Nahúm 1:1–3:19
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Oráculoa1 sobre Níniveb. Libro de la visión de Nahúm de Elcos.
Dios celoso y vengador es el Señora;
Vengador es el Señor e irascible.
El Señor se venga de Sus adversariosb,
Y guarda rencor a Sus enemigos.
El Señor es lento para la ira y grande en podera,
Y ciertamente el Señor no dejará sin castigo al culpable.
En el torbellino y la tempestad está Su caminob,
Y las nubes son el polvo de Sus piesc.
Él reprende al mar y lo hace secar,
Y todos los ríos agotaa.
Languidecen Basán y el Carmelo,
Y las flores del Líbano se marchitanb.
Los montes tiemblan ante Éla,
Y los collados se derritenb.
Sí, en Su presencia se levanta la tierrac,
El mundo y todos los que en él habitand.
En presencia de Su indignación, ¿quién resistiráa?
¿Quién se mantendrá en pie ante el ardor de Su irab?
Su furor se derrama como fuegoc,
Y las rocas se despedazan ante Éld.
Bueno es el Señor,
Una fortaleza en el día de la angustiaa,
Y conoce a los que en Él se refugianb.
Pero con inundación desbordantea
Pondrá fin a su lugar1,
Y perseguirá a Sus enemigos aun en las tinieblasb.
Lo que tramen contra el Señora,
Él lo hará completa destrucciónb;
No surgirá dos veces la angustia.
Porque ellos, como espinos enmarañadosa,
Y ebrios con su bebidab,
Serán consumidos como paja totalmente secac.
De ti ha salido
El que ha tramado el mal contra el Señora,
Un consejero perversob.
Así dice el Señor:
«Aunque estén con todo su vigor y por más que sean muchos,
Aun así serán cortados y desaparecerána.
Aunque te haya afligido, Judá
No te afligiré másb.
»Y ahora, quebraré su yugo de sobre ti,
Y romperé tus coyundasa».
El Señor ha dado una orden en cuanto a ti1:
«No se perpetuará más tu nombrea.
De la casa de tus dioses
Arrancaré los ídolos y las imágenesb de fundición.
Yo prepararé tu sepulturac, porque eres vil».
1Miren, sobre los montes andan
Los pies del que trae buenas nuevasa,
Del que anuncia la paz.
Celebra tus fiestasb, Judá,
Cumple tus votos.
Porque nunca más volverá
A pasar por ti el malvadoc;
Ha sido exterminado por completod.
Ataque contra Nínive
1El destructor ha subido contra tia.
Monta guardia en la fortaleza,
Vigila el camino;
Fortalece tus lomos,
Refuerza más tu poder.
Porque el Señor restaurará la gloriaa de Jacob
Como la gloria de Israelb,
Aunque devastadores los han devastado
Y destruido sus sarmientosc.
El escudo de los valientes es rojo,
Los guerreros están vestidos de escarlataa,
Y de acero centelleante los carros
Cuando están en formación,
Y se blanden las lanzasb de ciprés.
Por las calles corren furiosos los carros,
Se precipitan por las plazasa,
Su aspecto es semejante a antorchas,
Como relámpagos se lanzan.
Se acuerda él de sus noblesa
Que tropiezan en su marchab,
Se apresuran a su muralla,
Y es preparada la defensa.
Las compuertas de los ríos se abren,
Y el palacio se llena de terror.
Está decretado:
La reina es despojada y deportada,
Y sus sirvientas gimen como palomasa,
Golpeándose el pechob.
Aunque Nínive era como estanque de aguas desde la antigüedad;
Ahora ellos huyen.
«¡Deténganse! ¡Deténganse!»,
Pero nadie se vuelvea.
¡Saqueen la plata!
¡Saqueen el oroa!
No hay límite a los tesoros,
A las riquezas de toda clase de objetos codiciables.
¡Vacía está! Sí, desolada y desiertaa.
Los corazones se derriten y las rodillas tiemblanb;
Hay también angustia en todo el cuerpo,
Y los rostros de todos han palidecidoc.
¿Dónde está la guarida de los leones
Y el lugar donde comen los leoncillosa,
Donde andaban el león, la leona y su cachorro,
Sin que nada los asustara?
