Apocalipsis 18–19
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- DARBY 1890 Darby Bible
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- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
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Capitulo 18
La caída de Babilonia
Después de esto vi a otro ángela descender del cielob, que tenía gran poder, y la tierra fue iluminada con su gloriac.
2Y clamó con potente voz, diciendo: ¡Cayó, cayó la gran Babiloniaa! Se ha convertido en habitación de demoniosb, en guarida1 de todo espíritu inmundoc y en guarida1 de toda ave inmunda y aborrecible.
3Porque todas las naciones han bebido del1 vino de la pasión2 de su inmoralidada, y los reyes de la tierrab han cometido actos inmorales con ella, y los mercaderes de la tierrac se han enriquecido con la riqueza3 de su sensualidad4d.
4Y oí otra voz del cielo que decía: Salid de ella, pueblo míoa, para que no participéis de sus pecados y para que no recibáis de sus plagas;
5porque sus pecados se han amontonado1 hasta el cieloa, y Dios se ha acordado de sus iniquidadesb.
6Pagadle tal como ella ha pagadoa, y devolvedle1 doble según sus obras; en la copa que ella ha preparadob, preparad2 el doble para ella.
7Cuanto ella se glorificó a sí mismaa y vivió sensualmente1b, así2 dadle tormento y duelo3, porque dice en su corazón: «Yo estoy sentada como reinac, y no soy viuda y nunca veré duelo3».
8Por eso, en un solo díaa, vendrán sus plagas: muerte, duelo1 y hambre, y será quemada con fuegob; porque el Señor Dios que la juzga es poderoso2c.
9Y los reyes de la tierraa que cometieron actos de inmoralidad y vivieron sensualmente1b con ella, llorarán y se lamentaránc por ella cuando vean el humo de su incendiod,
10mirando de pie desde lejosa por causa del temor de su tormento, y diciendo: «¡Ay, ayb, la gran ciudad, Babiloniac, la ciudad fuerte!, porque en una horad ha llegado tu juicio».
11Y los mercaderes de la tierraa lloran y se lamentanb por ella, porque ya nadie compra sus mercaderías1:
12cargamentos de oro, plata, piedras preciosas1, perlas, lino fino, púrpura, seda y escarlataa; toda clase de maderas olorosas2 y todo objeto de marfil y todo objeto hecho de maderas preciosas, bronce, hierro y mármol;
13y canela, especias aromáticas1, incienso, perfume, mirra, vino, aceite de oliva; y flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos, carros, esclavos2 y vidas humanas3a.
14Y el fruto que tanto has anhelado1 se ha apartado de ti, y todas las cosas que eran lujosas y espléndidas se han alejado2 de ti, y nunca más las hallarán.
15Los mercaderesa de estas cosasb que se enriquecieron a costa de ella, se pararán lejosc a causa del temor de su tormento, llorando y lamentándose,
16diciendo: «¡Ay, aya, la gran ciudadb, que estaba vestida de lino fino, púrpura y escarlatac, y adornada de oro, piedras preciosas y perlas1!,
17porque en una horaa ha sido arrasadab tanta riqueza». Y todos los capitanes, pasajeros1 y marineros, y todos los que viven del marc, se pararon a lo lejosa,
18y al ver el humo de su incendioa gritabanb, diciendo: «¿Qué ciudad es semejantec a la gran ciudadd?».
19Y echaron polvo sobre sus cabezasa, y gritaban, llorando y lamentándose, diciendo: «¡Ay, ayb, la gran ciudad en la cual todos los que tenían naves en el mar se enriquecieron a costa de sus riquezasc!, porque en una horab ha sido asoladad».
20Regocíjate sobre ellaa, cielo, y también vosotros, santos, apóstoles y profetasb, porque Dios ha pronunciado juicioc por vosotros contra ella1.
21Entonces un ángel poderoso1a tomó una piedra, como una gran piedra de molinob, y la arrojó al mar, diciendo: Así será derribada con violencia Babilonia, la gran ciudadc, y nunca más será halladad.
22Y el sonido de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeterosa no se oirá más en ti; artífice de oficio alguno no se hallará más en ti; ruido de molinob no se oirá más en ti;
23luz de lámpara no alumbrará más en ti; y la voz del novio1 y de la novia2a no se oirá más en ti; porque tus mercaderesb eran los grandes de la tierra, pues todas las naciones fueron engañadas por tus hechiceríasc.
24Y en ella fue hallada la sangre de los profetas, de los santosa y de todos los que habían sido muertos sobre la tierrab.
Capitulo 19
Alabanzas en el cielo
Después de esto oí como una gran voza de una gran multitud en el cielo, que decía:
¡Aleluya!b
La salvaciónc y la gloria y el poderd pertenecen a nuestro Dios,
2porque sus juicios son verdaderos y justosa,
pues ha juzgado a la gran ramerab
que corrompía la tierra con su inmoralidad,
y ha vengado la sangre de sus siervos en ella1c.
3Y dijeron por segunda vez:
¡Aleluyaa!
El humo de ella sube por los siglos de los siglosb.
