Logos Bible Study

Jeremías 29–31

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

Spanish

Arabic

Czech

English

French

German

Hebrew

Hungarian

Italian

Korean

Latin

Portuguese

Russian

Simplified Chinese

Traditional Chinese

CARTA DE JEREMÍAS

Este es el texto de la carta que el profeta Jeremías envió desde Jerusalén a los desterrados: a los ancianos, sacerdotes y profetas, y a toda la gente que Nabucodonosor había deportado de Jerusalén a Babilonia. [El hecho tuvo lugar después de que el rey Jeconías partiese de Jerusalén con la reina madre, los eunucos y los dignatarios de Judá y de Jerusalén, así como con los gremios de artesanos y de trabajadores del metal[. La envió a Nabucodonosor, rey de Babilonia, por medio de Elasá, hijo de Safán, y de Guemarías, hijo de Jelcías, mensajeros de Sedecías, rey de Judá. Decía lo siguiente:

“Así dice el Señor del universo, Dios de Israel, a toda la gente deportada de Jerusalén a Babilonia: Contruyan casas e instálense en ellas, planten huertos y aliméntense de sus frutos. Cásense y tengan hijos e hijas; tomen esposas para sus hijos y den sus hijas a otros hombres, y que tengan a su vez hijos e hijas. De este modo crecerán y no menguarán. Busquen el bienestar de la ciudad a la que han sido deportados y oren por ella al Señor, pues de su bienestar dependerá el de ustedes. Así dice el Señor del universo, Dios de Israel: Que no los engañen los profetas y adivinos que viven entre ustedes; no hagan caso de las fantasías que sueñan, pues les profetizan mentiras en mi nombre, cuando yo no los he enviado —oráculo del Señor—. Así dice el Señor: En cuanto pasen setenta años en Babilonia, los visitaré y haré que se cumpla en ustedes mi promesa de bienestar, haciéndolos volver a este lugar. Yo conozco mis designios sobre ustedes —oráculo del Señor—. Son designios de bienestar, no de desgracia, pues les ofrezco un futuro y una esperanza. Me invocarán y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé; me buscarán y me encontrarán, si es que vienen a buscarme de todo corazón. Me dejaré encontrar por ustedes —oráculo del Señor—, acabaré con su destierro y los reuniré de todas las naciones y lugares por donde los dispersé, y los haré regresar al lugar de donde los hice deportar —oráculo del Señor—. Respecto a su afirmación de que el Señor les ha suscitado profetas en Babilonia, así dice el Señor al rey que se sienta en el trono de David y a toda la gente que habita en esta ciudad, es decir, a sus hermanos que no partieron con ustedes al destierro: Así dice el Señor del universo: Voy a enviar contra ellos la espada, el hambre y la peste; los trataré como a los higos podridos que no se pueden comer de puro malos. Los perseguiré con la espada, el hambre y la peste; servirán de escarmiento a todos los reinos de la tierra, y de fórmula de maldición, espanto, burla e ignominia de todas las naciones por donde los dispersé. Porque no escucharon mis palabras —oráculo del Señor—; porque les envié continuamente a mis siervos los profetas y no les hicieron caso —oráculo del Señor—.

Pero ustedes, desterrados que envié de Jerusalén a Babilonia, escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor del universo, Dios de Israel, a propósito de Ajab, hijo de Colaías, y de Sedecías, hijo de Maasías, que les profetizan mentiras en mi nombre: Voy a entregarlos en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que los matará en presencia de ustedes. En ellos tendrá su origen una maldición, que será usada por todos los deportados de Judá que están en Babilonia: ‘Que el Señor te haga lo que a Sedecías y a Ajab, a quienes pasó a fuego el rey de Babilonia’, porque perpetraron infamias en Israel, cometieron adulterio con las mujeres de otros y hablaron mentiras en mi nombre, algo que no les mandé. Lo sé personalmente, y doy testimonio de ello”. —Oráculo del Señor—.

