Salmo 42–83
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LIBRO SEGUNDO
Salmo 42
Sed de Dios en la angustia y en el destierro
Para el director del coro. Masquildag de los hijos de Coré.
Como el ciervo anhela las corrientes de agua,
Así suspira por Ti, oh Dios, el alma míaa.
Mi alma tiene sed de Diosa, del Dios vivienteb;
¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Diosc?
Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de nochea,
Mientras me dicen todo el día: «¿Dónde está tu Dios?b».
Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mía;
De cómo iba yo con la multitud y la guiaba hasta la casa de Diosb,
Con voz de alegría y de acción de graciasc, con la muchedumbre en fiesta.
¿Por qué te desesperas1, alma míaa,
Y por qué te turbas dentro de míb?
Espera en Diosc, pues he de alabarlo otra vez
Por la salvación de Su presenciad.
Dios mío, mi alma está en mí deprimida;
Por eso me acuerdo de Tia desde la tierra del Jordánb,
Y desde las cumbres del Hermónc, desde el monte Mizar.
Un abismo llama a otro abismo a la voz de Tus cascadas;
Todas Tus ondas y Tus olas han pasado sobre mía.
De día mandará el Señor Su misericordiaa,
Y de noche Su cántico estará conmigob;
Elevaré una oración al Dios de mi vidac.
A Dios, mi rocaa, diré: «¿Por qué me has olvidado?
¿Por qué ando sombríob por la opresión del enemigoc?».
Como quien quebranta mis huesos, mis adversarios me afrentan,
Mientras me dicen todo el día: «¿Dónde está tu Diosa?».
¿Por qué te desesperas, alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez.
¡Él es la salvación de mi ser, y mi Diosa!
Salmo 43
Plegaria implorando liberación
Hazme justicia, oh Diosa, y defiende mi causa contra una nación impíab;
Líbrame del hombre engañoso e injustoc.
Ya que Tú eres el Dios de mi fortalezaa, ¿por qué me has rechazadob?
¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigoc?
Envía Tu luz y Tu verdada; que ellas me guíen,
Que me lleven a Tu santo monteb
Y a Tus moradasc.
Entonces llegaré al altar de Diosa,
A Dios, mi supremo gozob;
Y al son de la lira te alabaréc, oh Dios, Dios mío.
¿Por qué te desesperas1, alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez.
¡Él es la salvación de mi ser, y mi Diosa!
Salmo 44
Oración nacional de intercesión
Para el director del coro. Masquildag de los hijos de Coré.
Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído,
Nuestros padres nos han contadoa
La obra que hiciste en sus díasb,
En los tiempos antiguosc:
Tú con Tu mano echaste fuera las nacionesa,
Pero a ellos los plantasteb.
Afligiste a los pueblosc,
Pero a ellos los hiciste crecerd.
Pues no fue por su espada que tomaron posesión de la tierraa,
Ni fue su brazo el que los salvó,
Sino Tu diestra y Tu brazob, y la luz de Tu presenciac,
Porque te complaciste en ellosd.
Tú eres mi Rey, oh Diosa;
Manda victorias a Jacobb.
Contigo rechazaremos a nuestros adversariosa;
En Tu nombre pisotearemos a los que contra nosotros se levantenb.
Porque yo no confiaré en mi arcoa,
Ni me podrá salvar mi espada;
Pues Tú nos has salvado de nuestros adversariosa,
Y has avergonzado a los que nos aborrecenb.
En Dios nos hemos gloriado todo el díaa.
Por siempre alabaremos Tu nombreb.
(Selah)
Sin embargo, Tú nos has rechazadoa y nos has confundidob,
Y no sales con nuestros ejércitosc.
Nos haces retroceder ante el adversarioa,
Y los que nos aborrecen tomaron botín para síb.
Nos entregas como ovejas para ser devoradosa,
Y nos has esparcido entre las nacionesb.
Vendes a Tu pueblo a bajo precioa,
Y nada has ganado con su venta.
