Lucas 15–16
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- ESV English Standard Version
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- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Capitulo 15
Parábola de la oveja perdida
Todos los recaudadores de impuestos1a y los pecadores se acercaban a Jesús2 para oírle;
2y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este recibe a los pecadores y come con ellosa.
3Entonces Él les refirió esta parábola, diciendo:
4¿aQué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, no deja las noventa y nueve en el campo1 y va tras la que está perdida hasta que la halla?
5Al encontrarla, la pone sobre sus hombros, gozoso;
6y cuando llega a su casa, reúne a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: «Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido».
7Os digo que de la misma manera, habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.
Parábola de la moneda perdida
8¿O qué mujer, si tiene diez monedas de plata1 y pierde una moneda, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta hallarla?
9Cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas, diciendo: “Alegraos conmigo porque he hallado la moneda que había perdido.”
10De la misma manera, os digo, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepientea.
Parábola del hijo pródigo
11Y Jesús dijo: Cierto hombre tenía dos hijos;
12y el menor de ellos le dijo al padre: «Padre, dame la parte de la hacienda que me correspondea». Y él les repartió sus bienes1b.
13No muchos días después, el hijo menor, juntándolo todo, partió a un país lejano, y allí malgastó su hacienda viviendo perdidamente.
14Cuando lo había gastado todo, vino una gran hambre en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.
15Entonces fue y se acercó1 a uno de los ciudadanos de aquel país, y él lo mandó a sus campos a apacentar cerdos.
16Y deseaba llenarse el estómago1 de2 las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
17Entonces, volviendo en sí, dijo: «¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aquí perezco de hambre!
18»Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;
19ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores”».
20Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó1a.
21Y el hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo1».
22Pero el padre dijo a sus siervos: «Pronto; traed la mejor ropa y vestidloa, y poned un anillo en su manob y sandalias en los pies;
23y traed el becerro engordado, matadlo, y comamos y regocijémonos;
24porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido halladoa». Y comenzaron a regocijarse.
25Y su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acercó a la casa, oyó música y danzas.
26Y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era todo aquello.
27Y él le dijo: «Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro engordado porque lo ha recibido sano y salvo».
28Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba que entrara.
29Pero respondiendo él, le dijo al padre: «Mira, por tantos años te he servido y nunca he desobedecido ninguna orden tuya, y sin embargo, nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos;
30pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes1 con ramerasa, mataste para él el becerro engordado».
31Y él le dijo: «Hijo mío, tú siempre has estado1 conmigo, y todo lo mío es tuyo.
32»Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido halladoa».
Capitulo 16
El mayordomo infiel
Decía también Jesús a los discípulos: Había cierto hombre rico que tenía un mayordomo; y este fue acusado ante él de derrochar sus bienesa.
2Entonces lo llamó y le dijo: «¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Rinde cuentas de tu administración, porque no puedes ser más mayordomo».
3Y el mayordomo se dijo a sí mismo: «¿Qué haré? Pues mi señor me quita la administración. No tengo fuerzas para cavar, y me da vergüenza mendigar.
4»Ya sé1 lo que haré, para que cuando se me destituya de la administración me reciban en sus casas».
5Y llamando a cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: «¿Cuánto le debes a mi señor?».
6Y él dijo: «Cien barriles1 de aceite». Y le dijo: «Toma tu factura, siéntate pronto y escribe cincuenta».
7Después dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?». Y él respondió: «Cien medidas1 de trigo» El le dijo*: «Toma tu factura y escribe ochenta».
8El señor elogió al mayordomo injusto porque había procedido con sagacidad, pues los hijos de este sigloa son más sagaces en las relaciones con sus semejantes1 que los hijos de luzb.
9Y yo os digo: Haceos amigos por medio de las riquezas1a injustasb, para que cuando falten, os reciban en las moradas eternasc.
10El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo muchoa; y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho.
11Por tanto, si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas1 injustasa, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas?
12Y si no habéis sido fieles en el uso de lo ajeno, ¿quién os dará lo que es vuestro1?
13Ningún siervo1 puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas2a.
Los fariseos y la ley
14Los fariseos, que eran amantes del dineroa, oían todas estas cosas y se burlaban de Élb.
15Y Él les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismosa ante los hombres, pero Dios conoce vuestros corazonesb, porque lo que entre los hombres es de alta estima, abominable es delante de Dios.
16La ley y los profetas se proclamaron hasta Juana; desde entonces se anuncian las buenas nuevas del reino de Diosb, y todos se esfuerzan por entrar en él.
