Joel 2–4
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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¡Toquen la trompeta en Sión,
den la alarma en mi santo monte!
Tiemblen todos los que habitan el país,
porque viene el día del Señor;
está ya a las puertas:
día de oscuridad y de tinieblas,
de nubarrones y densa niebla.
Como el amanecer sobre los montes,
así avanza un pueblo fuerte y numeroso;
nunca antes hubo otro como él,
ni volverá a existir después
por muchas generaciones que pasen.
Su vanguardia es fuego consumidor,
llama abrasadora su retaguardia.
Antes de su paso, era el país un paraíso;
después, todo es estepa desolada:
nada se escapa ante él.
Similar a los caballos es su aspecto,
cabalgan como si fueran jinetes.
Retumban como carros de guerra,
saltan por las cimas de los montes;
son igual que el crepitar del fuego
cuando consume el rastrojo;
igual que un pueblo poderoso
dispuesto para el combate.
Ante él tiemblan los pueblos,
palidecen todos los semblantes.
Avanzan como valientes,
cual guerreros escalan la muralla;
cada uno marcha en su fila,
sin desviarse de su trayectoria;
ninguno estorba al compañero,
avanza cada cual por su camino;
aunque caigan flechas a su alrededor,
no rompen la formación.
Invaden la ciudad,
escalan la muralla;
asaltan las casas
irrumpiendo como ladrones
a través de las ventanas.
En su presencia tiembla la tierra,
los cielos se estremecen,
el sol y la luna se oscurecen
y dejan de brillar las estrellas.
El Señor alza la voz
al frente de su ejército;
son innumerables sus tropas
y fuerte el que ejecuta su palabra.
El día del Señor es grandioso y temible:
¿quién podrá resistirlo?
LLAMADA AL ARREPENTIMIENTO
Ahora, pues, —oráculo del Señor—
vuélvanse hacia mí de todo corazón,
con ayuno, lágrimas y lamento.
Rasguen su corazón
en lugar de sus vestidos;
vuélvanse al Señor, su Dios,
que es misericordioso y compasivo,
lento para airarse y lleno de amor,
siempre dispuesto a no hacer mal.
Quizá se decida a no hacer daño
y a sembrar bendiciones a su paso:
ofrendas y libaciones
para el Señor, su Dios.
¡Toquen la trompeta en Sión!
Decreten un ayuno,
convoquen una asamblea;
congreguen al pueblo,
santifiquen la asamblea,
reúnan a los ancianos,
junten a los niños,
incluso a los que aún maman;
salga de la alcoba el esposo
y la esposa de su lecho nupcial.
Lloren los sacerdotes
entre el atrio y el altar;
digan los servidores del Señor:
“Perdona, Señor, a tu pueblo;
no expongas tu heredad al oprobio
ni a la burla de los paganos.
Que no se diga entre los pueblos:
¿dónde está su Dios?”.
RESPUESTA DEL SEÑOR
Lleno de amor por su tierra,
el Señor se compadeció de su pueblo
y le respondió diciendo:
Voy a enviarles trigo, vino y aceite
hasta que estén saciados;
nunca más los expondré
al oprobio de los paganos.
Alejaré de ustedes
al enemigo del norte
haré que se disperse
por terrenos áridos y desolados:
su vanguardia hacia el mar Oriental,
hacia el Occidental su retaguardia;
despedirá hedor y pestilencia,
porque ha hecho cosas tremendas.
No teman, campos de cultivo,
regocíjense y alégrense:
el Señor hará cosas grandiosas.
No teman, bestias del campo;
reverdecerán los matorrales de la estepa,
los árboles producirán su fruto,
darán su riqueza la vid y la higuera.
También ustedes, habitantes de Sión,
regocíjense y alégrense
en el Señor, su Dios,
pues les ha dado la lluvia oportuna en otoño
y derramará sobre ustedes como antaño
las lluvias de otoño y primavera.
Las eras se llenarán de trigo,
los lagares rebosarán de vino y aceite.
Los compensaré por aquellos años
en que todo lo arrasaron
la “recolectora”, la “lamedora”,
la “devoradora” y la “devastadora”,
aquel inmenso ejército
que envié contra ustedes.
Comerán hasta quedar saciados
y alabarán el nombre
del Señor, su Dios,
que hizo portentos con ustedes.