El león desgarraba lo suficiente para sus cachorros,
Mataba para sus leonas,
Llenaba de presa sus cuevas
Y de carne desgarrada sus guaridas.
«Aquí estoy contra tia», declara el Señor de los ejércitos. «Quemaré y reduciré a humo tus carrosb, la espada devorará tus leoncillos, arrancaré de la tierra tu presac, y no se oirá más la voz de tus mensajeros».
Ruina total de Nínive
¡Ay de la ciudad sanguinariaa,
Toda llena de mentira y de pillaje,
Que nunca cesa en su rapiña!
Chasquido de látigos,
Ruido del crujir de ruedas,
Galopar de caballos,
Y saltar de carrosa;
Carga de caballería,
Flamear de espadas,
Fulgor de lanzasa;
Multitud de heridos,
Montones de muertosb,
Innumerables cadáveres;
Tropiezan en los cadáveresc.
Todo por las muchas prostituciones de la rameraa,
La encantadora, la maestra de hechizosb,
Que seduce a las naciones con sus prostitucionesc
Y a los pueblos con sus hechizos.
«Aquí estoy contra ti», declara el Señor de los ejércitosa.
«Levantaré tus faldas sobre tu rostrob,
Y mostraré a las naciones tu desnudez
Y a los reinos tu vergüenzac.
»Echaré sobre ti inmundiciasa,
Te haré despreciableb, y haré de ti un espectáculoc.
»Y sucederá que todo el que te vea
Huirá de ti, y dirá:
“¡Asolada está Nínive!
¿Quién llorará por ella?”
¿Dónde te buscaré consoladoresa?».
¿Eres tú mejor que Tebasa,
La asentada junto al Nilo,
Rodeada de aguas,
Cuyo baluarte era el mar
Y las aguas su murallab?
Etiopía era su fortalezaa,
También Egipto, y no tenía límite.
Futb y Libiac estaban entre los que la ayudaban.
Sin embargo, ella fue desterrada,
Llevada al cautiverioa;
También sus niños fueron estrelladosb
En todas las bocacallesc.
Sobre sus nobles echaron suertesd,
Y todos sus principales fueron atados con cadenas.
Tú también quedarás embriagadaa,
Estarás escondidab;
Tú también buscarás refugio del enemigo.
Todas tus fortalezas son higueras
Cargadas de los primeros frutos;
Si se sacudena, caen
En la boca de quien las va a comerb.
Así es tu pueblo: solo mujeres en medio de tia.
Las puertas de tu tierra se abren de par en par a tus enemigos;
El fuego devora tus cerrojosb.
Abastécete de agua para el asedioa,
Refuerza tus fortalezasb,
Métete en el lodo y pisa el barro,
Toma el molde de ladrillos.
Allí te consumirá el fuego,
Te destruirá la espadaa,
Te devorará como el pulgónb.
Multiplícate como el pulgón,
Multiplícate como la langosta.
Has multiplicado tus mercaderesa
Más que las estrellas del cielo;
El pulgón despoja y vuela.
Tus oficiales son como la langostaa,
Tus jefes como nubes de langostasb
Posados sobre las tapias
En un día de frío;
Sale el sol, y se van,
Y no se sabe donde están.
Duermen tus pastoresa,
Oh rey de Asiriab;
Tus noblesc reposan.
Tu pueblo está disperso por los montesd
Y no hay quien lo reúna.
No hay remedio para tu quebrantoa,
Tu herida es incurableb.
Todos los que oigan noticias de ti
Batirán palmas sobre tic,
Porque ¿sobre quién no pasó
Constantemente tu maldad?