4Y los veinticuatro ancianosa y los cuatro seres vivientesb se postraron y adoraron a Diosc, que está sentado en el trono, y decían:
5Y del trono salió una voz que decía:
Alabad a nuestro Diosa todos sus siervos,
los que le teméisb, los pequeños y los grandes.
Anuncio de las bodas del Cordero
6Y oí como la voz de una gran multituda, como el estruendo de muchas aguasb y como el sonido de fuertes truenosc, que decía:
¡Aleluyaa!
Porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reinad.
7Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a Él la gloriaa,
porque las bodas del Corderob han llegado y su esposa se ha preparadoc.
8Y a ella le fue concedido vestirse de lino finoa, resplandeciente y limpio,
porque las acciones justasb de los santos son1 el lino fino.
9Y el ángela me dijo*: Escribeb: «Bienaventurados los que están invitados1 a la cena de las bodas del Corderoc». Y me dijo*: Estas son palabras verdaderas de Diosd.
10Entonces caí a sus pies para adorarlea. Y me dijo*b: No hagas eso1; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanosc que poseen el testimonio de Jesúsd; adora a Dios. Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
El jinete del caballo blanco
11Y vi el cielo abiertoa, y he aquí, un caballo blancob; el que lo montaba se llama Fiel y Verdaderoc, y con justicia juzgad y hace la guerra.
12Sus ojos son una llama de fuegoa, y sobre su cabeza hay muchas diademas1b, y tiene un nombre escritoc que nadie conoce sino Él.
13Y está vestido de un manto empapado en sangrea, y su nombre es: El Verbo1b de Dios.
14Y los ejércitos que están en los cielos, vestidos de lino finoa, blanco y limpiob, le seguían sobre caballos blancos.
15De su boca sale una espada afiladaa para herir con ella a las nacionesb, y las regirá1 con vara de hierroc; y Él pisa el lagar del vino del furor de la irad de Dios Todopoderoso.
16Y en su manto y en su muslo tiene un nombre escritoa: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORESb.
17Y vi a un ángel que estaba de pie en el sol. Y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelana en medio del cielob: Venid, congregaosc para la gran cena de Dios,
18para que comáis carne de reyes, carne de comandantes1 y carne de poderosos, carne de caballos y de sus jinetes, y carne de todos los hombresa, libres y esclavosb, pequeños y grandesc.
19Entonces vi a la bestiaa, a los reyes de la tierra y a sus ejércitosb reunidos para hacer guerra contra el que iba montado en el caballoc y contra su ejército.
20Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profetaa que hacía señalesb en su presencia1c, con las cuales engañabad a los que habían recibido la marca de la bestiae y a los que adoraban su imagenf; los dos fueron arrojados vivos al lago de fuegog que arde con azufreh.
21Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca dela que montaba el caballob, y todas las aves se saciaron de sus carnesc.
Notas al pie
- 1O, prisión
- 1Algunos antiguos dicen: caído por el
- 2, furor
- 3, el poder
- 4O, lujo
- 1, juntado
- 1, dobladle el
- 2, mezclado, mezclad
- 1O, lujosamente
- 2, de la misma manera
- 3O, llanto
- 1O, llanto
- 2O, fuerte
- 1O, lujosamente
- 1O, su cargamento
- 1, piedra preciosa
- 2O, cidros
- 1, amomo
- 2, cuerpos
- 3, almas de hombres
- 1, del deseo de tu alma
- 2O, perecido
- 1, piedra preciosa y perla
- 1, los que navegan a cualquier parte
- 1, juzgado vuestro juicio de ella
- 1O, fuerte