Y nunca jamás mi pueblo
volverá a quedar cubierto de oprobio.
Tendrán que reconocer así
que estoy en medio de Israel
y que yo, y ningún otro,
soy el Señor, su Dios.
Y nunca jamás mi pueblo
volverá a quedar cubierto de oprobio.
ACONTECIMIENTOS ANUNCIADORES DEL DÍA DEL SEÑOR
Después de estos sucesos,
derramaré mi espíritu sobre todo ser humano:
los hijos e hijas de ustedes profetizarán,
soñarán sueños sus ancianos,
y sus jóvenes verán visiones.
También sobre los siervos y las siervas
derramaré mi espíritu en aquellos días.
Haré prodigios en el cielo y en la tierra:
habrá sangre, fuego y columnas de humo;
el sol se convertirá en tinieblas
y la luna se volverá roja como sangre
ante la llegada del día del Señor,
día grandioso y temible.
Pero todo el que invoque al Señor
alcanzará la salvación,
porque habrá un resto de liberados
en la montaña de Sión y en Jerusalén
según lo ha dicho el Señor:
serán los supervivientes
a quienes ha escogido el Señor.
JUICIO A LAS NACIONES (4:1–21)
ANUNCIO DEL JUICIO CONTRA LAS NACIONES
Precisamente en aquel tiempo,
cuando yo cambie la suerte
de Judá y de Jerusalén,
reuniré a todas las naciones
y las haré bajar al valle de Josafat.
Allí pleitearé contra ellas
en favor de Israel, mi pueblo y mi heredad,
pues lo dispersaron entre los paganos,
mientras se repartían mi tierra;
echaron mi pueblo a suertes,
cambiaron a muchachos por rameras,
vendieron a muchachas por vino
bebiendo sin control.
¿Qué pretenden de mí ustedes,
Tiro, Sidón y comarcas todas de Filistea?
¿Quieren vengarse de mí?
Si contra mí planean venganza,
haré que recaiga repentinamente
la venganza sobre su cabeza,
pues me robaron la plata y el oro,
llevaron a sus templos
mis mejores tesoros,
vendieron a los griegos
los habitantes de Judá y de Jerusalén,
alejándolos así de su tierra.
Pero yo los sacaré de allí,
del país al que los vendieron,
y haré que ustedes tengan que pagar
con la misma moneda:
venderé sus hijos e hijas
a los habitantes de Judá,
y ellos los venderán a los sabeos,
a una nación lejana.
Así lo ha dispuesto el Señor.
CONVOCATORIA A LA BATALLA
Pregonen esto a las naciones,
declaren la guerra santa,
convoquen a los valientes,
que acudan todos los guerreros.
Forjen espadas de sus arados
y lanzas de sus podaderas.
Diga el débil: ¡Soy un valiente!
Pueblos todos de alrededor,
vengan juntos y congréguense allí.
¡Pon, Señor, en marcha a tus valientes!
Que se preparen y suban los pueblos,
que acudan al valle de Josafat,
pues allí me he de sentar
a juzgar a todos los pueblos vecinos.
Empuñen la hoz,
pues la mies está madura;
vengan, pisen la uva,
pues está lleno el lagar;
rebosan ya las cubas,
es inmensa su maldad.
Grandes multitudes están presentes
en el valle del Veredicto,
porque se acerca el día del Señor
en el valle del Veredicto.
El sol y la luna se oscurecerán,
las estrellas perderán su brillo.
Desde Sión el Señor rugirá,
desde Jerusalén alzará su voz,
el cielo y la tierra temblarán;
el Señor será el refugio de su pueblo,
la fortaleza de los hijos de Israel.
Reconocerán así que yo,
el Señor su Dios,
habito en Sión, mi santo monte.
Jerusalén será lugar santo,
y nunca más la atravesarán los extranjeros.
RESTAURACIÓN DE JUDÁ
Aquel día los montes destilarán mosto,
las colinas manarán leche,
correrá el agua por todos los arroyos de Judá,
y del Templo del Señor brotará una fuente
que regará el valle de Sitín.
Egipto será un lugar desolado
y Edom una estepa desértica,
porque violentaron a las gentes de Judá,
y derramaron sangre inocente en su tierra.
Pero Judá será habitada para siempre,
y Jerusalén por innumerables generaciones.
Vengaré su sangre,
no la dejaré impune.
Y el Señor habitará en Sión.
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