Footnotes
Cross references
- aIsa. 13:1; 19:1; Jer. 23:33, 34; Hab. 1:1; Zac. 9:1; Mal. 1:1
- b2 Rey. 19:36; Jon. 1:2; Nah. 2:8; Sof. 2:13
- aEx. 20:5; Jos. 24:19
- bDt. 32:35, 41; Sal. 94:1
- aEx. 34:6, 7; Neh. 9:17; Sal. 103:8
- bEx. 19:16; Isa. 29:6
- cSal. 104:3; Isa. 19:1
- aJos. 3:15, 16; Sal. 106:9; Isa. 50:2; Mat. 8:26
- bIsa. 33:9
- aEx. 19:18; 2 Sam. 22:8; Sal. 18:7
- bMiq. 1:4
- cIsa. 24:1, 20
- dSal. 98:7
- aJer. 10:10; Mal. 3:2
- bIsa. 13:13
- cIsa. 66:15
- d1 Rey. 19:11
- aSal. 25:8; 37:39, 40; Jer. 33:11
- bSal. 1:6; Juan 10:14; 2 Tim. 2:19
- aIsa. 28:2, 17, 18; Amós 8:8
- bIsa. 13:9, 10
- aSal. 2:1; Nah. 1:11
- bIsa. 28:22
- a2 Sam. 23:6; Miq. 7:4
- bIsa. 56:12; Nah. 3:11
- cIsa. 5:24; 10:17; Mal. 4:1
- aIsa. 10:7–11; Nah. 1:9
- bEzq. 11:2
- aIsa. 10:16–19, 33, 34
- bLam. 3:31, 32
- aIsa. 9:4; 10:27; Jer. 2:20
- aJob 18:17; Sal. 109:13; Isa. 14:22
- bIsa. 46:1, 2; Miq. 5:13, 14
- cEzq. 32:22, 23
- 1En el texto 2:1.
- aIsa. 40:9; 52:7; Rom. 10:15
- bLev. 23:2, 4
- cIsa. 52:1; Joel 3:17
- dIsa. 29:7, 8
- 1En el texto 2:2.
- aJer. 51:20–23
- aIsa. 60:15
- bEzq. 37:21–23
- cSal. 80:12, 13
- aEzq. 23:14, 15
- bJob 39:23
- aIsa. 66:15; Jer. 4:13; Ezq. 26:10; Nah. 3:2, 3
- aNah. 3:18
- bJer. 46:12
- aIsa. 38:14; 59:11
- bIsa. 32:12
- aJer. 46:5; 47:3
- aApoc. 18:12, 16
- aIsa. 24:1; 34:10–13; Nah. 2:2
- bSal. 22:14; Isa. 13:7, 8; Ezq. 21:7
- cJoel 2:6
- aIsa. 5:29
- aJer. 21:13; Ezq. 5:8; Nah. 3:5
- bJos. 11:6, 9; Sal. 46:9
- cIsa. 49:24, 25; Nah. 3:1
- aEzq. 24:6, 9
- aJob 39:22–25; Jer. 47:3; Nah. 2:3, 4
- aHab. 3:11
- bIsa. 34:3; 66:16
- cIsa. 37:36; Ezq. 39:4
- aIsa. 23:17; Ezq. 16:25–29; Apoc. 17:1, 2
- bIsa. 47:9, 12, 13
- cApoc. 18:3
- aJer. 50:31; Ezq. 26:3; Nah. 2:13
- bJer. 13:26
- cIsa. 47:2; Ezq. 16:37
- aJob 9:31
- bJob 30:8; Mal. 2:9
- cIsa. 14:16; Jer. 51:37
- aIsa. 51:19; Jer. 15:5
- aJer. 46:25; Ezq. 30:14–16
- bIsa. 19:6–8
- aIsa. 20:5
- bJer. 46:9; Ezq. 27:10; 30:5; 38:5
- c2 Crón. 12:3; 16:8
- aIsa. 19:4; 20:4
- bSal. 137:9; Isa. 13:16; Os. 13:16
- cLam. 2:19
- dJoel 3:3; Abd. 11
- aIsa. 49:26; Jer. 25:27; Nah. 1:10
- bIsa. 2:10, 19; Os. 10:8
- aApoc. 6:13
- bIsa. 28:4
- aIsa. 19:16; Jer. 50:37; 51:30
- bIsa. 45:1, 2; Nah. 2:6
- a2 Crón. 32:3, 4
- bNah. 2:1
- aIsa. 66:15, 16; Nah. 2:13; 3:13
- bJoel 1:4
- aIsa. 23:8
- aApoc. 9:7
- bJer. 51:27
- aSal. 76:5, 6; Isa. 56:10; Jer. 51:57
- bJer. 50:18
- cNah. 2:5
- d1 Rey. 22:17; Isa. 13:14
- aJer. 46:11; Miq. 1:9
- bJer. 30:12
- cJob 27:23; Lam. 2:15
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