecl. 12:8; Rom. 8:20
- aEcl. 2:11; 3:9; 5:16
- aSal. 104:5; 119:90
- aSal. 19:6
- aEcl. 11:5; Juan 3:8
- aPrv. 27:20; Ecl. 4:8
- aEcl. 1:10; 2:12; 3:15; 6:10
- aEcl. 2:16; 9:5
- aEcl. 1:1; 7:27; 12:8–10
- aEcl. 1:17
- bEcl. 3:10, 11; 7:25; 8:17
- cEcl. 2:23, 26; 3:10; 4:8
- aEcl. 2:11, 17; 4:4; 6:9
- aEcl. 7:13
- a1 Rey. 3:12; 4:30; 10:23; Ecl. 2:9
- aEcl. 1:13
- bEcl. 2:12; 7:25
- cEcl. 1:14; 2:11, 17, 26; 4:4, 6, 16; 6:9
- aEcl. 2:23; 12:12
- aEcl. 7:4; 8:15
- aPrv. 14:13; Ecl. 7:3, 6
- aJue. 9:13; Sal. 104:15; Ecl. 10:19
- bEcl. 7:25
- cEcl. 2:24; 3:12, 13; 5:18; 6:12; 8:15; 12:13
- a1 Rey. 7:1–12; 10:23–27; 2 Crón. 9:22–27
- bCant. 8:11
- aCant. 4:16; 5:1
- bNeh. 2:8
- aNeh. 2:14; 3:15, 16
- aGn. 14:14; 15:3
- b1 Rey. 4:23
- a1 Rey. 9:28; 10:10, 14, 21
- b2 Sam. 19:35
- a1 Crón. 29:25; Ecl. 1:16
- aEcl. 6:2
- bEcl. 3:22; 5:18; 9:9
- aEcl. 1:14; 2:22, 23
- bEcl. 1:3; 3:9; 5:16
- aEcl. 1:17
- bEcl. 1:9, 10; 3:15
- aEcl. 7:11, 12, 19; 9:18; 10:10
- a1 Jn. 2:11
- bSal. 49:10; Ecl. 3:19; 6:6; 7:2; 9:2, 3
- aEcl. 2:16
- bEcl. 6:8, 11
- aEcl. 1:11; 9:5
- bEcl. 2:14
- aEcl. 4:2, 3
- aEcl. 1:3; 2:11
- bSal. 39:6; 49:10
- aEcl. 4:4
- bEcl. 2:18
- aEcl. 1:3; 2:11
- aJob 5:7; 14:1; Ecl. 1:18; 5:17
- bSal. 127:2
- aEcl. 2:3; 3:12, 13, 22; 5:18; 6:12; 8:15; 9:7; Isa. 56:12; Luc. 12:19; 1 Cor. 15:32; 1 Tim. 6:17
- bEcl. 3:13
- aJob 32:8; Prv. 2:6
- bJob 27:16, 17; Prv. 13:22
- cEcl. 1:14
- aEcl. 3:17; 8:6
- aJob 14:5; Heb. 9:27
- aGn. 9:6; 1 Sam. 2:6; Os. 6:1, 2
- aRom. 12:15
- bSal. 126:2
- cEx. 15:20
- aAmós 5:13
- aSal. 101:3; Prv. 13:5
- aEcl. 1:3; 2:11; 5:16
- aEcl. 1:13; 2:26
- aGn. 1:31
- bJob 5:9; Ecl. 7:23; 8:17; Rom. 11:33
- aEcl. 2:24
- aEcl. 2:24; 5:19
- aEcl. 5:7; 7:18; 8:12, 13; 12:13
- aEcl. 1:9; 6:10
- aEcl. 4:1; 5:8; 8:9
- aGn. 18:25; Sal. 96:13; 98:9; Ecl. 11:9; Mat. 16:27; Rom. 2:6–10; 2 Tes. 1:6–9
- bEcl. 3:1; 8:6
- aSal. 49:12, 20; 73:22
- aSal. 49:12; Ecl. 9:12
- aGn. 3:19; Sal. 103:14; Ecl. 12:7
- aEcl. 12:7
- aEcl. 2:24
- bEcl. 2:18; 6:12; 8:7; 10:14
- aJob 35:9; Sal. 12:5; Ecl. 3:16; 5:8; Isa. 5:7
- bJer. 16:7; Lam. 1:9
- aJob 3:11–26; Ecl. 2:17; 7:1
- aJob 3:11–22; Ecl. 6:3; Luc. 23:29
- aEcl. 2:21
- bEcl. 1:14
- aPrv. 6:10; 24:33
- bIsa. 9:20
- aPrv. 15:16, 17; 16:8
- aPrv. 27:20; Ecl. 1:8; 5:10
- bEcl. 2:21
- cEcl. 1:13
- a1 Rey. 1:1–4
- aEcl. 7:19; 9:15
- aGn. 41:14, 41–43
- aEcl. 1:14
- 1En el texto 4:17.
- aEx. 3:5; 30:18–20; Isa. 1:12
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