CONTRA EL FALSO PROFETA SEMAÍAS

Dirás a Semaías el nejlamita: Así dice el Señor del universo, Dios de Israel: Tú has enviado cartas firmadas de puño y letra a toda la gente que vive en Jerusalén y al sacerdote Sofonías, hijo del Maasías, así como a todos los sacerdotes, en estos términos: “El Señor te ha nombrado sacerdote en lugar del sacerdote Joyadá, para que estés al frente del Templo del Señor. A todo el que desvaríe o profetice lo entregarás para que lo metan en el cepo y lo sujeten con argollas. Entonces, ¿por qué no has llamado la atención a Jeremías, de Anatot, que actúa de profeta entre ustedes? Pues nos ha enviado a Babilonia un mensaje diciendo que la cosa va para largo, por lo que debemos construir casas e instalarnos en ellas, plantar huertos y alimentarnos de sus frutos”.

El sacerdote Sofonías leyó esta carta en presencia del profeta Jeremías. Y Jeremías recibió la palabra del Señor en estos términos:

— Envía este mensaje a todos los deportados: “Así dice el Señor a Semaías el nejlamita: Semaías les ha profetizado sin que yo lo haya enviado, haciéndolos confiar en la mentira. Por eso, así dice el Señor: Voy a castigar a Semaías el nejlamita tomando una decisión sobre su descendencia: ya no tendrá descendiente que viva en medio de este pueblo y que pueda gozar de los bienes que voy a conceder a mi pueblo”. —Oráculo del Señor—.

ORÁCULOS DE RESTAURACIÓN

Palabra que recibió Jeremías de parte del Señor:

— Así dice el Señor, Dios de Israel: Pon por escrito todo lo que te he dicho, pues ya llegan días —oráculo del Señor— en que cambiaré la suerte de mi pueblo Israel y de Judá, dice el Señor; los haré volver a la tierra que di en herencia a sus antepasados. Estas son las palabras que dirigió el Señor sobre Israel y Judá: Así dice el Señor:

Se oyen gritos de terror,

de miedo, pues ya no hay paz;

pregunten y averigüen

si dan a luz los varones.

¿Por qué veo entonces a los varones

con las manos en las caderas,

lo mismo que parturientas,

con el rostro demudado?

¡Ay! ¡Qué grande será aquel día!

No habrá ninguno como él:

tiempo de angustia para Jacob,

pero se verá libre de ella.

Aquel día —oráculo del Señor del universo— romperé el yugo que llevas al cuello y desataré tus correas; no volverán a servir a extranjeros. Servirán al Señor, su Dios, y a David, el rey que nombraré para gobernarlos.

No temas, siervo mío, Jacob

—oráculo del Señor—,

no tengas miedo, Israel.

Te traeré ya libre, de lejos,

traeré a tus hijos del destierro;

Jacob volverá y descansará,

tranquilo y sin sobresaltos,

pues estoy contigo para salvarte

—oráculo del Señor—.

Acabaré con todas las naciones

por donde los había dispersado;

pero contigo no acabaré,

sólo te corregiré como conviene

para que no quede impune tu pecado.

Así dice el Señor:

Tu fractura es incurable,

tu herida está infectada;

tu llaga no tiene remedio,

no hay medicina que la cierre.

Tus amantes te olvidaron,

ya no andarán tras de ti.

Te herí por medio del enemigo

(sin duda un escarmiento cruel),

a causa de tus muchas culpas,

de la gran cantidad de tus pecados.

¿Por qué gritas por tu herida?

¿Porque es tu llaga incurable?

Si te traté de esa manera,

ha sido a causa de tus muchas culpas,

de la gran cantidad de tus pecados.

Pero los que te comen serán comidos,

tus enemigos irán desterrados;

tus saqueadores serán saqueados,

los que te despojan, serán despojados.

Haré que se cierre tu herida,

curaré todas tus llagas

—oráculo del Señor—.

