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Relevancia histórica y bíblica
Por mucho tiempo un asentamiento de pastores, Beerseba es mencionada por primera vez en la Biblia cuando Abraham cavó un pozo allí y aseguró sus derechos sobre él mediante un pacto con Abimelec (Gén 21:22–34). Obtuvo su nombre de este juramento (Beer= “pozo de agua”; seba o seva= juramento). Desde tiempos prehistóricos hasta la modernidad, el área alrededor de Beerseba ha sido hogar de pastores beduinos nómades. Estos pastores en su mayoría no se asentaban en pueblos permanentes, sino que vivían en tiendas de campaña (Gén 13:5; 26:17; 33:18). Como resultado, Beerseba es la más prominente de los pocos pueblos organizados en la zona. La evidencia de ocupación más antigua que descubrió Aharoni en el lugar fue un pequeño asentamiento calcolítico en el montículo, en el cual encontró “unos fragmentos” de cerámica (Aharoni, “Stratification”, 4) y estatuillas de marfil que pudieron haber sido utilizadas en rituales de culto (Avi-Yonah, Holy Land, 11). Herzog sugiere que este material data del cuarto milenio a.C. (Herzog, Beer-Sheba II, 3).
El sitio parece haber sido abandonado durante el período de la Edad de Bronce cananea (3300–1200 a.C.), ya que no han sido desenterrados materiales de este período (Aharoni, “Stratification”, 4). La falta de evidencia de ocupación en el sitio durante este tiempo no necesariamente anula el registro bíblico. Aunque Beerseba juega un papel importante en las vidas de los patriarcas (Gén 21:31–32; 26:23, 33; 28:10; 46:1, 5), Abraham, Isaac y Jacob eran “pastores” (Gén 13:7; 26:20) y vivían en tiendas de campaña. No hay razón para asumir que estos nómades viviendo en tiendas de campaña junto con sus familias dejarían una amplia evidencia de su ocupación. Los pastores patriarcales se trasladaban a menudo, continuamente en búsqueda de lugares para que su ganado pastara, y normalmente no se asentaban ciudades (Shmueli, “Bedouin”, 253–86). Es sensato asumir que los patriarcas emigraban del mismo modo que los modernos beduinos, quienes usualmente pasan el invierno y principios de la primavera en el sur y se mueven hacia el norte a medida que el clima se vuelve más cálido y seco.
Es probable que cualquier habitante de la Edad de Bronce del asentamiento en Beerseba haya sufrido las mismas presiones que impactaron al resto de la región varias veces a lo largo del período. Hacia el final de la Edad de Bronce (2700–2100 a.C.), todo el Levante experimentó una caída sustancial de su población, y casi todas las ciudades que alguna vez prosperaron en la región fueron abandonadas (Ben-Tor, Archaeology, 123). Mientras que los pastores migrantes más móviles y autosuficientes podían moverse-como lo atestiguan los frecuentes viajes de los patriarcas a Egipto-los habitantes de la ciudad pueden no haber sido capaces de hacerlo (Gén 12:10; 26:1; 41:56; 42:5; 43:1; 45:6).
Aharoni ha sugerido que los pozos de agua mencionados en los textos bíblicos pueden no haber estado ubicados en Tel Beerseba, sino dentro del área que ahora cubre la moderna ciudad de Be’er Seva, a unos kilómetros de distancia, ya que está “cerca del valle” donde los pozos de agua no tendrían que ser tan profundos. Cita a textos como Neh 11:27, el cual menciona a “Beerseba y sus aldeas” como evidencia de esto, argumentando que los patriarcas vivían en estas “aldeas”-no en el propio Tel Beerseba. Una cantidad pequeña de cerámica que ha sido hallada en esta área también data de este período (Aharoni, “Beersheba”, 168). Esto parece coincidir con el estilo de vida migrante de los patriarcas, así como con el hecho de que Abraham y sus descendientes eran lo suficientemente poderosos (ver Gén 14) como para no necesitar de la seguridad de una ciudad amurallada para defenderse de otros merodeadores beduinos de la zona. Aunque no vivían en Beerseba, los patriarcas tuvieron importantes experiencias espirituales allí. Fue que Abraham “invocó el nombre de Jehová Dios Eterno” (Gén 21:33). Israel (Jacob) ofreció sacrificios “al Dios de su padre Isaac” (Gén 46:1) también allí.