17Pero más fácil es que el cielo y la tierra pasen, que un ápice1 de la ley deje de cumplirse2a.
18Todo el que se divorcia de1 su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la que está divorciada del2 marido, comete adulterioa.
El rico y Lázaro
19Había cierto hombre rico que se vestía de púrpura y lino fino, celebrando cada día fiestas con esplendidez.
20Y un pobre llamado Lázaro yacía a su puertaa cubierto de llagas,
21ansiando saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; además, hasta los perros venían y le lamían las llagas.
22Y sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al senoa de Abraham; y murió también el rico y fue sepultado.
23En el Hades1a alzó2 sus ojos, estando en tormentos, y vio* a Abraham a lo lejos, y a Lázaro en su seno.
24Y gritando, dijo: «Padre Abrahama, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, pues estoy en agonía en esta llamab».
25Pero Abraham le dijo: «Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienesa, y Lázaro, igualmente, males; pero ahora él es consolado aquí, y tú estás en agonía.
26»Y además de1 todo esto, hay un gran abismo puesto entre nosotros y vosotros, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan, y tampoco nadie pueda2 cruzar de allá a nosotros».
27Entonces él dijo: «Te ruego, pues, padre, que lo envíes a la casa de mi padre,
28pues tengo cinco hermanos, de modo que él los prevenga1a, para que ellos no vengan también a este lugar de tormento».
29Pero Abraham dijo*: «Ellos tienen a Moisés y a los profetasa; que los oigan».
30Y él dijo: «No, padre Abrahama, sino que si alguno va a ellos de entre los muertos, se arrepentirán».
31Mas Abraham le contestó: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levanta de entre los muertos».
Notas al pie
- 1O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos
- 2, El
- 1, desierto
- 1Gr., dracmas; una dracma equivalía al salario de un día
- 1, los medios de vida
- 1, se unió
- 1, vientre
- 2Muchos antiguos dicen: deseaba saciarse de
- 1, lo besó una y otra vez
- 1Algunos antiguos agregan: Hazme como uno de tus trabajadores
- 1, tus medios de vida
- 1, estás
- 1, He llegado al conocimiento de
- 1Gr., batos; medida de 37 litros
- 1Gr., coros; medida de 370 litros
- 1, su generación
- 1Gr., mamonás
- 1Gr., mamonás
- 1Algunos dicen: nuestro
- 1O, criado
- 2Gr., mamonás
- 1O, una tilde
- 2, caiga
- 1O, repudia a
- 2O, la repudiada por el
- 1I.e., la región de los muertos
- 2, habiendo alzado
- 1, Y en
- 2, ni puedan
- 1O, les testifique
Referencias cruzadas
- aLuc. 5:29
- aMat. 9:11
- aLuc. 15:4–7; Mat. 18:12–14
- aMat. 10:32; Luc. 15:7
- aDeut. 21:17
- bMar. 12:44; Luc. 15:30
- aGén. 45:14; 46:29; Hech. 20:37
- aZac. 3:4; Apoc. 6:11
- bGén. 41:42
- aMat. 8:22; Luc. 9:60; 15:32; Rom. 11:15; Ef. 2:1, 5; 5:14; Col. 2:13; 1 Tim. 5:6
- aProv. 29:3; Luc. 15:12
- aLuc. 15:24
- aLuc. 15:13
- aMat. 12:32; Luc. 20:34
- bJuan 12:36; Ef. 5:8; 1 Tes. 5:5
- aMat. 19:21; Luc. 11:41; 12:33
- bMat. 6:24; Luc. 16:11, 13
- cLuc. 16:4
- aMat. 25:21, 23
- aLuc. 16:9
- aMat. 6:24; Luc. 16:9
- a2 Tim. 3:2
- bLuc. 23:35
- aLuc. 10:29; 18:9, 14
- b1 Sam. 16:7; Prov. 21:2; Hech. 1:24; Rom. 8:27
- aMat. 11:12, 13
- bMat. 4:23
- aMat. 5:18
- aMat. 5:32; 1 Cor. 7:10, 11
- aHech. 3:2
- aJuan 1:18; 13:23
- aMat. 11:23
- aLuc. 3:8; 16:30; 19:9
- bMat. 25:41
- aLuc. 6:24
- aHech. 2:40; 8:25; 10:42; 18:5; 20:21 y sig.; 23:11; 28:23; Gál. 5:3; Ef. 4:17; 1 Tes. 2:11; 4:6
- aLuc. 4:17; Juan 5:45–47; Hech. 15:21
- aLuc. 3:8; 16:24; 19:9
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