Nos haces el oprobio de nuestros vecinosa,
Escarnio y burla de los que nos rodeanb.
Nos pones por proverbio entre las nacionesa,
Causa de risa entre los pueblosb.
Todo el día mi ignominia está delante de mí,
Y la vergüenza de mi rostro me ha abrumadoa
Por la voz del que me reprocha e insultaa,
Por la presencia del enemigo y del vengativob.
Todo esto nos ha sobrevenido, pero no nos hemos olvidado de Tia,
Ni hemos faltado a Tu pactob.
No se ha vuelto atrás nuestro corazóna,
Ni se han desviado nuestros pasos de Tu sendab;
Sin embargo, nos has quebrantadoa en la región de los chacalesb,
Y nos has cubierto con la sombra de la muertec.
Si nos hubiéramos olvidado del nombre de nuestro Diosa,
O extendido nuestras manos a un dios extrañob,
¿No se habría dado cuenta Dios de esto?
Pues Él conoce los secretos del corazóna.
Pero por causa Tuya nos matan cada díaa;
Se nos considera como ovejas para el mataderob.
¡Despiertaa! ¿Por qué duermes, Señorb?
¡Levántate! No nos rechaces para siemprec.
¿Por qué escondes Tu rostroa
Y te olvidas de nuestra aflicción y de nuestra opresiónb?
Porque nuestra alma se ha hundido en el polvoa;
Nuestro cuerpo está pegado a la tierra.
¡Levántatea! Sé nuestra ayuda,
Y redímenos por amor de Tu misericordiab.
Salmo 45
Cántico de las bodas del Rey
Para el director del coro; según Sosanimdag. Masquildot de los hijos de Coré. Canción de amor.
Rebosa en mi corazón un tema bueno;
Al Rey dirijo mis versos;
Mi lengua es como pluma de escribiente muy ligeroa.
Eres el más hermoso de los hijos de los hombres;
La gracia se derrama en Tus labiosa;
Por tanto, Dios te ha bendecido para siempreb.
Prepara Tu espadaa sobre el muslo, oh valienteb,
En Tu esplendor y Tu majestad.
En Tu majestad cabalga en triunfo,
Por la causa de la verdad, de la humildad y de la justiciaa;
Que Tu diestra te enseñe cosas tremendasb.
Tus flechas son agudasa;
Los pueblos caen debajo de Tib;
En el corazón de los enemigos del reyc están Tus flechas.
Tu trono, oh Dios, es eterno y para siemprea;
Cetro de equidad es el cetro de Tu reinob.
Has amado la justiciaa y aborrecido la iniquidad;
Por tanto Dios, Tu Dios, te ha ungido
Con óleo de alegría más que a Tus compañerosb.
Todas Tus vestiduras están perfumadas con mirra, áloe y casiaa;
Desde palacios de marfil te han alegrado con instrumentos de cuerdab.
Hijas de reyes hay entre Tus damas noblesa;
A Tu diestrab, en oro de Ofirc, está la reina.
Escucha, hija, presta atención e inclina tu oído;
Olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padrea.
Entonces el Rey deseará tu hermosura;
Inclínate ante Éla, porque Él es tu señorb.
Y la hija de Tiro vendrá con presentesa;
Los ricos del pueblo suplicarán tu favorb.
Toda radiante está la hija del Rey dentro de su palacio;
Recamado de oro está su vestidoa.
En vestido bordadoa será conducida al Reyb;
Las vírgenesc, sus compañeras que la siguen,
Serán llevadas a Ti.
Serán conducidas con alegría y regocijo;
Entrarán al palacio del Rey.
En lugar de tus padres estarán tus hijos;
Los harás príncipes en toda la tierra.
Haré que Tu nombre sea recordado por todas las generacionesa;
Por tanto, los pueblos te darán graciasb eternamente y para siempre.
Salmo 46
Dios, nuestro amparo y fortaleza
Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré, compuesto para Alamotdag. Cántico.
Dios es nuestro refugio y fortalezaa,
Nuestro pronto auxiliob en las tribulacionesc.
