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Isaías 65:1–9

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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EL SEÑOR EXPLICA LAS RAZONES DE SU SILENCIO

Yo ofrecía respuesta a quienes no preguntaban,

me dejaba encontrar por quienes no me buscaban.

Yo decía: “Aquí estoy, aquí estoy”

a un pueblo que no invocaba mi nombre.

Todo el día extendía mis manos

en dirección a un pueblo rebelde,

que llevaba un camino equivocado,

siempre detrás de sus caprichos;

un pueblo que me andaba provocando

cara a cara, sin descanso,

que sacrificaba en jardines sagrados,

que ofrecía incienso sobre ladrillos,

que frecuentaba cuevas sepulcrales

y pernoctaba dentro de las grutas,

que comía carne de puerco,

con caldo impuro en sus platos,

que decía: “No te acerques,

no me toques, que estoy consagrado”.

Todo esto enciende mi cólera,

como un fuego que arde sin parar.

Lo tengo todo escrito, a la vista,

y no pararé hasta hacerlos pagar

sus culpas y las de sus padres

— dice el Señor —.

Quemaban incienso en los cabezos,

en las colinas me ofendían.

Por eso tengo calculada su paga

y tendrán que cargar con ella.

SENTENCIA PARA HONRADOS Y PARA MALVADOS

Así dice el Señor:

Si aparece un racimo con zumo,

se dice: “No dejen que se pierda,

parece que promete buen vino”;

pues lo mismo haré con mis siervos,

no dejaré que todos se pierdan.

Sacaré descendientes de Jacob,

de Israel quien herede mis montes;

los poseerán quienes yo elija,

allí se instalarán mis siervos.

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