Isaías 34–35
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
PEQUEÑO APOCALIPSIS (34–35)
JUICIO SOBRE EDOM
Reúnanse, pueblos, y escuchen;
presten atención, naciones.
Escuche la tierra y sus habitantes,
el mundo y todo lo que él produce.
Que el Señor está airado con todos los pueblos,
su cólera se dirige contra todos sus ejércitos;
los va a exterminar y a entregar a la matanza.
Sus muertos yacerán esparcidos,
sus cadáveres difundirán hedor;
los montes se empaparán con su sangre,
todas las colinas se descompondrán.
El cielo se enrollará como un pergamino,
y todo su ejército se marchitará
como se marchita la hoja de la vid,
como las hojas muertas de la higuera.
Blande el Señor su espada en el cielo:
vean cómo la descarga sobre Edom,
sobre un pueblo condenado a muerte.
La espada del Señor está llena de sangre,
está toda empapada de grasa,
de sangre de corderos y cabritos,
de grasa de vísceras de carneros.
Pues el Señor celebra una matanza en Bosrá,
un degüello imponente en tierra de Edom.
Búfalos caerán con ellos,
novillos junto con toros.
Su tierra se empapará de sangre,
su suelo chapoteará de grasa.
Que es el día de la venganza del Señor,
el año del desquite por la causa de Sión;
por sus torrenteras fluirá la pez,
su polvo se transformará en azufre:
pez ardiente será su tierra,
ni de noche ni de día se apagará,
su humareda se alzará por siempre.
Quedará desolada por generaciones,
sin transeúntes por siempre jamás.
Se instalarán allí el mochuelo y el erizo,
la habitarán la lechuza y la corneja.
Extenderá sobre ella el Señor
cordel de caos, plomada de vacío.
No habrá nobles para crear un reino,
no quedará uno solo de sus príncipes.
Crecerán espinos en sus palacios,
cardos y ortigas en sus torreones:
convertida en guarida de chacales,
en terreno de crías de avestruz.
Se juntarán gatos salvajes con hienas,
los sátiros se llamarán entre sí;
allí descansará Lilit,
se hará con una guarida.
Allí anidará la serpiente,
pondrá e incubará sus huevos.
Allí se juntarán los buitres,
ninguno carecerá de compañera.
Compruébenlo en el Libro del Señor,
no falta ninguno de ellos,
porque su boca lo ha ordenado
y su aliento los ha reunido.
Los ha sorteado por lotes,
ha repartido a suertes el país
para que lo posean siempre
y lo habiten de generación en generación.
VUELTA A SIÓN
¡Que se alegren la estepa y el yermo,
que exulte el desierto y florezca!
¡Como el narciso florezca sin falta,
que exulte con gritos de alegría!
Le darán la gloria del Líbano,
la majestad del Carmelo y el Sarón;
podrán ver la gloria del Señor,
también la majestad de nuestro Dios.
Fortalezcan las manos débiles,
aseguren las rodillas vacilantes;
digan a los alocados:
“Sigan firmes, no teman,
que viene su Dios a vengarlos,
él les trae la recompensa
y viene en persona a salvarlos”.
Entonces se abrirán los ojos de los ciegos,
los oídos de los sordos se destaparán.
Entonces saltará el cojo como el ciervo,
la lengua del mudo cantará.
Pues manarán aguas en la estepa,
habrá torrenteras en el desierto;
el páramo se convertirá en estanque,
el sequedal en lugar de manantiales.
La guarida donde sesteaban los chacales
será lugar de cañas y de juncos.
Allí habrá una calzada consagrada,
que llevará por nombre Vía Sacra;
no será hollada por los impuros,
ni los necios caminarán por ella.
No habrá por allí leones
ni merodearán bestias feroces;
caminarán por allí los redimidos.
Volverán los rescatados del Señor
y entrarán con cánticos en Sión:
encabezados por eterna alegría,
seguidos de fiesta y de gozo;
penas y suspiros huirán.
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España