Por tanto, no temeremosa aunque la tierra sufra cambiosb,
Y aunque los montes se deslicen al fondo de los maresc;
Aunque bramen y se agiten sus aguasa,
Aunque tiemblen los montes con creciente enojo.
(Selah)
Hay un ríoa cuyas corrientes alegran la ciudad de Diosb,
Las moradas santas del Altísimoc.
Dios está en medio de ellaa, no será sacudida;
Dios la ayudaráb al romper el alba.
Bramaron las nacionesa, se tambalearon los reinos;
Dio Él Su vozb, y la tierra se derritióc.
El Señor de los ejércitos está con nosotrosa;
Nuestro baluarte es el Dios de Jacobb.
(Selah)
Vengan, contemplen las obras del Señora,
Que ha hecho asolamientos en la tierrab;
Que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierraa;
Quiebra el arco, parte la lanzab,
Y quema los carros en el fuegoc.
Estén quietos, y sepan que Yo soy Diosa;
Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierrab.
El Señor de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
(Selah)
Salmo 47
Dios, el Rey de la tierra
Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré.
Batan palmas, pueblos todosa;
Aclamen a Dios con voz de júbilob.
Porque el Señor, el Altísimo, es digno de ser temidoa;
Rey grande es sobre toda la tierrab.
Él somete pueblos debajo de nosotrosa,
Y naciones bajo nuestros pies.
Él nos escoge nuestra heredada,
La gloria de Jacob a quien Él amab.
(Selah)
Dios ha ascendido entre aclamacionesa,
El Señor, al son de trompetab.
Canten alabanzas a Dios, canten alabanzasa;
Canten alabanzas a nuestro Reyb, canten alabanzas.
Porque Dios es Rey de toda la tierraa;
Canten alabanzas con armonioso salmob.
Dios reina sobre las nacionesa;
Sentado está Dios en Su santo tronob.
Se han reunido los príncipes de los pueblosa como el pueblo del Dios de Abrahamb;
Porque de Dios son los escudos de la tierrac;
Él es ensalzado en gran manerad.
Salmo 48
Hermosura y gloria de Sión
Cántico. Salmo de los hijos de Coré.
Grande es el Señor, y muy digno de ser alabadoa
En la ciudad de nuestro Diosb, Su santo montec.
Hermoso en su elevacióna, el gozo de toda la tierrab
Es el monte Sión, en el extremo norte,
La ciudad del gran Reyc.
Dios en sus palacios
Se dio a conocer como baluartea.
Pues los reyes se reunierona;
Pasaron juntos.
Ellos la vieron y quedaron pasmados;
Se aterrorizarona y huyeron alarmados.
Allí se apoderó de ellos un temblor;
Dolor como el de mujer que está de partoa.
Con el viento del estea
Tú destrozas las naves de Tarsisb.
Como lo hemos oído, así lo hemos visto
En la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios;
Dios la afirmará para siemprea.
(Selah)
Hemos meditado en Tu misericordia, oh Diosa,
En medio de Tu templo.
Oh Dios, como es Tu nombrea,
Así es Tu alabanzab hasta los confines de la tierra;
Llena de justicia está Tu diestrac.
Alégrese el monte Sión,
Regocíjense las hijas de Judáa,
A causa de Tus juicios.
Caminen por Sión y vayan alrededor de ella;
Cuenten sus torresa;
Consideren atentamente sus murallasa,
Recorran sus palacios,
Para que lo cuenten a la generación veniderab.
Porque Este es Dios,
Nuestro Dios para siempre;
Él nos guiará hasta la muertea.
