Hebreos 3–4
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Jesús, superior a Moisés
Por tanto, hermanos santosa, participantes del llamamiento celestialb, consideren a Jesús, el Apóstolc y Sumo Sacerdoted de nuestra fe1e.
El cual fue fiel1 al que lo designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios2a.
Porque Jesús ha sido considerado digno de más gloria que Moisésa, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa.
Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios.
Moisés fue fiel en toda la casa de Dios1a como siervob, para testimonioc de lo que se iba a decir más tarded.
Pero Cristo1 fue fiel como Hijo sobre la casa de Diosa, cuya casa somos nosotrosb, si retenemos firmec hasta el fin nuestra confianzad y la gloria2 de nuestra esperanzae.
Por lo cual, como dice el Espíritu Santoa:
«Si ustedes oyen hoy Su vozb,
No endurezcan sus corazones, como en la provocación,
Como en el día de la prueba en el desiertoa,
aDonde sus padres me tentaron y me pusieron a prueba,
Y vieron Mis obras por cuarenta añosb.
»Por lo cual Yo me disgusté con aquella generación,
Y dije: “siempre se desvían en su corazón,
Y no han conocido Mis caminosa”;
Como juré en Mi ira:
“No entrarán en Mi reposoa”».
Tengan cuidadoa, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse1 del Dios vivob.
Antes, exhórtense los unos a los otros cada díaa, mientras todavía se dice: «Hoy»; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecadob.
Porque somos hechos1 partícipes de Cristo, si es que retenemosa firme hasta el fin el principio de nuestra seguridadb.
Por lo cual se dice:
«Si ustedes oyen hoy Su voz,
No endurezcan sus corazones, como en la provocacióna».
Porque ¿quiénes, habiendo oído, lo provocarona? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egiptob guiados por Moisés?
¿Con quiénes se disgustó por cuarenta años? ¿No fue con aquellos que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desiertoa?
¿Y a quiénes juró que no entrarían en Su reposoa, sino a los que fueron desobedientesb?
Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidada.
Reposo de Dios y del creyente
Por tanto, temamos, no sea que permaneciendo aún la1 promesa de entrar en Su reposo2, alguno de ustedes parezca no haberlo alcanzadoa.
Porque en verdad, a nosotros se nos ha anunciado las buenas nuevas, como también a ellos. Pero la palabra que ellos oyeron1 no les aprovechó por no ir acompañada por la fe en2 los que la oyerona.
Porque los que hemos creído entramos en ese reposo, tal como Él ha dicho:
«Como juré en Mi ira:
“No entrarán en Mi reposoa”»,
aunque las obras de Él estaban acabadas desde la fundación del mundob.
Porque así ha dicho en cierto lugara acerca del séptimo día: «Y Dios reposó en el séptimo día de todas Sus obrasb»;
y otra vez en este pasaje: «No entrarán en Mi reposoa».
Por tanto, puesto que todavía falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes antes se les anunció las buenas nuevas no entraron por causa de su desobediencia1a,
Dios otra vez fija un día: Hoy. Diciendo por medio de1 David después de mucho tiempo, como se ha dicho antes:
«Si ustedes oyen hoy Su voz, No endurezcan sus corazonesa».
Porque si Josué1 les hubiera dado reposoa, Dios no habría hablado de otro día después de ese.
Queda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios.
Pues el que ha entrado a Su reposo1, él mismo ha reposado de sus obrasa, como Dios reposó de las Suyasb.
Por tanto, esforcémonos por entrar en ese reposo, no sea que alguien caiga siguiendo el mismo ejemploa de desobedienciab.
Poder de la palabra de Dios
Porque la palabra de Diosa es vivab y eficazc, y más cortante que cualquier espada de dos filosd. Penetra hasta la división del alma y del espíritue, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir1 los pensamientos y las intenciones del corazónf.
No hay cosa creada oculta a Su vista1a, sino que todas las cosas están al descubierto2 y desnudasb ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta.
Jesús, el gran Sumo Sacerdote
Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdotea que trascendió1b los cielos, Jesús, el Hijo de Diosc, retengamos nuestra fe2d.
