2º Samuel 3:27–39
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Cuando Abner volvió a Hebrón, Joab se lo llevó aparte, junto a la puerta de la ciudad, como para hablar con él en privado, y allí mismo lo hirió en el vientre y lo mató para vengar a su hermano Asael. Inmediatamente después, David se enteró y dijo:
— ¡Yo y mi reino somos inocentes ante el Señor y para siempre de la sangre de Abner, el hijo de Ner! ¡Que la culpa recaiga sobre la cabeza de Joab y sobre toda su familia! ¡Que nunca falten en su casa quienes padezcan flujos de sangre o lepra, quienes manejen el huso, quienes mueran a espada o carezcan de alimento!
Joab y su hermano Abisay habían matado a Abner, porque este les había matado a su hermano en la batalla de Gabaón.
David ordenó a Joab y a todos sus acompañantes:
— Rásguense las vestiduras, vístanse con sacos y hagan duelo por Abner.
El rey David iba detrás del féretro. Cuando enterraron a Abner en Hebrón, el rey se puso a gritar y a llorar junto a la tumba de Abner, y también lloró todo el pueblo. Entonces el rey entonó esta elegía por Abner:
¿Tenías que morir, Abner,
de una muerte tan infame?
Tus manos estaban libres
y en tus pies no había cadenas.
Caíste como quien cae
a manos de criminales.
Y todo el pueblo siguió llorando por él.
Luego se allegaron a David para hacerle comer algo mientras aún fuese de día. Pero David hizo este juramento:
— ¡Que Dios me castigue, si antes de ponerse el sol pruebo pan o alguna otra cosa!
Cuando la gente se enteró, a todos les pareció bien, como todo lo que hacía el rey. Y aquel día todo el pueblo y todo Israel quedaron convencidos de que el rey no había tenido nada que ver en el asesinato de Abner, el hijo de Ner. El rey dijo a sus servidores:
— Han de saber que hoy ha caído en Israel un gran jefe. Yo hoy me siento débil, aunque sea el rey ungido, y esa gente, los hijos de Seruyá, son más fuertes que yo. ¡Que el Señor les dé su merecido por su maldad!
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