Salmo 49
La insensatez de confiar en las riquezas
Para el…
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Footnotes
Cross references
- aSal. 119:131
- aSal. 63:1; 84:2; 143:6
- bJos. 3:10; Sal. 84:2; Jer. 10:10; Dan. 6:26; Mat. 26:63; Rom. 9:26; 1 Tes. 1:9
- cEx. 23:17; Sal. 43:4; 84:7
- aSal. 80:5; 102:9
- bSal. 79:10; 115:2; Joel 2:17; Miq. 7:10
- a1 Sam. 1:15; Job 30:16; Sal. 62:8; Lam. 2:19
- bSal. 55:14; 122:1; Isa. 30:29
- cSal. 100:4
- aSal. 38:6; 42:11; 43:5; Mat. 26:38
- bSal. 77:3
- cSal. 71:14; Lam. 3:24
- dSal. 44:3
- aSal. 61:2
- b2 Sam. 17:22
- cDt. 3:8
- aSal. 69:1, 2; 88:7; Jon. 2:3
- aSal. 57:3; 133:3
- bJob 35:10; Sal. 16:7; 63:6; 77:6; 149:5
- cEcl. 5:18; 8:15
- aSal. 18:2
- bSal. 38:6
- cSal. 17:9
- aSal. 42:3; Joel 2:17
- aSal. 42:5; 43:5
- aSal. 26:1; 35:24
- b1 Sam. 24:15; Sal. 35:1
- cSal. 5:6; 38:12
- aSal. 18:1; 28:7; 31:4
- bSal. 44:9; 88:14
- cSal. 42:9
- aSal. 36:9
- bSal. 2:6; 3:4; 42:4; 46:4
- cSal. 84:1
- aSal. 26:6
- bSal. 21:6
- cSal. 33:2; 49:4; 57:8; 71:22
- aSal. 42:5, 11
- aEx. 12:26, 27; Dt. 6:20; Jue. 6:13; Sal. 78:3
- bSal. 78:12
- cDt. 32:7; Sal. 77:5; Isa. 51:9; 63:9
- aJos. 3:10; Neh. 9:24; Sal. 78:55; 80:8
- bEx. 15:17; 2 Sam. 7:10; Jer. 24:6; Amós 9:15
- cSal. 135:10–12
- dSal. 80:9–11; Zac. 2:6
- aDt. 8:17, 18; Jos. 24:12
- bSal. 77:15
- cSal. 4:6; 89:15
- dDt. 4:37; 7:7, 8; 10:15; Sal. 106:4
- aSal. 74:12
- bSal. 42:8
- aDt. 33:17; Sal. 60:12; Dan. 8:4
- bSal. 108:13; Zac. 10:5
- a1 Sam. 17:47; Sal. 33:16; Os. 1:7
- aSal. 136:24
- bSal. 53:5
- aSal. 34:2
- bSal. 30:12
- aSal. 43:2; 60:1, 10; 74:1; 89:38; 108:11
- bSal. 69:19
- cSal. 60:10; 108:11
- aLev. 26:17; Jos. 7:8, 12; Sal. 89:43
- bSal. 89:41
- aSal. 44:22; Rom. 8:36
- bLev. 26:33; Dt. 4:27; 28:64; Sal. 106:27; Ezq. 20:23
- aDt. 32:30; Jue. 2:14; 3:8; Isa. 52:3, 4; Jer. 15:13
- aDt. 28:37; Sal. 79:4; 89:41
- bSal. 80:6; Ezq. 23:32
- aJob 17:6; Sal. 69:11; Jer. 24:9
- b2 Rey. 19:21; Sal. 109:25
- a2 Crón. 32:21; Sal. 69:7
- aSal. 74:10
- bSal. 8:2
- aSal. 78:7; 119:61, 83, 109, 141, 153, 176
- bSal. 78:57
- aSal. 78:57
- bJob 23:11; Sal. 119:51, 157
- aSal. 51:8; 94:5
- bJob 30:29; Isa. 13:22; Jer. 9:11
- cJob 3:5; Sal. 23:4
- aSal. 78:11
- bDt. 6:14; Sal. 81:9
