Isaías 9:7–10:4
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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DE NUEVO LA MANO AMENAZANTE DEL SEÑOR
El Señor ha mandado un aviso a Jacob,
que caerá sobre Israel.
Todo el pueblo podrá entenderlo,
Efraín y quien habite en Samaría,
que dicen orgullosos y altaneros:
“Si fallan los ladrillos,
construiremos con piedra,
si talan los sicómoros,
los cambiaremos por cedros”.
El Señor los lanzará contra Israel,
instigará a sus adversarios contra él:
por oriente los arameos,
los filisteos por la espalda,
se comerán a Israel a dos carrillos.
Con todo, su cólera persiste,
su mano sigue amenazante.
Y el pueblo no vuelve a quien lo hiere,
no consulta al Señor del universo.
El Señor cortó cabeza y cola,
palmas y juncos en un solo día.
Son la cabeza el anciano y el noble;
la cola, el profeta experto en mentiras.
Sus propios guías al pueblo extravían,
los guiados desaparecen engullidos.
Por eso, el Señor no hará caso de los jóvenes,
tampoco se apiadará de huérfanos y viudas,
pues todos son impíos y malvados,
toda boca profiere necedades.
Con todo, su cólera persiste,
su mano sigue amenazante.
La maldad arde como fuego
que devora zarzas y cardos,
se ceba en la fronda del bosque,
y se alzan remolinos de humo.
La ira del Señor del universo abrasa al país,
el pueblo se convierte en pasto de las llamas.
Nadie se compadece de su prójimo,
cada cual devora a su hermano,
dentellea a la derecha y sigue con hambre,
come a la izquierda y no se sacia:
Manasés a Efraín, Efraín a Manasés,
los dos juntos a Judá.
Con todo, su cólera persiste,
Su mano sigue amenazante.
¡Ay de quienes dictan leyes injustas,
de quienes firman decretos opresores,
para impedir que se haga justicia a los débiles,
para privar del derecho a los pobres de mi pueblo,
para hacer de las viudas su presa
y dedicarse al saqueo de huérfanos!
¿Qué harán cuando les pasen cuentas,
cuando se acerque de lejos la tormenta?
¿A quién acudirán en busca de auxilio?
¿Dónde dejarán su riqueza?
Irán abatidos como prisioneros,
caerán como los heridos de muerte.
Con todo, su cólera persiste,
su mano sigue amenazante.
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