Mateo 8:23–34
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Jesús calma la tempestad
23aCuando entró Jesús1 en la barca, sus discípulos le siguieron.
24Y de pronto1 se desató una gran tormenta2 en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús3 estaba dormido.
25Y llegándose a Él, le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanosa, que perecemos!
26Y Él les dijo*: ¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fea? Entonces se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.
27Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Quién es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?
Los endemoniados gadarenos
28aCuando llegó al otro lado, a la tierra de los gadarenos, le salieron al encuentro dos endemoniadosb que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino.
29Y1 gritaron, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo2, Hijo de Diosa? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo3?
30A cierta distancia de ellos había una piara de muchos cerdos paciendo;
31y los demonios le rogaban, diciendo: Si vas a echarnos fuera, mándanos a la piara de cerdos.
32Entonces Él les dijo: ¡Id! Y ellos salieron y entraron en los cerdos; y he aquí que la piara entera se precipitó por un despeñadero al mar, y perecieron en las aguas.
33Los que cuidaban la piara huyeron; y fueron a la ciudad y lo contaron todo, incluso1 lo de los endemoniadosa.
34Y1 toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de su comarcaa.
Footnotes
Cross references
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