- aSal. 139:1, 2; Jer. 17:10
- aRom. 8:36
- bIsa. 53:7; Jer. 12:3
- aSal. 7:6
- bSal. 78:65
- cSal. 77:7
- aJob 13:24; Sal. 88:14
- bSal. 42:9; Lam. 5:20
- aSal. 119:25
- aSal. 35:2
- bSal. 6:4; 25:22
- aEsd. 7:6
- aLuc. 4:22
- bSal. 21:6
- aHeb. 4:12; Apoc. 1:16
- bIsa. 9:6
- aSof. 2:3
- bSal. 21:8
- aSal. 18:14; 120:4; Isa. 5:28
- bSal. 92:9; Isa. 17:13
- c2 Sam. 18:14
- aSal. 93:2; Heb. 1:8, 9
- bSal. 98:9
- aSal. 11:7; 33:5
- bSal. 2:2
- aCant. 4:14; Juan 19:39
- bSal. 150:4
- aCant. 6:8
- b1 Rey. 2:19
- c1 Rey. 9:28; Isa. 13:12
- aDt. 21:13; Rut 1:16, 17
- aEf. 5:33
- bGn. 18:12; 1 Ped. 3:6
- aSal. 68:29; 72:10, 11; 87:4
- bSal. 22:29; Isa. 49:23
- aEx. 39:2, 3
- aJue. 5:30; Ezq. 16:10
- bCant. 1:4
- cSal. 45:9
- aMal. 1:11
- bSal. 138:4
- aSal. 14:6; 62:7, 8
- bDt. 4:7; Sal. 145:18
- cSal. 9:9
- aSal. 23:4; 27:1
- bSal. 82:5
- cSal. 18:7
- aSal. 93:3, 4; Jer. 5:22
- aSal. 36:8; 65:9; Isa. 8:6; Apoc. 22:1
- bSal. 48:1; 87:3; 101:8; Isa. 60:14; Apoc. 3:12
- cSal. 43:3
- aDt. 23:14; Isa. 12:6; Ezq. 43:7, 9; Os. 11:9; Joel 2:27; Zac. 2:5
- bSal. 37:40; Isa. 41:14; Luc. 1:54
- aSal. 2:1, 2
- bSal. 18:13; 68:33; Jer. 25:30; Joel 2:11; Amós 1:2
- cAmós 9:5; Miq. 1:4; Nah. 1:5
- aNúm. 14:9; 2 Crón. 13:12
- bSal. 9:9; 48:3
- aSal. 66:5
- bIsa. 61:4; Jer. 51:43
- aIsa. 2:4; Miq. 4:3
- b1 Sam. 2:4; Sal. 76:3
- cIsa. 9:5; Ezq. 39:9
- aSal. 100:3
- bIsa. 2:11, 17
- aSal. 98:8
- bSal. 106:47
- aDt. 7:21; Neh. 1:5; Sal. 66:3, 5; 68:35
- bMal. 1:14
- aSal. 18:47
- a1 Ped. 1:4
- bAmós 6:8; 8:7; Nah. 2:2
- aSal. 68:18
- bSal. 98:6
- aSal. 68:4
- bSal. 89:18
- aZac. 14:9
- b1 Cor. 14:15
- a1 Crón. 16:31; Sal. 22:28
- bSal. 97:2
- aSal. 72:11; 102:22; Isa. 49:7, 23
- bRom. 4:11, 12
- cSal. 89:18
- dSal. 97:9
- a1 Crón. 16:25; Sal. 96:4; 145:3
- bSal. 46:4
- cSal. 2:6; 87:1; Isa. 2:3; Miq. 4:1; Zac. 8:3
- aSal. 50:2
- bLam. 2:15
- cMat. 5:35
- aSal. 46:7
- a2 Sam. 10:6–19
- aEx. 15:15
- aIsa. 13:8
- aJer. 18:17
- b1 Rey. 10:22; 22:48; Ezq. 27:25
- aSal. 87:5
- aSal. 26:3; 40:10
- aDt. 28:58; Jos. 7:9; Mal. 1:11
- bSal. 65:1, 2; 100:1
- cIsa. 41:10
- aSal. 97:8
- aNeh. 3:1, 11, 25–27
- aSal. 122:7
- bSal. 78:5–7
- aSal. 23:4; Isa. 58:11
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