- 1O, desposado
- 2O, desposada
- 1, de la mano de ella
- 1, es
- 1O, llamados
- 1, No, cuidado
- 1O, coronas
- 1O, La Palabra
- 1O, pastoreará
- 1Gr., quiliarcas; i.e., oficiales militares romanos al mando de mil soldados
- 1O, por su autoridad
Referencias cruzadas
- aApoc. 17:1, 7
- bApoc. 10:1
- cEzeq. 43:2
- aIsa. 21:9; Jer. 51:8; Apoc. 14:8
- bIsa. 13:21, 22; 34:11, 13–15; Jer. 50:39; 51:37; Sof. 2:14, 15
- cApoc. 16:13
- aJer. 51:7; Apoc. 14:8
- bApoc. 17:2; 18:9
- cEzeq. 27:9–25; Apoc. 18:11, 15, 19, 23
- d1 Tim. 5:11; Apoc. 18:7, 9
- aIsa. 52:11; Jer. 50:8; 51:6, 9, 45; 2 Cor. 6:17
- aJer. 51:9
- bApoc. 16:19
- aSal. 137:8; Jer. 50:15, 29
- bApoc. 17:4
- aEzeq. 28:2–8
- b1 Tim. 5:11; Apoc. 18:3, 9
- cIsa. 47:7, 8; Sof. 2:15
- aIsa. 47:9; Jer. 50:31, 32; Apoc. 18:10
- bApoc. 17:16
- cJer. 50:34; Apoc. 11:17, 18
- aApoc. 17:2; 18:3
- b1 Tim. 5:11; Apoc. 18:3, 7
- cEzeq. 26:16, 17; 27:35
- dApoc. 14:11; 18:18; 19:3
- aApoc. 18:15, 17
- bApoc. 18:16, 19
- cApoc. 11:8; 16:19; 18:16, 18, 19, 21
- dApoc. 17:12; 18:8, 17, 19
- aEzeq. 27:9–25; Apoc. 18:3, 15, 19, 23
- bEzeq. 27:27–34
- aEzeq. 27:12–22; Apoc. 17:4
- a1 Crón. 5:21; Ezeq. 27:13; 1 Tim. 1:10
- aApoc. 18:3
- bApoc. 18:12, 13
- cApoc. 18:10
- aApoc. 18:10, 19
- bApoc. 18:10, 18, 19, 21
- cApoc. 17:4
- aApoc. 18:10
- bApoc. 17:16; 18:19
- cEzeq. 27:28, 29
- aApoc. 18:9
- bEzeq. 27:30
- cEzeq. 27:32; Apoc. 13:4
- dApoc. 18:10
- aJos. 7:6; Job 2:12; Lam. 2:10
- bApoc. 18:10
- cApoc. 18:3, 15
- dApoc. 17:16; 18:17
- aJer. 51:48; Apoc. 12:12
- bLuc. 12:49, 50
- cApoc. 6:10; 18:6 y sig.; 19:2
- aApoc. 5:2; 10:1
- bJer. 51:63, 64
- cApoc. 18:10
- dEzeq. 26:21
- aIsa. 24:8; Ezeq. 26:13; Mat. 9:23
- bEcl. 12:4; Jer. 25:10
- aJer. 7:34; 16:9
- bIsa. 23:8; Apoc. 6:15; 18:3
- cNah. 3:4; Apoc. 9:21
- aApoc. 16:6; 17:6
- bMat. 23:35
- aJer. 51:48; Apoc. 11:15; 19:6
- bSal. 104:35; Apoc. 19:3, 4, 6
- cApoc. 7:10
- dApoc. 4:11
- aSal. 19:9; Apoc. 16:7
- bApoc. 17:1
- cDeut. 32:43; 2 Rey. 9:7; Apoc. 6:10; 16:6; 18:20
- aSal. 104:35; Apoc. 19:1, 4, 6
- bIsa. 34:10; Apoc. 14:11
- aApoc. 4:4, 10
- bApoc. 4:6
- cApoc. 4:10
- dSal. 106:48; Apoc. 5:14
- eSal. 104:35; Apoc. 19:3, 6
- aSal. 115:13; 134:1; 135:1
- bApoc. 11:18
- aEzeq. 1:24; Jer. 51:48; Apoc. 11:15; 19:1
- bApoc. 1:15
- cApoc. 6:1
- dSal. 93:1; 97:1; 99:1; Apoc. 1:8
- aApoc. 11:13
- bMat. 22:2; 25:10; Luc. 12:36; Juan 3:29; Ef. 5:23, 32; Apoc. 19:9
- cMat. 1:20; Apoc. 21:2, 9
- aApoc. 15:6; 19:14
- bApoc. 15:4
- aApoc. 17:1; 19:10
- bApoc. 1:19
- cMat. 22:2, 3; Luc. 14:15
- dApoc. 17:17; 21:5; 22:6
- aApoc. 22:8
- bHech. 10:26; Apoc. 22:9
- cApoc. 1:1, 2
- dApoc. 12:17
- aEzeq. 1:1; Juan 1:51; Apoc. 4:1
- bApoc. 6:2; 19:19, 21
- cApoc. 3:14
- dSal. 96:13; Isa. 11:4
- aDan. 10:6; Apoc. 1:14
- bApoc. 6:2; 12:3
- cApoc. 2:17; 19:16
- aIsa. 63:3
- bJuan 1:1
- aApoc. 19:8
- bApoc. 3:4; 19:8
- aApoc. 1:16; 19:21
- bIsa. 14:4; 2 Tes. 2:8
- cSal. 2:9; Apoc. 2:27
- dIsa. 63:3; Joel 3:13; Apoc. 14:19, 20
- aApoc. 2:17; 19:12
- bApoc. 17:14
- aApoc. 19:21
- bApoc. 8:13
- c1 Sam. 17:44; Jer. 12:9; Ezeq. 39:17
- aEzeq. 39:18–20
- bApoc. 6:15
- cApoc. 11:18; 13:16; 19:5
- aApoc. 11:7; 13:1
- bApoc. 16:14, 16
- cApoc. 19:11, 21
- aApoc. 16:13
- bApoc. 13:13
- cApoc. 13:12
- dApoc. 13:14
- eApoc. 13:16, 17
- fApoc. 13:12, 15
- gApoc. 20:10, 14, 15; 21:8
- hIsa. 30:33; Dan. 7:11; Apoc. 14:10
- aApoc. 19:15
- bApoc. 19:11, 19
- cApoc. 19:17
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