Todo el montículo en Beerseba fue poblado sólo después de la época de la conquista israelita de Canaan. Beerseba está catalogada como territorio de la tribu de Simeón, el cual estaba “en medio … de Judá” (Jos 19:1–2). Como reflejo de la ubicación de la ciudad, a menudo Beerseba es nombrada como el límite sur del reino cuando se lo utiliza como una metáfora de toda la nación (Jue 20:1; 1 Sam 3:20; 2 Sam 3:10; 17:11; 24:2; 1 Crón 21:2; 2 Crón 30:5). Las excavaciones parecen indicar que durante el período de los jueces, la ciudad no estaba amurallada (Aharoni, “Beersheba”, 162). Al principio era un asentamiento pequeño, del cual se han hallado algunos pozos de almacenamiento (Levy, Society, 384). Poco después de la ocupación inicial, se convirtió en un “asentamiento cerrado” compuesto de hileras “de viviendas conectadas del tipo [israelita] de cuatro habitaciones” rodeando un patio abierto. (Aharoni y Singer-Avitz, “Emergence”, 223). La ciudad pudo haber estado protegida desde dos habitaciones amplias en el extremo occidental del asentamiento, que los excavadores consideran que podrían haber sido torres de vigilancia (Aharoni y Singer-Avitz, “Emergence”, 223). Hacia el final del período de los jueces, los hijos del profeta Samuel, Joel y Abías, “eran jueces en Beerseba”. Pero “se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho” (1 Sam 8:1–3), y llevaron a Israel a clamar por “un rey que nos juzgue” (8:6). Como estación de paso en la ruta comercial que iba desde Arabia hacia el Mediterráneo, no es difícil imaginar a estos inescrupulosos “jueces” arengando caravanas en Beerseba y exigiendo un tributo injusto.
En el período israelita, Beerseba estaba fortificada y se convirtió en capital de la región-una posición que conservó a través de la conquista babilónica de Israel. Aharoni y Singer-Avitz argumentan que la formación de Israel como estado no comenzó en Judea sino en “la Sefela y en el valle de Beerseba en el sur”. (Aharoni y Singer-Avitz, “Emergence”, 209). Ellos basan su afirmación en nuevas evaluaciones de patrones de asentamientos y tipología de cerámica de muestras recogidas en Beerseba (y también en Arad y Laquis), y afirman que estos desafían las cronologías estándar del ascenso del reino de Israel (Aharoni y Singer-Avitz, “Emergence”, 209). Los estudiosos tradicionalmente han ubicado este ascenso a mediados del décimo siglo a.C., mientras que los llamados “minimalistas” han abogado a favor de una fecha posterior, en algún momento del siglo noveno u octavo. Aharoni y Singer-Avitz intentan sintetizar estas dos teorías opuestas. Los restos de la Edad de Hierro han sido escasos en la región montañosa de Judea, y sitios como Laquis, Arad y Beerseba presentan una amplia evidencia de materiales de la Edad de Hierro israelita, por lo cual argumentan que el estado israelita comenzó a establecerse en estas ciudades antes que en la región montañosa de Judea. Esta organización se extendió lentamente hacia el norte hasta que el reino de Israel fue finalmente identificable (Aharoni y Singer-Avitz, “Emergence”, 232). Sin embargo, reciente evidencia de la Edad de Hierro israelita del décimo siglo proveniente de Khirbet Qeiyafa y de la “ciudad de David” de Jerusalén parecen argumentar en contra de esta afirmación, mostrando un alto nivel de organización política en esos sitios (Garfinkel, “Birth y Death”, 50–53, 78 y Mazar, “David’s Palace”, 16–27, 70).
Cuando David decretó su censo, ordenó que cubriera todo “Israel desde Beerseba hasta Dan” (1 Crón 21:2). Al momento del gobierno de David (ca. 1000–960 a.C.), Simeón parece haber sido absorbida por Judá a tal punto que durante el censo de David, se menciona que Beerseba está ubicada en el “Neguev de Judá” (2 Sam 24:7) o el “sur de Judá” (NTV). Es tal la asimilación, que el autor de 2° Samuel parece no creer necesario diferenciar esa parte del Neguev como perteneciente a un subgrupo dentro de Judá, como sí lo hace con “el Neguev de los ceneos” (1 Sam 27:10) y el “Neguev de Caleb” (1 Sam 30:14). Esto es sorprendente, ya que el censo de David probablemente no sólo buscaba verificar la población de su reino, sino que también pretendía “determinar los territorios dentro del sistema de límites” (Kallai, Historical Geography, 349).
Durante el período de Monarquía Unida (ca. 1020–930 a.C.), la ciudad fue reconstruida como centro administrativo o “ciudad de provisión” (1 Rey 9:19; 2 Crón 8:4, 6). Esta reconstrucción revela una “planificación general extraordinariamente uniforme” de acuerdo con “un plan preconcebido y estrictamente ejecutado” (Aharoni, “The Israelite City”, 13). Contaba con una plaza central, “calles radiales” que dividían la ciudad y calles periféricas que corrían en paralelo a los muros de la ciudad (Aharoni, “Beersheba”, 165). El complejo de puertas, de 12 por 20 metros, constaba con las típicas salas administrativas y de almacenaje comunes a las puertas de ciudad en todo Israel (Aharoni, “Beersheba”, 165). Varias casas de cuatro habitaciones fueron excavadas en el sector oeste de la ciudad, junto a las calles periféricas externas y construidas en la muralla de casamatas de la ciudad (Aharoni, “Beersheba”, 165). Restos de escaleras halladas en estas casas indican que poseían al menos dos niveles. Aharoni también descubrió un complejo de almacenes de 600 metros cuadrados cerca de las puertas de la ciudad. Los edificios estaban unidos con muros de piedra y divididos en tres secciones por dos filas de columnas (Herzog, “Storehouses”, 23). También encontró un extenso sistema de recolección y almacenaje de agua. Además de una cisterna accesible por medio de una ancha escalinata, los residentes tenían acceso a utilizar un profundo pozo de agua incrustado en la roca de fondo sobre la vertiente oriental del tel (Aharoni and Singer-Avitz, “Emergence”, 224). También había “uno de los proyectos más impresionantes de la ciudad israelita-el sistema principal de drenaje …” (Aharoni, “Beersheba”, 165). Debajo del pavimento de las calles se hallaban canales para drenar el agua escurrida por las canaletas de yeso en las paredes de las casas. Los canales aumentaban de profundidad, alcanzando los 70 centímetros en la puerta de la ciudad (Aharoni, “Beersheba”, 165). Una cisterna de 10 metros de profundidad ubicada justo en la puerta recogía el agua de lluvia de este sistema (Aharoni, “Beersheba”, 166).
