2º Reyes 9:25–37
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Entonces Jehú dijo a su oficial Bidcar: «Tómalo y tíralo en la porción del campo de Nabot de Jezreela, pues recuerdo cuando tú y yo íbamos juntos montados detrás de su padre Acabb, que el Señor pronunció esta sentencia contra élc:
“Ayer ciertamente he visto la sangre de Nabota y la sangre de sus hijos”, declaró el Señor, “y te recompensaré en este campob”, declaró el Señor. Ahora pues, tómalo y tíralo en el campo, conforme a la palabra del Señor».
Cuando Ocozías, rey de Judá, vio esto, huyó por el camino de la casa del huertoa. Y Jehú lo persiguió y dijo: «Mátenlo a él también en el carro». Y lo hirieron en la subida de Gur, que está en Ibleam. Y huyó a Meguidob, y allí murió.
Entonces sus siervos lo llevaron en carro a Jerusalén, y lo sepultaron en su sepulcroa con sus padres en la ciudad de David.
En el año once de Joram, hijo de Acab, Ocozías había comenzado a reinar sobre Judáa.
Y llegó Jehú a Jezreel, y cuando Jezabel lo oyó, se pintó los ojos, adornóa su cabeza y se asomó por la ventana.
Cuando Jehú entraba por la puerta, ella dijo: «¿Le va bien a Zimri, asesino de tu señora?».
Entonces Jehú alzó su rostro hacia la ventana y dijo: «¿Quién está conmigo? ¿Quién?». Y dos o tres oficiales se asomaron desde arriba.
Y Jehú les dijo: «Échenla abajo». Y la echaron abajo y parte de su sangre salpicó la pared y los caballos, y él la pisoteó.
Cuando él entró, comió y bebió; entonces dijo: «Encárguense ahora de esta malditaa y entiérrenla, pues es hija de reyb».
Cuando fueron a enterrarla, no encontraron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas de sus manos.
Entonces, volvieron y se lo hicieron saber. Entonces Jehú dijo: «Esta es la palabra que el Señor habló por medio de Su siervo Elías el tisbita: “En la parcela de Jezreel los perros comerán la carne de Jezabela;
y el cadáver de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campoa en la parcela de Jezreel, para que no puedan decir: ‘Esta es Jezabel’ ”».
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