Te llamaban Repudiada,

Sión, a quien nadie busca.

Pero así dice el Señor:

Cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob,

me voy a compadecer de sus moradas;

reconstruirán la ciudad sobre sus ruinas,

los palacios estarán donde corresponde.

En ellos se oirán alabanzas,

voces con aire de fiesta.

Haré que crezcan y no mengüen,

que sea reconocida su importancia

y que no los desprecie la gente.

Sus hijos serán como antaño,

su asamblea, estable ante mí;

yo castigaré a sus opresores.

De entre ellos un príncipe surgirá,

saldrá un gobernante de entre ellos,

lo acercaré y estará junto a mí;

pues, ¿quién arriesgaría su vida

poniéndose cerca de mí?

Serán así mi pueblo

y yo seré su Dios.

Ya ha estallado la tempestad del Señor,

que gira sobre la cabeza de los malvados;

no cesará la cólera del Señor

hasta haber ejecutado sus designios.

Después de que pase ese tiempo,

lograrán entenderlo del todo.

En aquel tiempo —oráculo del Señor— seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellos serán mi pueblo.

Así dice el Señor:

Encontró favor en el desierto

el pueblo escapado de la espada;

Israel se dirige a su descanso,

de lejos se le mostró el Señor.

Te quise con amor eterno,

por eso he prolongado mi favor;

te reconstruiré y quedarás reconstruida,

doncella capital de Israel;

volverás a adornarte con panderos,

a danzar en plan de fiesta.

Volverás a plantar viñas

en los cerros de Samaría;

quienes las planten, vendimiarán.

Un día gritarán los vigías

allá por la montaña de Efraín:

“Venga, subamos a Sión,

allí está el Señor nuestro Dios”.

Así dice el Señor:

Griten de alegría por Jacob,

de gozo por la primera de las naciones;

que se deje oír la alabanza de ustedes:

“El Señor ha salvado a su pueblo,

al resto de Israel”.

Voy a traerlos de un país del norte,

a reunirlos de los rincones de la tierra:

vendrán hasta ciegos y cojos,

junto con preñadas y paridas;

volverá una enorme muchedumbre.

Vendrán todos llorando

y yo los guiaré entre consuelos;

los llevaré a la vera de arroyos,

por senda recta, sin tropiezos.

Soy como un padre para Israel,

Efraín es mi hijo primogénito.

Escuchen, naciones, la palabra del Señor,

cuéntenlo luego en las costas lejanas;

digan: “El que dispersó a Israel lo reunirá,

lo guardará como un pastor a su rebaño”.

Pues el Señor ha redimido a Israel,

lo rescató de una mano más fuerte.

Subirán alborozados a Sión,

acudirán a recibir los dones del Señor:

el grano, el mosto y el aceite,

las crías del rebaño y la vacada;

quedarán saciados como un huerto regado,

ya no volverán a desfallecer.

Las muchachas gozarán bailando,

junto con jóvenes y adultos;

cambiaré su duelo en alegría,

los consolaré, alegraré sus penas.

Saciaré a los sacerdotes

con la parte mejor de las ofrendas,

mi pueblo se hartará de mis dones

—oráculo del Señor—.

Así dice el Señor:

Se oyen gritos en Ramá,

quejidos y un llanto amargo:

Raquel llora por sus hijos

y se niega a ser consolada,

pues se ha quedado sin ellos.

Así dice el Señor:

Contén tus gemidos y tu llanto,

reprime las lágrimas de tus ojos:

tus penas serán recompensadas,

volverán del país enemigo

—oráculo del Señor—.

Tu futuro rebosa esperanza,

tus hijos volverán a su patria

—oráculo…

Read in Logos

This passage has been shortened. Keep reading Jeremías 29–31 in Logos

Footnotes

  1. [Signo de que el texto comprendido entre corchetes nopertenece con absoluta seguridad al texto original hebreo o griego, o de que dicho texto no figura explícitamente en el hebreo o griego llegado hasta nosotros.