Salmo 100–102
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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SALMO 100
ACUDAN CON GOZO A SU PRESENCIA
Salmo de acción de gracias.
Aclama al Señor, tierra entera,
sirvan al Señor con alegría,
acudan con gozo a su presencia.
Sepan que el Señor es Dios:
él nos ha hecho y a él pertenecemos;
somos su pueblo, el rebaño que apacienta.
Crucen sus puertas dando gracias,
sus atrios con alabanzas;
denle gracias y bendigan su nombre,
porque el Señor es bueno,
su bondad perdura por siempre,
su fidelidad por generaciones.
SALMO 101
ACTUARÉ RECTAMENTE EN MEDIO DE MI CASA
Salmo de David.
Quiero cantar el amor y la justicia,
a ti, Señor, quiero cantarte;
quiero aprender la senda de los rectos,
¿cuándo vendrás a mí?
Actuaré rectamente en medio de mi casa,
en nada indigno fijaré mi ojos;
odio el proceder de los rebeldes,
no dejaré que me contagie.
Que el perverso se aleje de mí,
no quiero conocer al malvado.
Al que difama en secreto a su amigo,
voy a dejarlo callado;
al que es ambicioso y soberbio,
no voy a tolerarlo.
En los fieles del país me fijaré
para que habiten conmigo:
quien siga la senda de los rectos,
ese será quien me sirva.
No vivirá en mi casa quien engaña,
no aguantará mi mirada quien miente.
Yo haré callar cada mañana
a todos los malvados del país,
para expulsar de la ciudad del Señor
a todos los malhechores.
SALMO 102
NO ME LLEVES EN MITAD DE MI VIDA
Oración de un afligido que desfallece y desahoga su pesar ante el Señor.
Señor, escucha mi ruego,
que mi grito llegue a ti.
No me ocultes tu rostro
cuando estoy angustiado;
acerca hacia mí tu oído,
respóndeme pronto si te llamo.
Pues mi vida se desvanece como el humo,
mis huesos arden como una hoguera;
mi corazón se seca como hierba segada,
hasta de comer mi pan me olvido.
De tanto gritar sollozando
tengo los huesos pegados a la piel.
Me parezco al pelícano del yermo,
soy como el búho de las ruinas.
No puedo dormir, aquí estoy
como ave solitaria en un tejado.
Sin cesar mis enemigos me injurian,
furiosos contra mí me maldicen.
En vez de pan me alimento de polvo,
mezclo la bebida con mi llanto
a causa de tu enojo y de tu cólera,
pues tú me alzaste y me abatiste luego.
Es mi vida como sombra que declina,
como la hierba me voy marchitando.
Pero tú, Señor, reinas por siempre,
tu recuerdo dura por generaciones.
Tú te alzarás, te apiadarás de Sión,
que es hora ya de apiadarse de ella,
que el plazo ya se ha cumplido.
Tus siervos aman sus piedras,
sienten piedad de sus ruinas.
Venerarán las naciones tu nombre, Señor,
y tu gloria los reyes de la tierra;
cuando el Señor reconstruya Sión,
cuando se muestre en toda su gloria,
cuando atienda la súplica del pobre
y no desprecie su oración.
Quede esto escrito para la generación futura,
que el pueblo que nazca alabe a Dios;
el Señor mira desde su santo cielo,
observa la tierra desde el firmamento
para escuchar el grito del cautivo,
para librar a los reos de muerte.
Será aclamado en Sión el Señor
y en Jerusalén se proclamará su alabanza,
cuando pueblos y reinos
se reúnan para servir al Señor.
Él doblegó mi fuerza en el camino,
él hizo más corta mi vida.
Yo digo: “Dios mío,
no me lleves en mitad de mi vida”.
Tus años duran por generaciones;
tú antaño fundaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos.
Ellos perecen y tú perduras,
se desgastan todos como la tela;
tú como a un traje los cambias
y ellos se desvanecen.
Pero tú eres el mismo
y no se acaban tus años.
Habitarán seguros los hijos de tus siervos,
permanecerá ante ti su descendencia.
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