Durante el reino Dividido, Beerseba fue reconstruida. Una nueva “fuerte fortificación” fue construida, utilizando gruesos muros de casamata casi idénticas en construcción a las encontradas a lo largo de Judá e Israel de la misma época. El exterior del muro estaba protegido por una empinada muralla. El muro externo tenía un metro y medio de espesor, mientras que el interno tenía un metro. Al parecer la línea en “zigzag” del muro fue implementada para darle al mismo fuerza adicional. Aharoni argumenta que Beerseba es el ejemplo más antiguo de un muro de casamata construido de este modo (Aharoni, “Fortifications”, 10). Se estima que la población de Beerseba durante el siglo octavo a.C. era de 400–500 personas (Israel Ministry of Foreign Affairs, “Beersheba”). La ciudad controlaba los “caminos del desierto” del Neguev, utilizando carros de guarnición en la fortaleza (Levy, Society, 385).
Beerseba sufrió grandes daños en el siglo décimo, probablemente a causa de la incursión del faraón Sisac en Israel alrededor de 924 a.C. Se hicieron reparaciones apresuradas, probablemente bajo Asa (2 Crón 14:6–7). Uno de los hallazgos más famosos data de este período: un altar de cuatro cuernos. Fue el primero de su clase excavado en Israel y se lo fechó como del siglo octavo a.C. Estaba hecho de bloques de piedra caliza labrados y bien pulidos, y mide 160 centímetros-exactamente tres codos reales (Shanks, “Horned Altar”). El altar atestigua al sincretismo espiritual generalizado en Israel en esos tiempos. A pesar de que el altar fue probablemente desmantelado durante las reformas de Ezequías (1 Rey 18:4), Beerseba se ganó la condenación del profeta Amós. Él advierte a la gente a no “pasar por Beerseba” para adorar y dice que los que lo hicieran “caerán y nunca más se levantarán” (Amós 5:5; 8:14). Beerseba fue destruida por Senaquerib durante su invasión en 701 a.C., como evidencia una capa de destrucción severamente quemada que data del final del siglo octavo. (Aharoni, “History”, 106). Después de esta destrucción, el sitio estuvo en buena medida desocupado.
La ciudad no fue restablecida hasta finales del período persa. Hay evidencia de esto en el descubrimiento de ostraca arameo que data del cuarto siglo a.C., hasta el reinado de Artajerjes III (359–338 a.C.). Estas mencionan cantidades de trigo y cebada, y revelan la composición cosmopolita de la ciudad, mencionando nombres personales judíos, edomitas y árabes. Más allá de esta ostraca, no se han hallado restos de edificaciones de este período (Aharoni, “Beersheba”, 165). Más adelante, el sitio fue convertido en un puesto militar. Aharoni descubrió los restos de un enorme fuerte helenístico en el centro del tel (Aharoni, “Stratification”, 7) y fragmentos de cerámica alrededor de la base del tel (Aharoni, “General”, 1).
El sitio fue utilizado como frontera de guarnición por los romanos y bizantinos, ya que estaba en el límite del imperio con el territorio de los nabateos. Sobre la superficie del tel, en su punto más elevado, Aharoni descubrió los restos de pequeños fuertes romanos y bizantinos. También halló una casa de baños que data de los tiempos de Herodes, casas y edificaciones domésticas al sur y este del fuerte, así como tiestos del período alrededor de la base del montículo (Aharoni, “General”, 1). C.L. Woolley y T.E. Lawrence también descubrieron durante su investigación restos de un importante templo bizantino en esta zona del sitio (Woolley y Lawrence, Wilderness, 45). Estos hallazgos llevaron a Aharoni a sugerir que durante esta época un “asentamiento de dimensiones considerables se ubicó al pie del tel alto” (Aharoni, “General”, 1). Con el tiempo, la población de Beerseba disminuyó; finalmente fue abandonada durante la invasión árabe de Palestina en el siglo séptimo d.C. Más tarde, se construyó en el lugar un pequeño asentamiento del período árabe inicial, pero también fue abandonado (Aharoni, “Stratification”, 7).
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