Porque no tenemos un Sumo Sacerdotea que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotrosb, pero sin pecadoc.
Por tanto, acerquémonosa con confianzab al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.
Footnotes
- 1O confesión, o profesión.
- 1 Siendo fiel.
- 2 Él.
- 1 Él.
- 1I.e. el Mesías.
- 2O el gloriarnos.
- 1O apostatar.
- 1 hemos llegado a ser.
- 1 una.
- 2I.e. de Dios.
- 1 pero la palabra oída.
- 2Muchos dicen: por no estar ellos unidos por la fe con.
- 1O incredulidad.
- 1O en.
- 1 Jesús.
- 1I.e. de Dios.
- 1O juzgar.
- 1I.e. de Dios.
- 2O abiertas.
- 1 pasó a través de.
- 2O confesión, o profesión.
Cross references
- aHech. 1:15; Heb. 2:11; 3:12; 10:19; 13:22
- bFil. 3:14
- cJuan 17:3
- dHeb. 2:17; 4:14, 15; 5:5, 10; 6:20; 7:26, 28; 8:1, 3; 9:11; 10:21
- e2Cor. 9:13; Heb. 4:14; 10:23
- aEx. 40:16; Núm. 12:7; Heb. 3:5
- a2Cor. 3:7–11
- aEx. 40:16; Núm. 12:7; Heb. 3:2
- bEx. 14:31; Núm. 12:7
- cDt. 18:18, 19
- dHeb. 1:1
- aHeb. 1:2
- b1Cor. 3:16; 1Tim. 3:15
- cRom. 11:22; Heb. 3:14; 4:14
- dEf. 3:12; Heb. 4:16; 10:19, 35
- eHeb. 6:11; 7:19; 10:23; 11:1; 1Ped. 1:3
- aHech. 28:25; Heb. 9:8; 10:15
- bSal. 95:7
- aSal. 95:8; Heb. 3:15; 4:7
- aSal. 95:9–11
- bHech. 7:36
- aSal. 95:10
- aSal. 95:11; Heb. 4:3, 5
- aCol. 2:8; Heb. 12:25
- bMat. 16:16; Heb. 9:14; 10:31; 12:22
- aHeb. 10:24, 25
- bEf. 4:22
- aHeb. 3:6
- bHeb. 11:1
- aSal. 95:7, 8; Heb. 3:7; 4:7
- aJer. 32:29; 44:3, 8
- bNúm. 14:2, 11, 30; Dt. 1:35, 36, 38
- aNúm. 14:29; 1Cor. 10:5
- aNúm. 14:23; Dt. 1:34, 35; Heb. 4:2
- bRom. 11:30–32; Heb. 4:6, 11
- aJuan 3:18, 36; Rom. 11:23; Heb. 3:12
- a2Cor. 6:1; Gál. 5:4; Heb. 12:15
- aRom. 10:17; Gál. 3:2; 1Tes. 2:13
- aSal. 95:11; Heb. 3:11
- bMat. 25:34
- aHeb. 2:6
- bGn. 2:2; Ex. 20:11; 31:17
- aSal. 95:11; Heb. 3:11
- aHeb. 3:18; 4:11
- aSal. 95:7, 8; Heb. 3:7, 8
- aJos. 22:4
- aApoc. 14:13
- bGn. 2:2; Heb. 4:4
- a2Ped. 2:6
- bHeb. 3:18; 4:6
- aJer. 23:29; Ef. 5:26; Heb. 6:5; 1Ped. 1:23
- bHech. 7:38
- c1Tes. 2:13
- dEf. 6:17
- e1Tes. 5:23
- fJuan 12:48; 1Cor. 14:24, 25
- aSal. 33:13–15; 2Crón. 16:9
- bJob 26:6
- aHeb. 2:17
- bEf. 4:10; Heb. 6:20; 8:1; 9:24
- cMat. 4:3; Heb. 1:2; 6:6; 7:3; 10:29
- dHeb. 3:1
- aHeb. 2:17
- bHeb. 2:18
- c2Cor. 5:21; Heb. 7:26
- aHeb. 7:19
- bHeb. 3:6
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